
El docente de la escuela pública en México
Luciano
González Velasco*
* Coordinador de titulación en la maestría
en Trabajo Social Educativo. Asesor-investigador en la Coordinación General
del Sistema para la Innovación de los Aprendizajes (INNOVA) de la Universidad
de Guadalajara (UDG).
Una visión
general de la escuela pública no estaría completa si no se habla
de uno de sus actores principales: el docente. La percepción de cómo
es o debe ser el trabajo en la escuela, tanto del propio docente como el que
la sociedad establece es el asunto a tratar en este breve ensayo. Se parte de
la idea de que la docencia corresponde a una visión que a veces se establece
por mandato de los gobiernos en turno y se asume por los docentes, incorporando
estos mismos sus visiones, experiencias y rutinas, creando tradiciones, ritos
y maneras de entender el trabajo docente en la escuela pública, dentro
del marco social de las comunidades en las que se ubica físicamente la
escuela. Es decir, la percepción que se tiene del trabajo docente, en
las escuelas públicas se da en dos vías: hacia el exterior, formando
una concepción y creando o ampliando expectativas en la sociedad y; hacia
el interior de la propia escuela, generando pautas y maneras de entender o realizar
el trabajo docente.
El tema es tratado enfocando principalmente la educación
primaria, por ser el nivel educativo que aparece en primer lugar dentro de los
sistemas educativos oficiales, mucho antes que los demás. Se trata de
complementar esa visión, mencionando algunas de las principales experiencias
previas a la aparición de los sistemas oficiales, por la gran influencia
que tuvieron en el desarrollo del trabajo educativo posterior. También
se mencionan, por necesidad, otras experiencias que inciden, como la formación
de docentes y las misiones culturales y aquellas circunstancias históricas
que permiten contextualizar a la docencia.
Por razones de tiempo y espacio se incluyen, de manera
muy sucinta, los trabajos de la escuela pública desde sus antecedentes
hasta la reforma de 1972.
La exposición gira alrededor de las ideas básicas
de que el docente de la escuela pública trabajó y desempeñó
su rol de acuerdo a las directrices oficiales de su época, pero de acuerdo
a como mejor pudo entender llevar adelante las propuestas oficiales. La influencia
de la sociedad en el desempeño docente obligó a la atención
de tareas determinadas.
Para iniciar, cabe puntualizar que por escuela oficial
se entiende, en este trabajo, a la institución que es creada y sostenida
por el gobierno, federal, estatal o municipal, con presupuesto del erario público
y con la normatividad que se expide al respecto. La aclaración parece
pertinente, pues la distinción y especificación son difíciles,
según se entienda lo público y lo privado, ya que muchas entidades
privadas ofrecen servicios públicos, tal es el caso de los educativos.
La educación en la época colonial y en
los primeros años de la independencia fue de tipo confesional. El clero
era el encargado de proporcionar educación, debido a la necesidad de
catequizar y con un enfoque propio para que los individuos se prepararan para
las ocupaciones necesarias en aquella época. Muchos de ellos habían
recibido el adiestramiento sacerdotal en el que se señalaban las "normas"
que debían reunirse para dedicarse al noble arte de enseñar a
leer y escribir. De ahí deriva, precisamente la denominación de
escuela normal que, posteriormente, se asignará a las instituciones formadores
de docentes con carácter laico (Balboa, 1987).
Muchos de esos educadores religiosos fueron más
allá de la enseñanza escolar de la época, propiamente dicha,
al incorporar la enseñanza de oficios, artesanías y atender a
las solicitudes y necesidades de los pueblos indígenas, convirtiéndose
en sus protectores. El ejemplo más notable de esto es el de "Tata
Vasco", en Michoacán o el de Fray Antonio Alcalde en Guadalajara.
Su presencia en la educación aporta la visión de que la docencia
es un apostolado. Según como se entiendan, aportan también muchos
ritos y rituales al trabajo escolar.
Es en la época de la reforma, cuando aparece
la escuela pública, propiamente dicha, sostenida por el gobierno mexicano.
Había claridad en la necesidad de formar a los docentes para la educación
proporcionada por el Estado (González, 1999), en cuanto a enviar y asegurar
una formación y un mensaje homogéneo, que hiciera contrapeso a
la educación que la iglesia proporcionaba (Tanck, 1977). Aparece así
la visión de los docentes como propagadores y reproductores del mensaje
de las clases dominantes, aunque esto se comprende y explica muchos años
después, cuando aparecen teorías de los sociólogos actuales
como Bourdieu, y Passeron, entre otros.
Desde 1822, habían iniciado, en todo el país,
las labores de la Compañía Lancasteriana, por lo que en 1823 se
fundó la primera Normal para formar profesores con ese sistema, en la
ciudad de México, misma que funcionó hasta 1890. Al año
siguiente (1825), se creó en Zacatecas la "Escuela Normal Lancasteriana
de la Constitución". Con ambas instituciones, pero particularmente
esta última se va creando el concepto del normalismo y la tradición
de formar docentes para la escuela pública. Quizá es a los seguidores
de este sistema a quienes más se deba la presencia de rituales y manejos
de tiempo en la escuela. Sus manuales eran muy detallados para especificar los
movimientos y acciones que debían de realizar los estudiantes, puntualizando
incluso los momentos y tiempos para realizarlos.
Es en 1833, cuando Don Valentín Gómez
Farías crea la Dirección General de Instrucción Pública.
Esto conduce a que aparezca la obligación de pagar a docentes que cumplan
con las tareas de instrucción. No se requería de formación
específica, asunto que se refuerza en 1857, cuando en el artículo
3o. de la Constitución se establece "la enseñanza es libre.
La ley determinará qué profesiones necesitan título para
su ejercicio".
Con base en ello, implícitamente, se establece
que la docencia no es una profesión y la relega a ser una ocupación
en la que lo mismo se puede tener formación específica y un título
para ejercerla, así como carecer de cualquier documento y preparación
pedagógica y trabajar como docente sin ningún problema. Esta condición
de la docencia la sella hasta nuestros días.
En fin, los profesores cumplían con su misión
asignada en medio de condiciones materiales muy difíciles y con nulo
apoyo de la familia, pues la educación no figuraba como ideal o propósito
para la mayoría de los mexicanos.
En la época de Porfirio Díaz, una muy
precaria organización del Estado mexicano, intentaba llevar educación
a la mayor cantidad de poblaciones en todo el territorio nacional. Tanto la
administración como los escasos profesores que habían asistido
a una escuela normal, comprendían la necesidad de seguirse preparando,
de formar a otros y de discutir y proponer acerca de los asuntos educativos
más importantes para la época.
Es cuando se dan la mayoría de los congresos
pedagógicos y de higiene y se crean la mayor parte de la escuelas normales
en los estados. Todas esas instituciones son fáciles de identificar pues
ya cumplieron y festejaron más de 100 años de existencia y, un
buen número de ellas han sido declaradas "Beneméritas".
"Para 1887, ya había en el país un poco más de 20
escuelas normales urbanas en los estados" (Balboa, 1998).
Los profesores trabajaban con entusiasmo aún
cuando ni siquiera percibían un salario suficiente y se les pagaba con
meses de retraso. De 1905 a 1917, funcionó la primera "Secretaría
de Instrucción Pública y Bellas Artes", la que fue suprimida
por don Venustiano Carranza para hacer pasar la responsabilidad de la educación
a los ayuntamientos. Los docentes de la escuela pública no tienen más
remedio que depender de un patrón u otro.
Pero quizá la etapa más distintiva de
la educación mexicana y en la que se puede abundar sobre el papel que
juegan los profesores es en la llamada escuela rural, después
de la Revolución Mexicana.
En junio de 1911, el Dr. Francisco Vázquez Gómez
crea "la escuela rudimentaria, que sirve de base a la posterior escuela
rural mexicana" (Balboa, 1998).
Según los planteamientos y propuestas de Rafael
Ramírez, la escuela debería ser el centro de las actividades y
el corazón que diera vida a las poblaciones. Su nombre genérico
era "La casa del pueblo", proveniente de las escuelas rudimentarias,
así llamadas también. La educación debería llegar
al campo y para lograrlo, ante la falta de suficientes maestros preparados y
egresados de las normales, se contrataba en la misma población o en alguna
cercana a cualquier persona que supiera leer y escribir y tuviera los rudimentos
de la aritmética. La estrategia consistía en apoyarlos con las
misiones rurales, que deambulaban por las poblaciones y rancherías apoyando
a las tareas de los profesores y a su formación, organizando reuniones
y jornadas pedagógicas para proporcionar e intercambiar conocimientos
y experiencias.
Quizá es importante mencionar a otro tipo de
docentes: los educadores comunitarios que trabajan en las Misiones Culturales.
En 1923, José Vasconcelos había aprobado el plan de esas Misiones
y para 1926 se crea la Dirección de Misiones Culturales.
Aunque originalmente su trabajo consistía en
buscar, apoyar y preparar a los maestros en las comunidades rurales, estimulándolos
para que se actualizaran constantemente, de manera prioritaria; van derivando
poco a poco hacia la educación y desarrollo comunitario. Su presencia
en la escuela aporta a la docencia los enfoques del educador social y del misionero
que lleva el saber a todos los pueblos.1
En esa época, el profesor participaba de casi
todas las actividades de la comunidad, pues aparte de que era uno de los pocos
que sabía leer y escribir y tenía una mediana idea de lo que pasaba
en el resto del país, también se veía obligado a vivir
ahí. Se trabajaba con los analfabetas adultos, se preparaba a la población,
con técnicas y conocimientos acordes a la época y a los lugares,
para que realizaran sus actividades agropecuarias. Se enseñaban los rudimentos
de higiene suficientes para cuidar la salud y se enseñaba a las mujeres
el bordado y el tejido. Todo esto sucedía una vez que las misiones se
habían ido de la población, pero dejaban establecidas las tareas
por atender. Y así, quedaba el maestro solo para hacer todo lo que pudiera.
Los gobiernos trataron de apoyar y fomentar la educación
rural de diferentes maneras. Una de ellas consistió en atender la formación
de docentes. En 1925, se hace la fusión de las escuelas normales existentes
en el Distrito Federal, para formar la Escuela Nacional de Maestros. En 1926,
se crean 5 escuelas normales rurales. En el año de 1933, se creó
el Departamento de Enseñanza Agrícola y Normal Rural. Para 1940,
ya se habían creado 33 normales rurales. Varias de esas escuelas funcionaban
en la modalidad de Escuelas Regionales Campesinas en las que se preparaban técnicos
agrícolas y maestros rurales a la vez.
Un momento muy doloroso y difícil para muchos
de los profesores es la época en la que Lázaro Cárdenas
decreta que la educación, además de laica, será socialista.
Muchos profesores encendidos de fervor patrio tratan de llevar al pie de la
letra o hasta las últimas consecuencias el mandato de la educación
socialista. Sus impulsores no lograban entender que un solo factor de la sociedad
cambiaba hacia el socialismo, en medio de condiciones de un capitalismo naciente
en todos los demás espacios, con los avances y desigualdades de la revolución
industrial.
A una gran cantidad de profesores les llegó el
martirio. Los golpeaban, les cortaban las orejas y algunos murieron. Hay una
deuda pendiente con todos esos mártires a quienes se les recuerda en
el anonimato y para quienes no hay ceremonias de beatificación ni monumentos
que les recuerden en especial. Su falta mayor fue tratar de llevar a la práctica
el mandato oficial como buenos soldados de la educación. Esta fue otra
visión de la docencia que se acumuló sobre las previas.
Al término de la gestión presidencial
del General Lázaro Cárdenas del Río, llega a la presidencia
otro general: don Manuel Ávila Camacho. Con él cambian muchas
de las disposiciones que sus predecesores habían dejado en relación
con la educación.
El país empezaba a cambiar. La paz duradera permitía
cierto tipo de progreso. La población empezaba a moverse lentamente hacia
las ciudades. Aunque por esos tiempos, los ciudadanos mexicanos vivían
principalmente en poblaciones rurales en una proporción mayor al 70%.
Se empezaba a dar el servicio de educación media básica en las
ciudades más importantes de cada entidad federativa.
Los maestros trabajan en la mayoría de los casos
para el gobierno federal. Aunque existían también los incipientes
sistemas educativos en los estados y algunos otros pocos en los municipios.
Había escuelas primarias urbanas y rurales. En las primeras se empezó
a instituir el horario continuo, ante la falta de aulas para atender la población,
por lo que se hicieron los turnos matutino y vespertino.
Las escuelas rurales trabajaban con un horario discontinuo.
De las 9 de la mañana hasta las 13 horas y de las 15 hasta las 17, 17:30
ó 18 horas, según fuese la exigencia en cada lugar. La mañana
se ocupaba principalmente en las que se consideraban las materias principales:
Español, Aritmética, Biología, Zoología, Higiene
y Anatomía. No existían los libros de texto gratuito y en las
escuelas había por lo menos algunas enciclopedias. Las tardes se dedicaban
a deportes, labores domésticas, para que las niñas aprendieran
a coser, bordar y tejer a mano, mientras que los niños hacían
trabajos manuales con materiales de la localidad. Se trabajaba el dibujo y se
aprovechaba para hacer los relativos a los aparatos y sistemas del cuerpo humano,
así como los mapas necesarios; también se elaboraban hamacas,
tapetes y lo que se pudiera.
Los profesores le buscaban a trabajar con "Centros
de Interés", en los intentos de aquella época por realizar
una enseñanza globalizada. Se extendían algunas ideas pedagógicas
basadas en Dewey, Kilpatrick y otros contemporáneos. Así, los
maestros enseñaban y cooperaban en campañas para atender problemas
sociales vigentes. Tal fue el caso de la Campaña Nacional para la Erradicación
del Paludismo (CNEP), mal que aquejaba en pandemia a la población mexicana.
Los profesores y los niños, para ese caso, trabajaban
en centros de interés aprendiendo sobre el plasmodium vivax, el
falciparum y el mosquito anópheles. Se reforzaba la visión
del docente como educador social y promotor de servicios asistenciales. En las
ciudades se pedía que cada niño comprara su propia enciclopedia
escolar y libros de lectura, que ya producían las editoriales, para cada
grado.
La creación del Instituto Federal para la Capacitación
del Magisterio, la más grande normal que ha existido, con estudios a
distancia,2 aporta la posibilidad
de que se terminen sus estudios y se gradúen como profesores de educación
primaria, muchos de los profesores que habían sido contratados con escolaridad
de primaria y secundaria. Aparece el profesor que estudia en sus vacaciones
y tiempos libres. Visión que se retoma con las Licenciaturas en Educación
creadas en 1975 y retomadas y reformadas por la Universidad Pedagógica
Nacional en los años 80.
Los profesores eran los encargados de las conmemoraciones
cívicas y de preparar los desfiles en la comunidad. Cuando se aproximaban
las fechas a celebrar, se hacían los preparativos pertinentes, se ensayaban
los bailables, se preparaban las declamaciones y se salía a las calles
a practicar que los niños avanzaran formados sin descomponer las filas.
Llegado el día, toda la escuela, desde el primero
hasta el 6º grado, junto con todos los maestros, desfilaba por las calles
de la población. En las ciudades cada escuela, sin faltar una sola, tomaba
el lugar que le correspondía. Se planteaba la visión del docente
como formador de la ciudadanía y del espíritu patrio, junto con
la vigilancia del cumplimiento en las obligaciones cívicas.
La entrada en vigor del Plan de 11 Años, con
el que se pretendió ampliar la cobertura y abatir el rezago en la atención
educativa de la población, se ampliaron los programas de formación
para la docencia, hubo cambios en los programas de educación e hicieron
su aparición los textos gratuitos. Los libros con la representación
de la patria en la portada, obra de Camarena, se volvieron los compañeros
inseparables de docentes y discentes. En ellos se hablaba ahora de el conocimiento
del medio físico y los recursos naturales, de la educación para
la salud y el vigor físico y de otras cosas que englobaban lo que anteriormente
eran las materias.
A pesar de ser un buen apoyo, el texto se empezó
a convertir en el libro a llenar, a terminar para hacer un buen papel el fin
de año. Mientras que sin libros el maestro tomaba iniciativas acerca
de lo que se podía enseñar y particularmente de cómo hacerlo,
de pronto el libro se vuelve el instrumento que rutiniza y hace un tanto automática
la tarea de preparar y conducir la enseñanza. Se oye a los maestros que
empiezan a preguntar al iniciar cada clase: "¿en qué página
nos quedamos?, ¿cuál lectura nos toca?
Aparece así el papel del docente que sólo
operativiza y pone en práctica los programas elaborados por otros con
actividades y ejercicios que no son de su autoría intelectual.
Esta visión se refuerza con la reforma de planes
y programas siguiente. Ahora los textos incorporan objetivos generales, particulares
y específicos. Los diseñadores pretenden apoyar de la mejor manera
a los docentes, pero éstos, no reciben la información y capacitación
necesaria y tratan de aplicar e instrumentar como mejor lo entienden aquello
que está en los textos y que a veces resulta incomprensible. La planeación
de las actividades diarias o semanales pasa a ser la simple transcripción
de lo que ya viene señalado en el texto.
Las condiciones salariales y laborales eran de lo más
ingratas. Con suerte, se lograba que de $ 818.00 pesos mensuales que se ganaban
en 1961, se pasara en 1963 a $ 875.00, al año siguiente a $ 925.00. Para
1979 se había logrado un salario mensual de $ 1,425.00. Se aumentaban,
además, alrededor de $ 50.00, por cada quinquenio. No había oportunidades
para estudiar otra cosa, hasta que se dan los cursos de verano en las normales
superiores, que llevaban al maestro a abandonar la escuela primaria y buscar
mejores horizontes en secundarias.
Se podía ser maestro de grupo toda la vida profesional.
Unos cuantos, a lo largo de muchos años, llegarían a ser directores
de escuela con nombramiento. De ellos, un número reducidísimo
y casi nunca con menos de 25 años de servicio, llegaban a ser Inspectores.
En fin que el panorama de trabajo no era muy atractivo que digamos.
Hasta aquí, puede señalarse que las percepciones
del maestro apóstol, mártir, misionero, educador social, interesado
en la comunidad y sus necesidades educativas y asistenciales, el forjador más
importante del nacionalismo y patriotismo, junto con el docente que trabaja
duro y estudia, se mezclan haciendo que la sociedad tenga un cierto respeto
y aprecio al trabajo del docente. Los propios profesores, alrededor de esas
visiones y destacando la que más se apega a su contexto y convicciones,
desarrollan sus tareas concientes de ser los actores principales, con ciertos
compromisos y responsabilidades hacia la sociedad. En todos los momentos del
trabajo educativo, en muchos de los casos, su aportación a la comunidad
fue más allá de lo que los programas sugerían.
Sin embargo, las consecuencias de esas visiones llevaron
a los docentes, en la mayoría de los casos, a aceptar la idea de que
la recompensa a la que podían aspirar era siempre inmaterial, basada
en el reconocimiento y aprecio de sus estudiantes y del grupo social. Supuestamente
había que conformarse, pues era un subprofesional y otro tipo de recompensas
no le correspondían.
Lo que sigue después, en el desarrollo de esta
profesión, tiene que ver con el cambio de percepciones, con el desdibujamiento
de muchas de las ideas y valores que el maestro guardaba o tomaba de la cultura
profesional, entre otras muchas cosas, como las que tienen que ver con su vida
sindical y con la administración de la educación. Pero eso, es
motivo de otro análisis.
Notas
1.
En comentario aparte, pocas personas saben que aún existen y funcionan
misiones culturales.
2. Según la opinión de Manuel
Moreno, es la primera y más grande experiencia educativa en México,
dentro de la modalidad de educación a distancia y en la formación
de docentes.
Bibliografía
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