
Pierre
Bourdieu: ese teórico incomprendido
(Presentación al texto: Trayectoria de un sociólogo,
de Pierre Bourdieu)
Sergio
L. Sandoval Aragón*
* Investigador del Instituto Superior
de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM).
Me han solicitado
que escriba un breve texto, a manera de presentación, de la conferencia
Trayectoria de un sociólogo, dictada desde París por Pierre
Bourdieu para un auditorio mexicano el 22 de junio de 1999.1
Antes quisiera advertir que, de entrada, resulta muy pretencioso invertir "el
orden de las cosas" académicas, pues lo común es que alguien con
prestigio presente o prologue investigadores desconocidos y no lo que ahora
estamos haciendo; por lo tanto, debe leerse esta colaboración más
como un tributo a Bourdieu, que como una "presentación" en el sentido
habitual que a este término le damos en el mundo académico.
No obstante la anterior advertencia, no deja de ser
una tarea un tanto difícil ésta que se me ha encomendado, pues
siempre corre uno el riesgo de pasar por el simple epígono, fascinado
por el Gran Teórico, de manera que lo que se dice puede ser fácilmente
descalificado a priori, logrando así un efecto completamente inverso
al que originalmente uno se había propuesto, a saber: introducir a los
lectores en el pensamiento del autor en cuestión. Por otra parte, el
que se haya tenido ocasión de conocer personalmente al autor y discutir
algunas ideas con él, no necesariamente implica que se está autorizado
a presentarlo (recuerdo un colega latinoamericano que conocí durante
una de las conferencias de Bourdieu en el Collège de France, quien, después
de haberle solicitado al sociólogo que le autografiara uno de sus libros,
me confesaba en la escalinata de ese recinto que en realidad no lo había
leído y, no conforme con esto, me recitó la retahíla
típica de "objeciones" que se supone pueden hacérsele a Bourdieu,
revelando un profundo desconocimiento de su obra). Así, lo que de alguna
manera podría justificar mi presente colaboración, es más
bien el hecho de haber dedicado buena parte de mis esfuerzos de los últimos
diez años a comprender (y aplicar) sus teorías.2
Creemos, los editores y quien escribe, que es necesario
publicar el texto de dicha conferencia para comenzar a derribar esa especie
de "cerco sanitario" que muchos comentaristas, incluso algunos bien intencionados,
se han dedicado a erigir en torno a la obra de Pierre Bourdieu y que sólo
han servido para llenar de prejuicios a sus (de por sí) pocos lectores;
tal es el caso, para nuestro contexto, de la "introducción" que Néstor
García Canclini hace de la edición en castellano del libro Questions
de sociologie3
en la que, después de reconocer aparentemente el valor científico
de las teorías de Bourdieu, aventura una crítica que no acaba
de estar lo suficientemente explícita y que, además, remite al
lector a una obra por lo general fuera de su alcance, tanto porque no existe
todavía una versión española, como porque requiere un disciplinamiento
científico para su lectura (me refiero al Homo academicus).
Este tipo de "introducciones", no obstante su carácter
pernicioso, suelen gozar de un amplio reconocimiento debido a que parecen ofrecer,
al mismo tiempo, un doble "beneficio": al leerlas, muchos se creen eximidos
de tener que leer las obras originales ("¿para qué leer se
dicen, quizá a un autor que está equivocado?) y, además,
confirman todas las creencias sociales contra las cuales la obra de ese autor
está precisamente escrita (estamos hablando de sociología, recuérdese);
es decir: se les hace más caso a semejantes "comentaristas" que al mismo
autor porque parecen ahorrar a los lectores el trabajo de leer (y pensar)
por sí mismos y porque dicen lo que ellos quieren oír (o leer).
De esta forma que se antoja perversa, se convierte el nombre del autor en una
etiqueta que remite a una imagen harto vaga, verdadera caricatura de la obra
original, que circula entre los académicos como moneda corriente (¿cuántos
no han oído hablar o han hablado de "Bordiú" sin haberse tomado
la molestia de leer aunque sea uno solo de sus textos fundamentales, de cabo
a rabo y con la atención que cualquier obra científica merece?)
y que, paradójicamente, parece citarse sólo para darle a los textos
(artículos, tesis, tareas escolares e incluso libros) un aire de respetabilidad.
Como dije antes, existe una serie de "objeciones típicas"
que suelen lanzársele a la obra de este autor (que su "reproduccionismo"
no deja espacio al "cambio", que sus teorías atentan contra la idea de
"persona" o "sujeto", que no hay espacio para la voluntad o para "la resistencia",
que sus ideas se reducen a un simple "oxímoron",4
que sus modelos explicativos, construidos a partir de la realidad francesa,
no sirven para otros contextos nacionales,5
como si México, por ejemplo, fuese un mundo con una existencia y una
naturaleza absolutamente independientes del resto de las naciones y de la historia...
y así, infinidad de otros malentendidos referidos en su mayoría
a los conceptos de habitus, capital, violencia simbólica6
y práctica).
Además de todo esto, no faltan infinidad de "críticas"
que no pasan de ser simples falacias, de las cuales las más comunes son
el argumento ad hominem y la reducción al "hombre de paja" (esto
es, sustituir el argumento original por una caricatura burda, contra la cual
es fácil arremeter). Hasta ahora, la experiencia indica que todas estas
objeciones tienen como base, o bien la ignorancia de las obras fundamentales,
o bien la lectura deformada de las mismas que consiste, casi siempre, en tratar
los conceptos de manera aislada y superficial, sin llegar a captar la totalidad
del sistema teórico, pues esta es la verdadera naturaleza del pensamiento
"burdiano" (permítaseme usar este término): como toda teoría,
trata de ser totalizante, que no "totalitaria".7
Como sea, la verdadera fuente de la que emanan la gran
mayoría de malentendidos, parece ser un mecanismo psicológico
de defensa bien conocido por el psicoanálisis desde hace mucho: la negación.
Pero si Freud resulta demasiado polémico, remitámonos a Francis
Bacon quien, con palabras muy comprensibles, expresa muy bien lo que se quiere
decir al referirnos a la negación: "La comprensión humana no es
simple luz sino que recibe infusión de la voluntad y los afectos, de
donde proceden ciencias que pueden llamarse ciencias a discreción.
Porque el hombre cree con más disposición lo que preferiría
que fuera cierto. En consecuencia rechaza cosas difíciles por impaciencia
en la investigación; silencia cosas, porque reducen las esperanzas; lo
más profundo de la naturaleza, por superstición; la luz de la
experiencia, por arrogancia y orgullo; cosas no creídas comúnmente,
por deferencia a la opinión del vulgo. Son pues innumerables los caminos,
y a veces imperceptibles, en que los afectos colorean e infectan la comprensión"
(Novum Organon, 1620). Así, cuando Bourdieu (como muchos otros,
por ejemplo, Foucault) es utilizado dentro del ámbito educativo, ¿qué
tanto estamos frente a una ciencia de la educación "a discreción"
y qué tanto frente a una verdadera ciencia?
En la historia de la ciencia las grandes ideas han sido,
al mismo tiempo, las más revolucionarias y las más incomprendidas.
Así como es falso (y ridículo) afirmar que Darwin sostuvo la idea
de que "el hombre desciende del mono", que Freud creía que en la psique
humana "todo gira en torno al apetito sexual" o que Einstein defendió
la convicción de que "todo es relativo", lo es también afirmar,
por ingenuidad, por ignorancia o por ambas causas, que Bourdieu sea un "conservador
totalitario", que es, de una u otra forma, el reproche que está detrás
de todas las "objeciones" o "críticas" que se le hacen; es decir: se
lee unos textos que son científicos, aplicándoles unos criterios
que les son por completo ajenos (especialmente políticos, aunque están
también los de carácter moral, literarios e incluso religiosos),
sin que ello quiera decir que, en su vida práctica, no tome posiciones
políticas.8
Sin embargo, todo mundo se siente obligado, aunque sea por no quedarse "out"
de la moda académica, a decir algo, lo que sea (por lo general juicios
de valor) acerca de las ideas de este sociólogo.
Esta extraña mezcla de reconocimiento y rechazo
hacia la obra de este sobresaliente sociólogo, es en realidad el enemigo
contra el que Bourdieu dirige sus palabras en Trayectoria de un sociólogo.
Fiel a su filosofía, no se presenta aquí como un Bourdieu "personal";
para ese efecto, para satisfacer nuestra curiosidad de consumidores de biografías,
mejor es remitirnos a la que ha escrito Weber (homónimo del gran teórico),
de reciente aparición en Francia.9
La forma como habla de sí mismo, tanto en esta conferencia como en otras
partes, es más bien impersonal ("Así, no hablaré
sino muy poco de mí, de este yo singular en todo caso, que Pascal llama
odioso").10
En todo caso, la conferencia que enseguida se reproduce trata de cubrir precisamente
ese objetivo, pues en ella Bourdieu describe su propia trayectoria intelectual,
alejándose del culto académico de la autobiografía (ese
"intercambio orquestado de narcisismos")11
y aplicándose a sí mismo los instrumentos de objetivación
que aplica a sus objetos de estudio.
La conferencia, pues, está escrita en un lenguaje
sencillo, en español, pensando en un auditorio mexicano; con toda
conciencia de que en nuestro país, como en muchos otros, su obra ha sido
recibida de manera deformada en su mayor parte (sobre todo gracias a los "comentaristas"
de que hablaba antes, pero que deben la eficacia de sus interpretaciones más
a los mecanismos descritos por Bacon, que a una sólida argumentación).
En ella, no obstante, se defiende principalmente de la acusación de "conservador"
que suele hacérsele, argumentando que la sociología, cuando está
bien hecha, puede tener aplicaciones verdaderamente liberadoras y que, cuando
ésta es "mala" (es decir, mal desarrollada, cuando hay más ideología
que teoría), "contribuye a la perpetuación del orden social tal
como es."
Notas
1.
La conferencia fue recibida, vía satélite, en La Casa de Francia
y la UAM, en la ciudad de México.
2.
Puede verse un ejemplo de este esfuerzo en el número 13 de esta revista
La Tarea.
3.
Pierre Bourdieu. Sociología y cultura. Grijalbo/CONACULTA. México,
1990. Esta edición difiere de la francesa: Questions de sociologie,
incluye tres textos que en la española no aparecen: "Lart de résister
aux paroles", "Le sociologue en question" y "Le paradoxe du sociologue"; en
cambio, ésta última incluye un texto que en la francesa no aparece:
"Espacio social" y "génesis de las clases", y, por supuesto, la
"Introducción" de Néstor García Canclini.
4.
"Crítica" formulada por J. C. Alexander, misma que lo único que
demuestra es su incapacidad para llevar a cabo síntesis teóricas
(dialécticas). Cfr. Alexander, J. C.: "The reality of reduction:
the failed synthesis of Pierre Bourdieu", en: Fin de siècle, social
theory. Verso, UK, 1995. pp. 128-217.
5.
Contra lo cual argumenta en esta conferencia.
6.
Respecto de los malentendidos sobre la violencia simbólica, encontramos
una excelente aclaración en P. Bourdieu: La dominación masculina.
Anagrama. Barcelona, 2000. pp. 49-50.
7.
Un colega, el Mtro. Carlos García, me preguntó alguna vez "¿De
qué no ha hablado Bourdieu?". En efecto, casi todos los temas han sido
tocados a lo largo de su trayectoria, muchos más de los que menciona
en esta conferencia (el deporte, la alimentación, la moda, la televisión,
el arte, el amor, la mentira, el género, la religión, etc.), al
grado que muchas veces se encuentran confirmadas en sus obras hipótesis
que uno se había planteado antes de leerlas (¿debo aclarar que no
pretendo decir, empero, que la obra de este autor sea la "Verdad Absoluta"?).
8.
Para darse cuenta de ello, basta con leer sus dos libritos titulados Contre-feux
y Contre-feux II (hay traducción española del primero:
Contrafuegos. Anagrama. Barcelona, 2000).
9.
O en su defecto, se puede consultar el curriculum vitae que aparece en
la página de Internet del Collège de France (www.college-de-france.fr).
El libro de Weber se puede adquirir en el sitio www.librairieonline.com.
10.
Pierre Bourdieu. Méditations pascaliennes. Seuil. París,
1997. p. 44. (Hay traducción española: Meditaciones pascalianas.
Anagrama. Barcelona, 1999).
11.
Idem.