Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No.

15

(quince)

SECCIÓN

páginas

de la 05 a la 07 de 144

... nosotros los profes

Guadalajara, México - Junio de 2001

Principal | Índice


La luz de los derechos humanos o "perlitas para abrir boca"

(Documento para el debate presentado en el Simpósium de Educación y Cátedra Paulo Freire "Educar para construir el sueño", realizado en febrero de 2000 en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).

María Guadalupe Morfín Otero y Fernando Coronado Franco*

* Presidenta y secretario ejecutivo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ).

1. ¿Son universales los derechos humanos?

Parecería como si chocara la universalidad de éstos contra su particularidad, su inculturización, su propia expresión en las distintas culturas. Si se ha de defender su valor universal, su dimensión debe serles dada desde cada cultura, y no imponerse a éstas.

Si aceptamos que son universales, ¿aceptamos que deban aterrizarse y cobrar cuerpo de manera específica en cada cultura? Creemos que, efectivamente, los derechos humanos entran en diálogo con las culturas y que este proceso enriquece a su vez el horizonte de lo jurídico y ensancha el concepto de su universalidad. Es, podría decirse, una universalidad construida desde la particularidad.

 

2. Los derechos humanos ¿son categorías absolutas o son horizontes de sentido?

Si son categorías absolutas, entonces sí serían susceptibles de ser calificados como eurocentristas y excluyentes, porque no admiten una relación dialógica. Como ejemplo de esto, baste citar que en el Preámbulo de la Declaración Europea de los Derechos Humanos hay un punto que parte de decir que es una declaración de pueblos que tienen un pasado común, pero eso sólo los incluye a ellos, no a otros pueblos.

Además de ese enfoque, estaría la tradición iberoamericanista de los derechos humanos que fray Bartolomé de las Casas inicia. Esta vertiente aplica las visiones de Suárez y de Vitoria al Nuevo Mundo. Arranca de la inspiración aristotélica de Santo Tomás, pero lo novedoso que aporta es que se trata de un pensamiento que entra en debate con el pensamiento medieval que, en cierto momento, se identifica con el discurso teológico; con el Renacimiento se da algo inédito, que implica el reconocimiento del hombre como protagonista de la historia (Suárez y Vitoria), lo que entra en conflicto con las posturas teológicas escolásticas. Vitoria puede enfrentar el debate de si los indios estaban dotados de razón o no, puesto que su visión recoge la experiencia vital del Nuevo Mundo. Suárez aporta con su concepción humanista del mundo las bases del proceso de secularización de la ética, que es la base del ecumenismo. Otro principio fundante de una moral ecuménica es el que surge de el Edicto de Nantes, que proclamó la tolerancia religiosa.

El iusnaturalismo clásico es ya una teoría laica del derecho natural, porque sustenta el derecho en la condición de la naturaleza humana, sin reconocer que esa naturaleza humana tenga algo de divino. Sí reconoce que la naturaleza humana se manifiesta en la razón ética, en principios.

Por otra parte, Norberto Bobbio dice que el derecho legislado es un punto de partida para el análisis de lo jurídico, pero que ese derecho está formado por un sistema de principios que sirven tanto para criticar la ley positiva como para interpretarla, y esos principios son los derechos humanos. Son un acontecimiento histórico incorporado a la cultura ética de Occidente y forman parte del proyecto de la modernidad, que se manifestó en las declaraciones históricas que desembocan en la Declaración Universal de Derechos Humanos y los instrumentos internacionales que se han derivado de ésta, como los pactos y múltiples declaraciones, acuerdos y convenciones.

La de Bobbio es una fundamentación de los derechos humanos historicista crítica, que reconoce las experiencias de injusticia en el devenir humano. No entra a discutir si ese proceso histórico es parte de la conciencia trascendental teológica. Acepta que hay una experiencia histórica de lo que es justo y de lo que no lo es, expuesta en los principios de derecho reconocidos por todas las naciones civilizadas, principios que no son estáticos sino dinámicos, es decir, se van recreando, se van diversificando.

Un ejemplo de este sentido progresivo de los derechos humanos es el llamado derecho humanitario de la guerra. Aunque la guerra es expresión de violencia, hay principios que la hacen menos terrible: un soldado que tiene vencido al otro, tiene que protegerlo, darle alimento, no torturarlo, dar protección a las poblaciones civiles, etcétera. En épocas precedentes, ni por asomo se presentaba esa posibilidad. Se sostenía la barbarie. El Derecho Internacional Humanitario es un espacio que ha generado principios en medio de la sinrazón de la guerra.

Los derechos humanos podrían definirse como valores que brotan de la experiencia humana, de la realidad personal y social del ser humano, que subyacen como paradigmas de inspiración y validación del corpus jurídico, y que la comunidad ha aceptado como criterios éticos de la convivencia armoniosa. No son meramente históricos, pero se hacen en la historia, que es memoria del paso del tiempo. No son meramente letra de la ley, positivización de la norma, pues brotan de una conciencia que la antecede y la impregna, pero la ley es no sólo importante sino indispensable para darles vigencia.

 

3. Derechos Humanos y democracia

Invitamos a los participantes de este seminario-taller a reflexionar acerca de la relación entre derechos humanos y la democracia. Bobbio dice que el modelo de democracia que ha prevalecido está en un abrazo mortal con el capitalismo, que el capitalismo ha secuestrado la democracia.

Como la cultura de los derechos humanos se asienta sobre los valores de la solidaridad , de la concordia, de la paz, del reconocimiento del otro, se asienta en una cierta pedagogía, que consiste en que el otro se asuma como tal, con asistencia o acompañamiento desde fuera, sólo en la medida en que sea necesario para que emerja su palabra, para que surja su poder, para que se recupere como persona sujeto de la historia. Las palabras, cuando son auténticas, son, como decía Paulo Freire, generadoras de procesos de liberación y crecimiento personal y comunitario.

Los derechos de la tercera generación, en especial el desarrollo sostenible y el equilibrio ecológico, entran en conflicto con los intereses económicos de la política que representa la economía de mercado. Es, sin embargo, un conflicto superable.

 

4. Derechos Humanos y seguridad pública

Otra línea interesante de la discusión sería el supuesto debate entre los derechos humanos y la seguridad pública. Se plantea desde un principio como un falso debate, porque suponer que hay un conflicto entre los derechos aplicables a la seguridad pública y los derechos humanos, es partir de una posición autoritaria que se basa en el principio de que el fin justifica los medios. Esta posición descansa en el falso supuesto de que puede haber paz estática, algo así como un orden automático y garantizado, reflejo del interés egoísta de quienes quieren mantener un estado de cosas que les conviene.

El autoritarismo se refleja en la intransigencia en el uso de la fuerza para controlar los espacios urbanos. Eso es evidente en las políticas llamadas de cero tolerancia y mal entendidas como aplicables a supuestos infractores o delincuentes, pues fueron diseñadas en un principio como políticas de control interno de las propias corporaciones, es decir, como cero tolerancia contra los abusos o la ineficacia de los policías.

Bajo esta óptica, no se reconoce que la ciudad es de todos, no importa que haya quienes ni siquiera la puedan transitar puesto que no tienen vehículo para movilizarse. Se emite al ciudadano, sobre todo al ciudadano pobre, tachado de antemano como peligroso, el mensaje de que debe recluirse en su hogar, en su barrio o reducto urbano para no lastimar el tránsito seguro de otros "con mayor derecho que él" a la ciudad.

Esto aterriza en consecuencias gravísimas para el ejercicio de las libertades cívicas (libertad deambulatoria, apropiación del ciudadano de sus calles y plazas); esta ideología propone el perfil de un policía que no oye, no dialoga, no se reconoce con el ciudadano y ve a todos como sospechosos en lugar de verlos como ciudadanos a quienes servir. Esos policías no están en posición de preservar la Constitución ni para los ciudadanos ni para ellos, pues sus pares los ven igual y así como un día son victimarios, otro son víctimas de sus jefes formados en tal distorsión del uso del poder del cargo y del uniforme.

Mientras los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley no asuman como un credo de su actuación el respeto a las garantías y los derechos humanos fundamentales, éstos serán letra muerta.

Detrás del empeño por entender la seguridad pública como una cuestión que se resuelve con armamento, policías y patrullas, está una visión limitada que no concibe un concepto más amplio de seguridad que descansa en que haya condiciones de vida digna para todos. Tampoco se examinan las causas estructurales de la violencia, de la ineficaz procuración de justicia, de la necesidad de contar con un poder judicial implicado en resolver la a-genda de la justicia que es un anhelo social generalizado, y se hace oídos sordos a la creciente y alarmante complicidad desde altas esferas de la política nacional con el crimen organizado. Se obvia que la resolución de la inseguridad pública en México tiene que partir de un testimonio de ética desde los más altos cargos de la política e impregne a todas las corporaciones y poderes.

A manera de conclusión, deseamos aventurar que los derechos humanos pasan por una educación permanente, se traducen en un cambio de actitudes y tocan el corazón humano en profundos niveles de conversión hacia la conciencia de que el otro existe, el otro que es irreductible, el otro que nos interpela y nos completa.

Bueno, hasta allí llegamos, dado lo intenso de nuestras chambas respectivas, pero creemos que como bocadillo de entrada puede servir para provocar un soberano debate (que no es lo mismo que un soberano relajo). ¿Misión cumplida? Nos toca a todos hacerla posible.

Principal | Índice