Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No.

15

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el rollo

Guadalajara, México - Junio de 2001

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Valores transversales en el currículum

Manuel Moreno Castañeda*

* Coordinador General del Proyecto INNOVA de la Universidad de Guadalajara (UDG). Vicepresidente del Consorcio Red de Educación Abierta y a Distancia (CREAD) para México.

El curriculum oficial es la propuesta de

quienes detentan el poder, mientras que el curriculum real

es el que viven cotidianamente estudiantes y profesores.

Cuando leí a Jean Marc Pelorson (Claramunt, 1997), quien decía que: "La interrogación del filósofo sobre la validez del Saber, la modestia socrática, no suele ser la norma entre los políticos. Su norma consiste más bien en afirmar que el que tiene el poder tiene el saber"; me hizo reflexionar sobre el curriculum escolar que suele caracterizarse por su origen jerárquico, en él, queda establecido de diversas maneras cómo es el modelo de mujeres y hombres, el modelo de sociedad al que aspiran quienes detentan el poder. Intenciones que se van plasmando desde los planes nacionales, hasta los planes de estudio, los programas de cursos y los materiales educativos. Sin embargo la realidad de tales programas se manifiesta cuando, al llegar a estudiantes y profesores, se incorporan a la cotidianidad áulica y se combina con otros aprendizajes, programados o no, de la vida escolar y se desarrolla el curriculum real, que puede o no coincidir con el curriculum oficial.

Puede decirse que en la operación del curriculum escolar se encuentran tres proyectos de vida: a). El del estudiante: que trae su propia historia, con sus experiencias escolares propias y el modelo de vida al que aspira, b). El proyecto del profesor: que algunas veces evidencia en su discurso pedagógico, pero sobre todo lo manifiesta, prácticamente, en la manera en que opera el curriculum y, c). La propuesta explícita en el curriculum oficial: expresado en planes, programas y materiales de estudio. Así, el estudiante se presenta ante una situación de confrontación de sus expectativas ante las que se le propone el curriculum oficial y los diferentes modelos que ponen en práctica sus profesores y otros compañeros de estudio. Así va aprendiendo a vivir en un proceso dinámico de confrontaciones e intercambios de proyectos de vida, mientras desfilan, hora tras hora, los diferentes contenidos disciplinares por el calendario escolar, con toda la buena intención académica que se quiera, pero no siempre ligados al interés de los estudiantes y sus proyectos de vida.

Como diría Touraine (1998): "…la respuesta a la pregunta ¿podremos vivir juntos? O dicho de otra manera: ¿cómo podremos combinar la libertad del sujeto personal, el reconocimiento de las deferencias culturales y las garantías institucionales que protejan esa libertad y esas diferencias? Exige una reflexión sobre la educación. La educación en todos sus ámbitos y dimensiones, la familia, la comunidad y la sociedad global, y desde luego la escuela como ámbito de vida y como intención educadora que se rige por un curriculum. Es intención de este escrito, a partir de una visión de la actualidad de los currícula escolares, plantear la transversalidad curricular como una manera de lograr una educación institucional más ligada a la vida, y una vida social más educativa, con el propósito de lograr mejores condiciones para vivir y convivir.

 

1. La situación actual del curriculum escolar

La máxima pretensión en la planeación de un curriculum escolar es ser un instrumento de planeación educativa enfocado a proponer contenidos y situaciones de aprendizaje que preparen para mejores condiciones de vida; claro, de acuerdo a lo que entienden o quieren hacer entender por mejores condiciones de vida, quienes detentan el poder. Si el curriculum, con todas sus propuestas de aprendizajes, pretende reproducir un modo de vida, lo menos que podemos esperar es que sea un modo de vida real y satisfactorio y no quede en un remedo de vida sin sentido y sin posibilidades de ser. Con respecto a estas pretensiones, habría que empezar por reflexionar, entre otras, en las siguientes cuestiones:

  1. ¿En que medida los currícula escolares están diseñados para poder cumplir con esa pretensión?

  2. ¿Qué congruencia hay entre el diseño curricular y el curriculum vivido en las escuelas? y,

  3. ¿Qué podemos decir y hacer para que esos diseños y esa prácticas sean preparadores de mejores modos de vivir?

Por lo pronto, este escrito se centra en el último punto, considerando que en esa búsqueda de mejores modos de vivir se requiere de valores, conocimientos, actitudes, habilidades, disposición y capacidad para vivir con los demás. Dicho de otras maneras: aprender a vivir aprendiendo juntos en un ambiente rico en diversidades sociales y diferencias personales. Sin embargo, para iniciar la marcha rumbo a ese escenario, hay que empezar desde la construcción del camino del que ahora apenas se pueden apreciar los bosquejos de algunas brechas, que parten de situaciones con problemas como los siguientes:

Incongruencia entre el curriculum oficial y el vivido. Entre las diferentes acepciones que se pueden tener de curriculum, según como se intenciona, manifiesta y percibe, podemos hablar de: curriculum explícito o implícito, prescrito o en acción, deseado y actuado. En todo caso se trata de establecer la diferencia entre el diseño curricular que se establece institucionalmente y vemos manifiesto en planes de estudio, programas, libros de texto y otros documentos, y el curriculum que realmente se vive.

Diseños curriculares centralizados, llegando al absurdo de que cuando algo se descentraliza es el centro quien lo decide. En especial en México está exageradamente centralizado el curriculum en educación básica y formación de profesores, aunque ya se empiezan a dejar pequeños espacios que posibilitan la incorporación de contenidos regionales y preferencias personales de especialización.

Emparejado con el centralismo va la tendencia a la homogeneización, que olvida la diversidad social y regional y sobre todo las diferencias personales. Aunque paradójicamente también se da el extremo contrario de la dispersión curricular, sobre todo en educación superior, según parece requerimos todavía trabajar mucho para llegar al equilibrio de propuestas curriculares compartidas y diversificadas. Para avanzar en la respuesta a estos dilemas tenemos, entre otras, la aportación de Arthur L. Costa, quien en el prólogo de Curriculum y cognición (1997), nos dice:

Los muchos educadores en este campo creen en la utilidad de la estandarización como principio educativo educacional. "Lo que todos los ciudadanos deben saber" ya no será una preocupación importante. No es posible predecir con exactitud la base de conocimientos que necesitan los ciudadanos productivos en la era de la globalización de la información orientada a los servicios. Además, es imposible "cubrir" toda la información en el lapso de una vida. Pero indudablemente podemos estar seguros que todos los ciudadanos necesitan resolver problemas, pensar críticamente y seguir aprendiendo. (Resnick, 1996).

En las reformas curriculares se cuida mucho que programas y materiales de estudio coincidan, sin embargo los responsables de su operación, los profesores, continúan los mismos con sus mismas actitudes y prácticas que pretenden ser cambiadas con eventuales y superficiales cursos de capacitación. La poca atención que se brinde a los docentes, su selección, preparación o permanencia, sin modificar substancialmente las actitudes, habilidades y capacidades profesionales de los maestros, sin un ejercicio previo de análisis y reflexión, sin los necesarios mecanismos y estímulos que permitan al docente incorporarse al cambio, hacen que las reformas curriculares queden conminadas a un aparente hacer, sin mayor trascendencia. Si el profesor, quien va a dar vida y poner en práctica el nuevo curriculum no lo comprende, no está convencido de él y no es sumado en los procesos previos, el resultado es que no lo hace suyo, y la posibilidad de cambio resulta casi nula.

Otro problema grave son las reformas curriculares sin una evaluación previa, o un diagnóstico que lo justifique. A veces lo único que justifica una innovación es la noticia de que en otros países ha dado buen resultado como es el caso de los proyectos escolares en educación básica. En otros casos, como el regreso al diseño curricular por asignaturas de los dos pasados sexenios, represento un retroceso sin justificación académica, con el solo pretexto de que así lo pidieron los profesores, sin que esto se probara de ninguna manera.

El curriculum como propuesta institucional se enfrenta a las historias, expectativas, conocimientos y modos de aprender y enseñar de estudiantes y profesores, a las estrategias para su incorporación, a los manejos erráticos que se tienen en su aplicación. Así, algunos profesores nunca hicieron caso de las reformas que implantaron los planes de estudio por áreas, se quedaron en las asignaturas esperando treinta años a que regresaran, situación no sólo imputable a los docentes, sino a una mala estructuración de uno o varios de los elementos del curriculum, o, en otros casos a un curriculum rígido que no permite ni el apoyo a los procesos de aprendizaje, ni una innovación de la práctica educativa.

 

2. Hacia un nuevo enfoque curricular

Aquí surge la necesidad de un curriculum abierto, flexible, compartido y diversificado, que facilite la posibilidad de abrir y diversificar las opciones de formación, y sobre todo que no limite la educación a los cuadros de un plan de estudios, que se ubique claramente a la educación como un proceso que va más allá de los muros escolares y los espacios curriculares. A lo que podría agregarse la creatividad, convivir y trabajar con los demás, encontrar, manejar y comunicar información y tener la actitud y capacidades necesarias para enfrentar situaciones nuevas e inciertas. El curriculum no puede entenderse si no es en el contexto social en se crea y al que se destina, con base en una política educativa determinada y con ciertas bases filosóficas y teóricas. Dicho de otra manera, el diseño curricular surge de un contexto social, se orienta de acuerdo a determinadas filosofías, políticas y teorías educativas y se manifiesta en programas y materiales de estudio, pero sobre todo en las estrategias metodológicas que cobran vida en un ambiente de aprendizaje mediado por la infraestructura tecnológica y las interacciones educativas.

En el esquema inferior se muestran los fundamentos e instrumentación del curriculum (Moreno, 1999).

El curriculum y los sujetos en relación

Las personas como sujetos y objetos del curriculum determinan y caracterizan de manera crucial el curriculum. Si lo esencial de todo proceso educativo son las personas en relación, y es en esa relación que le dan sentido y se produce lo educativo, ninguna propuesta curricular puede ignorar esto, de ahí los grandes matices, giros y rumbos que puede tomar un plan de estudios, según el proceso de aprender y enseñar, por ejemplo:

  • Cual es el nivel y calidad de participación de los estudiantes, si el profesor propicia u obstaculiza la interacción, si se privilegia el trabajo en equipo o individualmente.

  • Los criterios, parámetros e instrumentos para evaluar el aprendizaje.

  • Los apoyos a los estudiantes en su proceso de aprendizaje, tales como: laboratorios, talleres, bibliotecas, etc., y la manera como el docente los incorpora a su práctica.

  • Si el profesor incorpora o no tecnologías para la información y la comunicación en su práctica docente y si es de manera adecuada o no.

  • Según se filtre o limite el mensaje a la capacidad del docente o según se diversifiquen las fuentes de información. El rol del profesor que, así como puede ser un propiciador de ambientes de aprendizaje, también suele convertirse en el canal único y obligado del conocimiento entre el curriculum y los estudiantes, como lo plantea Tedesco en la obra Necesidades básicas del aprendizaje: "como mediador y representante del contenido frente a la exclusión sistemática del conocimiento y la experiencia de los alumnos, así como de toda posibilidad de elaboración propia del conocimiento". (UNESCO, 1993).

Como dice Rosa María Torres en Necesidades básicas del aprendizaje: "El viraje de un maestro que ejecuta, a un maestro que crea, resuelve y decide es enorme. Antes de optar por alternativas nuevas y renovadoras en este terreno, es pues preciso calibrar la magnitud de sus requerimientos y consecuencias" (UNESCO, 1993).

Y lo anterior nos lleva la pregunta: ¿qué sucede con un curriculum abierto que propicia la iniciativa y creatividad docente, cuando llega a un profesor al que la dependencia y la falta de toma de decisiones ha hecho mella en su ánimo, a quien le ha sido atrofiada la imaginación y anulada la creatividad?

Continuando con las ideas de la misma autora:

...se afirma, a propósito concretamente de las necesidades básicas de aprendizaje, que el papel del profesor en un currículo orientado de esa manera, se complejiza y hace más difícil, exige "mayores niveles de profesionalización del trabajo docente, asociados con modificaciones significativas en sus saberes profesionales y en sus condiciones de trabajo.

La formación docente actual responde al modelo curricular y pedagógico vigente: los profesores se forman como ejecutores autómatas de planes y programas. Reorientar el currículo en el sentido opuesto significa pues reorientar totalmente la formación docente en la perspectiva de ese papel más profesional, activo, participativo, creador que se exige del docente.

Y haciendo énfasis en lo social afirma:

...Si en manos de los docentes va a estar un currículo flexible, adaptable a las condiciones de los medios y a las necesidades de los alumnos, tal y como éstos son interpretados por el profesor, su comprensión y manejo no sólo de la cultura popular sino de la problemática social en general resulta fundamental.

En este sentido, un curriculum centrado en el estudiante, debe serlo considerando sus condiciones de vida, sus modos de ser y aprender, y, sobre todo, propiciar que pueda tomar las decisiones curriculares que le permitan diseñar las trayectorias de formación acordes con sus proyectos de vida profesional.

Considerando el carácter social de la educación, el currículo tiene sentido y toma vida cuando se establece la interacción entre sus protagonistas, estudiantes, profesores y el medio, en este caso haciendo énfasis en los docentes a quienes oficialmente corresponde su puesta en práctica y realización, aunque no siempre se les toma en cuenta en su diseño, planeación y consecuente operación. A partir de un concepto amplio de curriculum, que no se limita a un mero listado de cursos o asignaturas, sino al conjunto de contenidos, procesos, actividades y ambientes que integran e influyen en el aprendizaje, de manera especial se considera al docente que, con sus decisiones y prácticas cotidianas, puede modificar significativamente el curriculum. (Moreno, 1999).

Para cerrar este apartado, y a propósito de los sujetos del curriculum resulta interesante reflexionar en las ideas que Touraine (1998) plantea en sus principios para la escuela del sujeto:

El primer principio de esta escuela del sujeto es el que señala la mutación más manifiesta: la educación debe formar y fortalecer la libertad el sujeto personal… reivindicar el paso de una educación de la oferta a una educación de la demanda…

 

Principios según Bourdieu y Gros (1997)

Para poder dar entrada a un nuevo enfoque curricular, una reflexión de las aportaciones y recomendaciones que Bourdieu y Gros nos hacen a propósito de la Comisión Francesa sobre los Contenidos de la Enseñanza que presidieron, nos resulta muy interesante y de particular importancia para el tema de este escrito:

  1. Los programas deben ser sometidos a una puesta en cuestión periódica tratando de introducir en ellos los conocimientos exigidos por los progresos de la ciencia y los cambios de la sociedad.

  2. La educación debe privilegiar todas las enseñanzas que ofrezcan modos de pensar dotados de una validez y de una aplicabilidad general con respecto a las enseñanzas que proponen saberes susceptibles de ser aprendidos de manera también eficaz (y a veces más agradablemente) por otras vías.

  3. Abiertos, flexibles, revisables, los programas son un marco y no una horca: ...Deben ser progresivos... y coherentes.

  4. El examen crítico de los contenidos actualmente exigidos debe siempre conciliar dos variables: su exigibilidad y su transmisibilidad.

  5. Con el deseo de mejorar el rendimiento de la transmisión de saberes diversificando las formas de comunicación pedagógica y apegándose a la cantidad de saberes realmente asimilados más que a la cantidad de saberes teóricamente propuestos, se distinguirá, tanto entre las especialidades como en el seno de cada uno de ellas lo que es obligatorio, opcional o facultativo y, al lado de los cursos, se introducirán otras formas de enseñanza, trabajos dirigidos y enseñanza colectiva...

  6. La preocupación por reforzar la coherencia de las enseñanzas debe conducir a favorecer las enseñanzas dadas en común por profesores de diferentes especialidades y también para repensar las divisiones en disciplinas...

  7. La búsqueda de la coherencia deberá derivarse de una búsqueda de equilibrio y de la integración entre las diferentes especialidades y en consecuencia, entre las diferentes formas de excelencia. Será importante en particular, conciliar el universalismo inherente al pensamiento científico y al relativismo que enseñan las ciencias históricas, atentas a la pluralidad de los modos de vida y de las tradiciones culturales.

Sin mencionarlo por su nombre, al recomendar una mayor flexibilidad al curriculum, la búsqueda de equilibrio entre lo universal y los diferentes modos de vida y su apertura, estos autores ponen las bases para la incorporación de ejes transversales en el curriculum, para darle mayor significado y sentido, considerando, desde su diseño, la relación de los aprendizajes escolares con los aprendizajes necesarios para la vida.

 

3. Lo transversal en el curriculum

Para los propósitos de este escrito, y retomando las aportaciones más significativas en este campo, se entiende como transversalidad curricular al conjunto de características que distinguen a un modelo curricular cuyos contenidos y propósitos de aprendizaje van más allá de los espacios disciplinares y temáticos tradicionales, desarrollando nuevos espacios que en ocasiones cruzan el curriculum en diferentes direcciones, en otras sirven de ejes a cuyo rededor giran los demás aprendizajes, o de manera imperceptible y más allá de límites disciplinares impregnan el plan de estudio de valores y actitudes que constituyen la esencia de la formación personal, tanto en lo individual como en lo social. Lo transversal busca reconstruir la educación en un proceso integral de aprender que liga a la escuela con la vida y los valores y actitudes mas adecuados para vivir mejor en convivencia con los demás. Esto es especialmente importante ahora que el impacto del desarrollo científico-tecnológico en las instituciones educativas parece relegar la formación humanística, que le debiera dar sentido a toda formación profesional.

Como lo plantean Reyzabal y Sanz (1999), citando a Cortina:

Dentro del ámbito académico el endiosamiento vigente hasta el momento de los contenidos científicos y técnicos ha tenido consecuencias bastante negativas tanto para el individuo como para la colectividad, ya que: Un individuo. Que sólo domina habilidades técnicas y carece de la humanidad suficiente como para saber situarse en la historia, como para apreciar la creación artística, como para reflexionar sobre su vida personal y social, como para asumirla desde dentro con coraje, es, por decirlo con Ortega, ese hombre masa totalmente incapaz de diseñar proyectos de futuro, y que, siempre corre el riesgo de dejarse domesticar por cualquiera que le someta con una ideología. Y, por otra parte, habrá perdido la posibilidad de gozar de la lectura, la música, las artes plásticas y todas esas creaciones propias del homo sapiens, más que del homo faber. (Cortina, A.: 1994, 21).

Transversalidad que cruza todas las dimensiones de la persona dándole integralidad y sentido, no un currículum dividido en parcelas artificiales del conocimiento, sino hacia un conocimiento global, en el que se entienda que la separación en campos del conocimiento es sólo con propósitos de estudio, no con el propósito de un conocimiento fraccionado.

Los principios y valores son algo abstracto que se aprende e incorpora axiológica y racionalmente, conceptual e intelectualmente en la estructura del conocimiento. Los derechos, valores y principios se aprenden cuando se traducen en actitudes y comportamientos, es decir son integrados a una forma de vida, a un proyecto de vida. (Zúñiga, 1998).

Los temas transversales son contenidos curriculares que se refieren a temas actuales que están íntimamente relacionados con principios actitudes y valores. La transversalidad curricular se refiere a los contenidos conceptuales actitudinales y axiológicos presentes en diversas asignaturas. (Zúñiga, 1998).

 

Los obstáculos para la transversalidad del curriculum

En la vida rutinaria de la cotidianidad escolar, lo más común es estar decidiendo con las presiones de cada momento qué información, conocimientos, habilidades, actitudes o aprendizajes en general incorporar en los planes programas y materiales de estudio, decisiones que generalmente se encauzan para liberar al docente de las angustias cotidianas, y pocas veces se tiene la visión, la voluntad y al capacidad para propuestas y acciones de futuro. Las limitadas capacidades profesionales y las inadecuadas condiciones de trabajo orillan a dedicarle más tiempo y atención a lo urgente aunque efímero, que a lo permanente y de mayor trascendencia. En este caso se encuentran las exigencias de personas que, como los directivos, padres de familia y otras del contexto cercano, exigen resultados a corto plazo o sobre el programa escolar, que meten al profesor en un proceso de angustia que lo obliga a enfocarse a resultados inmediatos y tangibles, descuidando lo trascendente, como serían los valores transversales al curriculum.

A este respecto resulta conveniente reflexionar en las observaciones de María Nieves con otros colegas (Nieves, 2000), en referencia a las dificultades para el desarrollo de la transversalidad en el curriculum.

  1. La fuerte inercia de la escuela para cambiar formas de comportamiento y escala de valores.

  2. La incorporación de materias transversales al curriculum escolar dentro de la organización existente por asignaturas.

  3. La necesidad de concretar los contenidos de las materias transversales.

  4. La necesaria formación del profesorado en estos temas.

  5. La escasa tradición del trabajo en equipo, especialmente con padres y otras instituciones.

  6. La escasez de materiales curriculares.

  7. El problema de la evaluación.

Así, muy poco se hace por la paz y la convivencia social, cuando en la escuela los programas y textos hablan de confraternidad universal, solidaridad, justicia social, derechos humanos o respeto por la diversidad mientras se exaltan en la práctica las posturas extremas de chauvinismo y malinchismo. La propuesta es aprender a ser, más allá de los espacios escolares del curriculum, si queremos tronar la formación en valores basta con encerrarlos en un salón de clases y sus horarios preestablecidos, nada más antinatural que un curriculum escolar que va contra la corriente de la vida.

 

4. Recomendaciones para la incorporación de valores transversales en el curriculum

No es fácil ni teórica ni metodológicamente, y menos actitudinalmente, introducir el enfoque transversal en el curriculum, tal vez sí en su diseño, pero no tanto en la práctica, que puede significar todo un vuelco en la cultura pedagógica tradicional; por lo tanto, las sugerencias que aquí se mencionan no son más que posibles rumbos, experimentados por otros, pero en educación los caminos y los destinos siempre serán inciertos, y los consejos, vagas orientaciones que nos permiten vislumbrar posibilidades, pero nunca certezas; así, para Monclus (1999):

Los temas transversales en primer lugar se plantean como contenidos que hacen referencia a problemas y conflictos de gran trascendencia, que se producen en la actualidad y frente a los que es urgente la toma de posiciones personales y colectivas. (...) En segundo lugar, son contenidos relativos principalmente a valores y actitudes, a través de su programación y desarrollo, así como de su análisis y comprensión de la realidad, se pretende que los alumnos elaboren sus propios juicios ante los problemas y conflictos sociales, con capacidad para adoptar actitudes y comportamientos basados en valores que sean asumidos de forma racional y libre. ...En tercer lugar, son contenidos que han de desarrollarse dentro de las áreas curriculares. Y ello en una doble perspectiva, es decir acercándolas y contextualizándolas en ámbitos relacionados con la realidad y con los problemas del mundo actual, y dotándolas de un valor funcional o de aplicación inmediata respecto a la comprensión y a la posible transformación positiva de dichos problemas así como de la realidad misma.

Como estas sugerencias podemos encontrar muchas más para la incorporación en el curriculum de actitudes y valores, pero como no se trata de ser exhaustivos en este solo articulo, podemos mencionar entre los criterios más comunes los siguientes:

  1. Establecer cursos especiales sobre valores.

  2. Incluir los valores como temas que forman parte de un curso o asignatura.

  3. Incorporando los contenidos actitudinales y valorales en los diferentes espacios curriculares o,

  4. Más que incorporarlos al curriculum formal, asumirlos en la vida escolar cotidiana, con un enfoque transdisciplinar. Siendo esta opción la que en esta propuesta nos parece la más acertada, sin que esto signifique que siempre deba ser así y rechazar de entrada las otras opciones. A este respecto resultan muy apropiadas las palabras de Reyzabal y Sanz (1999):

Si no se comprende la verdadera esencia de los ejes transversales y se los aborda simplemente como nuevos contenidos o temas añadidos a los ya existentes, únicamente implicarán una sobrecarga de los programas y dificultarán la tarea del docente sin que ello reporte ningún beneficio al alumnado, puesto que sólo supondrá una nueva temática con viejos procedimientos, eliminando así todo el valor innovador que pueda tener esta rica y compleja propuesta.

Para que la transversalidad cumpla sus objetivos, todo el currículo ha de tender a la plasmación de dicha aspiración educativa, lo cual será posible únicamente si se integran los aspectos parciales en un plan de trabajo global propio del centro en su conjunto. Es decir, los ejes diferenciados se enriquecen cuando se abordan con un planteamiento integrador, que no excluye las peculiaridades de cada uno de ellos.

Y retomando a Monclus (1999), habría que preguntarnos:

...¿de qué forma podemos trabajar/utilizar las transversales?, ¿qué significa esa consideración desde el proyecto curricular? Para contestar, podemos tomar en consideración las diversas acepciones del concepto transversal. De entre todas ellas, seleccionamos, por su carácter operativo; "lo que se extiende atravesado de un lado a otro" y "engarzar" "enhebrar", "filtrarse". De forma que tenemos dos significados: el de cruzar y el de enhebrar.

Estas dos posibilidades de abordar la transversalidad dan lugar, en el primer caso, a la constitución de líneas que cruzan todas las disciplinas.

...La segunda acepción tiene lugar cuando se erigen en elemento vertebrador del aprendizaje y aglutinan a su alrededor las diferentes materias, pues su carácter globalizador les permite enhebrar o engarzar los diversos contenidos curriculares.

Cabe considerar una tercera posibilidad que no es más que una estrategia intermedia: los espacios de transversalidad. Consisten en un punto de encuentro entre los dos enfoques anteriores, coexistiendo ambas posibilidades: una organización vertical, disciplinar, pero "impregnada" de transversalidad, en la que, además existen momentos de aprendizaje interdisciplinario para el desarrollo de ciertos temas, que son presentados como proyectos o unidades didácticas de problemas socioambientales que hay que investigar.

A manera de reflexión final y despedida, una invitación a repensar los planteamientos vertidos y las propuestas de este enfoque curricular, y que de su cuestionamiento surjan nuevas propuestas en el sentido de impulsar una nueva vía educativa hacia una nueva escuela, para una educación planetaria, que se base en un curriculum que vaya más allá de lo epistemológico y trascienda a lo sociológico; que tienda puentes entre el conocimiento científico y el vulgar para contribuir a la "transformación social de la cultura". (Monclus, 1999). Y que a través de procesos educativos dialógicos, críticos y democráticos nos ayude a construir una nueva sociedad.

 

Conclusiones previas y sugerencias

Mi primera reflexión es con respecto a la certeza de que éste no es un trabajo concluido, sino apenas unas primeras reflexiones que empiezan a dar luces acerca de algunos principios que pueden ser recomendables para el diseño curricular, cuando queramos que éste tenga sentido para la vida de los destinatarios de nuestras propuestas educativas.

Entre los rasgos que conviene considerar para el diseño de una propuesta curricular estarían los siguientes:

En primer lugar su carácter propositivo, no perder de vista que a final de cuentas quienes le van a dar vida son las personas que lo vivan, estudiantes y profesores.

Partir de los sujetos reales que le darán sentido al curriculum, la relevancia de sus contenidos será significativa en la medida en que respondan a los proyectos de vida y trabajo de los participantes. Considerar a las personas que serán protagonistas del curriculum, y las posibilidades de que formulen sus trayectorias de formación. Es en las personas que viven el curriculum cuando la propuesta institucional se fortalece, cambia de rumbo o se echa a un lado. (Moreno, 1999).

El carácter dinámico del curriculum, es también de vital importancia recordarlo, es un proceso siempre en construcción, por tanto en su diseño debemos dejar siempre los espacios y las coyunturas que permitan su permanente innovación y capacidad de respuesta a los cambios constantes en las necesidades sociales de aprendizaje.

El enfoque transdisciplinar, en el sentido de ir más allá de los límites de las fronteras siempre artificiales entre los campos del conocimiento, cuyo propósito es su organización con propósitos de estudio, pero cuando se trata de su aplicación a la vida real, no perdamos de vista que las situaciones vitales no se nos presentan como disciplinas científicas, ni como cursos escolares, sino con toda su compleja diversidad. La rica complejidad de la vida, supera en mucho la simplista fragmentación de conocimiento en un curriculum escolar.

La atención a la diversidad de las condiciones de vida y las características de las personas a quienes va dirigido un curriculum escolar, es otro punto de especial importancia, evidentemente, aunque el curriculum propuesto sea único, los aprendizajes que logren serán tan diversos como diversos sean los participantes.

Que sea significativo para la vida de los estudiantes; que cada quien, a través de su proyecto de vida, vaya incorporando saberes, habilidades, emociones, valores y relaciones sociales.

Cuidar la manera en que se van enhebrando y entretejiendo los valores y actitudes transversales en la organización progresiva de las actividades de aprendizaje, al igual que en su coherencia horizontal.

Si como entrada a este escrito lanzamos un viva a la diversidad, como despedida queremos expresar nuestro más ferviente deseo porque sigamos en la búsqueda de ese modelo educativo ideal, pero que nunca lo encontremos, porque es la búsqueda permanente lo que hace interesante y significativa esta profesión nuestra de ayudar a aprender a los demás, además de aprender nosotros mismos, y un aprendizaje de primer orden es saber que la vida es una aventura permanente de buscar y descubrir. Hay de aquel que cree conocer y haber llegado al modelo ideal de vida y perfección, es como haber muerto. Y en el sistema educativo podemos haber muchos muertos que pretendemos enseñar a los demás a vivir. (Moreno, 1999).

 

Fuentes de información

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MARTIN Christopher, James. La educación primaria en tiempos de austeridad. Universidad de Guadalajara y The Brittish Council. Guadalajara, 1998.

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NEIRA, Teófilo R. La cultura contra la escuela. Un ensayo sobre las contradicciones entre cambio social y prácticas educativas. Ariel. Barcelona, 2000.

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REYZABAL, María Victoria y Sanz, Ana Isabel. Los ejes transversales. Aprendizajes para la vida. Editorial Escuela Española. Madrid, 1999.

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