Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No.

15

(quince)

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... nosotros los profes

Guadalajara, México - Junio de 2001

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La formación cívica en Secundaria no es secundaria

Rafael Garduño Montaño*

* Profesor de Educación Cívica y Ética en Secundaria.

Ubicar y observar los resultados que tienen lugar en el intento institucional para reforzar la formación de valores desde la Secundaria en las nuevas generaciones con la nueva asignatura de Formación Cívica y Ética desde 1999 en México, es de la mayor importancia; más lo es el saber cómo se integran esos valores en el aprendizaje. Esta interrogante obliga a formularnos otras, que, aunque no es pretensión de este artículo dar respuestas a todas, sí señalarlas como una responsabilidad del Sistema Educativo Nacional y, en alguna medida, apuntar algunas propuestas encaminadas hacia su resolución. Por ello, dichas interrogantes debemos plantearlas del modo siguiente: ¿cómo se esta operando desde los currícula la aprehensión de esta axiología y de qué forma trascienden en ellas y ellos?, ¿cómo formulan y fundamentan los docentes su práctica y bajo qué condiciones las realizan para promover y generar en las y los adolescentes aprendizajes relevantes?, ¿tienen estas formulaciones e implementaciones una orientación crítica?, ¿cuál es el grado de certeza de que los aprendizajes serán significativos?, ¿existe en las escuelas alguna propuesta o proyecto que eventualmente de la pauta para organizar los contenidos de todas las materias que relacionen temas y problemáticas específicas, más allá del contexto escolar?, de darse esta circunstancia: ¿cómo se da el despliegue de esfuerzos para llevarlas al aula?, ¿quiénes lo impulsan y evalúan?: ¿el Consejo Técnico Escolar?, ¿las academias?, ¿el acuerdo de una asamblea?... Finalmente, ¿cuáles son las acciones de las autoridades y directivos de cada plantel para renovar su relación con maestros-alumnos-padres de familia para este fin?

Para tratar de aclarar y entender lo anterior es indispensable, en primer lugar, internarse en las experiencias del docente en servicio, ya que éste constituye en un valioso insumo del proceso educativo. Fundamentar y enriquecer los estudios de diagnóstico que tengan como objetivo atender la problemática pedagógica con la mayor aproximación posible, exige entender la relación maestro-alumno como una entidad indivisible. Por otro lado, en la búsqueda de métodos, fórmulas y planteamientos didácticos para alcanzar el objetivo de formar ética y ciudadanamente a los jóvenes de nuestro tiempo, se hace necesario reconocer el serio problema que representa la apatía e indiferencia, en la mayoría de los casos, para el desarrollo del sentido crítico, la capacidad de asombro y la sensibilidad en general; condición indispensables para el logro de este propósito. En este sentido, aceptar acríticamente la falta de interés de los jóvenes para analizar los hechos históricos que se viven todos los días no puede constituirse en una premisa. Sabemos del importante papel que juegan los medios en la conformación de su visión exterior, y es aquí que la promoción e integración de valores en actividades educativas con jóvenes se complica; más aún cuando en algunos sectores de nuestra sociedad existe la histórica creencia de que es la iglesia la única autorizada para transmitir valores morales. Los valores nacionales y universales, la cultura de respeto a los derechos humanos e individuales se adquieren y determinan a partir de la ubicación socioeconómica y política de la familia, dejando hasta el último el aporte que puede hacer la escuela.

La responsabilidad social de los enseñantes de promover valores, desde la escuela, debe ser asumida con acciones que irrumpan en las prácticas tradicionales que justifican la labor de proporcionar conocimientos en el aula y que no son lo suficientemente evaluadas. Se trata de trazar líneas que trasciendan los currícula y den dirección al aprendizaje de los adolescentes, lo que representa un verdadero reto para el profesorado. El docente de Secundaria debe conocer y entender a estos futuros ciudadanos que nacieron en la dimensión de la globalización, que aprenden y viven con la influencia de los medios, la llamada "generación digital"; jóvenes cuya individualidad no se ve integrada a los compromisos sociales de la colectividad, que sin saberlo o sentirlo se encuentran inmersos en círculos de autoridad, de violencia, e incorporados a proyectos de reproducción del poder institucional.

El docente debe recuperar su papel de formador-facilitador, de manera conjunta y colegiada, compartiendo sus experiencias, en un ambiente libre, democrático y autónomo que posibilite la formulación y desarrollo de propuestas y estrategias audaces que aborden toda problemática desde la perspectiva del interés público; educar en la cultura de valores resaltando la importancia que tiene la diferencia para la convivencia, sean estas diferencias de género, ideológicas, sociales o económicas; construir valores que reconozcan en la diversidad pluriétnica, cultural, ideológica o de orientación sexual un principio fundamental; enseñar, asimismo, en la defensa del derecho propio y el del otro(a). Se trata, en resumen, de que la tarea central sea buscar referentes comunes que aun cuando empíricos, sepan captar y aclarar esos aspectos y conceptos de mayor dificultad en su enseñanza-aprendizaje que a veces no se advierten de manera oportuna en planes y programas de enseñanza y mucho menos en la programación de los medios masivos; así que, el propiciar la integración de los principios valorales en el individuo –desde la escuela–, seguirá siendo oportuno en tanto necesidad social; pero, además, podrán trastocar las expectativas de estos jóvenes y redimensionarlas a partir de sus propias circunstancias y necesidades. Por eso, insisto, conocer sus realidades, entenderlas y entrar en negociación con ellos(as), compartiendo enfoques e intereses, delimitando diferencias generacionales o de roles, enlazarlos a los propósitos programáticos –sin que estén sujetos a las dificultades de la acreditación de la asignatura impartida–, podrá redundar en una integración natural al acervo cognoscitivo de los jóvenes.

De allí la importancia de que en este intento, nos esforcemos en conocer y saber encontrar conjuntamente esas necesidades y motivaciones de las y los muchachas(os), sus modas, costumbres, léxico, gustos musicales e inquietudes; no para utilizarlas como instrumento de control o fiscalización, sino de evaluación, autoevaluación e integración.

Así, podemos concluir que para cumplir con el propósito fundamental de la enseñanza en Secundaria: proporcionar a las y los jóvenes elementos que les permita formular y ejercer juicios acertados; formar individuos con opinión propia respecto de los hechos recientes, desarrollando a plenitud sus capacidades, habilidades y, sobre todo, su creatividad, se hace necesario abandonar las viejas rutinas, los hábitos "disciplinadores", la inveterada costumbre de dejar tareas –me refiero a los trabajos mecanizados, ritualistas, sin sentido–; más bien habrá que promover la discusión en el aula, abordando las problemáticas que les son propias, devolviéndoles el control sobre sus actos y decisiones para que encuentren el sentido de pertenencia a su colectividad; entender, sobre todo, que en este nivel los aprendizajes son un proceso permanente que no tiene que ver nada con la asignación de una "calificación". El periodo secundariano es el más propicio para impulsar valores y principios en los adolescentes, con la concurrencia de los docentes y sin distinguir entre una asignatura y otra, pero sí los acuerdos y consensos entre las academias orientados a identificar las necesidades del adolescente de este nivel, considerando las características propias de esta edad y la fuerza de sus impulsos. Se requiere priorizar el razonamiento crítico por sobre la fragmentada organización curricular; ello con el concurso y atención de la familia, la institución escolar y sus directivos.

 

Algunos garbanzos de a libra

  • En una clase de inglés, cuando el profesor se percata de que una alumna está haciendo la tarea de otra materia y ésta le argumenta que la maestra la va a reprobar por no presentarla, la anuencia para esa salvedad toma carta de ciudadanía y se constituye en una prueba evidente de que no existe una acción educativa planificada.

  • A veces, algunos profesores escuchan que entre los alumnos se faltan al respeto y no intervienen, la justificación: "es que no son mis alumnos", "están fuera de la escuela", "con éstos no se puede"... en fin, múltiples justificaciones no sólo para eludir alguna responsabilidad, sino para mitigar en algo la frustración ante la ausencia de un acuerdo institucional que autorice su intervención con claras acciones persuasivas que tendría su efecto ante decenas que ven, escuchan y toleran de manera pasiva.

  • El alumno que reprueba muchas materias es marginado por la institución y casi nunca es escuchado; son pocas las ocasiones en las que se analiza su caso, sus circunstancias familiares, el contexto social donde vive... y cuando ocurre, no hay seguimiento, lo que obra como reforzamiento para que esas conductas sean reincidentes.

Si aspiramos a que la escuela secundaria deje de ser instructora y disciplinadora de lo absurdo; si queremos que juegue un papel formador, fomentando el pensamiento crítico, coherente y profundamente creativo, salta a la vista que se requiere su profunda revisión y transformación para abatir sus rezagos. Debe revisarse la pertinencia de sus programas curriculares que están saturados de materias (12 a 13) y cargadas de contenidos que el adolescente tiene que cursar, estudiar y aprobar a como de lugar, con temas que, cuando mucho, tienen una cercanía mínima con sus intereses. Pero, debemos estar atentos a los cambios que puedan operarse en este nivel, no buscamos el cambio por el cambio mismo, existen riesgos ciertos de que los gobiernos neoliberales (federal y estatal), en alianza con los empresarios, insistirán en impulsar una educación funcional a los requerimientos del capital, en aras de un supuesto desarrollo que no acaba de llegar, buscando generar sólo más mano de obra capacitada en las escuelas públicas de enseñanza media y terminal. Por ello, sin estar en contra del impulso que se la ha dado a la educación tecnológica, debemos estar advertidos de que hasta hoy la tecnología ha servido más a los negocios del capital que a la educación.

Insistir en una cultura de enseñar valores con valores (aprender-enseñar haciendo), debe representar el eje de toda acción educativa, que el o la joven sean capaces de tener presente todo el tiempo que la asertividad de sus decisiones van en todas direcciones, en la escuela y fuera de ella: desde el no copiar una tarea o en un examen, hasta la construcción misma de su ser.

Las condiciones en que laboran los profesores de Secundaria son otra cuestión necesaria de considerar –en su mayoría profesionistas o pasantes en una carrera afín a la materia que éste imparte–, lo que ya denota una escasa formación pedagógica; y si consideramos que, conforme al numero de horas de su contrato, atenderá entre 250 y 500 alumnos o más, se pierde la posibilidad de una mayor interacción y contacto con los jóvenes; más aún si está obligado a desempeñarse en otro empleo, lo que hace que su rendimiento disminuya en forma considerable.

Otro eslabón de esta cadena lo representa la autoridad escolar (directivos), desde donde debiera impulsarse la organización de un proyecto global entre enseñantes de una misma y de todas las materias para tocar temas análogos desde las distintas perspectivas de cada asignatura, pero que no siempre (casi nunca) entienden esto como una prioridad. Cubrir el programa en tiempo y forma, y cumplir con una normatividad, rebasada ya por la dinámica cotidiana de cada escuela, es lo correcto para la mayoría de los directores. Como muestra de voluntad institucional debe darse un cambio de actitud que deje a un lado el mostrar una "imagen" de exigentes como sinónimo de efectividad, aunque esto atropelle las expectativas de los adolescentes y cause en la planta de profesores situaciones de desgaste y desaliento.

 

Propuestas que podrían operarse para la formación de valores en la escuela secundaria

  • Formalizar con apoyos interinstitucionales (SEP-SNTE) los centros de formación docente para impulsar talleres de autoaprendizaje con maestros en servicio, donde el análisis del registro etnográfico y el intercambio de experiencias, más las investigaciones y propuestas educativas para este fin, sean los insumos para una actualización pertinente, siendo éstos por escuela, zona o región.

  • Integrar equipos interdisciplinarios, desde la escuela y hasta el ámbito nacional, que realice investigaciones sobre problemáticas en la formación de valores en los adolescentes y jóvenes. Que sean éstos los que formulen las propuestas que deberán trascender todas las asignaturas de la secundaria y orientadas con este propósito.

  • Se formulen acuerdos generales para atender y promover en todas las materias la cultura de valores, siendo el Consejo Técnico Escolar y los docentes de la materia de Formación Cívica y Ética, quienes evalúen permanentemente los avances.

  • Que las autoridades del plantel organicen los horarios y grupos para que los maestros del área de Ciencias Sociales u otra asignatura tengan el mayor número de horas con un grupo para tener más contacto y atención en la ubicación de sus problemas e inquietudes; así, tendrán mejores posibilidades en la promoción de valores. Deberá aprovecharse el desarrollar temas paralelos en Historia y Geografía en conjunción con la asignatura de Formación Cívica y Ética, espacio ideal para el logro de este objetivo.

  • Revisar el Acuerdo 98 de la SEP, de donde se desprende el Reglamento Escolar en secundarias, para su adecuación a las circunstancias y necesidades actuales: una escuela secundaria más formativa que instructora.

  • Promover en los planteles actividades tendientes a la formación y desarrollo axiológico en los jóvenes, como: foros; conferencias; concursos (cuento, composición literaria, dibujo o pintura); proyección, análisis y discusión de videos; sociodramas, etc., que aborden la trascendencia e importancia de los valores.

  • Promover en la escuela o zona campañas de crítica y análisis de programas y tendencias de los medios masivos (televisión, radio, publicaciones, Internet, etc...), con la idea de reorientar el uso de los medios como una herramienta e involucrando a todos los miembros de la comunidad escolar.

 

Bibliografía

BERNSTEIN, B. "Clases sociales, lenguaje y socialización", en: Revista Colombiana de Educación. Bogotá, Colombia, 1985.

BOURDIEU, Pierre. La reproducción. Ed. Minuit. Barcelona, España, 1970.

FREUD, Anna. El yo y los mecanismos de defensa del adolescente. Ed. Paidós. Buenos Aires, Argentina, 1966.

MUUSS, Rolfe. Teoría de la adolescencia. Ed. Paidós. México, 1984.

RAMOS B., Rosa Martha. Interacción y estructura en el salón de clases. Ed. UDG. Guadalajara, México, 1993.

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