Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No.

15

(quince)

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... nosotros los profes

Guadalajara, México - Junio de 2001

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Entre el género y el derecho

Raquel Agraz*

* Estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad de Guadalajara (UDG). Cursa la especialidad en Género y Educación que se imparte en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), Unidad 141, Guadalajara. Asesora legal del Centro de Investigación y Apoyo a la Mujer, A. C. (CIAM, A. C.).

Las diferencias entre los sexos y la desigualdad legal están estrechamente ligadas. La diferencia entre hombres y mujeres se ha concebido como la diferencia de las mujeres con respecto de los hombres desde que los primeros tomaron el poder y se situaron en el modelo de lo humano, lo cual ha traducido la diferencia sexual en desigualdad legal en perjuicio de las mujeres, llegando a considerarlas inferiores a los hombres. Ya Aristóteles construye el discurso legítimo de la inferioridad y con ello justifica la separación del espacio público sólo para los hombres, y el espacio privado sólo para las mujeres.(1) Janet Salzman(2) reconoce tres rasgos que a través de la historia sitúan a las mujeres como inferiores: a). Una ideología y su expresión en el lenguaje que explícitamente devalúa a las mujeres dándoles a ellas, a sus roles, a sus labores, sus productos y su entorno social, menos prestigio y/o poder del que se les da a los hombres, b). Significados negativos atribuidos a las mujeres y sus actividades a través de hechos simbólicos o mitos no necesariamente expresados explícitamente, c). Estructuras que excluyen a las mujeres de la participación en los espacios de los más altos poderes o su contacto con éstos, o donde se cree que están los espacios de mayor poder tanto en lo económico y lo político como en lo cultural. Alda Facio agrega un cuarto elemento: el pensamiento dicotómico, jerarquizado y sexualizado, que lo divide todo en cosas o hechos de la naturaleza o de la cultura, y que al situar al hombre y lo masculino en la segunda categoría, y a la mujer y lo femenino bajo la primera, erige al hombre en parámetro o paradigma de lo humano; ejemplo de ello es el derecho mismo, que además de ser creado por los hombres y para ellos, éste se sitúa en el espacio de lo racional y lo objetivo, por ende el derecho es de los hombres (o del hombre blanco, de clase media y heterosexual, como afirma Zillah Eisenstein)(3) es masculino y no femenino, ya que las mujeres caminan del otro lado de la pared dicotómica: en la irracionalidad, lo emocional y lo subjetivo.
   El derecho es un instrumento de articulación del sistema patriarcal, a través del cual se regulan las conductas de hombres y mujeres hacia un determinado modelo de convivencia, y se moldean las identidades de género de tal forma, que respondan a las funciones ideológicamente asignadas a hombres y mujeres. El derecho se entrama con otros sistemas normativos, como el social y el moral, que al igual que éste, contribuyen a la disciplina que marca el género.(4) El poder del derecho no sólo radica en nombrar a otros y otras y lo que son o no son, su poder es más fuerte que el de cualquiera de estos sistemas, en tanto hace recaer entre sus regulados y reguladas la amenaza de la fuerza y el temor ante el incumplimiento de la ley. Además, este sistema de normas contiene en sí mismo sus propias reglas de legitimación que consolidan el poder de quienes son finalmente los creadores del derecho, los hombres. El patriarcado entendido como la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y los niños y las niñas de la familia y que tal dominio se extiende a la sociedad en general, implica que los varones tienen poder en todas las instituciones importantes de la sociedad y que se priva a las mujeres del acceso a las mismas, sin excluir que las mujeres tienen algún tipo de poder, derechos y recursos. Es entonces que encontramos la penalización severa del adulterio de la mujer, el castigo a la negativa a la procreación y el aborto, la mutilación de genitales femeninos, la pérdida del apellido cuando pasa a ser propiedad del varón, la imposibilidad de administrar bienes o representar a terceros, entre muchos otros casos patéticos que la ley legitima. Pero si la función social del derecho, es regular la convivencia de hombres y mujeres que conforman una sociedad determinada con el fin de que las relaciones se realicen en paz y armonía, habrá que revisar si las leyes han restringido a las mujeres de acuerdo a su etnia, raza y en sí por el hecho de ser mujeres, sus posibilidades de actuar y de ser en un mundo diverso; si han otorgado más poder político, económico y sexual a los hombres, y en especial a cierto tipo de hombre; si las leyes más que buscar justicia y equidad, van por la silenciosa e incuestionable línea de la convivencia basada en la violencia y en el temor.
   La perspectiva de género implica reconocer entre la diferencia sexual basada meramente en el aspecto físico y la biología, de las ideas, atribuciones, representaciones y prescripciones sociales que se construyen tomando como referencia a la diferencia sexual.(5) Reconstruir el derecho sobre una plataforma equitativa requiere la eliminación de tratos discriminatorios contra ciertos grupos, en especial las mujeres, quienes viven la carga cultural, económica y sociopolítica que favorece la discriminación femenina y se propaga en las ideas y prejuicios sociales que se entretejen en el género. Aunque a finales del siglo ante pasado, nuestras abuelas Olympe de Gouges (1791) con la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana y Mary Wolstonecraft (1792) con su Vindicación de los derechos de las mujeres dan buena cuenta de la necesidad de incluir a las mujeres en el marco regulador de las relaciones de hombres y mujeres en cada sociedad, se hace cada vez más urgente desmenuzar el diseño, creación y aplicación de legislaciones e ideologías que esconden un doble parámetro y una desigualdad que mantiene a las mujeres en ciertos roles de género. En las legislaciones más modernas o al menos más recientes han aparecido cambios, aunque aún así pueden seguir considerándose como implícitamente patriarcales, ya que su curso de acción depende de las preocupaciones y necesidades masculinas. En un sentido las legislaciones siguen siendo patriarcales cuando, aunque nos reconozcan como sujetas de derechos, nos despojan de ciertos derechos, como el de decidir sobre nuestra salud reproductiva, o no nos garantizan la integridad de nuestros cuerpos y el derecho de vivir una vida sin violencia al no castigar la violencia intrafamiliar o cuando nos mantienen dependientes de la buena voluntad de los hombres con pensiones alimenticias bajísimas e incobrables, etc. Por otra parte, la legislación sigue siendo patriarcal cuando sólo se nos toma en cuenta en cuanto a nuestra función reproductora estableciendo toda clase de protecciones para las mujeres, es decir, la preocupación masculina que consiste en poder controlar esta función por la necesidad masculina de poder confirmar su paternidad, tales protecciones en realidad son garantías para que los hombres puedan tener la seguridad de que ellos son los padres , o puedan ejercer la paternidad irresponsable, o bien son protecciones para las nuevas generaciones pero en ningún caso son protecciones a las mujeres como individuas. ¿Cómo utilizar el derecho para el mejoramiento de la posición social y de las condiciones de las mujeres si éste es un instrumento que fue creado para dominar a las mujeres?, ¿cómo transformar un derecho dominador en uno cooperador en la convivencia de hombres y mujeres, de tal forma que todas y todos estemos situados y situadas en un gano-ganas(6) sin la invisibilización de las necesidades e intereses de ninguna/o? Los campos de estudios y análisis del derecho bajo la perspectiva de género ya van construyendo su historia. Varios países de Centro y Sudamérica cuentan con estudios de la mujer y estudios de género combinados con las diferentes disciplinas que la misma construcción de género atraviesa. Desde 1985 la UNESCO y el Colegio de México recomiendan conocer primero la plataforma del desarrollo de las ciencias sociales, las relaciones entre sociedad civil y Estado y el avance del movimiento de las mujeres en cada país que pretenda implementar cursos para los estudios de género.(7) Es importante reconocer las formas de resistencia y rebelión públicas, ganando espacios, eliminando formas de control, logrando realizar actividades y funciones prohibidas en las que las mujeres organizadas han llevado a los espacios políticos la crítica del orden genérico y la lucha por cambiarlo, considerando además el corto tiempo en que esto se ha desarrollado con respecto a las grandes revoluciones y transformaciones suscitadas en varios siglos. Casi jubilosamente vivimos la época del debate sobre la complejidad de desarrollar una propuesta para las mujeres que concilie la igualdad de los problemas de género con las diferencias específicas de clase y etnia. Si la aspiración de justicia se manifiesta como la búsqueda de equidad, comprender qué es el género y cómo opera en el complejo sistema del derecho, tiene implicaciones profundamente democráticas que nacerán desde las casas a la sociedad y sus instituciones, pues a partir de dicha comprensión se podrán construir reglas de convivencia más equitativas entre hombres y mujeres, donde la diferencia sexual sea reconocida y no sea utilizada para establecer la desigualdad; donde sea posible escalar hacia la construcción de una cultura favorecedora para mujeres y hombres.(8)

 

Notas

1. Fernández, Ana María. Hombres públicos, mujeres privadas. La mujer de la ilusión. Paidós, 1993.

2. Saltzman, Janet. Equidad y género. Ediciones Cátedra. Universidad de Valencia/Instituto de la Mujer. España, 1992.

3. Zillah Eisenstein. La pedagogía jurídica como silencio o silencios autorizados. Ediciones Morata. Barcelona, 1999.

4. Facio, Alda y Fries, Lorena. Género y derecho. Estudios de Género, 1997. [Colección Contraseña, Serie Casandra].

5. Lamas, Marta. La perspectiva de género. Hablemos de sexualidad (Lecturas). CONAPO, MEXFAM, 1996.

6. Propuesta de educación para y por la paz y los derechos humanos, dentro de la temática de resolución no violenta de conflictos, Seminario de Derechos Humanos de Barcelona. Ver: Sistema sexo-género, Francisco Cascón Soriano (Seminario de Barcelona), 1995. Resolución de Conflictos, Greta Papadimitriu y Francisco Cascón Soriano, (Instituto de Educación de Aguascalientes), 1999.

7. Bellucci, Mabel. Las mujeres en la imaginación colectiva, De los estudios de la mujer a los estudios de género: han recorrido un largo camino, Paidós, 1992.

8. Lamas, Marta. La antropología feminista y la categoría de género, El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. PUEG y UNAM, 1997.

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