Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No.

13/14

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 137 a la 139 de 144

... el recreo

Guadalajara, México - Septiembre de 2000

Principal | Índice


Las mujeres en la narrativa de Azuela: un acercamiento a Mala Yerba y Los de Abajo

Marta Leticia Villaseñor García*

* Investigadora del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM). Profesora de la Escuela Politécnica de la Universidad de Guadalajara (UDG).

Mariano Azuela

El presente es un estudio de algunos de los personajes femeninos que intervienen en dos de las novelas de Mariano Azuela: Mala Yerba (1909) y Los de Abajo (1915). Estas obras reflejan la situación de las mujeres a principios del siglo XX. A Mariano Azuela se le considera el iniciador de la novela de la Revolución, aunque la primera parte de su obra es anterior, ya que su primera novela es de 1907.

 

Mala Yerba (1909)

El personaje central en Mala Yerba es Marcela, una bella mujer que sólo es vista como objeto sexual y a la que todos los varones desean, pero con la que ninguno quiere comprometerse. Mujer destinada a ser la concubina del patrón. No puede aspirar al matrimonio con él porque su condición de clase se lo impide. Tampoco se puede casar con otro hombre debido a la importancia que tiene para su sociedad la "pureza" de las mujeres.

Marcela es la figura femenina en torno a la cual giran los deseos masculinos. La moza se sabe deseada y hace de su coquetería su mejor arma. Hace uso de sus atributos para manipular a los hombres. El físico de Marcela es voluptuoso, que incita a los deseos carnales.

A cada impulso se estremecían sus duros senos y sus carnes frescas y pujantes se delineaban airosamente. (…) …la muchacha sensual sabedora del poderío de su carne fresca y sabrosa; mujer ardiente que provoca conflictos porque en ellos se recrea, que lleva al peligro a sus admiradores con el deseo de solazarse en él,… (…) Y sonrió, consciente de su poder para imponerse con la fuerza del más rabioso deseo a cualquier macho que se le pusiera enfrente. (…) Pasaba de largo altiva y airosa, segura de que el ritmo de sus movimientos y la gallardía de sus líneas dirán más y mejor de lo que con palabras pudiera prometer. (Azuela, 1986: 14-48).

Al describir a las mujeres y resaltar sus atributos físicos, Azuela las compara con animales, degradándolas de esa manera.

Contoneábase su recio cuerpo pubescente cual ancas de potranca, sus pies chatos y desnudos castañeaban en el suelo con firmeza montaraz de animal que no siente pedruscos ni malezas. (…) …todas aquellas hembras panzudas, piernudotas y recias de pechos como vacas suizas. (Azuela, 1986: 13-101).

El hacendado corteja a las campesinas más guapas y las obliga a ser sus amantes. Las mujeres siempre serán sometidas por el amo, al que no le importa la deshonra de ellas.

Descorrió el velo de la hija del campo que, al despertar su pubertad, sabe ya que su fuerza mayor será el ser codiciada por alguno de sus amos;… (…) Al amo omnipotente que se adueña de la mujer que se le antoja sin la más leve resistencia. (Azuela, 1986: 29-30).

Las mujeres además de estar reducidas a los quehaceres domésticos, también participan en las labores del campo. Deben cumplir con tareas que van desde la crianza de los hijos e hijas hasta el cultivo de la tierra.

Marcela escuchó sin interrumpir su faena. Acabado el aseo de la cocina, suspendía ahora, ollas y cazuelas por la oreja,… (…) Marcela coge la hoz clavada en las junturas del muro (…) entra en el milpal (…) Zigzaguea la rozadera a lo largo del surquerío y las cañas se doblegan al paso de la robusta moza (…) Afianza un sólido y estrecho nudo el pesado tercio de yerbas y ya se apresta a levantarlo y ponerlo sobre su espalda… (Azuela, 1986: 44-48).

Una edición de Los de abajo

El personaje femenino que representa a la clase hacendada lo encontramos en la novia de Cervantes. Ella encarna la belleza clásica de su nivel social: blanca, rubia, con ojos de color, joven y virgen. Y es objeto del botín que se repartirán los vencedores, junto con las demás cosas de valor. Como mujer bonita y educada da prestigio al hombre que la tiene y que es motivo de orgullo para él y de envidia para los otros; ésta no es rechazada por los varones de la tropa por ser la hija del hacendado, sino que es deseada, incluso por el jefe.

…una muchacha de rara belleza (…) abría sus grandes ojos azules (…) su piel era fresca y suave como un pétalo de rosa; sus cabellos rubios… (…) Todos se volvieron hacia ella, (…) (Cervantes) clavaba su mirada de ave de rapiña en ella y se sintió (Luis) satisfecho. (Azuela, 1986: 154).

Mariana, la solterona, es víctima de burlas y humillaciones por no haberse casado a temprana edad. Se considera a la soltería femenina como una vida estéril, caracterizada por el aislamiento y la frustración sexual. Mariana, casta y pura, es la imagen fiel de la soltería, de la virginidad; contraria a Marcela.

¡Ya Mariana tiene pata de gallo!,… (…) y los treinta años se le han echado a la cara con refinamientos de crueldad. (…) Mariana, busca novio, agárrate al primer tacuache que se te ponga enfrente. (Azuela, 1986: 102-103).

Doña Marcelina representa la abnegación. Es el ejemplo del destino de las mujeres mexicanas, las cuales son víctimas de las circunstancias y de la forma de proceder en la sociedad, donde el poder que no les permite imponerse a los hombres viene de su posición social.

Como es de regla en las gentes de esta ralea, las mujeres no tenían ni voz ni voto en su propia casa, su misión era la de contemplar atónitas la grandeza, de sus terribles señores, estar prontas a adivinarles sus menores pensamientos y servirles de rodillas, si ellos así lo pedían. (Azuela, 1986: 53).

Los personajes femeninos de Azuela, cuando no aparecen como seductoras, son las mujeres sumisas, abnegadas y resignadas de su destino. Asumen el rol tradicional de mujeres. El planteamiento que Azuela hace de las mujeres como objetos de los hombres es evidente en esta obra, ellos son los dueños de las mujeres, disponen de ellas, determinan su vida. Esto se muestra a través de los personajes femeninos de distinta edad y condición social.

 

Los de Abajo (1915)

Los episodios de Los de Abajo fueron escritos en plena lucha, entre las dos grandes facciones en que los revolucionarios se dividieron a raíz de la derrota sobre Victoriano Huerta. Como jefe del servicio médico, con el grado de teniente coronel, Mariano Azuela forma parte de las fuerzas revolucionarias de Julián Medina; esto le permitió convivir con los genuinos revolucionarios, los de abajo.

...compartí con aquellos rancheros de Jalisco y Zacatecas –ojos de niño y corazones abiertos– muchas de sus alegrías, muchos de sus anhelos y muchas de sus amarguras. (Azuela, 1998: 266).

Durante los enfrentamientos armados, con el resquebrajamiento de la cotidianidad, los límites entre las tareas de cada uno de los géneros se desdibuja, en especial para las mujeres, que adquieren entonces un doble rol, como mujeres entregadas al ámbito de lo cotidiano, cuidan los hijos e hijas, y son esposas y compañeras de los hombres.

Sin embargo, la obra de Azuela muestra que el papel de las mujeres fue la mera prolongación de su rol tradicional al campo de batalla. En Los de Abajo, las mujeres son utilizadas según sea necesario, pero nunca son las soldaderas de las que se habla y que surgieron durante la Revolución, no hay mujeres revolucionarias. No se encuentran las mujeres valientes, las soldaderas bragadas, temerarias, convencidas del movimiento. Sólo son presentadas como un objeto más que llevan los revolucionarios y que son propicias para los pleitos por los celos de los varones de la tropa.

En la creciente lucha por el dominio político, controlar a una mujer, poseer su cuerpo, así fuera una prostituta, era una forma de afirmación machista. Si el tomar a una mujer, así sea por la fuerza, ha sido considerado como un rasgo típico del caudillismo, desde los jefes locales hasta los jefes revolucionarios usaron a las mujeres para afirmar ese poder. (Jaiven y Ramos, 1993: 44).

Demetrio, al asumir el poder como jefe, hace lo mismo que el cacique de Moyahua, don Mónico, tiene el poder para violar, sólo que aquel lo hace sobre su misma clase. El caso de Camila: la joven campesina, mujer fea, ingenua, hacendosa, pasiva, tímida. Si Camila es la negación de la belleza no deja de ser la mujer objeto; es la mujer en quien el jefe (Demetrio) pone los ojos bajo circunstancias muy especiales. Camila cuidó al héroe herido, es traída con engaños al batallón de Demetrio. Después de ser violada por el jefe, termina resignada y acepta su destino.

(Demetrio) …la muchacha es de rostro muy vulgar, pero en su voz había mucha dulzura. (…) …de que me cuadra una mujer, (…) Ahí está Camila la del ranchito… la muchacha es fea; pero si viera cómo me llena el ojo… (…) (Camila) Pos es que ya le voy cobrando voluntá… (Azuela, 1991: 89-171).

Azuela presenta el estereotipo de que las mujeres proceden por vanidad o por ambición aún en las campesinas.

(a Camila) ¡Qué tonta!… Mira, él te quiere mucho; no pierdas esta ocasión que no volverás a encontrar en toda tu vida. Tonta, Demetrio va a llegar a general, va a ser muy rico… Muchos caballos, muchas alhajas, vestidos muy lujosos, casas elegantes y mucho dinero para gastar… ¡Imagínate lo que serías al lado de él! (Azuela, 1991: 119).

La pintada es el lastre de los ejércitos, no es combatiente pero saca provecho de todas las situaciones, de todos los hombres. Sus características son la de toda prostituta: dura, independiente, exenta de valores, sin sentimientos, complacida de ejercer su oficio, pero en la obra de Azuela no es planteado abiertamente el asunto de la prostitución.

Una muchacha de carrillos teñidos de carmín, de cuello y brazos muy trigueños y de burdísimo continente, (…) Ella, indiferente, siguió moviendo las piernas descubiertas, haciendo ostentación de sus medias azules. ¡Eh, Pintada!… (…) Demetrio no pudo sostener la mirada furiosamente provocativa de la muchacha… (Azuela, 1991: 147).

Por otro lado está la mujer de Demetrio, quien ha sufrido un atropello verbal de los militares. Hay un intento de violación, se interpone la figura del héroe, que, con su sola presencia, hace desistir y huir a los agresores. La mujer va a cobijarse a casa del suegro. Las esposas, como la de Demetrio asumen todas las responsabilidades con los hijos e hijas; mantener el hogar, labrar la tierra, esperar y envejecer.

…he decidido pasar la noche en amable compañía con esta morenita… (…) Oye, chatita, (…) tú ven acá conmigo. Mira, esta carterita apretada de billetes es sólo para ti. (…) chata, estás muy lejos; arrímate a echar un trago. ¿Cómo que no?… ¿le tienes miedo a tu… marido… o lo que sea?… (…) Demetrio, pasmado, veía a su mujer envejecida, como si diez o veinte años hubieran transcurrido ya. (Azuela, 1991: 78-206).

La Pintada y María Antonia son prostitutas, una más cara y ambiciosa que la otra. La esposa de Demetrio es un personaje secundario, pero recibe una descripción positiva, aunque machista: "aquellas líneas dulces y de infinita mansedumbre para el marido, de indomables energías y altivez para el extraño". Camila es dulce y buena, pero tonta, ignorante y débil; muere pronto. Las demás mujeres son jovencitas prostitutas sifilíticas o bien perros o coyotes … o bien mujeres dedicadas a cocinar y chismear. (…) Las "Adelitas", las soldaderas, no pasan de ser perros callejeros y su participación en las batallas no se toma en cuenta. (Ruffinelli, 1988: 265).

Las pocas alusiones que Azuela hace del rol de "las mujeres revolucionarias" no son muy significativas en esta obra. Sabemos que las mujeres fueron indispensables para la Revolución al realizar tareas como intercambiar información, armas, vituallas, parque, además de empuñar y disparar las armas, defendiendo sus convicciones. Muchas de ellas obtuvieron grados militares de coronel(a) o capitán(a). Estas mujeres no fueron retratadas por Azuela en Los de Abajo.

…mujeres de tez aceitunada, ojos blanquecinos y dientes de marfil, con revólveres a la cintura, cananas apretadas de tiros cruzados sobre el pecho, grandes sombreros de palma a la cabeza, van y vienen como perros callejeros entre los grupos. (Azuela, 1991: 146).

La Revolución fue un proceso político-social que alteró actitudes, costumbres y hábitos… (las) relaciones, entre hombres y mujeres, se afectaron al ser un reflejo del orden social en su conjunto. (…) La participación de las mujeres en la lucha revolucionaria determinó un cambio ideológico respecto de la emancipación femenina y también un cambio económico social que permitió modificar el modelo de lealtades femeninas, de sometimiento y de supuesto desinterés por los asuntos nacionales que por largo tiempo habían impedido que las mexicanas fueran consideradas miembros activos de la comunidad nacional. (Jaiven y Ramos, 1993: 13-14).

La tradición y el folklore nacional dicen que los varones participaron en la Revolución Mexicana acompañados de las mujeres, las cuales se distinguieron por su valentía y entrega al movimiento. La lucha armada destruye las rígidas diferencias entre los géneros. Las mujeres siguen a sus hombres y se incorporan a los grupos armados. La soldadera tiene un rol de hombre: se viste y adopta una actitud masculina, ya que con la confusión social, sexual y genérica del movimiento armado, sólo como varón puede sobrevivir. En cuanto combatientes, tenían las mismas responsabilidades que sus correligionarios hombres: son espías, correos, proveedoras; cargan los fusiles y los disparan ellas mismas.

 

Bibliografía

AZUELA, M. Los de Abajo. FCE. (3ª reimpresión). México, 1991.

_________. Mala Yerba y Esa Sangre. FCE. (7ª reimpresión). México, 1986.

_________. Páginas autobiográficas. FCE. (3ª reimpresión). México, 1998.

JAIVEN, A. L. y Ramos Escandón, C. (Comp.) Mujeres y Revolución 1900-1917. SG/INEHRM/CNCA/INAH. México, 1993.

RUFFINELLI, J. (Coord.). Mariano Azuela, Los de Abajo. Edición Crítica. Archivos. México, 1988.

Principal | Índice