Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

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... nosotros los profes

Guadalajara, México - Septiembre de 2000

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Experiencias de un docente durante el posgrado

Francisco Santillán Campos*

* Egresado de la maestría en Ciencias de la Educación del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM). Profesor de la "Preparatoria Regional de El Salto" de la Universidad de Guadalajara (UDG).

Quisiera compartir algunas experiencias en torno a un importante suceso personal: mi experiencia de formación profesional en el posgrado impartido por el ISIDM.

Recuerdo que hace poco más de dos años, mi amigo y director del plantel donde laboro como docente, comentaba con ánimo de convencerme sobre la importancia de continuar con mi preparación profesional. Decía que el tiempo pasa por igual para el que se prepara y para el que se queda a la zaga, abundaba en el déficit que tienen las instituciones educativas de nuestro país en el nivel de posgrados, y reflexionaba sobre la necesidad de éstos para adecuarse a las exigencias del Tratado de Libre Comercio (TLC), en lo que corresponde al rubro de la educación.

Una vez convencido de la necesidad de afrontar un nuevo desafío profesional, fue necesario buscar una instancia educativa donde cursar la maestría, misma que debería adecuarse a mis posibilidades económicas y de tiempo, ya que, como la mayoría de los profesores, dedico hasta cuarenta horas a la semana a mi trabajo como docente, y mi limitado ingreso mensual me impide destinar una cantidad excesiva a mi formación. Esa instancia educativa resultó ser el ISIDM.

Debo confesar que mi idea era cursar un posgrado que me ayudara a mejorar mi práctica educativa, pero, días después, al iniciar el curso propedéutico, lo primero que se nos indicó fue que esta maestría buscaba formar investigadores abocados a contribuir al estudio de los problemas del campo educativo, y no cómo impartir adecuadamente una clase.

Al término del propedéutico, y pasada la preocupación de la entrevista de selección, me encontraba en el primer cuatrimestre, con la interrogante de cuál era el papel a desempeñar por un investigador en educación. El saldo de esta primera etapa la puedo dividir en cinco experiencias: la primera, fue descubrir lo complicado que es retomar el estudio después de tres años de no hacerlo; la segunda experiencia fue descubrir una serie de carencias y limitaciones personales en torno a los conocimientos que se impartían en cada asignatura, debido a mi formación profesional.

La siguiente experiencia gira en torno a la importancia que el Estado da a la educación. Las instituciones educativas son concebidas para alcanzar tanto fines sociales, como fines individuales, son productos sociales condicionados por circunstancias, por orientaciones de valor, y por la estructura vigente. La escuela es un agente de socialización, que toma prestados sus objetivos de la sociedad en la que actúa, situando a la escuela en el centro focal del proceso de socialización y de selección social.

La cuarta experiencia fue entender que para comprender un fenómeno educativo es necesario estudiarlo en todas sus dimensiones y dentro de una vinculación con la sociedad, que se va construyendo tanto dentro como en el exterior de la escuela. No podemos estudiar a la escuela desde afuera, es necesario acercarse al plantel educativo y a la comunidad para poder observar su dinámica cotidiana, conocer a los actores y la manera en que éstos establecen relaciones sociales y construyen, poco a poco, su realidad.

Finalmente, la quinta experiencia surgió en el proyecto de investigación elaborado en los primeros tres cuatrimestres, cuando me encontraba inmerso en una confusión entre los paradigmas cuantitativos y cualitativos, así como sus correspondientes técnicas e instrumentos a utilizar, Al inicio sólo trabajaba con base en lo cuantitativo, me guiaba por la medición de variables, la selección de muestras, los diseños de grupos experimentales y grupos de control. Esta visión dominaba todo el proyecto, debido a que mi experiencia previa en los estudios de licenciatura giraba en torno a los paradigmas positivistas. Aún no alcanzaba a comprender que la educación se relaciona con lo social y forma parte de lo cualitativo, al finalizar esta etapa y gracias a algunos maestros, comprendí que un trabajo de investigación puede ser llevado de la mano en forma cuanti-cualitativa.

Como saldo de esta primera etapa, me quedo con la certeza de que para investigar es necesaria la práctica; para entender lo cotidiano, conocer teorías que expliquen los hechos, utilizar métodos para llegar al conocimiento así como valores y ética en los resultados.

En los siguientes tres cuatrimestres, y gracias a los conocimientos que adquirí en la opción de planeación, entendí que el producto de la investigación puede dirigirse a mejorar a las organizaciones, advertí sobre la necesidad de dejar de hacer investigación por el simple hecho de hacerlo, y sobre la necesidad de comprender a las organizaciones y proponer estrategias para transformarlas y lograr mejoras. Aprendí entonces que el conocimiento se da sólo a partir de relacionar teoría y práctica.

Se hizo hincapié, por parte de nuestros asesores, en que al investigar hay que buscar la transformación de la práctica. A mi juicio, es necesario despertar la actitud crítica hacia los procesos cotidianos del docente, así como hacia el funcionamiento de las organizaciones, analizando, entendiendo y cuestionando los mecanismos de las instituciones educativas.

Ya en la opción de planeación educativa las asignaturas se encaminaron hacia el conocimiento de la organización escolar, así como a fortalecer y desarrollar nuestro proyecto de investigación. El saldo lo concentré en el entendimiento de que toda sociedad actual tiene como característica la creación de organizaciones encaminadas a la dirección y promoción del bienestar del ser humano, buscando definir, determinar y modificar su conducta así como su estado legal.

Me queda claro que la organización escolar ha sido estudiada desde diferentes paradigmas de la corriente positivista o naturalista, mismas que han sido heredadas de investigaciones que han utilizado patrones conceptuales y metodológicos empleados en la organización empresarial.

La estructura de la organización escolar ha sido entendida e intervenida bajo concepciones positivistas, donde la escuela se presenta como un conjunto de hechos consumados sin vincularse con contextos ni dependencias concretas, donde los temas centrales son el liderazgo, el rendimiento laboral, las condiciones de trabajo, la gestión, etc. En todas se descartan elementos primarios como son los alumnos y los docentes. Lo cierto es que lo importante de hacer investigación en las organizaciones educativas, es comprender lo que sucede en la institución y lograr un cambio real en sus formas, es decir no sólo modificando la currícula sino también los valores y los significados de la educación. Para ello, es necesario enfocar la investigación hacia nuevos caminos, que conciban la realidad como un todo que se debe de explicar con base en una vinculación endógena y exógena al plantel escolar.

Estos conocimientos me llevan a concluir que la tarea no es fácil, la organización escolar es parte del sistema político y económico de un país, lo que hace complicada su modificación; sin embargo, es importante que nuestras investigaciones se encaminen hacia ese objetivo.

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