
Apuntes sobre la
génesis y estructura del campo educativo en México:
hacia una comprensión del posgrado para el magisterio en Jalisco
Sergio Lorenzo Sandoval Aragón*
Porque debe usted tener en cuenta que una orquesta es y debe
ser una formación estrictamente jerarquizada y, como tal, una imagen de la sociedad
humana. No de una sociedad humana determinada, sino de la sociedad en general. |
1. Referente teórico
El presente proyecto de investigación tiene como principal referente la teoría de
los campos sociales tal como ha sido formulada por el sociólogo francés contemporáneo
Pierre Bourdieu a lo largo de una larga carrera y con la colaboración de colegas y
discípulos, franceses y de otras nacionalidades. Si bien es cierto que la noción de
campo social no es exclusiva de este sociólogo (la sociología sajona lo usa con mucha
frecuencia), no es menos cierto que es quien más ha contribuido en su construcción como
concepto, a través de una serie de investigaciones ampliamente difundidas: Homo
academicus (1984), La Distinction (1979), La Reproduction (1970), Esquisse
dune théorie de la pratique (1972), entre muchas otras. A continuación, se
hace una síntesis de los principales conceptos y principios epistemológicos de esta
teoría, los cuales son luego aplicados al objeto de estudio aquí abordado.2
Para entender el concepto de campo, primero es necesario contar con el
de espacio social: "Así como el espacio físico está definido,
según Strawson, por la exterioridad recíproca de las posiciones (otra manera de
nombrar el orden de las coexistencias, del que hablaba Leibniz), el espacio
social está definido por la exclusión mutua, o la distinción, de las posiciones
que lo constituyen, es decir, como estructura de yuxtaposición de posiciones sociales (
)
los agentes sociales
están situados en un lugar del espacio social, lugar distinto
y distintivo que puede ser caracterizado por la posición relativa que él ocupa en
relación con otros lugares
y por la distancia que le separa de ellos."3
Así, un campo se define como una región del espacio social en donde
encontramos la asociación o, en términos estadísticos, una alta correlación entre
atributos de los agentes o grupos. El espacio social (esto es, los campos), se estructura
por posiciones sociales (concepto relacional), las disposiciones (o los habitus)
y las tomas de posición de los agentes o grupos.4 Por lo tanto, el campo debe ser entendido
como el conjunto de condiciones objetivas en relación dialéctica con las prácticas de
los agentes; esto justifica que los agentes sean objeto de un "analysis situs, de
una topología social".5
Así, el campo permite romper con las reificaciones sociológicas
(tales como el Estado, el sistema educativo, la clase social, etc., identificables, entre
otras cosas, por el uso de los artículos "el" o "la",
que pone de manifiesto su uso deíctico, por tanto, cosificador), presentando la vida
social en toda su complejidad. Por esta razón, cuando Bourdieu (al igual que esta
investigación) habla de Estado o sistema educativo, se debe entender que se está
refiriendo a campos inscritos en el espacio social.6
Es importante hacer énfasis en el concepto de habitus; al respecto,
señala Bourdieu: "Al igual que las posiciones de las que ellos son el producto,
los habitus están diferenciados; pero son también diferenciantes, (
) estructuras
estructuradas, los habitus son también estructuras estructurantes".7 A continuación se
reproduce un pasaje de la obra de Bourdieu, el cual expresa esta idea de la relación
entre habitus y campo, más claramente de lo que podría hacerse aquí, por lo que se ha
respetado su extensión:
El habitus es, por lo tanto, un "sistema de disposiciones adquiridas por medio del aprendizaje implícito o explícito que funciona como un sistema de esquemas generadores"
9 de percepción, pensamiento y acción.10 Pero, a diferencia de lo que muchos lectores de Bourdieu creen, esto no significa que los agentes sean reducidos a meros "títeres de las estructuras"; de hecho, la teoría de los campos y el habitus, es profundamente recursiva, es decir: "yo comprendo este mundo [físico y social] porque él me engloba y me comprende: es, en efecto, a través de esta inclusión material y lo que se sigue, es decir la incorporación de las estructuras sociales bajo la forma de esperanzas y de anticipaciones, que yo adquiero un conocimiento y un dominio práctico del espacio englobante." Y agrega: "El yo que comprende prácticamente los espacios físico y social [es] sujeto del verbo comprender, él no es necesariamente un sujeto en el sentido de las filosofías de la conciencia, sino más bien un habitus, un sistema de disposiciones."112. Relación del referente
teórico con el campo educativo
Bourdieu ha desarrollado su teoría, en gran medida, a partir del estudio del campo
educativo francés, después de haber realizado diversas investigaciones de corte
etnológico que le permitieron concebir un "esquema de teoría de la práctica",
la cual alcanza su expresión más acabada en su actual trabajo sobre los campos. Al
respecto, cabe mencionar que una de las críticas que se hacen con más frecuencia a
investigaciones que intentan aplicar el enfoque de Bourdieu, consiste en atribuirle un
supuesto carácter "localista"; es decir, se argumenta que los conceptos y
hallazgos de Bourdieu obedecen, específicamente, al sistema educativo francés y que, por
lo tanto, no pueden ser aplicados en contextos (nacionales) diferentes.19 A esta objeción,
Bourdieu ha respondido amplia y directamente en diversas ocasiones20 argumentando que se puede y se debe
probar sus conceptos allí donde exista un sistema educativo, tratando de superar las
particularidades y de encontrar las regularidades generales a las que obedecen los
fenómenos aparentemente específicos de una Nación. Esa es la aspiración de toda
teoría científica: la generalidad; y la teoría de los campos satisface esta condición,
por lo que se le puede considerar como tal (de manera análoga a la metáfora de la
orquesta, tomada de una narración de Süskind, la noción de campo implica que toda
formación humana compleja puede explicarse a partir de las ideas de espacio y campo
social y, por ende, deben ser generalizadas).
En cierto sentido, se puede decir que no es el caso que Bourdieu haya
"aplicado" su teoría al sistema educativo, sino más bien que es el
"resultado" de haber estudiado ese campo social, entre otros. ¿Cuáles han sido
las aportaciones concretas de este sociólogo a la comprensión de lo educativo? De manera
muy sintética, se puede decir lo siguiente:21 No obstante la enorme importancia que tiene
este autor para la investigación de lo educativo, en México ésta se ha restringido
tradicionalmente a tomar en cuenta sólo una mínima parte de la obra de Bourdieu, lo cual
conlleva serias limitaciones y facilita malas interpretaciones. Por esta razón, aquí nos
hemos remitido a la obra posterior de Bourdieu, en las cuales conceptos como los de violencia
simbólica, mercado de lenguaje, habitus, campo y trabajo pedagógico, aparecen
más elaborados. Sin embargo, aquellos primeros trabajos sobre el sistema educativo,
aquellas tesis "reproduccionistas", aun conservan su valor en los dos niveles,
el descriptivo y el explicativo.22, 23
3. Cómo se analiza un campo
De acuerdo con la perspectiva teórica adoptada, abordar el estudio de un fenómeno
social significa, primeramente, construir dicho fenómeno como parte y, a la vez,
como resultado de una red de relaciones. No es sino a partir de la definición de estas
relaciones que se puede evitar caer en una concepción substancialista del objeto:
Así, lo que se intenta hacer en este capítulo es una descripción de la estructura y funcionamiento del subcampo de la formación de posgrado (postprofesional), como parte que es del sistema (campo) educativo nacional. Con ello, se pretende identificar la posición relativa que el posgrado para el magisterio ocupa en ese campo y cómo esa posición explica, en gran medida, las características de los programas específicos que se abordan en esta investigación y las prácticas que en ellos se producen y reproducen. El esquema básico que se sigue (muy simplificado) es proporcionado por el mismo referente teórico; según éste, "un análisis en términos de campo implica tres momentos necesarios e interrelacionados".
253.1. Educación y Estado
El Estado tradicionalmente es concebido como si "fuera una realidad bien
definida, perfectamente delimitada y unitaria, que estableciera una relación de
exterioridad con fuerzas externas, las cuales estarían también claramente definidas."
Cuando en realidad, lo que se encuentra concretamente es "un conjunto de
campos burocráticos o administrativos
donde los agentes y grupos de agentes
gubernamentales o no gubernamentales luchan en persona o por procuración por esta forma
particular de poder que es el poder de regir una esfera particular de prácticas
mediante leyes, reglamentos, medidas administrativas
en fin, todo aquello que
corresponda a una política".
Sin entrar ahora, por razones de espacio, en la génesis del Estado,
desde la perspectiva de la teoría de los campos se puede decir que aquel "sería
un conjunto de campos de fuerzas en donde se llevan a cabo luchas cuyo objetivo sería (corrigiendo
la celebre fórmula de Max Weber) el monopolio de la violencia simbólica legítima:
es decir, el poder de constituir e imponer como universal y universalmente
aplicable en el marco de una nación
un conjunto común de normas coercitivas".28 En este conjunto de
luchas intervienen lo mismo agentes e instituciones u organizaciones de carácter público
y privado; de hecho, cualquier grupo social interesado en legitimarse de alguna manera.29
De esta manera, se puede concebir al Estado como un campo que detenta
una especie de metacapital que es capaz de ejercer un poder sobre otros capitales y
campos; en eso consistiría el poder propiamente estatal: "De ahí se desprende
que la construcción del Estado sea simultánea a la construcción del campo del poder,
entendido como el espacio de juego dentro del cual los poseedores de capital
luchan,
sobre todo, por el poder sobre el Estado, es decir, sobre el capital estatal que otorga
poder sobre las diferentes especies de capital y sobre su reproducción (en
particular, a través de la institución escolar)".30 Por esta razón se puede afirmar que la
constitución del Estado es correlativa de la constitución del campo del poder (que, en
tanto que espacio de las posiciones y luchas por el poder, es más amplio). Por lo tanto,
si bien el Estado es el monopolista por antonomasia del poder simbólico, no se debe
igualar al campo del poder. Así pues, se puede apreciar que el campo educativo se
relaciona con el campo, más general, del poder al quedar inserto en el campo de luchas
por la legitimación por medio del Estado. Asimismo, se puede apreciar cómo,
históricamente, la educación ha sido un ámbito reclamado por ese otro gran poder que
sobrevive a la desaparición de las monarquías: la Iglesia.
A continuación, se describe cómo está estructurado el campo
educativo nacional en la actualidad y, enseguida, se hace una breve descripción de su
génesis histórica (se ha elegido este orden de exposición porque se considera más
didáctico).
3.2. La estructuración del campo
educativo en México
En un primer momento de la investigación, se definió el campo educativo actual
(tanto en lo general como para el caso mexicano) como el resultado de una serie de tensiones
estructurales. La intención no era presentar detalladamente la historia del gremio
magisterial y de su campo, sino más bien extraer de esa historia los elementos
definitorios de su constitución, que en este caso se presentan como un conjunto de tensiones
estructurales del campo educativo en general y del campo educativo mexicano en
particular: básicamente las oposiciones público/privado y superior/básico,
que son correlativas a la oposición religioso/laico y, con la neoliberalización
educativa, empresa privada/institución pública, por no mencionar las que de esta
última se derivan (como la oposición carreras productivas/carreras improductivas,
siendo las primeras de carácter estrictamente técnico, mientras que las segundas
serían las ciencias básicas y humanidades, especialmente las ciencias sociales, las
letras y la filosofía.
Estas tensiones eran de una gran importancia, ya que, de acuerdo con el
referente teórico adoptado, "existe una correspondencia entre las estructuras
sociales y las estructuras mentales, entre las divisiones objetivas del mundo social
especialmente en dominantes y dominados en los diferentes campos y los
principios de visión y de división que los agentes aplican".31 Es decir, ante el
análisis se presenta una correspondencia entre campo y habitus, puesto que son dos
aspectos de lo mismo: la vida social. En este sentido, se puede postular que, por ejemplo,
como integrantes del campo educativo los profesores encarnan ese campo, que han
incorporado (o "interiorizado") en gran medida las tensiones que estructuran el
campo y de las cuales son, al mismo tiempo, importantes agentes activos.
No obstante, hacía falta reconstruir esta primera descripción
del campo educativo en México de una manera más apropiada, introduciendo un conjunto de
conceptos hasta ese momento solamente implícitos en el análisis. Para ello, fue
necesario operar una transformación radical en lo que se venía designando como
"tensiones estructurales". En efecto, mientras que la revisión del proceso
histórico de estructuración permitía identificar aquellas "tensiones", la
descripción del estado actual del campo obliga a caracterizarlas, en el espacio social,
como el resultado del juego de fuerza entre diversos campos sociales. Así, el
campo educativo se ha venido configurando como un campo con una relativa autonomía en
relación precisamente con los siguientes campos: el campo religioso, el campo de la
"iniciativa privada" y el campo estatal. Esto se debe a que éste último, el
Estado, ha representado los polos de lo laico y lo público frente a esos otros dos
grandes e influyentes campos. Asimismo, el análisis más detenido permitió apreciar que
lo que antes se identificaba como una tensión estructural entre la educación básica y
la educación superior, en realidad corresponde a una tensión o polarización interna al
campo educativo (por lo que vienen a constituir prácticamente dos subcampos) y que
reproducen, como se verá enseguida, la estructura general del campo del poder.
Se ha elaborado, pues, una descripción más precisa (sin que deje de
ser estenográfica) del campo educativo en México, como puede apreciarse en el esquema.
Se ha tratado de presentar la estructura del campo educativo en relación, primeramente,
con el campo del poder, en donde actualmente el Estado ocupa un lugar privilegiado,
entendido como el campo de legitimación por excelencia (para ello, he representado, antes
que nada, el espacio social en general, estructurado por dos ejes básicos: mayor o menor
autonomía, y mayor o menor capital global, principalmente capital económico y capital
cultural). De este modo, el campo educativo está prácticamente monopolizado por el
Estado (la existencia e injerencia legitimadora de una "Secretaría de
Educación" lo pone de manifiesto); campo que, como se ha mostrado, se subdivide en
dos espacios diferenciados y opuestos, aunque interdependientes: son los subcampos
"básico" y "superior".
Al mismo tiempo, las dimensiones de lo privado y de lo religioso,
opuestas a las de lo público y lo laico, se identifican con otros dos campos, los de la
Iniciativa Privada (IP) y el mundo religioso, teniendo la posición dominante en este
último la Iglesia Católica (los censos de 1990 indican un 89.7% de católicos; para el
caso de Jalisco, que es el que nos ocupa, se reportó un 96.7% de la población de 5 años
y más en Jalisco que se decía católica quedando en tercer lugar entre los estados más
católicos). En el esquema se aprecia cómo los tres campos (educativo, religioso e IP) se
superponen parcialmente, lo cual introduce el principio de distinción entre las
instituciones que constituyen el campo educativo (respecto al campo religioso, no
obstante, debe advertirse que su influencia abarca a la casi totalidad del espacio social,
principalmente bajo la forma del catolicismo; aquí nos limitaremos a su influencia por la
vía "educativa", sin olvidar que sus mecanismos de inculcación y reproducción
trascienden ese campo, principalmente la forma directa que es la liturgia).
Podemos apreciar, por un lado, que en el subcampo de educación
básica, la influencia de los campos religioso y el de la IP explican la existencia de
instituciones formadoras de docentes y de formación primaria y secundaria de carácter privado,
dándose todas las combinaciones posibles (por ejemplo, escuelas laicas privadas de
capital propio). También están todas las instituciones de ese mismo tipo pero
estrictamente públicas. Cabe advertir que prácticamente todas son legitimadas por
el Estado, aunque, claro está, las privadas gozarán de mayor autonomía (así, las
primarias privadas relegan los libros de texto gratuitos y obligatorios a un segundo
plano, privilegiando el uso de textos producidos por editoriales y autores
independientes). Por otro lado, en el subcampo de educación superior, el mismo esquema se
muestra de una manera similar, aunque en éste la influencia de la IP es más
fuerte, ya que las universidades (incluso las públicas) obedecen, cada vez de manera más
explícita, a sus intereses y necesidades (con el discurso de la
"vinculación"). No obstante, en este subcampo, también se actualizan la gran
mayoría de las combinaciones posibles: instituciones totalmente religiosas, religiosas
formadoras de cuadros profesionales, no religiosas formadoras de cuadros profesionales en
ambas vertientes: privadas y públicas, etc. Igualmente, ocupan un lugar importante las
instituciones de educación media superior y tecnológica, así como aquellas dedicadas a
la investigación y la asesoría, etc.
En ambos subcampos, se ha destacado la existencia de programas de
posgrado en educación, mismos que adoptan, en el subcampo de educación básica, la forma
de programas para el magisterio. En este subcampo, igualmente, el Estado, a través de una
Subsecretaría ex profeso, mantiene su fuerza legitimadora. Para el caso de la Universidad
Pedagógica Nacional, se ha querido representar su posición híbrida ubicándola
en el traslape entre los dos subcampos, aunque fuera del alcance explícito de los campos
religioso y de IP. La necesidad de reconocimiento profesional del magisterio básico, ha
producido, por una serie de procesos políticos que se antojan "alquímicos",32 artefactos sociales
concretos, pero no por concretos menos problemáticos o ambiguos. El ejemplo más claro de
este tipo de artefactos sociales es la misma Universidad Pedagógica Nacional (UPN). Esta
institución es "universidad" desde la perspectiva magisterial, pero no lo es
desde la perspectiva universitaria o "superior", ya que, como las normales,
forma profesores.
3.3. Los capitales
En lo que respecta a las especies de capital involucrados en este campo, se han
identificado sólo tres: el cultural, el económico (con una subespecie: el capital
económico institucional propio) y el religioso (como subespecie de capital simbólico).
En el esquema se puede apreciar la distribución y grado de estas especies de capital.
Estos, a su vez, deben entenderse como capitales que se pueden presentar en diversos
estados y que pueden suplirse mutuamente o incluso convertirse entre sí (por ejemplo: el
capital cultural incorporado como capital escolar es convertible, en el mercado de trabajo
profesional, en capital económico). El capital religioso, como variedad de capital
simbólico, contribuye, en el campo del poder en general, como reproductor de una visión
del mundo alienada y alienante, ya que constituye (en el plano ideológico) la forma de
negación del mundo social por excelencia (por tanto, se opone al Estado como institución
social monopolizadora de las conciencias), de allí su gran capacidad de inserción en el
campo educativo y su frecuente asociación con el campo de la IP, que significa, en otro
registro, hablar de las grupos sociales dominantes (burguesías).
De esta forma, en el esquema se puede apreciar cómo se distribuyen
estos capitales: En el caso del capital económico, éste es más fuerte en el caso del
campo de la IP, mientras que en relación con el espacio social global disminuye conforme
nos alejamos de los campos en cuestión. Se trata, pues, de un hecho simple y llano: hay
muchos que tienen poco, y pocos que tienen mucho. Así, por poner sólo un ejemplo, en
1990 el ingreso de la población ocupada en el País mostraba esa tendencia: como se puede
observar, conforme aumentan los ingresos, disminuye el porcentaje de la PEA en cada rango.33
Asimismo, bajo la forma de Capital Económico Institucional (CEI), (el
que cada escuela, instituto o universidad maneja), éste es, en términos relativos, mayor
en el conjunto de las instituciones privadas educativas y menor en el de las
públicas, que se sostienen por la subvención estatal: "Algunas estimaciones
permiten anticipar que los particulares destinan recursos del orden del uno por ciento
del PIB a la formación de las personas" en México, indicador que incluye el
pago de colegiaturas en escuelas privadas.34
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La desigualdad en la distribución de los
recursos económicos entre instituciones públicas y privadas puede resultar más clara si
tomamos en cuenta el dato anterior y que el gasto público total en educación (que reúne
el gasto federal y estatal) para 1999 se estima en un 5.1% del PIB (esto es: 4, 649, 400,
000 en miles de pesos)35 y que en México la
proporción de instituciones y de matrícula privadas es muy pequeña con respecto a las
públicas (por ejemplo, para el ciclo 98-99, la SEP estima que el 7% de la educación
básica preescolar, primaria y secundaria fue impartida por particulares36 y se sabe que en 1999 el 11.2% de todos las
instituciones educativas, en todos los niveles, eran de control particular). Debe tenerse
en cuenta, por lo tanto, que si bien en términos absolutos el monto del gasto en
educación pública es mucho mayor al privado, al ser muy reducida la proporción de
instituciones y matrícula privadas con relación a las públicas, el resultado es que el
promedio de CEI en las primeras es mucho mayor que las segundas.
El mismo fenómeno se da en la relación entre los subcampos
básico y superior, debido a que la distribución de la población estudiantil en México
presenta una estructura piramidal: "la educación básica... concentra el mayor
volumen de estudiantes del Sistema Educativo Nacional, a ella se dirige la mayor parte de
los recursos... en 1999 se estima que 65.1 por ciento del presupuesto educativo federal
será dirigido a este tipo educativo, en tanto que un 9.5 por ciento se destinará a la
educación media superior y 14.7 por ciento a la educación superior, incluyendo el
posgrado; a la educación de los adultos... dos por ciento" y "el 8.6 por
ciento restante se distribuye entre ciencia y tecnología, desarrollo cultural, educación
física y deporte y servicios compartidos"37.
Sin embargo, hay que advertir que "el costo por alumno se incrementa de manera
notable en los niveles y modalidades superiores", así, en 1996, "el
gasto por estudiante de educación media superior era equivalente a cerca de dos veces el
de un alumno de educación básica... y cada persona que cursó la educación superior
significó una erogación de más de dos veces la de un estudiante de media superior y
casi cuatro veces la de un alumno de enseñanza básica".38
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Así, la matrícula del Sistema Educativo
Nacional (SEN), en el ciclo 98-99, se distribuía de la siguiente forma: de 28,518,600
educandos, el 81% estaba en básica, 10% en media superior, 3% en capacitación para el
trabajo y 6% en superior.39
Ahora bien, en tanto capital económico propio, no
subvencionado por el Estado, queda claro que es menor en la medida que nos desplazamos
hacia el polo izquierdo del esquema, ya que las instituciones de educación superior son
vistas, cada vez con más convicción, como un tipo de instituciones que deben ampliar sus
fuentes de financiamiento, de manera que "complementen el esfuerzo gubernamental"
en este respecto.40
Las propias estadísticas oficiales aportan un indicador de un
efecto producido por la correlación entre los capitales económico y cultural, indicador
que pone en evidencia, al mismo tiempo, la validez y la propiedad quiasmática (es
decir: que se estructura también a partir de cruzamientos de relaciones) del
modelo de campo aquí elaborado. Al analizar la distribución del gasto de los
particulares en educación primaria por nivel de ingresos (distribuidos por deciles según
ingresos), la SEP encuentra que "conforme aumentan los recursos familiares, el
subsidio público disminuye, en virtud de que la propensión a enviar a los niños a
escuelas privadas se incrementa con el ingreso" encontrando tendencias muy
similares en los niveles de secundaria y bachillerato. "En el caso de la
educación superior, los recursos públicos se distribuyen claramente a favor de los
deciles de hogares de más altos ingresos", es decir, que "la matrícula
pública del tipo superior crece conforme aumenta el ingreso de la población". Y
lo más dramático de todo este análisis, es que se concluye que mientras más bajos sean
los ingresos de las familias, más altas son las probabilidades de abandono de los
estudios. Es decir, a mayores ingresos, mayores probabilidades de realizar estudios
superiores. Pero también, a mayor nivel de estudios, mayor probabilidad de obtener
ingresos altos (relacionando, por ejemplo, lo que gana un profesionista ejerciendo y un
obrero no calificado con primaria).41
Otra relación que se puede establecer entre CC y CE es la
siguiente: en 1990, el 57% de los profesionistas del País se concentraban en el área
metropolitana de la ciudad de México, el 6% en Guadalajara, otro 6% en Monterrey y un 3%
en Puebla: "en estas zonas vivían 72 de cada 100 profesionistas".42 Por otro lado, en la distribución del ingreso
en México, se estima que el 89% corresponde a las zonas urbanas. Es decir, aunque no se
puede obtener una correlación estadística exacta, existe una clara relación entre la
distribución del ingreso y la distribución de los profesionistas por zonas geográficas:
en términos generales, el CC y el CE tienden a coincidir espacialmente. Asimismo, la
desocupación abierta, en 1990, era inferior entre los profesionistas "respecto a
la observada en el total de la población económicamente activa de 25 años y más".43 Sin embargo, entre las que menos ingresos
tenían se pudo identificar, entre otras formaciones, la de "Formación Docente en
Educación Básica" (de dos salarios mínimos o menos), mientras que las de mayores
ingresos agrupaban formaciones universitarias y tecnológica superior.44 Resulta claro que las posiciones que las instituciones básicas y
superiores ocupan en el modelo de campo propuesto, en relación con el eje de la
distribución del CE, es también aplicable a los agentes que pertenecen a ellas,
al menos en términos amplios. Por último en este aspecto, se observa que, del total de
hogares censados, "en el rango de 10 salarios mínimos o más, los hogares de
profesionistas constituían 40.5% [...] y 25% de los hogares con ingresos entre 5 y
menos de 10 salarios mínimos".45
En cuanto a la propiedad del CC y del CE, ser heredables
(sociológicamente hablando), se observa que en México es "notable la elevada
proporción de hogares con profesionistas cuyo jefe declaró tener instrucción superior,
59.4%, mientras que para el total de hogares esa proporción fue de 3.9%".46
Por otro lado, y tomando en cuenta que "el capital
simbólico no es una especie particular de capital, sino aquello en lo que se convierte
cualquier especie de capital" cuando es "reconocida como legítima",47 el capital simbólico religioso es mayor entre
las instituciones privadas y menor en las públicas, ya que éstas últimas se ostentan
como laicas o "universales" (lo cual no significa que los individuos, a su vez,
no sean copertenecientes al campo religioso bajo alguna de sus formas institucionales). Es
decir, desde el punto de vista religioso de la población, las instituciones públicas no
presentan el valor propiamente religioso que sí aprecian en las instituciones privadas,
casi siempre pertenecientes a órdenes religiosas.
Finalmente, el capital cultural, en términos relativos, presenta
una distribución estrechamente relacionada con los otros capitales y campos: así, sólo
señalaré que se da en mayor grado en el caso de la IP (en tanto consumidores) y en el
caso de la educación superior (en tanto productora de productores de bienes culturales:
ciencias y artes), y en menor grado en el caso del área del subcampo de educación
básica ocupado por el sector público, pero relativamente mayor para el ocupado por el
sector privado, de manera análoga al capital simbólico religioso.
3.4. La génesis del campo
educativo en México
Históricamente, el campo educativo en México, como cualquier campo, es producto de
una génesis y ha tenido una evolución que le da su actual estructura y funcionamiento.
Como todo campo, el educativo posee su propia illusio,48 es decir, el principio de inversión en el juego social que
constituye el campo, aquello en lo cual creen los agentes en él involucrado y por lo cual
luchan y actúan. El interés específico de los diversos agentes y grupos de agentes en
el campo educativo es el monopolio del capital simbólico, nada menos que la
definición de las conciencias.49 En la
definición de los fines legítimos de la educación se juega, en última instancia, la
legitimidad del "estado de cosas" sociales, ya que la educación escolar no es
otra cosa que un trabajo de inculcación de una visión del mundo. Así se explica la
lucha entre la Iglesia (junto con los grupos conservadores) y el Estado por definir, por
ejemplo, los contenidos de la enseñanza primaria.

Al revisar, aun someramente, la historia de la
educación y el profesorado en México, es posible apreciar el movimiento por el cual se
ha estructurado el campo educativo actual. Así, después de la guerra de Independencia,
el naciente Estado mexicano, en el espíritu de la Ilustración, asume la educación como
una de las principales estrategias en la emergencia de una nueva Nación, basada en el
derecho positivo y la separación de los poderes eclesiástico y civil. De esta manera,
comienza a configurarse, por un lado, la oposición entre las educaciones religiosa y
laica y, por otro, la relación (también de oposición) entre educadores básicos y
superiores, que ya se ha caracterizado antes. De ser una actividad primordialmente
subordinada al campo religioso, pasa a constituirse en una actividad propia del Estado, es
decir, pública y laica, y con ello comienza a surgir la figura del profesor de educación
básica como servidor público.
Esta transmutación del enseñante privado en enseñante público,
del profesional libre en profesional del Estado, del preceptor religioso en preceptor
laico o, incluso, científico, no puede explicarse en sí misma, ya que obedece a las
transformaciones sufridas por campo del poder. El campo educativo actual surgió, como
puede constatarse, de una separación doble: por un lado y primero, del Estado mexicano de
la Corona española y de las formas de gobierno monárquicas en general (Guerra de
Independencia); por otro lado y después, de la separación del mismo Estado del poder que
representaba la Iglesia Católica (Reforma). Durante un prolongado periodo de paulatina
diferenciación (finales del siglo XIX y principios del XX) de las funciones del educador
primario y las del profesor y el profesionista universitarios, en el periodo inmediato a
la Revolución habría de establecerse, definitivamente, la distinción entre estos dos
grupos, al mismo tiempo que se iba consolidando la diferenciación entre instituciones
públicas y privadas en todos los niveles educativos, a partir de la estrecha relación
entre las escuelas religiosas y los grupos sociales dominantes (así, por ejemplo, se
puede verificar que en México colonial las escuelas operadas por los jesuitas en sus
"colegios" esto es, las casas donde vivían estos religiosos, eran
frecuentemente fundados y subvencionados por los criollos ricos, dándose ya una colusión
entre campo religioso y el campo del poder económico representado por los hacendados).50
Así también, en sus orígenes, el normalismo (entendido como la
formación específica de los profesores de educación básica) no se diferenciaba mucho
de la Universidad; esto se aprecia, de manera paradigmática, en el análisis de los
principales momentos históricos con los que se fue produciendo dicha distinción en la
Universidad Nacional en México51 y, de manera
análoga, en Jalisco.52 En la historia del campo
educativo se puede apreciar, pues, un lento pero eficiente proceso de diferenciación y
división del trabajo educativo.
En resumen, el campo educativo ha sufrido un proceso de
autonomización relativa, principalmente frente a estos tres campos dominantes: el Estado,
la Iglesia y la Iniciativa Privada. No obstante, esta autonomía es sólo de grado: los
educadores, las Normales y las escuelas básicas públicas y las privadas laicas, están
en una relación de mayor heteronomia respecto del Estado y las privadas religiosas sufren
de una doble heteronomia, en relación con los campos estatal y religioso. Si bien
el mismo fenómeno se observa en el caso de las instituciones del subcampo de educación
superior, el grado de heteronomia es menor; es decir, el grado de autonomía, en términos
globales, resulta mayor que en el subcampo de educación básica, aunque dicho grado es
diferencial para cada caso particular. Aun así, la decisión de prolongar y traslapar el
área correspondiente al campo de la iniciativa privada sobre el área de las
instituciones superiores públicas, así como la decisión de incluir un Capital
Económico Institucional Propio (CEIP) en los esquemas del campo educativo nacional y del
subcampo educativo local, no está desprovista de un fundamento empírico: en 1999, la
Universidad de Guadalajara (estatal) reportó un "ingreso propio" de 268
millones 82 mil pesos para el año de 1988, lo cual equivale al 12.81% de su presupuesto.53
Conclusión
La descripción y análisis de la educación en México, aplicando la teoría de los
campos, ha permitido, entre otras cosas, describir el campo educativo local (Jalisco) de
manera bastante precisa, observándose que la propiedad de homología de los
campos, postulada por la teoría, se cumple satisfactoriamente.54 No obstante, el mayor beneficio que puede obtenerse con esta
metodología es, por un lado, una explicación sociológica de la aparición del posgrado
para el magisterio en Jalisco (como resultado de las tensiones y luchas entre grupo
magisterial y estructura académica y burocrática) y, por otro, pero complementariamente,
una herramienta de primer orden para describir y explicar el habitus propio de este
campo, de manera especial, en los profesores.
Notas
1. El
autor agradecerá cualquier comentario, sugerencia o crítica al presente trabajo (m4008ssa@hotmail.com). Igualmente, agradece a la
Dra. Susan Street por todas sus aportaciones para el desarrollo de este trabajo.
2.
Información sobre Bourdieu (curriculum, publicaciones, cursos, etc.) en: http://www.college-de-france.fr
3.
Pierre Bourdieu, Méditations pascaliennes, Seuil, Paris, 1997, p. 161 (versión
española: Meditaciones pascalianas, Anagrama, Barcelona, 1999).
4.
Pierre Bourdieu, Espacio social y espacio simbólico, en: Razones prácticas,
Anagrama, Barcelona, 1999, p. 16.
5.
Pierre Bourdieu, Méditations pascaliennes, op. cit. p. 161.
6.
Véase más adelante acerca del Estado como campo.
7.
Pierre Bourdieu, Espacio social y espacio simbólico, op. cit., p. 19.
8. P.
Bourdieu, Le sense pratique, Les éditions de Minuit, Paris, 1980, pp. 94-97.
[Traducción de Gilberto Giménez M.].
9. P.
Bourdieu, "Algunas propiedades de los campos", en Sociología y cultura,
Grijalbo/CONACULTA, México, 1990, p. 141.
10.
Una de las maneras más precisas de acceder al conocimiento de un habitus es por medio del
análisis de las prácticas discursivas.
11.
Pierre Bourdieu, Méditations pascaliennes, op. cit. p. 157.
12.
Alain Coulon, Etnometodología y educación, Paidós, Barcelona, 1995, p. 169.
13.
Pierre Bourdieu, El sentido práctico, Taurus, Madrid, 1991.
14.
Pierre Bourdieu, Respuestas por una antropología reflexiva, Grijalbo, México,
1995, p. 64.
15.
Pierre Bourdieu, Cosas dichas, Gedisa, Barcelona, 1993, p. 38.
16.
Pierre Bourdieu, Respuestas por una antropología reflexiva, op. cit., p.
162.
17.
Edgar Morin, Sociología, Técnos, Madrid, 1995, pp. 185 y ss.
18.
Por ejemplo: "Muchas decenas de años de ejercer la encuesta bajo todas sus
formas, desde la etnología hasta la sociología, desde el cuestionario llamado cerrado
hasta la entrevista más abierta, me han convencido que esta práctica no encuentra su
expresión adecuada ni en las prescripciones de una metodología, con frecuencia más
cientista que científica, ni en las puestas en guardia (mises en garde)
anticientíficas de la mística de la fusión afectiva." Pierre Bourdieu, La
misère du mond, Éditions du seuil, Paris, 1993, p. 1390 [traducción mía].
19.
Jorge Bartolucci, "Educación, reproducción social y sociología", en: Revista
sociológica, UAM, México, 1987, pp. 51-71.1987.
20.
Pierre Bourdieu, Meditaciones pascalianas, op. cit.
21.
Desde la perspectiva educativa, a Bourdieu se le suele clasificar junto a otros
sociólogos que, durante los años sesentas y setentas, desarrollaron una serie de
investigaciones en torno al papel de las escuelas en la reproducción del orden social
capitalista (Bourdieu y Passeron, Baudelot y Establet, Bowles y Gintes, Michael Apple y,
por último, P. Willis). A estos sociólogos se les conoce, de manera demasiado
reduccionista, como los "reproduccionistas", y se sostiene que todos hacen
referencia a una "teoría de la reproducción" o "teoría de la
correspondencia". Sobre la vigencia de estos sociólogos, cf. Sergio L. Sandoval
Aragón, "El fenómeno educativo: apuntes para una teoría convergente", Revista
La Tarea, No. 10, Guadalajara, octubre de 1998, pp. 74-76. Para una exposición
general de estos sociólogos, cf. Patricia de Leonardo, La nueva sociología de la
educación, El Caballito/SEP, México, 1986 y el texto de Jorge Bartolucci, op. cit.
22.
Pierre Bourdieu y J-C Passeron, La Reproducción: Elementos para una teoría del
sistema de enseñanza, Fontamara, México, 1995, p. 44.
23.
Jorge Bartolucci, op. cit., p. 55. Me he permitido transcribir este extenso
pasaje porque sintetiza con bastante fidelidad la tesis de la reproducción. Sin embargo,
conviene precisar que Bourdieu y Passeron distinguen entre trabajo pedagógico
(más cercano al papel de los maestros) y acción pedagógica (que es más
general).
24.
Pierre Bourdieu, Respuestas
, op. cit., p. 172.
25.
Ibídem, p. 69; los pasos enseguida descritos han sido extraídos, con ligeras
variaciones, de la misma parte; en Las reglas del arte (Anagrama, Barcelona, 1995)
este procedimiento se enuncia de manera muy similar (p. 318). No obstante, una
formulación más precisa (y una aplicación) de este "método", se encuentra en
otras obras, tales como La distinción y Homo Academicus.
26.
Aquí es importante advertir que, debido al carácter dialéctico del análisis, la
descripción del campo en cuestión (y sus subcampos) no estará realmente acabado
sino hasta que se han recorrido, en la medida de lo posible, los tres momentos: el trabajo
de campo, especialmente el orientado a dar cuenta de los habitus, prácticamente
obliga al analista a retocar la descripción del campo, lo mismo que el conocimiento del
campo permite la reconstrucción del habitus.
27.
Ibídem, p. 167.
28.
Ibídem, p. 74, para las tres últimas citas textuales.
29.
Movimientos no sólo ajenos al gobierno sino incluso contrarios al mismo, tales
como el movimiento neozapatista en el sureste mexicano, que pugna por que se le reconozca
como una fuerza social por el Estado, vienen a poner de manifiesto este hecho.
30.
Ibídem, p. 76, subrayado mío.
31.
Pierre Bourdieu, La noblesse dÉtat: Grandes écoles et esprit de corps, Les
éditions de minuit, Paris, 1989, op. cit., p. 7 (traducción mía).
32.
Esto es lo que Pierre Bourdieu denomina "la magia de Estado": "El
título escolar es en efecto la manifestación por excelencia de eso que hace falta
llamar, por lo que puede aparecer como una extraña alianza de palabras, la magia de
Estado [la magie dÉtat]" que opera, en diversos aspectos, "una
verdadera promoción ontológica, una transmutación, un cambio de naturaleza o de esencia"
en las instituciones y las personas; por ejemplo, si el nacimiento de alguien no está
registrado, esa persona prácticamente "no existe". La noblesse dÉtat:
Grandes écoles et esprit de corps, op. cit., pp. 538 (traducción mía).
33.
Centro de Estudios Estratégicos para el Desarrollo, Jalisco a tiempo, Universidad
de Guadalajara, 1995, p. 81.
34.
SEP, Perfil de la educación en México (Financiamiento de la educación), México,
1999, pp. 121 y 129.
35.
Ibídem. p. 122.
36.
SEP, Perfil de la educación en México (Estructura y organización del sistema
educativo), op. cit., p. 21.
37.
SEP, Perfil de la educación en México (Financiamiento de la educación), p. 124.
38.
Ibídem. p. 125.
39.
SEP, Perfil de la educación en México (Estructura y organización del sistema
educativo), op. cit., p. 21.
40.
SEP, Perfil de la educación en México (Financiamiento de la educación), op.
cit. p. 132.
41.
Ibídem, p. 134 (lo cual ha llevado al gobierno a plantear "acciones
compensatorias" que favorezcan a los niños y jóvenes de bajos recursos para que
realicen estudios superiores, aunque no se explica en qué consisten dichas acciones).
42.
INEGI, "Los profesionistas en México", en: Estudios y documentos del XI
Censo General de Población y Vivienda, 1990, op. cit., p. 2.
43.
Ibídem, p. 3.
44.
Idem.
45.
Idem.
46.
Idem. Este es un aspecto en el que se ha profundizado, pero rebasa los límites
de la presente comunicación.
47.
P. Bourdieu, Meditaciones pascalianas, op. cit., p. 319.
48.
Concepto introducido por Bourdieu.
49.
Agradezco a mi colega Carlos M. García su ayuda en el esclarecimiento de este aspecto.
50.
Rojas Herrera, E. Inés, Colegios y Escuelas jesuitas de la Nueva España, 1572-1767,
México, 1996, pp. 161-162.
51.
Magdalena González Casillas, Historia de la Facultad de Filosofía y Letras,
Guadalajara, 1996, p. 269.
52.
Luciano Oropeza Sandoval, "Rasgos de una institución doméstica: los primeros
años de la Universidad de Guadalajara", en: revista educar, No. 3,
octubre/diciembre, 1997, pp. 40-41.
53.
Víctor Manuel González Romero, Cuarto Informe de Actividades, UDG, Guadalajara,
1999, pp. 345 y 348.
54.
El autor ha dado a conocer a Bourdieu esta aplicación de su teoría como un elemento más
para el trabajo que actualmente está preparando sobre los campos.