Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

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Guadalajara, México - Septiembre de 2000

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El Sistema de Posgrado en la Secretaría de Educación Jalisco

Génesis y camino hacia la consolidación

(Adecuación de la exposición oral que la autora realizó en el Panel "Estrategias para la consolidación de los programas de posgrado", en el Segundo Encuentro de Estudiantes y Académicos de Posgrado en Educación de la Región Centro-occidente, en Guanajuato, en marzo de 2000)

María Guadalupe Moreno Bayardo*

* Coordinadora general de Formación y Actualización de Docentes de la Secretaría de Educación Jalisco (SEJ).

El sistema de posgrado en la Secretaría de Educación Jalisco (SEJ) es joven, su nacimiento data de 1989, año en que aparecen formalmente los primeros programas en este nivel, aunque existe el antecedente de que la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) atendió una generación (1988-1990) de maestría en Educación Preescolar y Primaria en la sede de la Unidad Guadalajara. Por la naturaleza de los objetivos de la Secretaría mencionada, la oferta educativa del sistema se centra en programas de posgrado en educación, de los cuales existen catorce: tres especialidades, diez maestrías y un doctorado interinstitucional, incluyendo una especialidad y una maestría autorizadas para abrirse a partir del ciclo escolar 2000-2001.

De los programas referidos, una especialización y dos maestrías se ofrecen en instituciones particulares incorporadas (centros de educación superior que no son universidades) que acaban prácticamente de iniciar. Cinco de lo programas están atendiendo a la primera generación, como por ejemplo la maestría en Desarrollo Educativo de la Unidad Tlaquepaque de la Universidad Pedagógica Nacional y el doctorado Interinstitucional.

En su conjunto, los posgrados de la SEJ, tienen 1,168 egresados y 1,751 alumnos en atención en el ciclo escolar 1999-2000. Esto da un total de 3,719 estudiantes, lo que hace aproximadamente un 5% de la población de docentes que hay en el estado de Jalisco, sin que con ello se afirme que los posgrados de la Secretaría sólo atienden a docentes de educación básica o de las diferentes áreas que conforman los servicios educativos en la entidad; hay universitarios que van a los programas de posgrado de la Secretaría, así como profesores de educación básica que van a programas de diversas universidades, pero por los datos presentados, puede afirmarse que por lo menos un 5% de docentes de las áreas de educación básica y normal están siendo atendidos en posgrados en educación, mayoritariamente en los programas que ofrece la Secretaría de Educación Jalisco.

La oferta de posgrados en educación en Jalisco no es exclusiva de la Secretaría mencionada, en la Universidad de Guadalajara se ofrecen también este tipo de programas. El primero de ellos, la maestría en Psicología Educativa, que aparece en 1988; posteriormente, se fueron abriendo programas como la maestría en Educación Superior, la maestría en Investigación en Ciencias de la Educación, el doctorado en Educación y otros. En la actualidad la UDG cuenta con siete programas de posgrado en educación: seis son maestrías y uno es doctorado.

En las universidades privadas existen nueve posgrados en educación, los más antiguos datan aproximadamente de 1980; algunos, como el de la Universidad Autónoma de Guadalajara, surgieron antes de ese año, aunque la fecha de reconocimiento de validez oficial sea posterior. Entre los nueve programas mencionados hay una especialidad, cinco maestrías y tres doctorados, incluyendo el que se encuentra en proceso de apertura en el ITESO.

Otros programas presentes en la entidad son ofrecidos por instituciones con reconocimiento en otros estados, entre ellos hay dos maestrías y dos doctorados. El total de programas de posgrado en educación conforma un panorama de treinta y cuatro, que constituyen una amplia oferta para la superación de los profesionales de la educación en la entidad.

En el marco del panorama antes descrito, el interés de este trabajo es analizar el surgimiento y evolución de los posgrados de la SEJ, así como poner a consideración algunas estrategias para su consolidación.

El acercamiento a un análisis como el que se realiza en este trabajo, supone la recuperación de un proceso aún no documentado de manera formal, en el que juega un papel relevante la forma de percibir de quien realiza dicha recuperación; con plena conciencia de ello, este trabajo queda abierto a las observaciones y sugerencias de quienes han vivido de cerca las situaciones que aquí se describen. En el caso de la autora, el análisis se construye a partir de una doble mirada: la primera, como actor participante en el surgimiento y evolución de diversos posgrados en educación en instituciones tanto públicas como particulares, en un primer momento como alumna y después desempeñando funciones de docencia, de diseño curricular, de coordinación, de tutoría y de evaluación; la segunda, como funcionaria de la propia Secretaría en una Coordinación en la que queda inscrita, precisamente, el área de Posgrado.

En un primer momento del análisis, queda claro que en los programas de posgrado de la SEJ, se presenta una notable heterogeneidad; se trata de diferencias que parecen explicarse parcialmente por sus circunstancias de nacimiento, esto es, por el momento y las condiciones en que fueron surgiendo, así como por los criterios de apoyo que, en su momento, las autoridades educativas en turno fueron adoptando.

Los dos primeros posgrados datan de 1989, nacen como consecuencia de la creación de igual número de centros: el Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM) y el Centro de Investigaciones Pedagógicas y Sociales (CIPS). Estos dos centros surgen en un momento de cambio de administración en Jalisco en 1989; pareciera que nacen sobre todo como coyuntura política, por las características que el secretario de Educación recién nombrado tenía en ese momento (universitario, académico), así como de las personas que se nombraron para la dirección de cada centro (con antecedentes de relación académica y laboral con el Secretario que iniciaba su gestión en uno de los casos; con trayectoria académica reconocida en el sistema educativo estatal y apoyo de la organización sindical, en el otro).

El ISIDM y el CIPS, nacidos como producto de una coyuntura política, resultaron ser generadores y dinamizadores de un proceso que después ha redundado de manera muy favorable en el sistema educativo; a estos dos centros se les apoyó en un principio con personal académico comisionado de otras áreas de la Secretaría, pero posteriormente fueron beneficiados, tanto ellos como otras instituciones de educación superior de la entidad, con algunas plazas destinadas a la incorporación de personal académico que tuviera como función principal la investigación y la docencia en el nivel de posgrado. Igualmente fueron dotados de una infraestructura mínima que se ha ido ampliando con los recursos que generan las instituciones, vía cuotas de recuperación de los estudiantes.

Las primeras generaciones de académicos y egresados de estos dos centros, el ISIDM y el CIPS, son generaciones que han orientado y desarrollado, desde puestos directivos, las estrategias académicas de la SEJ; han apoyado, como docentes, a los posgrados que después se han ido generando y, de alguna manera, han desempeñado un papel de liderazgo académico en la propia Secretaría.

En 1994, estando en funciones un nuevo secretario de Educación que tuvo que responder sobre todo a las grandes directrices del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica y Normal (ANMEB), así como al interés de articular los servicios educativos, lo que en un principio se denominaba como integración educativa, se generó un proyecto macro que se denominó Sistema de Superación Magisterial (SISUMA). En el marco de este proyecto, nació en Jalisco una maestría en Educación con Intervención en la Práctica Educativa (MEIPE) que abrió 12 sedes, mismas que siguen operando y actualmente atienden en conjunto a 1,557 profesores. Se trata de un programa que, por una parte, nació como respuesta a uno de los propósitos del Acuerdo Nacional antes mencionado, concretado parcialmente en el macro programa denominado SISUMA, pero que sobre todo pretendió dar respuesta a la demanda cada vez más creciente de los docentes de la entidad, de contar con alternativas para la superación profesional, sobre todo en el caso de docentes que viven en el interior del estado.

El nacimiento de un programa de tales dimensiones, supuso la búsqueda de formadores que contaran por lo menos con el grado de maestría; ciertamente había egresados de los dos primeros programas de maestría abiertos por la Secretaría (los de CIPS e ISIDM), pero no tantos como para cubrir totalmente las necesidades de las doce sedes de la MEIPE, hubo que recurrir a personas que habían obtenido su grado en otras instituciones, como por ejemplo en las universidades de la entidad, o que estaban por obtenerlo al presentar en fecha relativamente próxima su examen de tesis.

En relación con este programa de amplia cobertura, los criterios de apoyo de la SEJ fueron diferentes a los utilizados en los dos primeros programas de posgrado abiertos en 1989; en este caso, se consideró la conveniencia de un financiamiento compartido entre la SEJ y los beneficiarios del programa (vía cuotas de recuperación), así la Secretaría lo apoya con el pago a los profesores, los cuales laboran por contrato en la MEIPE, aunque desempeñen otro tipo de plaza en el sistema educativo estatal; lo apoya también con algún otro tipo de gastos, como viáticos a docentes que se trasladan a sedes del interior del estado, pero es un programa que aún no tiene académicos o investigadores adscritos vía plazas generadas con ese fin, y que vive los problemas propios de la dificultad para constituir y consolidar cuerpos académicos que sean el sustento del proceso formativo de la maestría y de la producción investigativa de los participantes de la misma. Lo anterior se ha tratado de subsanar, parcialmente, a partir de los recursos propios que genera el programa, pero queda claro que las condiciones de nacimiento de este programa, quizá por su dimensión, fueron diferentes a las de los dos primeros programas abiertos en la entidad.

En 1996 nacen otros tres programas, también como respuesta a demandas específicas de ciertas áreas de la formación docente, como es Trabajo Social Escolar, Educación Física y Educación Especial. Ante la insuficiencia de recursos financieros aplicables al nacimiento de nuevos programas de posgrado en la SEJ, las instituciones públicas interesadas en la apertura de estos tres últimos programas, solicitaron su autorización ofreciendo que serían autofinanciables. Así, estos programas nacen también en circunstancias que no permiten contar con académicos adscritos de manera permanente a los mismos para desempeñar las funciones de docencia, de tutoría y de investigación asociada al posgrado.

En 1998, la Unidad Tlaquepaque de la UPN inicia la maestría en Desarrollo Educativo Vía Medios, campo: Gestión y Administración de la Dirección Escolar. Este programa nace autorizado por la Rectoría de la UPN, contando con la anuencia y el apoyo de la SEJ; depende académica y normativamente de la Unidad Ajusco, pero queda sujeto también al Estatuto General de Posgrado de la SEJ, con las especificidades propias de su condición institucional.

Los requisitos académicos que deben cumplirse en una unidad de la UPN para que le sea autorizado un posgrado, incluyen condiciones tales como la incorporación de académicos al programa, mediante la adscripción de proyectos de investigación que permitirán la constitución de líneas de investigación a las que podrán asociarse los proyectos de los estudiantes; la proporción de alumnos por académico varía desde un máximo de tres alumnos por profesor de tiempo completo, hasta dos por profesor de medio tiempo y uno por profesor contratado por horas. Existen también ciertas condiciones de infraestructura que deben cumplirse según las características del programa.

Por otra parte, la planta académica de los programas de posgrado en las unidades de la UPN no tiene que ser contratada ex profeso, se convoca a los académicos que ya laboran en una unidad y que están en posibilidad de incorporarse a la nueva oferta educativa de la institución, sobre todo teniendo en cuenta que una de las tareas prioritarias que la UPN realizó en sus primeros años, la de nivelación, es prácticamente un objetivo casi cubierto y los servicios educativos de la misma parecen reorientarse de una manera lógica hacia la superación profesional, vía diplomados y programas de posgrado.

Así, los posgrados que se abren en las unidades de la UPN ubicadas en Jalisco o en otros estados, nacen con condiciones sumamente favorables para realizar un trabajo como lo requiere este servicio educativo. La segunda generación de la maestría en Desarrollo Educativo Vía Medios se abrirá sobre la base de un trabajo académico en red con las demás unidades de la UPN existentes en Jalisco y con la posible incorporación de alguna unidad ubicada en estados vecinos, lo cual constituye una experiencia pionera en el País.

En 1999 se abrió el doctorado en Educación como programa interinstitucional en el que participan el ISIDM, el CIPS, la Universidad La Salle Guadalajara (ULSAG) y la Unidad Guadalajara de la UPN. Su contribución a la consolidación de los cuerpos académicos de las instituciones participantes es de suma trascendencia y habrá de ser punto de partida para la generación, a futuro, de otros programas de posgrado.

En forma previa a la apertura de este programa se trabajó en el diseño del mismo, en la firma de un convenio suscrito por las instituciones participantes y la Secretaría de Educación Jalisco, así como en la conformación de una planta académica que pudiera sustentar las funciones de docencia e investigación propias de un programa como éste; para ello, la SEJ apoyó con plazas para seis doctores, seis maestros y tres administrativos. El trabajo académico fue organizado por líneas de investigación en las que se aglutina tanto la formación como la producción de investigación de los formadores y de los estudiantes.

En el año 2000 se autorizaron en la Unidad Guadalajara de la UPN una especialización en Estudios de Género y Educación y una maestría en Educación, campo: Innovación Educativa; estos programas se abrieron cumpliendo con las condiciones que Ajusco solicita para la apertura de posgrados.

La descripción realizada en los párrafos anteriores, da una idea de las situaciones de heterogeneidad presentes en el sistema de posgrado de la Secretaría de Educación; desde luego no se puede afirmar que haya habido intencionalidad expresa por parte de las autoridades educativas en turno, para favorecer a unos programas más que a otros, pero es un hecho que las circunstancias y el momento de nacimiento de los diversos posgrados fueron diferentes y que estos influyeron de manera determinante en la evolución que han ido teniendo y en la dimensión de los retos a los que se han ido enfrentando para que los servicios que ofrecen sean de calidad.

Ante ese panorama de diversidad de criterios para el nacimiento y apoyo de los programas de posgrado en la entidad, en el que hasta 1996 se puede percibir que la cobertura iba siendo ampliada notablemente, pero que no aumentaban en la misma proporción los académicos con perfil para ser docentes de posgrado, ni los recursos presupuestales para nuevas contrataciones o para una infraestructura acorde con el nivel de estudios ofrecido, cabe la pregunta: ¿es pertinente dejar correr un ritmo acelerado de apertura de programas de posgrado sólo como respuesta al interés o a la demanda posible?, ¿se puede privilegiar el objetivo de crecer en programas y en alumnos, sean cuales sean las circunstancias de operación?, ¿es tiempo de que la calidad y no sólo la cobertura sea prioridad en la toma de decisiones acerca del sistema de posgrado de la Secretaría de Educación Jalisco?

En este marco de cuestionamientos se tomó la decisión de trabajar en la consolidación de los programas existentes, aunque la oferta no siguiera creciendo en la proporción en que lo estaba haciendo, aún con el riesgo de que la política de ir atendiendo prioritariamente a la calidad no fuera muy entendida por algunos. Se tenía el riesgo de caer en una apertura indiscriminada de programas, sin el sustento académico, que permitiera aspirar a consolidar programas de calidad, pero además era necesario tomar decisiones desde una clara visión de qué objetivos se pretenden cumplir y cómo se visualiza el crecimiento y orientación del sistema de posgrado en la SEJ.

Así se inició un trabajo colegiado y participativo en el diseño de lo que es el Programa Estatal de Formación y Actualización de Docentes 1997-2001. En este programa se establecieron metas a corto, mediano y largo plazo, definiendo el largo plazo para el año 2001, que es la fecha de término de la gestión de la administración estatal en funciones, asumiendo que, sobre todo en el caso de posgrado, dichas metas, por su pertinencia y relevancia, podrán tener continuidad en las próximas administraciones, independientemente de que ocurra o no, alternancia de partidos entre un sexenio y otro.

Se definieron ocho flancos de atención, ocho grandes proyectos en los que se decidió trabajar, sin perder de vista esa situación heterogénea entre los programas existentes, que fue planteada al inicio de este trabajo. Los proyectos fueron los siguientes:

Gestión de Partidas Presupuestales para la operación de las funciones sustanciales del posgrado. Por su naturaleza, este proyecto se planteó directamente relacionado con el de Apoyo a la Infraestructura. En párrafos anteriores se hizo notar cómo hubo circunstancias de nacimiento diferentes para los diversos programas de posgrado existentes en la SEJ y cómo, no en todos los casos, se cuenta con condiciones que puedan apoyar, por ejemplo, la investigación. Por otra parte, existen casos como el de ISIDM, en donde la dirección de la institución se lanzó a las gestiones necesarias para contar con un edificio que tiene condiciones muy favorables para la docencia y la investigación; en cada uno de los programas ha habido gestiones diversas, a veces con los municipios donde están ubicadas las sedes de los programas. Ha sido principalmente por la vía de la autogestión, que se ha ido fortaleciendo la infraestructura de las instituciones que ofertan estudios de posgrado.

En el aspecto presupuestal es de reconocer que, si los estudios de posgrado forman parte de una Secretaría de Educación Estatal, que tiene que atender toda la educación básica y normal de la entidad, el posgrado compite por presupuesto contra necesidades muy fuertes y muy amplias, para las cuales obviamente la Secretaría se encuentra ante el reto de no poder dejar de dar atención prioritaria a la educación básica, pero buscando formas crecientes para apoyar la consolidación del posgrado. El apoyo al posgrado por parte de la SEJ ha ido dándose en la medida en que el presupuesto estatal para educación lo ha permitido, pero se está trabajando en una etapa de sensibilización a las autoridades de planeación y de administración, para que puedan compartir la convicción de que apoyar el área de la superación profesional de los docentes es de especial relevancia en los propósitos del estado y así tengan elementos para argumentar a favor de ello en la gestión presupuestal.

Otro proyecto de atención al posgrado es el Desarrollo Académico, en él se pretende trabajar a favor de la titulación, no sólo de los alumnos que van egresando de los programas de posgrado, sino de los docentes que estaban participando como formadores en el posgrado sin haberse titulado, pero que por las circunstancias de ampliación tan rápidas de los programas, fueron contratados. Se atiende también en esta línea la superación académica de los docentes, apoyando por ejemplo, a quienes estudian programas de doctorado, a quienes asisten a eventos académicos, propiciando trabajo colegiado de seguimiento de los procesos de formación que se van generando en los diversos programas, sobre todo en el caso de la MEIPE, que tiene no menos de 100 docentes que necesitan ser atendidos en una constante capacitación y seguimiento, lo cual se realiza en los intercambios académicos, en la revisión y en la evaluación curricular. Nuevamente, desde la conciencia de que no en todos los programas se partió de las mismas condiciones y buscando fortalecer aquellas áreas académicas que demandan mayor consolidación, se decidió que la línea de Desarrollo Académico fuera una prioridad.

Otra importante área de atención ha sido la Normatividad. Habiendo nacido programas de formas tan diversas y con intencionalidades diferentes, no tardó mucho en evidenciarse la ausencia de un lenguaje común en cuanto a modos de hacer en los procesos de formación, en las líneas de comunicación con las estructuras de autoridad, en procedimientos concretos como los de control escolar, certificación, titulación, etcétera. Se trabajó entonces en la generación de un Estatuto de Estudios de Posgrado de la Secretaría de Educación Jalisco, en la elaboración de los reglamentos internos de los diferentes programas, en el establecimiento de normas y criterios para la apertura y reconocimiento de programas de posgrado y en un programa indicativo de investigación para los posgrados de la Secretaría de Educación.

Obviamente, uno de los proyectos que no podía faltar es el relativo a la Investigación. El apoyo a la misma ha sido diverso, en las instituciones que sólo han contado con un presupuesto para contratar docentes y asesores de tesis, ha sido fundamental la búsqueda de estrategias para incorporar a dichos programas académicos con horas no sólo para la docencia, sino también para generar y realizar proyectos de investigación, esto se realiza principalmente con recursos propios de los programas y se aspira a contar en breve con apoyo específico de la SEJ para este rubro, pero aún en estos casos resulta posible conseguir apoyo para proyectos de investigación, vía concurso, en respuesta a las convocatorias anuales de CONACYT.

En las instituciones donde ya se realiza investigación asociada al posgrado, se trata de consolidar esta función por la vía de la conformación de líneas de investigación para que la producción investigativa se fortalezca preferentemente en ciertos campos donde existe una producción común de grupos de académicos, a la cual puede incorporarse la producción de los estudiantes. Así, desde diferentes puntos de partida, en cada programa de posgrado se está propiciando el fortalecimiento de la investigación, incluso es posible afirmar que algunos de los programas ya reúnen condiciones que permitirían su ingreso al Padrón de Excelencia de CONACYT.

Extensión y Difusión ha sido también uno de los proyectos fundamentales; se ha ido participando de manera creciente en los espacios editoriales que hay en la región. Algunos programas han generado su propio órgano de difusión, por ejemplo varias sedes de la MEIPE, el CIPS y recientemente las unidades de la UPN en Jalisco, inclusive hay publicaciones conjuntas de académicos, por ejemplo el libro: En torno a la Intervención de la Práctica Docente (Campechano, García Herrera, Minakata y Sañudo).

Otro proyecto muy importante es el de formación y ampliación de Centros de Documentación, entendido no sólo como la incorporación de más acervo a las bibliotecas de las instituciones, sino también de bancos de información, revistas electrónicas, etcétera, y la conformación de redes que permitan establecer comunicación ágil y actualizada entre los centros de las diversas instituciones.

Un proyecto más está orientado a generar una Cultura de Evaluación en los posgrados, en éste ha habido tres grandes líneas de acción: una para investigar cuáles son las condiciones en que ingresan los estudiantes de posgrado a los programas de la Secretaría y que ha tenido mucho que ver con la aplicación de un examen de selección, vía CENEVAL. Otro proyecto, que trata de indagar cuáles son los significados compartidos que se van generando entre los estudiantes de determinado programa de posgrado. Uno más que trata de ver cuál está siendo el impacto de los egresados de los programas de posgrado en su desempeño profesional.

De esos grandes ámbitos de atención concretados como proyectos, no se puede afirmar que todos han alcanzado sus objetivos al máximo y que no falta nada por hacer, son los ocho flancos con los que se decidió empezar un trabajo que redundara en la consolidación del sistema de posgrado de la Secretaría de Educación Jalisco. Puede percibirse, con base en un análisis de la descripción presentada en la primera parte de este trabajo, que a partir de 1997 (año en que se elaboró el Programa Estatal de Formación y Actualización de Docentes 1997-2001, que en una de sus áreas incluye al posgrado) no hay una ampliación indiscriminada de programas o sedes de los ya existentes, lo que se hace es apoyar la consolidación de los programas que había hasta ese momento y cuidar que los programas cuya apertura se autorice a partir de esa fecha, nazcan con condiciones favorables para lo que demanda la formación de posgrado. Asimismo se han cuidado las áreas de formación que se constituyen en campo de los nuevos programas para evitar duplicación de objetivos.

Para terminar este análisis, resulta interesante mirar a futuro. Es fundamental que ninguno de los proyectos emprendidos sea abandonado, en todos falta más por caminar, pero entre todos los aspectos contemplados resalta el de consolidar la calidad de la formación que se ofrece en los diferentes programas de posgrado, de la producción de investigación que en ellos se genera, así como de la difusión de la misma. Se ha insistido reiteradamente en que, en la situación actual del sistema de posgrado de la SEJ, la meta es la calidad, esto no significa que no se piense en ampliación de cobertura, pero ésta tendrá que ocurrir con base en la existencia de condiciones que permitan que no se ponga en riesgo la calidad de los programas que se pretende incorporar o ampliar.

Los criterios de ampliación de la cobertura no pueden ser de otra naturaleza, porque hablando de posgrados, la calidad tiene dos vertientes: por un lado la excelencia académica, pero por otro lado la pertinencia social. En términos de pertinencia social es necesaria una clara definición de políticas en relación con los posgrados en educación: para qué y para quiénes los queremos. Sólo teniendo muy clara la respuesta es posible justificar que haya un apoyo significativo de recursos materiales, humanos y de infraestructura que no ponga a los programas de posgrado de la SEJ en desventaja con otros programas.

En esta definición de políticas tiene que quedar incluido, por ejemplo, qué tipos de programas necesitan existir por cierto número de generaciones nada más, mientras se satisface determinado tipo de necesidades, qué tipo de programas necesitan existir a más largo plazo si se percibe que están de acuerdo con las grandes políticas de formación de cuerpos académicos en las instituciones, en las regiones, en los estados o en la nación. Por supuesto, se considera indispensable que, en los equipos que establecen las políticas, participen académicos que puedan sustentar una toma de decisiones con apoyo en criterios que no sólo sean de carácter administrativo.

Otra cosa que se considera muy importante es justamente, la existencia de redes de posgrados en educación como la que se ha formado en la región Centro-Occidente del país. En un mundo en el que se desdibujan cada vez más las fronteras en todos los ámbitos y donde la participación plural es de suma importancia, los encuentros con instituciones, con entidades, con sistemas educativos que tienen problemas comunes, son riquísimos. Las redes permiten compartir experiencias, generar ideas, propuestas, proyectos comunes, intercambio académico; esta vía es, sin duda, una forma importante de consolidar los posgrados a futuro.

Por otro lado, la claridad de los objetivos de cada programa es fundamental, no es lo mismo generar programas de posgrado profesionalizantes, que programas para promover la investigación. Entonces, hay que tener muy claros los objetivos de los programas, no para ubicarlos en cierta jerarquía de importancia, sino para poder, en todo caso, reconocerlos como programas que responden o no, de manera congruente con sus objetivos, que es lo que principalmente interesa.

Por otra parte, es necesario trabajar sostenidamente en la cualificación y permanencia de los cuerpos académicos de los posgrados. Eso por sí solo no redunda automáticamente en beneficios; pero si va acompañado de trabajo colegiado, de trabajo de reflexión conjunta, entonces se convertirá en una estrategia significativa de apoyo a la consolidación de la vida académica del posgrado, porque puede haber una institución que tenga académicos muy connotados, pero si no hacen trabajo colegiado, el impacto de ese cuerpo académico disminuye sensiblemente.

Es fundamental, además, hacer un seguimiento cercano de los procesos de formación que se dan en los diversos programas, hay que mirar los posgrados desde dentro, porque estamos en una cultura que principalmente los mira desde sus productos: cuántos egresados, cuántos titulados, cuántas publicaciones, cuántas computadoras; centrándose más en los aspectos cuantitativos, que en aspectos cualitativos relacionados con lo que ocurre al interior. Un seguimiento muy cercano de cómo ocurren los procesos de formación en los posgrados será un elemento fundamental para generar acciones orientadas hacia la consolidación de los programas.

Aunque no todos los posgrados están igualmente orientados a la investigación, en razón de la diversidad de objetivos que estos tienen, la investigación como tarea que sustenta la vida académica, no puede estar ausente en ninguno de los posgrados y la formación para la investigación tampoco, aunque ésta se atienda con diferentes grados de prioridad; en otras palabras, tiene que haber una presencia de la investigación en los posgrados, y una formación para la misma, que no se reduzca al mero aprendizaje de técnicas.

Una estrategia más de especial importancia para favorecer la consolidación del sistema de posgrado de la SEJ, es la construcción de una cultura de evaluación de los programas, en donde la evaluación no se viva como algo agresivo y donde realmente se generen elementos para una toma de decisiones oportuna y participativa. Definitivamente, en el sistema de posgrado, como en cualquier otro sistema educativo, no se puede simplemente "dejar ocurrir las cosas"; de hacerlo así, se daría paso a situaciones difícilmente reversibles que tarde o temprano se verán confrontados contra los grandes objetivos educativos con los que el sistema de posgrado y la nación entera tienen compromiso.

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