
Con olor a lápiz
Sonia Ibarra Ibarra*

Entre los libros de enseñanza de las
primeras letras no podían faltar el Método Rébsamen, del propio Enrique
Rébsamen, ni Saber leer y Poco a Poco de Daniel Delgadillo, por mencionar
sólo algunos.
Los maestros locales aportaron un significativo grano de arena en este
rubro, y para muestra, la Colección de libros de lectura Acción, elaborada por
Eloísa Párraga, Manuel Martínez Valadez, Ramón García Ruiz y Concepción Becerra de
Celis, entre otros, quienes volcaron sus inclinaciones literarias en ese sentido. La
Colección ABCD de Ramón García Ruiz tuvo también su lugar, reiterando la
notable preocupación de nuestros educadores por los libros de texto.
Desde 1929, la SEP comenzó a producir textos de tendencia populista,
surgieron los libros para escuelas rurales como Vida campesina, El sembrador
y Fermín, entre otros, con ánimo de distinguir claramente entre las necesidades
del medio rural y las del medio urbano.2
Una importante sección de la muestra la ocuparon los textos elaborados
por la Comisión Editora de libros en los años treinta. Dicha Comisión Editora Popular
fue creada en 1934 con publicaciones de índole diversa como la revista El Maestro
Rural o el Manual del campesino, pero su labor más importante fue la edición
de libros de texto de lectura: la serie Simiente para escuelas primarias rurales,
la serie SEP para escuelas primarias urbanas y la serie SEP para escuelas
nocturnas, un significativo esfuerzo por tratar de proporcionar lectura al pueblo, con
la peculiaridad de haber elaborado textos para obreros.3
Estos últimos, fueron ilustrados con grabados realizados por los integrantes de la Liga
de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), y constituyen una experiencia
extraordinaria al respecto.
Los libros de historia formaron otro grupo interesante, iniciando por
la Historia Patria de Justo Sierra, la Historia de América, y la Historia
Universal de Macedonio Navas, Lecciones de historia patria, Historia
Universal, DHistorie sainte, catecismo de historia patria y Patria
nueva entre otros. Además, diversos títulos de enseñanza de la Geografía, como el
de Abel Gámiz, tristemente célebre en nuestra entidad por haber sido uno de sus libros,
objeto de una quema pública en los años treinta, época de gran intolerancia ideológica
y religiosa.
Algunos libros de matemáticas de Anízar,
otros de civismo como Principios de instrucción cívica, y unos cuantos más de
ciencias naturales, completaron este repaso de la lección de historia de la educación.
Una envoltura de chicloso "Tofico", pétalos de rosas,
boletos de camión y estampitas religiosas hicieron también su aparición en las vitrinas
de la muestra, entre las hojas de los amarillentos libros, permitiéndonos evocar a la
romántica dueña, así como los suspiros, sabores y hasta plegarias guardadas en todas
esas páginas. El perfume de nuestra maestra de primeras letras y desde luego, el olor
a lápiz, fue removido por este desfile de libros de texto donde los treintaañeros y
más pudimos encontrarnos al menos en alguno de ellos.
Varios volúmenes de la colección Infancia, hicieron acto de
presencia y de ellos veamos lo que dice Antonio Alatorre, al recordar el libro en el que
aprendió las primeras letras:
El único libro escolar
que tuvimos mis compañeros y yo, hace ya muchos años, en un pueblo llamado Autlán (estado
de Jalisco), fue el libro de lectura. La historia y la geografía y las matemáticas y
las ciencias naturales y todo lo demás, lo aprendimos sin libros: nos bastaba oír las
explicaciones de la "señorita", o sea la maestra, porque ella sí tenía
libros. Pero para la lectura era necesario que cada uno de nosotros tuviera su libro.
Ese libro se llamaba "Infancia" y estaba repartido en cinco
tomos, desde segundo año hasta sexto. Nunca he vuelto a verlos, pero me acuerdo muy bien
de ellos. Recuerdo su aspecto, recuerdo sus lecturas, recuerdo sus dibujos, y todavía me
se de memoria muchas de sus poesías, por ejemplo una de un señor llamado Goethe que
comenzaba así:
La ola sin cesar subía,
la ola sin cesar bajaba
y el pescador contemplaba,
el anzuelo que se hundía...
Mis compañeros y yo gozamos mucho con esos libros. En ellos leímos el cuento de Simbad el Marino, y unas anécdotas del señor Morelos, y la descripción de unos árboles extraños que cantaban cuando el viento los acaricia, y el caso de un mentiroso a quien nadie le creyó el día que dijo la verdad [...] Sí, leímos muchas cosas a lo largo de cinco años.
4De igual modo, todos nosotros podríamos hacer una glosa a la lectura, partiendo de ese primer libro que llegó a nuestras manos, de sus ilustraciones, de su olor a nuevo, de su textura y sobre todo, de las fantasías que despertó en nosotros. Hablarán también de algunos malos recuerdos o de etapas difíciles, de alguna que otra lágrima en sus páginas, pero en forma mínima, pues a pesar de todo... ¡leer siempre es una delicia!
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Notas