
Estudio comparativo de los programas de maestría en Educación en la Región Centro-occidente
Carlos M. García G.*
Presentación
Diversas instituciones que desarrollan maestrías en educación, han acordado
recientemente compartir experiencias derivadas de la implementación de sus programas en
la Región Centro-occidente. Los trabajos hasta ahora realizados: reuniones con agendas
comunes, página web, encuentro regional, intercambio de información y
participación en foros, entre otras, han permitido iniciar la construcción de una red de
posgrados que, en el mediano plazo arrojará sus mejores frutos. El presente documento
contiene un primer estudio comparativo de sus programas de maestría, elaborado a partir
de los documentos presentados en el "Segundo Congreso Regional de Investigación
Educativa", realizado en Guadalajara durante noviembre de 1998; particularmente del
taller en evaluación y reorientación del diseño curricular de los programas de posgrado
en educación. Finalmente, con este documento se participó en el "Foro de
Investigación en Educación", de mayo de los corrientes, en la mesa de evaluación.
El propósito del presente estudio es aportar elementos de comparación
y algunas reflexiones para el desarrollo académico de los programas representados en la
red, específicamente compartir experiencias derivadas de su desarrollo curricular.
Delimitaciones y perspectiva
El estudio está delimitado, en primera instancia, por el contenido textual de los
documentos presentados en el taller antes citado, por su estructura, detalles descriptivos
(sin embargo, se ha tenido que realizar otras consultas para complementar dicha
información) y la tradición dominante para este tipo de documentos centrada en la
elaboración de productos, conclusiones o resultados, de tal suerte que se dificulta, para
este propósito, comparar los procesos de su desarrollo curricular. Una segunda
delimitación radica en la diversidad no sólo de los programas, sino también de los
pasos seguidos para el cambio curricular, del estilo de redacción, así como de lo
explícito o implícito en su orientación teórica, el momento en que se encuentran, la
diferencia entre lo reportado y lo efectivamente realizado, y fundamentalmente la
dificultad de encontrar en los textos información de elementos comunes para generar una
base comparativa organizada.
Por lo anterior, se ha preferido reportar lo que existe en tales
documentos, sin anticipar o confrontarlos con un modelo abstracto de lo que se debería
incluir, y por lo mismo se ha sido muy cuidadoso en abordar el componente evaluativo. En
consecuencia, el estudio se plantea como un instrumento para la comprensión de las
experiencias 1 no como un modelo que
determine, marque o pretenda conducir la acción. Se ha optado por hablar de programas para
referirse a la unidad de análisis, objeto de la comparación. Lo anterior permite
deslindar otras denominaciones, como podría ser la de posgrados, ya que se incluyen otros
programas que están fuera del presente estudio (especializaciones, programas
institucionales y doctorados) o la de instituciones. En este sentido tampoco nos
referiremos a la gestión administrativa o la infraestructura material de los
establecimientos que cobijan a los programas, sino que utilizaremos sus siglas con el
sólo propósito de identificar a cada uno; así, lo que se diga de un programa no deberá
atribuirse al establecimiento o a su personal. Esta es nuestra perspectiva. Finalmente,
otra delimitación obvia, es la capacidad para realizar un estudio de esta índole por
parte de los que redactamos.
El contenido del estudio plantea una primera perspectiva en la que se
comparan algunos parámetros estructurales de los programas. Aquí se concentra en el
estado previo al cambio curricular y se incluyen algunos comentarios que permiten
describir sus semejanzas y diferencias más notables. Desde una segunda perspectiva se
trabajan las ideas que circulan explícitamente, en los programas referidos, respecto de
sus concepciones centrales. En una segunda parte se describen los cambios introducidos; en
consecuencia, los caminos se bifurcan dependiendo de las acciones desarrolladas. En la
parte final se sugieren algunas líneas para continuar los intercambios ya establecidos,
así como algunas propuestas de indagación que permitan, al corto plazo, el intercambio
de experiencias más directas en diferentes niveles: directivo, académico, proyectos,
investigación, estudiantes, tesis y publicaciones.
Prólogo
Realizar las tareas de transformación curricular e intercambiar información, aunque
nos parezca actualmente obvio, necesario y lógico, no lo es. Es decir, se han requerido
de un conjunto de condiciones que estaban ausentes hasta hace muy poco en nuestra cultura.
A continuación, se enlista el reconocimiento en algunas de ellas. Tal vez la interdependencia
(como término de moda o como fantasma que transita por los pasillos de las
instituciones), ha permitido que efectivamente se experimente la vivencia en un mundo
menor, e incluso, el acercamiento en el ámbito regional e incluso personal, se encuentre
en la raíz misma de dichas tareas. Pero no exclusivamente. A esta empresa se llega
también gracias a una relativa estabilidad de los programas, que progresivamente
se hacen más institucionales y menos patrimonialistas.2
Asimismo, la decisión de iniciar estas tareas se realiza sopesando las características
del contexto de todo programa, desde el punto de vista de la duración, profundidad
y amplitud de una coyuntura, y también de la capacidad del personal o de la
iniciativa y esfuerzo institucional depositados en un equipo para realizar dicha
transformación. Es necesario reconocer, de igual forma, la herencia de ciertas
concepciones, tal vez alentadas por un espíritu de modernidad, en lo relativo a la
aplicación de alguna racionalidad para dar cuenta y darse cuenta de lo realizado, Y por
esta vía, el reconocimiento implícito, de que los programas de formación dirigidos a
otros, también pueden pasar por la lógica de su propia formación: de formar a ser
formado, de enseñar a aprender. En este sentido, el presente documento se
plantea como un instrumento para la comprensión de las experiencias. Lo que sí se
intenta realizar es, de acuerdo con la información expuesta por la estructura de cada
programa, derivar de ésta una serie de ideas que arrojen una base de discusión sobre las
concepciones y significados corrientes que atribuimos a la formación y la
profesionalización del personal para la educación, así como las formas curriculares con
las que se solucionan metodológicamente dichas concepciones.
No por obvio dejaremos de mencionar que una cuestión es el conjunto
de intenciones y estructura curricular expuestas en los documentos y otra, muy diferente,
es la forma particular en que cada programa es operado en la realidad. Aunque no es
propósito del estudio entrar a la diferenciación tradicional entre currículum prescrito
y el reflexionado, sí consideramos que mucho del sentido del cambio curricular se
corresponde con el segundo, no con el primero. El hecho de que las operaciones de cambio
curricular queden plasmadas en algún texto, asegura que sólo algunas de las ideas
derivadas del currículum reflexionado, en la realidad se traducen en una nueva
prescriptiva documental. Pero en general ésta no permite ver con claridad el proceso de
reflexión que se llevó a cabo, sólo sus conclusiones (que siempre estarán determinadas
por la capacidad, la necesidad y la posibilidad de quienes emprendemos esta tarea en un
contexto, con un equipo, en una coyuntura y con cierta perspectiva para ver el presente).
Primera parte: elementos estructurales
Denominación, adscripción y origen
Cronológicamente los programas y las instituciones que les dan cobertura, son los
siguientes: maestría en Educación, Planeación y Administración, de la
Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA, 1983); Ciencias de la educación, del
Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM, 1989);
Investigación educativa, del Centro de Investigaciones Pedagógicas y Sociales
(CIPS, 1991); Educación con intervención en la práctica educativa, de la
Dirección de Investigación y Posgrado (SEJ, 1994); Ciencias, del Área
Investigación Educativa de la Universidad de Colima (UC, 1995); Educación especial, de
la Escuela Normal Superior de Especialidades (ENSE, 1996);3 Pedagogía, de la Escuela Normal Superior Oficial de Guanajuato
(ENSOG, 1997).
Por el simple hecho de que los programas se refieren al campo de la
educación, incorporan disciplinas diversas que no provienen originalmente del campo
educativo (historia, filosofía, psicología, matemáticas, planeación, etc.), sino que
llegan a éste para intervenir en él (historia, sociología y psicología educativas). En
consecuencia, todos los programas expresan adscripciones de este hecho. No obstante, ésta
no siempre es explícita. En consecuencia, cada programa las incorpora desde diferentes
perspectivas iniciales, enfatizando opciones disciplinarias (uni, pluri, multi, trans o
interdisciplinar) y tienden, en consecuencia, hacia finalidades más o menos comunes, de
modo diverso.
Así, nos encontramos desde la perspectiva de un programa
interdisciplinario4 en ciencias de la educación
(ISIDM), hasta un programa que toma a la práctica docente5 (SEJ) como dominante. Entre estos polos se presentan otros dos
programas desde la perspectiva de la investigación (CIPS, UC), uno desde la planeación y
administración (UNIVA), otro desde la pedagogía (ENSOG) y uno exclusivamente sobre la
dominante6 de educación especial (ENSE). Como es
posible apreciar, la sola denominación de los programas no permite, aparentemente, una
comparación directa, sólo posibilita una descripción más o menos plausible de sus
semejanzas.
Los programas transitan en un continuo teórico ideal que parte desde
la estructura pluridisciplinaria7 (y que por el
presente es sólo un ideal para el abordaje desde las ciencias de la educación), hasta la
visión unidisciplinaria de la educación en la suposición más o menos gratuita de que
este campo "contiene un conjunto específico de conocimientos diferenciados y
susceptibles de ser enseñados y que adicionalmente tiene sus propios antecedentes en
cuanto a formación, procedimientos, métodos y áreas de contenido".8
Así podríamos encontrar dos grandes acentos u orientaciones en los
programas: Disciplinaria (ISIDM, UC y ENSOG) y los de orientación por Dominantes
(UNIVA y ENSE), sin embargo, esto no quiere decir que no existan casos limítrofes
(SEJ, CIPS). Algunos problemas para la orientación disciplinaria son: la dificultad para
relacionar, integrar, reagrupar: personal, contenidos, métodos, criterios. Su
integración implica equivalencias conceptuales nítidas, metodologías estables y
experimentadas. Si esta situación resulta un problema central en los programas
organizados por disciplinas, en los organizados por dominantes es crucial. Sobre todo
porque la operación curricular debería funcionar como un mecanismo de relojería. Las
formas específicas en que se integran las disciplinas, los énfasis con los que se
combinan y la coherencia de sus criterios son fundamentales para los procesos de
formación de formadores y los sistemas de retroalimentación en los programas organizados
bajo la noción de dominantes. Especialistas internacionales han afirmado que
muchas veces "...no existe ninguna relación [...] entre la idea de una reagrupación
de disciplinas y la de una interacción entre éstas y la reagrupación de personas que lo
llevarán a la práctica".9
En ambas orientaciones de programas, cuando se plantea la organización
interdisciplinaria y la enseñanza por equipo de docentes (el team teaching de los
años sesenta), la investigación-acción (de los setenta) en sus denominaciones diversas
(participativa, intervención, crítica), "la mayoría de estudiantes [...] sólo
casualmente encuentran a la interdisciplinariedad como rasgo constitutivo de la enseñanza
en sí, y normalmente tienen que recurrir a su propia capacidad para integrar los
cursos que estudian sucesivamente".10
Esta diversidad expresada por la misma necesidad de combinar diferentes
disciplinas, es indicativa de la posición dominada que ocupa la educación frente a otros
campos profesionales y que, como veremos, determina su diseño y desarrollo curricular.11
Adscripción
Algunos de los programas están incorporados a facultades y departamentos
universitarios (UC, UNIVA), otros a organismos estatales (CIPS, ISIDM), a escuelas (ENSE,
ENSOG) o secretarías del ramo (SEJ). El más antiguo lleva 17 años operando (1983,
UNIVA) y el más reciente es de 1997 (ENSOG). Como vimos, la denominación de los
programas implica su perspectiva respecto a la organización académica, estructura y
cantidad de espacios curriculares, los cuales expresan el énfasis en alguna opción
disciplinaria (ciencia de la educación, ciencias de la educación, pedagogía) enfoque
(planeación, administración, investigación, intervención), dominante o temática
(práctica educativa, especial) y sus combinaciones.
Orientaciones y tendencias de los propósitos
Las formaciones generales se expresan con una relativa diversidad hacia especialistas,
estudiosos, docentes y cuadros (ISIDM), administradores y planificadores (UNIVA),
investigadores y cuadros (CIPS, ENSOG), especialistas y planificadores (UC), docentes
profesionales (SEJ, ENSE). En la totalidad de los programas se plantea que formarán
docentes de nivel superior y de posgrado, pero en realidad en ninguno de ellos encontramos
líneas, espacios, ejes, fases específicas para lograrlo. Y esto expresa, por omisión,
el estatus de la actividad docente y la posición dominada del campo educativo. Tal vez
por ello, en todos los programas, la tendencia es hacia el profesionalismo.
Entendemos por profesionalismo, una orientación hacia la calidad de
la práctica laboral, a la forma de actuar dentro de una actividad integrando sus
responsabilidades con sus conocimientos y habilidades en un contexto colegiado, así como
en sus relaciones contractuales y éticas en su ámbito específico (a diferencia del
calificativo profesionalizante, en el cual los programas tienden hacia los
procesos en los que la actividad docente deviene en profesión con el cambio correlativo
en su estatus).12 El que exista una repercusión
en este segundo plano, no implica que su orientación de origen sea exclusivamente
profesionalizante, aunque como veremos más adelante, el estudiantado que asiste a los
programas determina en buena medida el peso específico que se otorga al plano ético del
profesionalismo y al plano técnico de lo profesionalizante.13
Sin embargo, estas tendencias éticas y técnicas se pueden comprender
a partir de la muy reciente incorporación de la actividad docente al nivel superior (en
particular con el decreto de 1984) y al impulso dado mediante los sistemas de incentivos
diferenciales: estímulos al desempeño, carrera magisterial y homologación. A pesar de
la tradición más que centenaria en la formación docente (desde 1823 se fundó la
primera escuela en México y en nuestra región, la Escuela de la Constitución en
Zacatecas, inició dos años después). Pero dadas las características de la población
mayoritaria que asiste a los programas docentes normalistas y universitarios
la posición social de su actividad, procedencia y trayectoria le imprimen, como hemos
visto, otorga un sesgo particular. Podríamos decir una cierta homogeneidad propia del
ámbito laboral, con relativa independencia de la orientación y propósitos originales de
los diversos programas.
Una propuesta para su caracterización
Por todo lo anterior, se comprende que la mayoría de los programas se legitimen como
maestría, es decir, que desarrollen inicial y prioritariamente la actividad docente, pero
que planteen en sus documentos las aspiraciones y los inicios de investigación. En
consecuencia, sólo los programas que provienen de una facultad o departamento son donde
se implementa la docencia como segunda actividad sustantiva, después de la investigación
(UC, UNIVA); el CIPS es el único organismo que expresa en su documento un desarrollo,
primero como centro de investigación y posteriormente el programa de docencia.
La articulación entre estas dos actividades que, junto con la
extensión, la difusión y recientemente la vinculación, se han dado en llamar
sustantivas, nos ayuda a caracterizar los programas.14
En este sentido, suponemos que cada programa se encuentra en un proceso real de
desarrollo, en el cual tendencialmente se podría encontrar ubicado en una, dos o entre
algunas de ellas. Sin embargo, la definición de cada una, creemos que ayuda a descubrir
una tendencia a cada programa e identificarse con una orientación.
Pero, ¿son efectivamente diversos los programas? La simple
denominación permitiría hablar de una gran pluralidad y riqueza, si fueran alternativas
sólidamente diferenciadas. Es decir, que el abanico de posibilidades formativas
específicas fuera realmente electivo para el estudiantado demandante. Todos sabemos que
no es así. Incluso, si pensamos en el hecho de que el número de docentes en ejercicio
que no cambian su adscripción por efecto del programa, es mayoritario y que sólo una
pequeña fracción de ellos tienen, efectivamente, la posibilidad de que al egreso el
ámbito de su ejercicio pueda ser múltiple, es decir, trabajar en el sistema educativo en
sus diferentes niveles, subsistemas y modalidades de manera indistinta (con la única
excepción probable de ENSE). También sabemos que la obtención del certificado de
estudios es variable importante, pero no es determinante para dicha movilidad.
Como hemos visto, y se mostrará en las siguientes secciones, las
diferencias por cuanto a propósitos, metas o intenciones son menores cuando se comparan
con las divergencias relativas a sus modalidades de operación.
Organización temporal
Escolarizados (ISIDM); escolarizados tutoriales (CIPS); escolarizado, semiescolarizado
(intensivo) (ENSE, UC); escolarizados de fin de semana (UNIVA, SEJ, ENSOG, ISIDM). Aquí
es necesario destacar que ninguno de los programas es de tiempo completo.
Régimen de distribución temporal
Cuatrimestrales (UNIVA, SEJa, CIPS, ISIDM, ENSOG); semestrales (SEJb,
UC, ENSE). Otras peculiaridades tales como la ubicación y cobertura geográfica (ciudad,
zona metropolitana, región, estatal) o sus ventajas relativas (inicio anual,
cuatrimestral o semestral del programa, cursos por régimen, por carga horaria, número de
horas, créditos teóricos y prácticos, criterios de permanencia y terminación de
estudios, etc.). Así como sus costos, que por cierto no aparece información alguna en
los documentos; podrían ser, con alguna combinación de los anteriores, el criterio
central de adscripción de un candidato a un programa.
Otras diferencias importantes las encontramos en la presencia y
duración o ausencia de curso propedéutico y en la propuesta de ciertas habilidades
(traducción y/o comprensión del inglés, computación, presentación de avances y
trabajos, etc.), se conciban dentro del programa o bien, que estas destrezas sean de
carácter cocurricular, que, sin carga en créditos operan como pre o requisito. En la
siguiente sección se indicará esta última diferencia con un asterisco (*), para los dos
programas (SEJ y CIPS) que incluyen estas habilitaciones dentro de su mapa curricular,
aunque para efectos de un ejercicio comparativo, no se contabilizan, sobre todo por el
hecho de que no transforman radicalmente la concepción curricular por disciplinas o por
dominantes. Pero que sí dan cuenta del carácter supletorio que tienen algunos programas
en relación con la formación antecedente de sus estudiantes.
Estructura del programa
Los espacios curriculares (que se corresponden relativamente con asignaturas)
varían desde 21 (UNIVA, ISIDM), 18 (ENSOG), 17 (CIPS*), 16 (ENSE), 15 (SEJ*), hasta 14
(UC); organizados entre 2 años (CIPS*, UNIVA, ISIDM) y 2 y medio ó 3 (SEJ*, UC). Esto no
indica que necesariamente se completen los estudios en este período; existe una
flexibilidad emanada de la experiencia de cada programa para establecer sus límites en
cuanto a los criterios de permanencia y terminación de estudios para los estudiantes.
La terminología empleada varía notablemente. Desde una
perspectiva convencional o tradicional: programas organizados por cursos (UNIVA), por
líneas (SEJ*, UC, ENSE) o por ejes (ISIDM, ENSOG). Otros, los menos, por una perspectiva
más contemporánea: por líneas curriculares y ejes (ENSOG, ISIDM reformados), por
líneas de formación y cursos (CIPS*), por líneas curriculares y de desarrollo (SEJ*
reformado). También, evidentemente, encontramos variabilidad en el empleo de la
terminología; así como al significado dentro del diseño: los cursos remiten al
acento curricular en planificación y administración (UNIVA) o a su conjunción en un
proceso (CIPS*); los ejes remiten a campos disciplinarios (ENSE) o a fases en la
formación (ISIDM), las líneas, a momentos sucesivos del proceso investigativo:
teórico-objeto de estudio, fundamentación, herramientas-instrumentación, teórico
práctico-producción (CIPS*, UC) o momentos simultáneos en la intervención: práctica
educativa, teórica, instrumentación (SEJ*) pero también a la organización de campos
disciplinarios afines: histórico sociales, psicopedagogía, gestión escolar (CIPS*,
ISIDM, ENSOG). Algunas conclusiones tentativas se presentan a continuación: La
convergencia de terminología, aparentemente, es más fuerte en los programas que se
estructuran en torno al proceso de investigación-intervención (CIPS*, SEJ*, UC). La
tendencia en el cambio curricular general plantea conceptualmente los programas de acuerdo
a dos dimensiones básicas (ejes-líneas, líneas-fases), inicialmente se planteaba sólo
una (eje, línea o curso). Aquí, es necesario describir la racionalidad que expresan las
diversas estructuras. En la UNIVA la diferenciación está puesta en la caracterización
de los cursos: departamentales, institucionales, cátedras organizados en torno a los
tipos de formación (planeación y administración) que le son peculiares. Para el caso
ISIDM, los ejes (básico, investigación y específico) se corresponden, a momentos o
fases. Mientras que el primero es común, los dos últimos, en el segundo año, se
vinculan a campos de aplicación, intervención y/o investigación en: psicología social,
pedagogía, planeación y sociología. Las disciplinas se organizan análogamente en
líneas. El CIPS, resuelve metodológicamente la perspectiva socio pedagógica con las
líneas planteadas para la producción de conocimiento: construcción del objeto,
fundamentación y utillage. En el de la SEJ, se resuelve por la articulación de
sus líneas, en cuanto diseño, a lo largo del proceso: la intervención, la
instrumentación metodológica y la fundamentación teórica, los que se corresponden,
aparentemente (ya que los cursos tienen el mismo nombre a lo largo del currículum), a una
combinación de líneas referidas al objeto de la práctica educativa. Las líneas de la
ENSE no plantean un acercamiento a las especificidades derivadas del campo de educación
especial, sino a una solución metodológica: conjuntan en cada semestre la
fundamentación conceptual, con la investigación orientada hacia la intervención en la
práctica docente, aquí llamada práctica educativa, muy parecida a la propuesta SEJ. La
ENSOG resuelve su abordaje al hecho educativo, con una propuesta muy básica de contenidos
pedagógicos, otro eje de cursos optativos relativamente armados (i. e. Cosmovisión y rol
social de la docencia, junto a normatividad), y un tercer eje que integra a los
anteriores. Esta propuesta es muy parecida a las anteriores. Lo anterior debería permitir
caracterizar una mayor diferenciación en los programas: Por la perspectiva desde la que
la totalidad de los programas optan para intervenir en el hecho educativo: disciplinas,
dominantes, problemas técnicos, solución de problemas, investigación, orientación al
mercado de trabajo. Por la definición, mayoritariamente implícita, y el lugar en el que
sitúan a la práctica educativa, que va desde análisis culturales complejos hasta
soluciones técnico didácticas en aula o como campos de acción específicos. Por la
orientación teórica y metodológica prevaleciente en los programas: desde
pluridisciplinaria hasta etnográfica y desde enfoques interpretativos (que combinan
procedimiento cuantitativos y cualitativos), hasta exclusivamente cualitativos. Por la dirección
y escala que le imprimen a las orientaciones formativas de los egresados: atención a
demandas del sistema educativo o a problemáticas especiales de un grupo reducido de
individuos. Sin embargo, como hemos visto, esta diferenciación se atenúa al revisar dos
planos: El primero, como vimos por cuanto a la posición que ocupa el campo educativo, la
específica de la actividad docente y la forma en que la adscripción laboral de los
estudiantes, determina sus temas de tesis. Es decir, las necesidades que perciben y los
problemas que intentan resolver, tienden hacia una homogeneización independientemente
de las orientaciones, finalidades, perfiles y estructura curricular disímiles entre las
soluciones curriculares de los programas. Una revisión de los resúmenes temáticos
presentados en los foros regionales de investigación, por docentes, estudiantes e
investigadores, no permite diferenciar el programa de procedencia. El segundo derivado de
las regularidades, podríamos decir, trinitarias en los programas por cuanto a la
solución curricular de sus metas y propósitos formativos. La gran mayoría plantean tres
elementos a vincular: teoría, campo de aplicación práctica y método. Presento,
enseguida, una tentativa de aproximación a esta segmentación, desde los programas.
Encontramos en la estructura de los programas dos tendencias:
centradas en la aplicación de contenidos de diferentes campos disciplinarios al
terreno del hecho educativo (UNIVA, ISIDM, CIPS*, ENSOG) o centrados en procesos de
indagación sistemática respecto a una dominante (SEJ*, UC, ENSE). De estas tendencias,
se desprenden otras diferencias. Si el interés descansa en una formación disciplinaria,
a ella se le dotarán más espacios. Si la apuesta es por los procesos de indagación
sistemática, se operará en consecuencia. Derivado de lo anterior, se encontrarán
expresadas estas tendencias en el número de espacios curriculares asignados a cada campo
disciplinario:
Psicopedagógico: 9 (ISIDM), 5 (UNIVA), 2 (UC).
Histórico social: 8 (ISIDM), 3 (CIPS*), 2 (UC).
Gestión: 8 (UNIVA), 6 (ISIDM), 1 (UC).
Desde la segunda tendencia, que podríamos denominar
teórico-metodológica, encontramos lo siguiente:
Epistemología: 1 (CIPS*, ISIDM, UNIVA).
Modelos y metodologías: 2 (UNIVA), 3 (CIPS*, UC, ISIDM), 5
(SEJ*).
Instrumentos y herramientas: 2 (UNIVA), 3 (ISIDM), 5 (SEJ*), 7
(UC), 8 (CIPS*).
Talleres y seminarios de investigación: 3 (CIPS*), 4 (UC,
UNIVA), 5 (ISIDM, SEJ*).
Para ponderar estas cifras, sin embargo, será necesario recordar el
total de espacios curriculares; así una cifra se relativiza, se aumenta o disminuye.
Lamentablemente, construir un parámetro de comparación directo a partir de estos
indicadores es tentativo e inicial, debido a las diferencias encontradas en la propuesta
de caracterización antes anotada, en la ausencia descriptiva de los criterios empleados
para asignar una carga horaria específica a sus créditos teóricos o prácticos.
Adicionalmente, la descripción de las intencionalidades de cada
espacio curricular no es una práctica común en el tipo de documentos que se presentaron.
El hacer un cuadro comparativo más preciso, en consecuencia, hubiera implicado un
conocimiento amplio de cada uno de los documentos base, actividad que escapa al propósito
del trabajo. En los casos en los que se indicaba dicha orientación, ésta fue utilizada
para construir el mencionado anexo. La anterior aproximación establece dos tendencias en
la solución formativa más adelante abordaremos en detalle las concepciones
corrientes sobre el término formativo.
Generaciones y eficiencia15
Educación, UNIVA, 1983: 17 generaciones, 179 egresados, 32
titulados, 18%.
Ciencias de la educación, ISIDM, 1989: 7 generaciones, 641
egresados, 71 titulados, 11%.
Investigación educativa, CIPS, 1991: 6 generaciones, 104
egresados, 42 titulados, 40% (este programa opera con tesis colectivas, 16 tesis).
Educación con intervención en la práctica educativa, SEJ,
1994: 4 generaciones, 633 egresados, 5 titulados, 0.7%.
Ciencias, UC, 1995:1 generación, 15 egresados, 1 titulado, 6%.
Educación especial, ENSE, 1996: s/d.
Pedagogía, ENSOG, 1997: s/d.
Segunda parte: el cambio curricular
Se observa, en lo general, una tendencia que muestra una relación entre antigüedad
del programa y tipo de cambio. En ella la acción de revisión curricular se corresponde
con la evolución del programa en el tiempo; así, es más evidente que las acciones se
orienten a las cuestiones de ajuste en las operaciones cotidianas de los programas más
jóvenes (SEJ, ENSE) y que de manera sucesiva, para los programas con mayor tiempo se
aboquen a otras acciones (UNIVA, ISIDM). El caso de la ENSOG es peculiar ya que modifican
su mapa curricular antes de egresar la primera generación. El de la UC también lo es por
el proceso de reforma en un momento en el que se habla de liquidar el programa, y el del
CIPS por no plantear alguna intencionalidad de transformación curricular expresa.
Asimismo la concepción de evaluación curricular también varía entre programas.
Algunos, eventualmente se basan en encuestas de opinión levantadas a los estudiantes. En
este sentido, podremos catalogar a los diversos programas por la intencionalidad de su
cambio curricular.
Operativo en la lógica de los procesos técnico
administrativos (SEJ, ENSE, UC). Académica en la lógica de reestructuración de
intencionalidades en los procesos curriculares (ISIDM, ENSOG, UNIVA).
El programa más antiguo (UNIVA) se modifica al entrar en la lógica
departamental de la institución que lo cobija, pero esta modificación técnico
administrativa se acompaña de una reestructuración curricular, incorporada a la lógica
de evaluación de sus organismos de referencia, la Federación de Instituciones Mexicanas
Particulares de Educación Superior (FIMPES). De la misma forma al cambiar la
denominación de cursos, se replantea la vinculación y peso entre campos disciplinarios.
Algunas de sus tesis de maestría han tomado al propio programa como objeto de planeación
y sus conclusiones se han incorporado.
El ISIDM realiza su trabajo de reforma curricular a partir del trabajo
colegiado de los docentes e investigadores que diseñan e imparten las diversas
antologías, moderándose el proceso de actualización curricular permanente a partir de
los procesos experimentados que dan buenos resultados, evitando prácticas o consignas que
dificultan el proceso de integración. Adicionalmente esta reforma permite
reconceptualizar el programa sin necesidad de transformar su diseño. Se piensa la línea
de formación específica como un espacio curricular que integre en la práctica lo
teórico con lo metodológico siguiendo alguna lógica o racionalidad (dificultad,
construcción de objeto, intervención tipo, etc.). En los procesos de la reforma esta
conceptualización será central ya que se orienta al campo específico y demanda
prioritaria tanto del estudiantado como de los objetivos y metas del programa. Así mismo,
es una solución práctica al dilema trinitario que segmenta lo teórico de lo
metodológico y a éstos, del campo de aplicación práctico. Finalmente se establecen
acuerdos de perfiles intermedios a partir de lo que las experiencias permiten establecer
para el final del primer y segundo años.
El programa SEJ realiza una adecuación fundamental en su operación
para sincronizarlo con los tiempos de espacio laboral en el que se desempeñan sus
estudiantes. Retoma acuerdos planteados, en este sentido, en los documentos originales lo
que le permitirá una mejor conceptualización de lo alcanzado al momento. La evaluación
realizada anota modificaciones en tres rubros: alumnado, asesores y administración. La
propuesta de trabajo in situ (en sitio),16
ha sido implementada como una modalidad regional masiva, con las complicaciones que eso
presenta. Tal vez lo más interesante del desarrollo curricular realizado sea la propuesta
de competencias, siempre y cuando estas no se limiten a habilitaciones técnicas
que se desentienda de los aspectos formativos de todo posgrado. Una cuestión adicional a
considerar en este programa, reside en la modificación académica del plan de
licenciatura de 1994, el cual contempla ya una serie de contenidos y habilitaciones
comunes con este posgrado. Por lo inicialmente anotado en este apartado, no se realizan
comentarios para los programas restantes.
Sobre las ideas de formación
Retomaremos algunos argumentos ya planteados en el estudio. Si se analizan las
temáticas de trabajo de los alumnos de los diferentes programas, nos encontramos más
similitudes que diferencias. Esto debido principalmente a que, independientemente de las
intenciones éticas de profesionalismo y propuestas técnicas hacia la
profesionalización, los problemas de los sistemas educativos son estructurales, lo cual
quiere decir que a pesar de que son específicos de cada institución, estado o región,
mantienen un alto grado de dependencia respecto de condiciones culturales, económicas y
políticas del dominio histórico social.
La investigación
Este tema, aparentemente secundario en el estudio comparativo que estamos por
concluir, reviste singular importancia por lo que "nos dice" de cada programa.
La similitud del diagnóstico que expresan los temas de investigación de los estudiantes,
así como algunos intentos serios por organizar líneas de investigación en los
programas, remiten, sin embargo, a dos planos no necesariamente coherentes. En el primero
están presentes las demandas diagnosticadas por los estudiantes en sus espacios laborales
(muchas de las cuales se estructuran a partir de una concepción técnica de su trabajo, y
se expresan por una orientación o preocupación ética). En el segundo, como deben
atenerse a corrientes y modalidades, grupos y temáticas, organismos y financiamiento, es
decir, al mercado de la investigación, las necesidades de titulación, obtención de
grados académicos del personal adscrito a estas tareas de investigación, las líneas de
investigación se estructuran por otra lógica, no solo diversa, sino a menudo, opuesta a
la primera. El proceso de gestación, desarrollo o maduración de las líneas de
investigación, aunque sería objeto de otro estudio, permite para el presente trabajo
mostrar que actualmente los programas no son tan diversos y heterogéneos, que en ellos se
expresan con mucha fuerza las experiencias, trayectorias y aspiraciones técnicas y
éticas (concientemente o no) de trabajadores que laboramos en un campo profesional en
construcción y que en última instancia esta fuerza homogeneiza la diversidad de
intenciones. Las líneas de investigación que racionalmente se podrán ir construyendo,
no dependerán de las percepciones e intereses particulares de los investigadores, ni de
denominaciones convencionales utilizadas para conjuntar, bajo un mismo nombre, la
diversidad de trabajos que se presentan en congresos nacionales, sino de los procesos
históricos de diferenciación y maduración de la investigación efectivamente realizada
y que necesariamente será convergente con la especificidad de la agenda que los sistemas
educativos estatales sean capaces de establecer.
Concepciones formativas
Al analizar los objetivos, perfiles, metas y propósitos de los programas encontramos
las siguientes regularidades:
Al marcar el vínculo entre sujeto destinatario y objeto de la
realidad a intervenir, generalmente se marcan parámetros de eficacia técnica (mejorar
docencia, solucionar problemas, producir, etc.), o de eficiencia ética (incrementar la
calidad, profesionalismo, compromiso, proponer, estándares de investigación, etc.).
Al definir los atributos de los sujetos destinatarios, el
listado es impresionante: desde analizar, sintetizar, diagnosticar, teorizar, reflexionar,
categorizar, la inefable problematización, hasta la construcción de conocimiento.
Al definir las propiedades de los objetos a intervenir, se
incluyen: desde las generalidades del sistema educativo en sus diferentes niveles y
modalidades, hasta la solución técnica de problemas prácticos en la transmisión de
contenidos escolares. En todos ellos se les orienta hacia las necesidades del servicio y
salvo muy contadas ocasiones se les orienta en la intervención hacia la definición de
dichas necesidades. Frente a esta disgregación, las concepciones normativas corrientes
presuponen asimismo una serie de cualidades con diverso grado de gratuidad en el
estudiante de maestría: lectura reflexiva, selectiva y estructurada, capacidad de
relacionar e integrar discursos teóricos diversos, pasar sin dificultad de prescrito por
lo teórico al terreno de la práctica, capacidad de problematizar por instigación,
resistir el efecto de veleidades teóricas, metodológicas e incluso personales de sus
docentes, aplicar integrada y organizadamente la mayor cantidad de información a la
redacción de trabajos, producto de ponderación de lo teórico sobre lo práctico y
diferenciando en la redacción los efectos que la teoría ha tenido en la forma de
percibir no solo la realidad sino sus efectos sobre la conciencia, etc. En este plano, se
entrecruzan otras perspectivas provenientes de la escolástica heredada por la
apologética universitaria, para la cual la temática y destino de los resultados de
investigación pueden estar despegados de las bruscas necesidades técnicas o éticas del
mismo sistema educativo que, paradójicamente, da cobertura a unidades e investigadores y
que en consecuencia no se corresponden con la vertiente de intereses prácticos de la
docencia. Lo anterior no excluye los planteamientos "críticos" de
investigación o de visiones "transformadores" en las líneas, que como una
nueva doxa, se imponen sobre el hacer docente y que, al margen del análisis de
situaciones materiales y concretas de posibilidad, se presentan como las mejores o
"nuevas" formas del hacer.
Notas
1. Barbier,
Jean-Marie: La evaluación en los procesos de formación. Paidós. Barcelona, 1993.
p. l6.
2. En
algunos de los programas existentes en la región, aún se respira esta condición
premoderna de la paternidad o maternidad, según sea el caso de la propiedad
personal del programa.
3.
Las dos maestrías más recientes (ENSE y ENSOG), aun cuando no se integraron a la red
regional antes del taller, se incluyen sus programas en atención de haber entregado el
documento correspondiente, la primera con fecha posterior al taller; la segunda, a finales
de abril.
4. Se
entiende como la yuxtaposición de disciplinas más o menos relacionadas en un dominio
específico: Sociología de la educación, Psicología educativa y Pedagogía, por
ejemplo. Cf. Apostel, Leo [et al]: Interdisciplinariedad. ANUIES.
México, 1975. p. 6.
5. El
caso más común de yuxtaposición, es la agrupación simple de disciplinas alrededor de
un dominio de aplicación de estudios, más que sobre la base de la unidad de un objeto de
estudio. Cf. Apostel, op cit. p. 29.
6. La
dominante, en el diseño curricular, está constituida por la organización de contenidos
y espacios curriculares en torno al campo de actividades o laborales de los participantes,
o por un problema social o técnico que se quiere resolver, su tendencia inicial es
empirista.
7. En
la pluridisciplina los conceptos, metodologías, procedimientos, epistemología,
terminología, generación de datos y homogeneidad en las consignas de enseñanza
provenientes de diversas disciplinas, constituyen un diseño previo, no una aventura
azarosa.
8.
Apostel, Leo. Op cit. p. 7.
9.
Ibid. p. 27.
10.
Ibid. p. 30.
11.
Dominación que marca diferencialmente su función en el plano material y simbólico (i.
e. Salarios netos y prestaciones reales; entre ser universitario o normalista, o ambos,
por ejemplo).
12.
Sockett, Hugh: "Research, practice and professional aspiration within teaching",
en: Journal of curriculum studies. Vol. 21, No. 2, march-april, 1989. p. 98 y ss.
También: "...el caso de las escuelas normales, que después de más de diez años,
todavía no se sienten integradas a la educación superior", en: Exámenes de las
políticas nacionales de educación. México educación superior. Informe OECD. París,
1997. p. 189.
13.
Otros autores han planteado criterios con los que se identifica a una profesión:
generación autónoma de conocimientos, control de ingreso en la profesión, código de
conducta profesional, libertad de ejercicio de la profesión, organización profesional
independiente, condiciones de trabajo negociadas personalmente y reconocimiento social,
entre otros. "A la luz de los criterios señalados [...] el análisis de la actividad
docente muestra claramente por qué con mucha frecuencia se define la enseñanza como una
semiprofesión", Ghilardi, Franco: Crisis y perspectivas de la profesión docente.
Ed. Gedisa. Barcelona, 1993. p. 25 y ss. En este texto se recopilan trabajos clásicos
de Lortie (1975), Hoyle (1983), Musgrave (1985), Gage (1978), Darling-Hammond, Wise y
Pease (1983).
14.
Durand Ponte, Víctor M. (Coord.): La evaluación en la UNAM. Organización
institucional y planes de estudio. Ed. Porrúa/Coordinación de Humanidades
UNAM. México, 1997. pp. 21-22. Serían programas integrados, aquellos que se
inscriben en un contexto que desarrolla efectiva y realmente las tres funciones básicas:
docencia, investigación y extensión en el nivel del programa. Serían programas integrados
y articulados, aquellos que cumplen con lo anterior, pero que adicionalmente
cuentan con la colaboración de investigadores internos o de otros establecimientos que
imparten docencia en el nivel del programa. Serían programas sin investigación, aquellos
que sólo desarrollan docencia y eventualmente extensión; son tendencialmente
profesionalizantes, su dinámica y operación se vinculan estructuralmente a las
condiciones laborales del mercado de trabajo. Serían programas con investigación,
aquellos que extienden sus actividades investigativas a la formación de maestros.
15.
En la gran mayoría de los casos, las fuentes estadísticas varían en los datos que
proporcionan, por lo anterior estas cifras no pueden ser tomadas con la debida precisión
para efecto comparativo alguno.
16.
Modalidad derivada de la reforma educativa en Inglaterra de los años setenta y de la
contrarreforma de los docentes finalmente implementada. Consistía en una forma de hacer
investigación (investigación-acción) no en un centro de docencia, sino en el lugar
mismo en donde está el problema. Su peculiaridad era que los asesores se dirigían a la
escuela y ahí formaban a los docentes para la indagación.