
La función de los posgrados en educación en México
Luz Eugenia Aguilar González*
Realizar estudios de posgrado en México, a partir de la década de los
80, se convirtió en una necesidad para los profesionistas; además, con la
globalización, se ha incrementado la apertura, fortalecimiento de maestrías y
doctorados, y la formación de investigadores y académicos posgraduados. Por ello, bajo
este contexto es importante preguntarnos ¿Cuál es la función de los posgrados en
nuestro país?
La primera referencia sobre los estudios de posgrado en este siglo,
data de 1910, cuando surgió la Escuela Nacional de Altos Estudios (ENAE), cuyo objetivo
era "...llevar a cabo, metódicamente, investigaciones científicas que sirvan para
enriquecer los conocimientos humanos y formar profesores de las escuelas secundarias y
profesionales" (Ducoing, citado por Arredondo, en Latapí, 1998: 256).
En los años 40 comenzaron a gestarse estudios de
poslicenciatura, los cuales han evolucionado hasta conformar los posgrados como se conocen
actualmente. En consecuencia, los objetivos y finalidades de los posgrados se han
formulado de acuerdo con el contexto. En este momento, los objetivos oscilan entre la
formación de investigadores (especialmente en las maestrías y doctorados inscritos en el
Padrón de Excelencia de CONACYT) y los posgrados profesionalizantes (aquellos que buscan
la actualización de los profesionistas en cierto campo de estudio).
De estos objetivos se infiere la función de los posgrados en las
últimas dos décadas: por una parte, formar investigadores y profesionistas que impulsen
el desarrollo del País y, por otra, fortalecer a las Instituciones de Educación Superior
(IES), con académicos posgraduados, como un parámetro de calidad educativa.
La función del posgrado en México, por lo tanto, se ha regido a
través del principio de causalidad: a profesionistas más capacitados o mayor número de
investigadores, mayor calidad educativa y mayor desarrollo nacional.
Desde un análisis neopositivista, las personas que cursan un posgrado
lo hacen por estatus o por el valor que el mercado de trabajo le da al grado (Cf:
Muñoz Izquierdo, 1998: 188) pensando en una movilidad social que, la mayoría de las
veces, no es económica sino simbólica.
El tener un grado de maestro o doctor no garantiza una mejor educación
nacional, pero sí cubre los parámetros para los docentes de las universidades al
menos de USA. Por lo tanto, las IES buscan implantar indicadores de calidad que
podrían no ser indispensables todavía para lograr la calidad educativa del país.
Citando la tesis de Philipps, la organización de la educación es
determinada por fuerzas externas a ella misma, por lo cual "it is not reasonable to
transfer policies from one education system to another" (McGinn y Cummings, 1998:
33-34). Bajo el esquema de la globalización, es razonable buscar la estandarización del
sistema educativo mexicano y fortalecer esquemas impulsados a partir de la década de los
40, por ejemplo, la creación del IPN. Desde esta perspectiva, la educación es un
factor de desarrollo, pero aunque los egresados del IPN y de otras escuelas técnicas
fortalecieron algunas áreas productivas del país, por ejemplo, la industria del
petróleo, ello no ha contribuido a la independencia económica o al desarrollo del país
"the contribution of schooling to development was assumed rather than proved"
afirman McGinn y Cummings (Ibid: 29). En el mismo texto de los autores se
ejemplifican cómo naciones con alta escolaridad han tenido tropiezos económicos.
En nuestro país, el binomio educación-desarrollo no incluye en sus
principios la conveniencia de un mayor apoyo y presupuesto para las investigaciones, o
bien no coloca a los egresados de posgrados en puestos claves para la toma de decisiones o
para que realicen la planeación que dirija el curso de la Nación.
Los posgrados en México, entonces, responden a la filosofía
neoliberal bajo la cual la educación es un factor importante para el desarrollo
económico del país. Los posgrados preparan a éste para que pueda articularse más
fácilmente con determinado bloque económico, aunque en el intento se olvide de su
contexto y fuerzas internas del país.
Basta revisar las ponencias presentadas durante el XIII Congreso
Nacional de Posgrado para comprobar esta tendencia: se trata de fortalecer el posgrado
para que el país pueda ser competitivo ante la globalización e impulsar el desarrollo
sustentable (Cf: "La consolidación del posgrado ante la
globalización", Tema II, 1998). Muy pocas ponencias reconocen al posgrado con
diferentes alternativas en sus finalidades, tales como el desarrollo regional o social, de
elevar el nivel de vida de los mexicanos.
En el aspecto curricular se enfatiza la flexibilización del posgrado y
el trabajar con base en competencias profesionales, todo ello para hacer frente a los
retos del presente milenio.
Esto no es discutible, lo cuestionable sería el enfoque único de los
posgrados, por lo que se continúa con esta visión global y neopositivista: el desarrollo
nacional traerá como consecuencia el bienestar social.
Los egresados de posgrados, con el perfil de investigadores o profesionalizados,
según el objetivo de su programa, deben incorporarse a los diferentes sectores para
ayudar al desarrollo económico y social del país en un contexto globalizante, pero
¿realmente han colaborado con y al desarrollo nacional?
Otro factor que cuestiona la finalidad de los posgrados mexicanos es el
lugar en el que se ubican los egresados una vez que terminan sus estudios- el sector
público, principalmente, ya que el privado "no ha tenido un papel activo como
demandante y promotor de la formación de profesionales de alto nivel" (Arredondo
Galván Idem.: 364).
Un estudio de egresados en Ciencias Sociales, realizado en la zona
Centro-sur de México, apunta que el 80.48% se emplea en el sector público y 14.63% en el
privado muestra de 69 egresados (Cf: Medardo Tapia [et al]. La
consolidación del posgrado... Idem: 25). Pero si la tendencia actual es el
adelgazamiento del sector público, las IES deben replantear sus contenidos para que los
egresados de los posgrados cubran las necesidades del sector privado y puedan colocarse en
éste, antes de que aquéllos superen en número las vacantes y necesidades del sector
público.
Esto me lleva a reflexionar en torno al desequilibrio en el
crecimiento, consolidación y surgimiento de los posgrados, con relación a la finalidad
de los mismos.
Según datos de la ANUIES, en 1997 había un total de 87 mil 696
estudiantes de posgrado (especialidad, maestría, doctorado), sólo en educación había
un total de 12 mil 590, número que rebasaba el total de estudiantes en ciencias de la
salud (14 mil 879), y con 10 estudiantes más del total de los posgrados en ingenierías
(12 mil 580). Las áreas agropecuarias y ciencias naturales y exactas tenían un total de
mil 870 y 4 mil 817 alumnos respectivamente.
Los posgrados en educación sólo son superados en número de
estudiantes por los programas en administración, los cuales cuentan con un total de 18
mil 89 alumnos.
¿A qué se debe este desequilibrio? Si bien los posgrados en
educación proliferaron para la preparación de los docentes y para el desarrollo,
investigación e innovación educativa, (Cf: Weiss, en Latapí, Op cit), se
vuelve a la premisa de causalidad: más educación, mayor desarrollo, pero también se
deben considerar otros factores como la cantidad de docentes en el país; el estatus y
credencialismo, prácticas simbólicas de suma importancia entre los académicos. Sin
embargo, el fortalecimiento de otras áreas de la ciencia también es fundamental para el
desarrollo del país.
Por ello explicito la siguiente paradoja: según afirmación de Aguilar
Camín, Guevara Niebla, Latapí, Cordera (Guevara Niebla, 1995: 84), la autonomía
científica y tecnológica se logrará al realizar investigación en disciplinas básicas
(biología, física, matemáticas, etc.), sin embargo, éstas son las áreas con menor
número de alumnos ¿realmente se está apostando al desarrollo nacional a través de la
educación, o se está alimentando la demanda de los profesionistas para obtener
posgrados, provocando un crecimiento caótico, o bien el crecimiento de éstos responde al
empuje de fuerzas internacionales?
El problema es complejo, porque la evolución de los posgrados parece
responder a necesidades reales de la Nación, pero, si se apuesta al desarrollo a través
de la educación, tal vez queden desprotegidas otras áreas primordiales para la
independencia económica nacional. Por otra parte, esta es una postura neopositivista que
concuerda con las políticas internacionales y olvida otras funciones de la educación,
tales como: la formación o fomento de valores, el desarrollo de la cultura y las artes,
etc.
Conclusiones
El crecimiento y fortalecimiento de los posgrados obedece a una visión
neopositivista, en la cual el desarrollo del país está, supuestamente, en las manos de
los investigadores formados en los diferentes posgrados.
Cuestiono que el crecimiento de los posgrados armonice con las
necesidades internas del País, basta con analizar el número de estudiantes por áreas de
conocimiento y el lugar y sector en el que se desempeñan, una vez que han terminado sus
estudios, y ello si son contratados en un nuevo empleo, porque en otras ocasiones
continúan en su antiguo trabajo, pero con otro puesto o una mayor retribución
económica.
Por otra parte, es indispensable la planificación y reorientación de
los posgrados para evitar futuros desempleados, además de fortalecer áreas que ayuden al
desarrollo integral.
Es urgente replantear la función de los posgrados en México, para
implementar un proceso de desarrollo integral (social, económico, político, etc.),
diferente al que se está ejecutando.
En contraste, es indispensable romper con la inercia neopositivista que
predomina en la educación nacional en general, y en los posgrados en particular, ya que
mayor educación y de más calidad, además de la formación científica, no van a generar
mayor desarrollo. Mientras no exista una base o un proyecto claro de Nación, en el que la
economía no sea la única rectora de las políticas del Estado, los beneficios llegarán
a una parte y no a todo el pueblo.
Bajo esta problemática tan compleja, los posgrados mexicanos no pueden
abstraerse del entorno internacional, menos aún lo puede hacer el País. La propuesta se
centra en definir el concepto de desarrollo, el cual no debe ser monosémico: desarrollo
económico, sino debe plantearse como un desarrollo nacional en todos los sentidos.
La premisa educación-desarrollo debe matizarse. No se puede negar que
la educación ha sido importante para la consolidación de los estados modernos, la
socialización, la hegemonía nacional, etc., pero no por ello es indispensable conservar
esta perspectiva.
Por ello, la reflexión debe girar en torno a qué tipo de desarrollo
queremos y si realmente los posgrados son la panacea para lograrlo.
Referencias
ARREDONDO
Galván, Víctor Martiniano. "La educación superior: el posgrado", en Pablo
Latapí Sarre (Coord.). Un siglo de educación en México (Tomo 2). FCE. México,
1998. [Biblioteca Mexicana].
CUMMINGS, William y N. F. McGinn (Coords.). International handbook of education
and development. Preparing schools, students and nations for the twenty first century. Pergamon
Press. USA, 1997.
GUEVARA Niebla, Gilberto (Comp.). La catástrofe silenciosa. FCE. México,
1995.
KENT, Rollin y Rosalba Ramírez. "La educación superior en el umbral del
siglo XXI", en Latapí, Op. cit. Tomo 1.
MINAKATA Arceo, Alberto. "La enseñanza de la
investigación educativa en algunos posgrados de educación", en: revista la tarea, núm. 10. Guadalajara, Jal., octubre de 1998.
MUÑOZ Izquierdo, Carlos. "Efectos de la escolaridad en la fuerza de
trabajo", en: Pablo Latapí (Coord.). Un siglo de educación en México (Tomo
1). FCE. México, 1998. [Biblioteca Mexicana].
WEISS, Eduardo. "El desarrollo de la investigación educativa,
1963-1996", en: Latapí, Op. cit. Tomo 1.
XIII Congreso Nacional de Posgrado (14-16 de octubre de 1998, Mazatlán, Sin.). "La
consolidación del posgrado ante la globalización". Resúmenes de los trabajos
libres. Tema II: "Presencia de los egresados de posgrado en el desarrollo de la
sociedad".