
Antecedentes de los posgrados en educación en México
Sergio Concepción Aceves Rodríguez*
En este escrito se ofrece una reflexión sobre el surgimiento y
evolución de los programas en educación en México. Este objetivo se desarrolla a
través de la exposición de los primeros programas que aparecen en el país y del
crecimiento que experimenta el posgrado en general a partir de los años setenta. En un
primer apartado se ofrecen los antecedentes históricos, mismos que reflejan la
problemática que envuelve al desarrollo de estos programas, así como las principales
causas que motivan su surgimiento.
Posteriormente, en las conclusiones se explica de una manera general
las condiciones en que se encuentran actualmente estos programas.
Antecedentes históricos
Las primeras noticias que se tienen acerca de la formación de profesionales con
grados superiores a la licenciatura se remontan al año de 1934, con los programas de
maestro y doctor en Ciencias de la Educación respectivamente; estos programas eran
impartidos por la Universidad Nacional. Para poder acceder al programa de maestría era
necesario tener estudios de maestro normalista y/o bachillerato, su propósito, formar
maestros de educación media; durante el lapso de tiempo comprendido entre 1934 y 1954 se
tiene conocimiento de que sólo 40 personas terminaron los estudios para obtener el grado
de maestro y únicamente 3 lo obtuvieron.
Más adelante, "en 1955 se crea la maestría en Pedagogía, en
sustitución del grado de maestro en Ciencias de la Educación, siendo su principal
objetivo el dar una formación en una disciplina científica, y no el de formar
docentes" (Martínez Rizo, p. 13). Esta maestría se imparte en el Colegio de
Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras. Hasta la década de los sesenta, los
posgrados en educación son pocos y sus egresados por consiguiente: para el año de 1960
apenas se habían titulado 3 egresados de maestría y para 1969 la suma ascendía a 16
graduados. Todavía, en esos años, no aparecen cambios trascendentales en este nivel,
mismos que se empiezan a notar hasta el decenio siguiente. En Jalisco, los posgrados en
educación aparecen en la década de los sesenta, siendo la primera institución que
ofrece este tipo de formación la Universidad Autónoma de Guadalajara.
"El año de 1970 señala una fase importante en el desarrollo del
posgrado; empieza entonces el crecimiento de la matrícula y la difusión de programas de
posgrado" (Castrejón, p. 191). Es en esta década cuando de pronto surge un gran
interés por los grados académicos, uno de los motivos de este auge es que en el período
mencionado se da un crecimiento acelerado de la matrícula en las universidades públicas,
hecho que desborda las capacidades formativas de estas instituciones, de suerte que para
atender a los estudiantes universitarios se ven obligadas a improvisar docentes,
incluyendo un elevado número de pasantes o estudiantes avanzados de licenciatura. Ante un
problema de semejantes dimensiones, la universidad se ve precisada en un primer momento y
como medida correctiva a impartir cursos de capacitación relacionados con la práctica
docente de sus asesores, posteriormente se da a la tarea de implementar programas de
posgrados en educación, con el objeto de crear sus propios cuadros de docentes.
Pero el crecimiento que experimenta el sistema educativo propicia,
indirectamente, la depreciación del valor que se daba a la escolaridad. Los estudios de
licenciatura de pronto se convierten en un área de conocimiento bastante generalizado,
esto es, empiezan a surgir necesidades básicas que obligan a derivar de una determinada
profesión algunas ramificaciones que se especializan en un área específica del
conocimiento; por ejemplo, en educación secundaria, actualmente basta con un título que
justifique estudios de licenciatura con la especialidad en (...), para poder ejercer la
docencia. No sucede así con otras áreas del conocimiento, en donde el progresivo
abaratamiento del nivel de licenciatura, aunado a la gran demanda de empleo, ha venido
obligando a los ofertantes de empleo a exigir cada vez un mejor nivel académico en el
personal que van a contratar.
El mismo ritmo tan acelerado que se ha venido dando, tanto en la
ciencia como en la tecnología, exige que el individuo sea cada vez más competitivo,
además, ese nivel de competitividad debe ir acompañado de una preparación profesional
más sólida, misma que se da con un alto nivel de conocimientos especializados en un
área específica. "En nuestro país el primer nivel de la educación superior ha
sido tradicionalmente la licenciatura" (Martínez Rizo, p. 20); este primer grado
universitario no es considerado suficiente tanto para Martínez Rizo como para otros
autores que han escrito sobre el Sistema Educativo Nacional;1 razón por la que los posgrados se vuelven necesarios, lo que provoca
que el número de programas y alumnos crezca enormemente en la década de los setenta. Por
ejemplo, si en 1970 había 226 programas, a finales de la misma década había ya 1,232.
Asimismo la matrícula creció de 5,763 alumnos en 1970 a 16,459 en 1979.2 En 1970 fue creado el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología
(CONACYT), "una vez establecido se comenzó un esfuerzo integrado para incrementar el
número de mexicanos con estudios de posgrado" (Castrejón, 1992: 171), en un
principio el impulso a los estudios de posgrado se dio por medio de becas, mismas que se
canalizaron para los estudios de mexicanos tanto en el extranjero como en el país, estos
últimos se inician con un sistema de estudios centralizado: los primeros programas se
crean en la UNAM, el IPN y el ITESM; sin embargo, paulatinamente se van descentralizando y
se crean nuevas opciones en el interior de la República en sus tres modalidades:
especialización, maestría y doctorado.
Tanto Martiniano Arredondo como otros autores coinciden en afirmar que
el surgimiento de los programas de posgrado en México es a partir de los años 60;
sin embargo, no es sino hasta los 70 que estos estudios se desarrollan de forma
extraordinaria, como ya se ha visto anteriormente, finalmente, en la década de los 80
dicho desarrollo se estabiliza y se da también un proceso de selección, es decir, los
programas de posgrado que desde un principio mostraron signos de debilidad institucional
desaparecen para dejar paso a aquellos que logran sostenerse.
Una de las principales causas por las que se da el surgimiento y
desarrollo de los programas de posgrado en México es debido a que "el desarrollo del
Estado mexicano y el proceso de modernización del aparato productivo y de servicios trajo
consigo la necesidad de incorporar personal profesional y técnico de alta
calificación" (Arredondo, 1986: 31), otro de los factores principales que determinan
el surgimiento de los posgrados es la masificación de la educación superior. "El
crecimiento acelerado del sistema, y la consiguiente incorporación masiva de sus
egresados como docente de las nuevas instituciones, hace recaer la atención en cuestiones
relativas a la planeación institucional, así como en la capacitación del personal
académico" (West, 1990: 11), así, las instituciones ven la necesidad de mejorar la
calidad académica de sus docentes, implementando, en primera instancia cursos de
capacitación y actualización, posteriormente, formando programas de estudios a nivel
posgrado con el fin de crear sus propios cuadros académicos, contemplando por otro lado
la importancia que tiene la investigación en las diferentes áreas de conocimiento en la
formación profesional tanto de estudiantes como de académicos; "el posgrado
mexicano responde a demandas y necesidades de diverso orden que se generan en el interior
del mismo sistema de educación superior" (Idem, p. 11). Es así como se
empiezan a crear programas de posgrado tendientes a cumplir con estos dos factores.
Los principales motivos por los que se ingresa a los diferentes
posgrados en educación son, además de un afán general por superarse en lo que respecta
a la práctica educativa, los incentivos que el mismo Sistema Educativo Nacional ha
implementado para impulsar la actualización docente (esquema de carrera magisterial) en
sus agremiados, otro es la acumulación de méritos curriculares para así poder acceder a
puestos más elevados y mejor pagados, además está la perspectiva de una mayor apertura
en el horizonte laboral, la credencialización, la práctica profesional cotidiana, etc;
en este contexto, se puede atribuir el crecimiento del posgrado a motivos como los que a
continuación se describen: la devaluación de los títulos académicos, la
profesionalización de dichos títulos en las universidades, el interés de las
instituciones de educación superior por pertenecer al sistema de posgrado, la competencia
académica entre las diferentes instituciones de educación superior, la expansión de los
campos disciplinarios, la necesidad de niveles de mayor especialización y la poca
oportunidad de realizar estudios en el extranjero. Otro autor con mucha tradición en el
estudio de los posgrados, Ángel Díaz Barriga, coincide con Teresa West al afirmar que el
desarrollo de los posgrados en educación se da como consecuencia de diversos factores, a
saber: el credencialismo, la globalización de la economía, establecimiento de programas
de estímulos al rendimiento académico, la existencia de un número considerable de
profesionistas dedicados al ámbito de investigación educativa, los procesos de
desarrollo del campo de las ciencias de la educación. De estos factores se desprende que
los programas de posgrado se crean, en un principio, para subsanar errores de los estudios
de licenciatura; es decir, se concibe al posgrado como un complemento y no como una
continuación de estudios, encaminados realmente a mejorar la calidad académica del
docente.
Estos programas inician con muchas carencias, puesto que son un campo
nuevo en el sistema educativo; algunos autores consideran que México no contaba con las
condiciones adecuadas para hacer frente a la demanda de este nivel, West y otros enumeran
las siguientes deficiencias:
La mayoría de los académicos atienden al programa unas cuantas
horas, ya que tienen otras ocupaciones que les aportan mayores beneficios económicos,
estos académicos deberían disponer de tiempo completo para atenderlo.
Débil proceso de institucionalización que se manifiesta en:
poca estructura física, presupuestos muy bajos, reglamentos deficientes, dependencia de
otras instituciones, etc. Al respecto se da un crecimiento muy desordenado donde los
programas se repiten en varias instituciones (falta de comunicación institucional).
Falta de tradición en investigación: aun cuando la actividad
prioritaria del posgrado es precisamente la investigativa, poco es lo que se hace al
respecto, a los alumnos, cuando mucho, quieren formarlos con un seminario de
investigación impartido, muchas veces por personal docente no investigador, la mayoría
de las instituciones carecía entonces de unidad de investigación que reforzara esta
actividad.
Continuidad con los estudios de licenciatura, lo ideal es que la
formación sea en el ámbito de la investigación.
Ausencia de planeación y vinculación con políticas de
investigación a nivel nacional.
Algunas de las condiciones o factores que inciden en la aparición y
crecimiento de estos programas son, entre otros:
El mercado de trabajo; el posgrado tiende a convertirse en un
medio necesario para poder acceder a mejores niveles de empleo.
Desarrollo y consolidación del Sistema Educativo Superior; al
aumentar la matrícula en el nivel de licenciatura, aumentan también las demandas de los
empleadores en cuanto a preparación profesional.
Desarrollo de un Sistema de Ciencia y Tecnología (CONACYT);
entre las funciones de este organismo está apoyar y evaluar los programas de posgrado,
tiene sus propios indicadores para determinar el nivel de calidad de dichos programas.
Presiones internas; al masificarse el nivel de estudios de
licenciatura, crece la demanda por parte de la población estudiantil hacia los programas
de posgrado, además, las mismas instituciones ven la necesidad de que su personal docente
cuente con un mayor nivel académico.
Conclusiones
La mayoría de los especialistas que examinan el crecimiento de los programas de
posgrado, coinciden en las siguientes consideraciones:
El interés por cursar estudios de posgrado obedece, en la
mayoría de los casos, a un afán de credencialización mas que por la formación misma,3 en los últimos años el Sistema Educativo Nacional
ha implementado el esquema de carrera magisterial, con miras a mejorar la práctica
docente en educación básica, sin embargo, la mayoría de los docentes ven a este más
como un peldaño destinado elevar sus ingresos que a mejorar su quehacer áulico y su
perfil profesional.
Se ha detectado que el estudiante, una vez egresado, en la
mayoría de las ocasiones no se interesa por tener contacto con la investigación, a pesar
de que la mayoría de posgrados en educación preparan para esta actividad. La mayoría de
egresados se deja vencer por las dificultades que la misma investigación entraña,
permitiendo que esta actividad sea desarrollada exclusivamente por aquellos que ostentan
nombramientos de investigador, ya que consideran que su misión es solamente el trabajo
docente.
El nivel de investigación sobre la práctica docente, así como
la búsqueda de más y mejores estrategias para elevar la calidad de la educación en
nuestro país, no se ha desarrollado como se ha esperado, según los planteamientos
establecidos en los programas nacionales y estatales de educación.4
A partir de las tres últimas décadas, los niveles de estudios
terminales y profesionales (Licenciatura) experimentan situaciones tales de devaluación
social5 que, en algunos casos, generan una fuerte
presión para el crecimiento vertical del sistema educativo, en particular hacia la
apertura de estudios de posgrado, lo que hace que se conciba a éstos como una estrategia
destinada a remediar las deficiencias de la licenciatura y no a la producción de
conocimientos nuevos. Sonia Reynaga y Antonio Ponce opinan que "a partir de 1980 los
posgrados se convierten en una vía de acceso a los mercados de trabajo, ya que el nivel
de licenciatura se expande en lo que a servicios educativos se refiere, además, aluden
también como factor decisivo para la expansión de los posgrados a la creciente
devaluación de los títulos profesionales debido al deterioro de la calidad académica de
este nivel" (Reynaga, 1991: 9.). Teresa West, apoya lo anterior al afirmar que:
"Dicho crecimiento ha sido atribuido a diferentes factores: en primer lugar, a la
expansión misma del sistema de educación superior y a la devaluación de los títulos
académicos" (West, 1991: 21).
La tarea de evaluar e impulsar la calidad educativa se dificulta
por la diversidad de programas de estudio de este tipo, así como por la deficiente
coordinación interinstitucional. Actualmente, en Jalisco, se han realizado notables
esfuerzos por impulsar el trabajo coordinado entre los diferentes posgrados, aunque los
resultados de dicha actividad no son palpables aún.
Notas
1. Ver:
Arredondo, Martiniano. "Programa Integral de Desarrollo de la educación Superior,
Los estudios de Posgrado" (1er. Congreso Nacional de Estudios de Posgrado), en: Foro
Universitario, No. 66. México, 1986.
2.
Fuente: Programa Nacional de Posgrado 1989-1994.
3.
Dicha observación se hace, con base en una encuesta realizada por el autor entre docentes
egresados de las diferentes instituciones de posgrado en la entidad; en dicha encuesta los
maestrantes manifestaron que su mayor interés era el optener mayor puntaje escalafonario,
para de esa manera poder acceder a mejores puestos en el sistema educativo.
4. Al
respecto en el Programa de Ciencia y Tecnología 1995-2000 se menciona lo siguiente:
"a pesar del gran desarrollo de estudios de nivel de posgrado, entre dichas
instituciones se abrieron programas con una organización inadecuada que ha traído como
correlato que los egresados de estos programas no tuvieran la capacitación adecuada. Uno
de los principales problemas lo constituye precisamente el surgimiento de posgrados al
vapor, es decir, de programas que no tienen reconocimiento oficial o que se encuentran
avalados por otras instituciones de dudosa reputación, que en su afán de comerciar con
la educación no les importa extender certificados de estudio que, finalmente, no serán
reconocidos".
5. Al
respecto, Olac Fuentes Molinar hace mención de que "a partir de 1965, la situación
de la universidad se empieza a transformar, empieza entonces una serie de hechos que
popularizan la idea de que la educación está en crisis" (Mohar, 1984: 39), un
indicador que apoya la concepción anterior es: que mientras la universidad se masifica, y
en consecuencia va creciendo a tasas más altas que en decenios anteriores, el mercado de
trabajo se va estrechando.
Bibliografía
ARREDONDO,
Martiniano. "Programa Integral de Desarrollo de la Educación Superior, Los estudios
de Posgrado" (ponencia presentada en el "1er. Congreso Nacional de Estudios de
Posgrado"), en: revista Foro Universitario, No. 66. México, 1986.
CASTREJÓN Diez, Jaime. La Universidad y el
Sistema. Ed. Trillas. México, 1992.
FUENTES Molinar, Olac. Crisis de la
Educación Superior en México. (1ª edición). México, 1984.
MARTÍNEZ Rizo, Felipe. Los posgrados en
educación de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, diversidad y complementariedad.
UAA/Programa Interinstitucional de
Investigaciones sobre Educación Superior. México, 1995.
MOHAR, Oscar (Compilador). Crisis y
contradicciones en la educación Técnica de México. Ed. Gaceta. (1ª edición).
México, 1984.
REYNAGA Obregón, Sonia y Ponce Rojo, Antonio.
"Las maestrías en educación en Jalisco y su mercado de trabajo", en: Tiempos
de Ciencia, Nº 24, julio-septiembre de 1991. México, 1991.
WEST, Teresa y Jiménez, Pilar. "El
Posgrado en México", en: Cuadernos del CESU, No. 17. UNAM. México, 1990.