
De los libros a las computadoras, su relación con la revolución tecnológica
José Ricardo Robles López*
Introducción
Desarrollar un tema como éste no resultó fácil, porque sólo se dispone de una muy
escasa bibliografía. Debo, por eso, empezar comentando que pasé más de dos semanas
hurgando en bibliotecas, librerías y demás antros literarios, buscando encontrar el hilo
conductor, que como piedra filosofal me permitiera resolver este asunto. Cansado,
meditabundo, y con sólo algunos libros en mano, descubrí que hacer historia es un
proceso individual de reconstrucción de hechos y procesos. Así, desde este letargo, la
imaginación, la prisa y la responsabilidad me llevaron, de manera casi mágica, a
intentar una construcción sobre el tema. No debo omitir que traté, muchas veces,
cambiarlo por uno menos escabroso, pero !no!, me dije; tengo que encontrar la solución,
no puedo pasarme la vida huyendo sólo por el hecho de que un honorable investigador (yo),
ni para eso sirve. Así que, este es el resultado, espero haberlo hecho bien, y si no, que
por lo menos quede constancia de que lo intenté. Como constancia de que la historia
también se reconstruye a partir de uno mismo, quiero dejar asentado que este artículo lo
escribí con un aparatejo, casi de la Revolución Industrial, que maneja códigos ingleses
de acceso, al punto de que cuando tengo que escribir un acento me transformo en
contorsionista o en Mandrake "El Mago", pues hay que apretar como diez teclas a
la vez para que dicho acento haga su aparición triunfal, esto, después de dos intentos
como mínimo en cada ocasión. Ni modo, algún día accederé a la actualización
tecnológica.
Dejando un poco de lado el "optimismo", que me acompañó
durante todo el proceso de discriminación y análisis de los materiales recopilados para
este trabajo, es menester explicar que descubrí algunas cosas interesantes en dicho
proceso. Me di cuenta, por ejemplo, del gran desconocimiento que tenía sobre algunos
acontecimientos cotidianos del quehacer humano; no sólo en lo que se refiere al devenir
tecnológico, sino a la influencia de las guerras y demás situaciones problemáticas que
obligan al hombre a transformar su modus vivendi. También aprendí a darle su
justo valor a la historia en su preciso contexto espacio-temporal, cosa que jamás había
hecho. Llegué así, a la percepción de que los grandes cambios de la humanidad no han
sido ni tan drásticos, ni tan rápidos, sino más bien son procesos, en
gran medida lentos, que están formados por experiencias que primero son individuales,
luego grupales, y que terminan por ser sociales, megasociales e incluso mundiales.
Este trabajo pretende ser una breve crónica de cómo se han suscitado
las transformaciones en la forma de transmitir la información: desde los primeros libros,
su masificación con el desarrollo de la imprenta, hasta las computadoras de hoy día. El
punto de partida es una tangente que va de la Revolución Industrial hasta nuestros días,
nos hemos concentrado un poco más en la aparición de la computadora y sus aplicaciones
en el campo de las matemáticas, en nuestro país y a lo largo del siglo que recién
concluyó.
Uno de los mediadores que han acompañado a la educación, arduamente,
durante su larga trayectoria, han sido los libros, ello, por lo eficaces que han
demostrado ser en los procesos didácticos. Su aparición, sin embargo, no se dio con la
invención de la imprenta, data de épocas muy anteriores. La imprenta es trascendente por
cuanto se mejoran los procedimientos y la rapidez de su manufactura. Se sabe que, en un
principio, los escritos estaban hechos en papiro, telas, piedras, etc., correspondiéndose
con la época humana de desarrollo histórico de que se trate y con las características
socioculturales de las diferentes razas.
Se han encontrado libros antiguos hechos con tela, cuero, papiro, etc.,
desde antes del siglo XVI A. C. (Sant, 1998: 706). Por su parte, la invención de la
imprenta vino a eficientar la producción y fabricación de ellos a partir de mediados del
siglo XIII, con la invención de la impresión por medio de caracteres móviles
independientes, ingenio del alemán Gutenberg. Se reconocen, también, muy antiguas
reproducciones de escritura, hechas mediante sellos, sobre cera o arcilla, como los
encontrados en Sumeria y Mesopotamia. (s. XX-XIX A. C.). Estas evidencias históricas, dan
fe de los precarios orígenes de la imprenta. Los primeros medios para la reproducción
fueron a partir de sellos o moldes, como forma de impresión, evolucionando luego hacia
las originales prensas de madera, a las de platina, a las de cilindros, hasta llegar,
posteriormente, a la aparición de otros procedimientos más sofisticados de impresión,
como el huecograbado que se extendió a partir de la segunda mitad del siglo
XIX y el offset, cuyas primeras máquinas fueron diseñadas a principios del
siglo XX. Es de reconocer que la invención de la imprenta contribuyó a la creación del
mundo moderno, por cuanto permitía una mayor difusión de la cultura y la información.
Pero no sólo eso, este invento permitió abatir los costos en la producción de los
libros, favoreciendo que más gente tuviera acceso a ellos y, por tanto, que se diera una
fuerte transformación de las sociedades, a partir de un mejor acceso a la información.
En este momento, vale la pena formularnos la pregunta: ¿qué sería de
nuestra vida presente sin el prodigioso invento de la imprenta, y cuáles serían nuestras
condiciones de vida? Es evidente que vivimos en una sociedad de contínuas
transformaciones que, en gran medida, son el resultado del creciente desarrollo
tecnológico. No estamos olvidando que esta estructura tecnológica es, en parte, el
resultado de las necesidades sociales.
El libro debe su existencia presente a la imprenta, a las sucesivas
transformaciones tecnológicas que ésta ha tenido y a la forma en que éste es concebido
por la sociedad contemporánea. Esta es una época de grandes cambios, cambios que por
variados y rápidos parecen imperceptibles. No podemos, por ahora, responder si estas
múltiples y grandes transformaciones permitan que los libros sigan siendo tal como los
conocemos hoy, si puedan seguir existiendo, aunque se transformen, o tiendan a su total
extinción; todo ello, como producto del avance electrónico. Posiblemente las
computadoras los suplirán o, por lo menos, suplirán algo de ellos, sobre todo si tomamos
en consideración los grandes espacios arquitectónicos que las bibliotecas requieren, la
durabilidad de los materiales con que los libros están hechos, la practicidad de su
acomodo o la facilidad para localizar información. Lo que sí sabemos los ciudadanos de
hoy, los conservacionistas, los fervientes y románticos amantes de la lectura, es que su
desaparición, parcial o total, destruye un sistema ritual tradicional, que significará
un gancho al hígado, un golpe mortal al placer de hojear, oler, ver y tocar la forma de
un libro. Pero como siempre, el tiempo tiene la última palabra.
Después de esta breve reflexión, vale el cuestionamiento de si la
imprenta y su hijo, el libro, están muriendo, y si existen razones para creerlo. La
humanidad ha sufrido grandes transformaciones, entre ellas las derivadas de la Revolución
Industrial y el desarrollo de la agricultura intensiva de principios de siglo. (Heimann,
1974: 159-179). La invención de los tornos de hilar y la mejora que hizo Watt a las
nuevas máquinas de vapor, fueron cruciales para la creación de un nuevo modelo
económico: el capitalismo (Pacey, 1990: 38), que derivó en muchas otras transformaciones
del sistema social, como los cambios en la organización del trabajo, la disminución de
los costos de producción, el desempleo y la especialización en ciertas áreas. Esto, a
su vez, como consecuencia, generó nuevos y determinantes cambios tecnológicos; es decir,
una obligada reacción en cadena. Sociedad y tecnología forman un binomio indivisible,
porque una es el reflejo de la otra. El desarrollo general permitió, a su vez, el
crecimiento demográfico, lo que así mismo significó transformaciones en las relaciones
sociales de los individuos. La televisión, por ejemplo, no se hubiera dado en una
sociedad sin entretenimiento en masa y sin medios organizados de difusión. La televisión
y la radio evolucionaron a partir de un contexto urbanizado e institucional (Williams, R.,
1974: 4-l29). Es así como la innovación puede ser vista como una serie de ajustes mutuos
entre factores sociales, culturales y técnicos.
Existen, según Christopher Freeman, cuatro oleadas históricas de
industrialización o de innovación: la primera, de 1780 a 1815, manufactura textil,
máquinas de vapor, ingeniería civil, química; de 1840 a 1879, ingeniería mecánica,
ferrocarriles; de 1890 a 1914, química, electricidad, motores de combustión interna; de
1945 a 1970, electrónica, aeroespacial, química. Con posterioridad, la década de los
70 marca un notable desarrollo en las áreas de microelectrónica y biotecnología;
en tanto que los 80 hacen lo mismo en salud, nutrición, ecología, etc. (Freeman,
1982: 63). La tecnología aporta también satisfacción y comodidad: "Las máquinas
se convierten en una extensión del cuerpo y de los sentidos" (Ross, A., 1978: 158).
De esta manera, la tecnología se han ido incorporando a la vida práctica del hombre,
dejando de lado los rudimentos que le preceden.
La introducción de la televisión, de 1950 a 1960, se significó como
la oleada que generó el cambio más acelerado que, jamás antes, habían experimentado la
cultura y las comunicaciones. La lectura y los demás espacios de la vida cotidiana, se
reorientaron en función de esta nueva forma de informar y entretener. En sólo diez
años, este aparatejo se integró a la vida personal, familiar, social y nacional; en el
terreno educativo, logró demostrar algunas ventajas (es mas fácil aprender viendo y
escuchando, que sólo leyendo). Es en este momento histórico cuando los libros tienen que
ser transformados para no ser desplazados, se operan cambios en sus formatos, sistemas de
impresión, tipos de letra y se introducen imágenes para dar una panorámica
multidimensional al proceso de lectura. La televisión, por su parte, a diferencia del
libro, comunica con más facilidad y rapidez a una mayor masa humana; constituyéndose
así, en una combinación de compañero de juegos, padres, maestro, niñera, etc.,
orientado no para educar la mente, desarrollar el intelecto o enriquecer la
cultura, sino para vender al menor precio una mayor cantidad de mercancías o información
al más bajo costo. Es pues, al margen y paralelamente a ésta, cuando surge la
computadora, como un nuevo modelo y medio para interactuar con el hombre en su proceso de
aprender y vivir.
El libro representa la palabra impresa, la que según algunos
intelectuales, es una invención contraria a la naturaleza del hombre por la complejidad
para llegar a la interpretación altamente intelectualizada de los símbolos abstractos
(Bagdikian, 1984: 289). Según su concepción, esta forma ha forzado al hombre ha seguir
caminos arbitrarios e inhibidores para percibir el mundo y, en consecuencia, han suprimido
otros sentidos y sensibilidades. Los nuevos medios electrónicos representan el retorno a
modos más ricos y naturales para que el hombre participe en su medio, con la
contribución de más de sus sentidos y más planos cerebrales que los utilizados
por el razonamiento abstracto. En la medida de que las presentes generaciones respondan a
sus capacidades multisensoriales, se revivirá, según el dominio de las comunicaciones
anteriores, a la imprenta.
La vida cotidiana de la sociedad vive pendulando en la cultura del
papel. Hablar de la renuencia a las publicaciones y la información impresa es hablar de
un concepto de difícil augurio debido a que gran parte de nuestro modo de vida depende de
dicha "cultura del papel". Aún así, el presente predominio de la información
impresa no es garantía de su sobrevivencia. "La naturaleza intelectual, social y
emocional del hombre contemporáneo será tan profundamente alterada por los medios
electrónicos, que las dislocaciones ya experimentadas, la brecha generacional que la hace
pública y el súbito cambio de fenómenos precursores leves en la convulsión final y
muerte de la información impresa y por tanto la declinación de la lectura. Las culturas
primitivas fueron esencialmente orales y auditivas y por tanto superiores, mientras
nuestra sociedad moderna depende en gran parte de las impresiones visuales y es por tanto
más estrecha". (McLuhan, 1984). Este autor sostiene también que el medio es el
mensaje y el contenido de una comunicación es insignificante comparado con la sensación
de recibirla. Los distintos medios de comunicación, argumenta, causan diferentes efectos
emocionales y sociales. El impreso es un medio intelectualizado que exige recogimiento,
mientras que los otros ofrecen experiencias de convivencia emocional.
La electrónica permite crear, manipular y reproducir impulsos
receptibles por los distintos sentidos, si ésta es ayudada por el refinamiento de los
mecanismos del conocimiento o del pensar y el sentir humanos, se pueden producir
resultados que superen la frase impresa. El simbolismo de la palabra impresa transmite
significados; de la misma forma lo hace el color, el sonido, etc., pero lo logran de una
manera más vívida. Además, la acumulación de papel y su manejo resultan siempre
difíciles, su uso favorece la deforestación; mientras que con la computadora, se
apaga el monitor y listo. "Además favorece y estimula el aprendizaje innovador"
(Botkin, J., 1992: 86).
Es evidenciable que la evolución tecnológica va de la mano con los
procesos sociales y que son éstos los principales impulsores de los grandes cambios. Al
principio, la imprenta pudo salvar ciertas necesidades de comunicación de manera eficaz,
con posterioridad se suscitaron cambios en materia industrial que vinieron a modificar las
estructuras socioculturales y económicas del sistema. Uno de los cambios más
significativos como ya se dijo se dio con la aparición de la televisión,
misma que ofrece, por su parte, mayores posibilidades de comunicación masiva, con más
eficiencia y economía. La computadora, a diferencia de la televisión, participa de
manera interactiva con el individuo, creando un sistema abierto de intercomunicación que
facilita los accesos a otros ámbitos de información que, ni la televisión ni los libros
abordan. Es pues, muy importante, reconocer las ventajas que en materia tecnológica se
están suscitando, así como las múltiples aplicaciones que de ello se derivan. Para no
perder el rumbo, lejos de nadar a contracorriente en esa carrera tecnológica; en lugar de
quedar guardados en el obsoleto y estático baúl del pasado, debemos avizorar la
tecnología llendo a su favor, utilizando los recursos del pasado para construir el
futuro.