Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No.

12

(doce)

SECCIÓN

páginas

de la 67 a la 69 de 112

... el rollo

Guadalajara, México - Febrero de 2000

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De los libros a las computadoras, su relación con la revolución tecnológica

José Ricardo Robles López*

* Profesor de matemáticas en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Guadalajara (UDG) y en la Secundaria 7, Mixta.

Introducción

Desarrollar un tema como éste no resultó fácil, porque sólo se dispone de una muy escasa bibliografía. Debo, por eso, empezar comentando que pasé más de dos semanas hurgando en bibliotecas, librerías y demás antros literarios, buscando encontrar el hilo conductor, que como piedra filosofal me permitiera resolver este asunto. Cansado, meditabundo, y con sólo algunos libros en mano, descubrí que hacer historia es un proceso individual de reconstrucción de hechos y procesos. Así, desde este letargo, la imaginación, la prisa y la responsabilidad me llevaron, de manera casi mágica, a intentar una construcción sobre el tema. No debo omitir que traté, muchas veces, cambiarlo por uno menos escabroso, pero !no!, me dije; tengo que encontrar la solución, no puedo pasarme la vida huyendo sólo por el hecho de que un honorable investigador (yo), ni para eso sirve. Así que, este es el resultado, espero haberlo hecho bien, y si no, que por lo menos quede constancia de que lo intenté. Como constancia de que la historia también se reconstruye a partir de uno mismo, quiero dejar asentado que este artículo lo escribí con un aparatejo, casi de la Revolución Industrial, que maneja códigos ingleses de acceso, al punto de que cuando tengo que escribir un acento me transformo en contorsionista o en Mandrake "El Mago", pues hay que apretar como diez teclas a la vez para que dicho acento haga su aparición triunfal, esto, después de dos intentos como mínimo en cada ocasión. Ni modo, algún día accederé a la actualización tecnológica.

Dejando un poco de lado el "optimismo", que me acompañó durante todo el proceso de discriminación y análisis de los materiales recopilados para este trabajo, es menester explicar que descubrí algunas cosas interesantes en dicho proceso. Me di cuenta, por ejemplo, del gran desconocimiento que tenía sobre algunos acontecimientos cotidianos del quehacer humano; no sólo en lo que se refiere al devenir tecnológico, sino a la influencia de las guerras y demás situaciones problemáticas que obligan al hombre a transformar su modus vivendi. También aprendí a darle su justo valor a la historia en su preciso contexto espacio-temporal, cosa que jamás había hecho. Llegué así, a la percepción de que los grandes cambios de la humanidad no han sido ni tan drásticos, ni tan rápidos, sino más bien son procesos, en gran medida lentos, que están formados por experiencias que primero son individuales, luego grupales, y que terminan por ser sociales, megasociales e incluso mundiales.

Este trabajo pretende ser una breve crónica de cómo se han suscitado las transformaciones en la forma de transmitir la información: desde los primeros libros, su masificación con el desarrollo de la imprenta, hasta las computadoras de hoy día. El punto de partida es una tangente que va de la Revolución Industrial hasta nuestros días, nos hemos concentrado un poco más en la aparición de la computadora y sus aplicaciones en el campo de las matemáticas, en nuestro país y a lo largo del siglo que recién concluyó.

Uno de los mediadores que han acompañado a la educación, arduamente, durante su larga trayectoria, han sido los libros, ello, por lo eficaces que han demostrado ser en los procesos didácticos. Su aparición, sin embargo, no se dio con la invención de la imprenta, data de épocas muy anteriores. La imprenta es trascendente por cuanto se mejoran los procedimientos y la rapidez de su manufactura. Se sabe que, en un principio, los escritos estaban hechos en papiro, telas, piedras, etc., correspondiéndose con la época humana de desarrollo histórico de que se trate y con las características socioculturales de las diferentes razas.

Se han encontrado libros antiguos hechos con tela, cuero, papiro, etc., desde antes del siglo XVI A. C. (Sant, 1998: 706). Por su parte, la invención de la imprenta vino a eficientar la producción y fabricación de ellos a partir de mediados del siglo XIII, con la invención de la impresión por medio de caracteres móviles independientes, ingenio del alemán Gutenberg. Se reconocen, también, muy antiguas reproducciones de escritura, hechas mediante sellos, sobre cera o arcilla, como los encontrados en Sumeria y Mesopotamia. (s. XX-XIX A. C.). Estas evidencias históricas, dan fe de los precarios orígenes de la imprenta. Los primeros medios para la reproducción fueron a partir de sellos o moldes, como forma de impresión, evolucionando luego hacia las originales prensas de madera, a las de platina, a las de cilindros, hasta llegar, posteriormente, a la aparición de otros procedimientos más sofisticados de impresión, como el huecograbado –que se extendió a partir de la segunda mitad del siglo XIX– y el Offset, cuyas primeras máquinas fueron diseñadas a principios del siglo XX. Es de reconocer que la invención de la imprenta contribuyó a la creación del mundo moderno, por cuanto permitía una mayor difusión de la cultura y la información. Pero no sólo eso, este invento permitió abatir los costos en la producción de los libros, favoreciendo que más gente tuviera acceso a ellos y, por tanto, que se diera una fuerte transformación de las sociedades, a partir de un mejor acceso a la información.

En este momento, vale la pena formularnos la pregunta: ¿qué sería de nuestra vida presente sin el prodigioso invento de la imprenta, y cuáles serían nuestras condiciones de vida? Es evidente que vivimos en una sociedad de continuas transformaciones que, en gran medida, son el resultado del creciente desarrollo tecnológico. No estamos olvidando que esta estructura tecnológica es, en parte, el resultado de las necesidades sociales.

El libro debe su existencia presente a la imprenta, a las sucesivas transformaciones tecnológicas que ésta ha tenido y a la forma en que éste es concebido por la sociedad contemporánea. Esta es una época de grandes cambios, cambios que por variados y rápidos parecen imperceptibles. No podemos, por ahora, responder si estas múltiples y grandes transformaciones permitan que los libros sigan siendo tal como los conocemos hoy, si puedan seguir existiendo, aunque se transformen, o tiendan a su total extinción; todo ello, como producto del avance electrónico. Posiblemente las computadoras los suplirán o, por lo menos, suplirán algo de ellos, sobre todo si tomamos en consideración los grandes espacios arquitectónicos que las bibliotecas requieren, la durabilidad de los materiales con que los libros están hechos, la practicidad de su acomodo o la facilidad para localizar información. Lo que sí sabemos los ciudadanos de hoy, los conservacionistas, los fervientes y románticos amantes de la lectura, es que su desaparición, parcial o total, destruye un sistema ritual tradicional, que significará un gancho al hígado, un golpe mortal al placer de hojear, oler, ver y tocar la forma de un libro. Pero como siempre, el tiempo tiene la última palabra.

Después de esta breve reflexión, vale el cuestionamiento de si la imprenta y su hijo, el libro, están muriendo, y si existen razones para creerlo. La humanidad ha sufrido grandes transformaciones, entre ellas las derivadas de la Revolución Industrial y el desarrollo de la agricultura intensiva de principios de siglo. (Heimann, 1974: 159-179). La invención de los tornos de hilar y la mejora que hizo Watt a las nuevas máquinas de vapor, fueron cruciales para la creación de un nuevo modelo económico: el capitalismo (Pacey, 1990: 38), que derivó en muchas otras transformaciones del sistema social, como los cambios en la organización del trabajo, la disminución de los costos de producción, el desempleo y la especialización en ciertas áreas. Esto, a su vez, como consecuencia, generó nuevos y determinantes cambios tecnológicos; es decir, una obligada reacción en cadena. Sociedad y tecnología forman un binomio indivisible, porque una es el reflejo de la otra. El desarrollo general permitió, a su vez, el crecimiento demográfico, lo que así mismo significó transformaciones en las relaciones sociales de los individuos. La televisión, por ejemplo, no se hubiera dado en una sociedad sin entretenimiento en masa y sin medios organizados de difusión. La televisión y la radio evolucionaron a partir de un contexto urbanizado e institucional (Williams, R., 1974: 4-l29). Es así como la innovación puede ser vista como una serie de ajustes mutuos entre factores sociales, culturales y técnicos.

Existen, según Christopher Freeman, cuatro oleadas históricas de industrialización o de innovación: la primera, de 1780 a 1815, manufactura textil, máquinas de vapor, ingeniería civil, química; de 1840 a 1879, ingeniería mecánica, ferrocarriles; de 1890 a 1914, química, electricidad, motores de combustión interna; de 1945 a 1970, electrónica, aeroespacial, química. Con posterioridad, la década de los ’70 marca un notable desarrollo en las áreas de microelectrónica y biotecnología; en tanto que los ’80 hacen lo mismo en salud, nutrición, ecología, etc. (Freeman, 1982: 63). La tecnología aporta también satisfacción y comodidad: "Las máquinas se convierten en una extensión del cuerpo y de los sentidos" (Ross, A., 1978: 158). De esta manera, la tecnología se han ido incorporando a la vida práctica del hombre, dejando de lado los rudimentos que le preceden.

La introducción de la televisión, de 1950 a 1960, se significó como la oleada que generó el cambio más acelerado que, jamás antes, habían experimentado la cultura y las comunicaciones. La lectura y los demás espacios de la vida cotidiana, se reorientaron en función de esta nueva forma de informar y entretener. En sólo diez años, este aparatejo se integró a la vida personal, familiar, social y nacional; en el terreno educativo, logró demostrar algunas ventajas (es mas fácil aprender viendo y escuchando, que sólo leyendo). Es en este momento histórico cuando los libros tienen que ser transformados para no ser desplazados, se operan cambios en sus formatos, sistemas de impresión, tipos de letra y se introducen imágenes para dar una panorámica multidimensional al proceso de lectura. La televisión, por su parte, a diferencia del libro, comunica con más facilidad y rapidez a una mayor masa humana; constituyéndose así, en una combinación de compañero de juegos, padres, maestro, niñera, etc., orientado no para educar la mente, desarrollar el intelecto o enriquecer la cultura, sino para vender al menor precio una mayor cantidad de mercancías o información al más bajo costo. Es pues, al margen y paralelamente a ésta, cuando surge la computadora, como un nuevo modelo y medio para interactuar con el hombre en su proceso de aprender y vivir.

El libro representa la palabra impresa, la que según algunos intelectuales, es una invención contraria a la naturaleza del hombre por la complejidad para llegar a la interpretación altamente intelectualizada de los símbolos abstractos (Bagdikian, 1984: 289). Según su concepción, esta forma ha forzado al hombre ha seguir caminos arbitrarios e inhibidores para percibir el mundo y, en consecuencia, han suprimido otros sentidos y sensibilidades. Los nuevos medios electrónicos representan el retorno a modos más ricos y naturales para que el hombre participe en su medio, con la contribución de más de sus sentidos y más planos cerebrales que los utilizados por el razonamiento abstracto. En la medida de que las presentes generaciones respondan a sus capacidades multisensoriales, se revivirá, según el dominio de las comunicaciones anteriores, a la imprenta.

La vida cotidiana de la sociedad vive pendulando en la cultura del papel. Hablar de la renuencia a las publicaciones y la información impresa es hablar de un concepto de difícil augurio debido a que gran parte de nuestro modo de vida depende de dicha "cultura del papel". Aún así, el presente predominio de la información impresa no es garantía de su sobrevivencia. "La naturaleza intelectual, social y emocional del hombre contemporáneo será tan profundamente alterada por los medios electrónicos, que las dislocaciones ya experimentadas, la brecha generacional que la hace pública y el súbito cambio de fenómenos precursores leves en la convulsión final y muerte de la información impresa y por tanto la declinación de la lectura. Las culturas primitivas fueron esencialmente orales y auditivas y por tanto superiores, mientras nuestra sociedad moderna depende en gran parte de las impresiones visuales y es por tanto más estrecha". (McLuhan, 1984). Este autor sostiene también que el medio es el mensaje y el contenido de una comunicación es insignificante comparado con la sensación de recibirla. Los distintos medios de comunicación, argumenta, causan diferentes efectos emocionales y sociales. El impreso es un medio intelectualizado que exige recogimiento, mientras que los otros ofrecen experiencias de convivencia emocional.

La electrónica permite crear, manipular y reproducir impulsos receptibles por los distintos sentidos, si ésta es ayudada por el refinamiento de los mecanismos del conocimiento o del pensar y el sentir humanos, se pueden producir resultados que superen la frase impresa. El simbolismo de la palabra impresa transmite significados; de la misma forma lo hace el color, el sonido, etc., pero lo logran de una manera más vívida. Además, la acumulación de papel y su manejo resultan siempre difíciles, su uso favorece la deforestación; mientras que con la computadora, se apaga el monitor y listo. "Además favorece y estimula el aprendizaje innovador" (Botkin, J., 1992: 86).

Es evidenciable que la evolución tecnológica va de la mano con los procesos sociales y que son éstos los principales impulsores de los grandes cambios. Al principio, la imprenta pudo salvar ciertas necesidades de comunicación de manera eficaz, con posterioridad se suscitaron cambios en materia industrial que vinieron a modificar las estructuras socioculturales y económicas del sistema. Uno de los cambios más significativos –como ya se dijo– se dio con la aparición de la televisión, misma que ofrece, por su parte, mayores posibilidades de comunicación masiva, con más eficiencia y economía. La computadora, a diferencia de la televisión, participa de manera interactiva con el individuo, creando un sistema abierto de intercomunicación que facilita los accesos a otros ámbitos de información que, ni la televisión ni los libros abordan. Es pues, muy importante, reconocer las ventajas que en materia tecnológica se están suscitando, así como las múltiples aplicaciones que de ello se derivan. Para no perder el rumbo, lejos de nadar a contracorriente en esa carrera tecnológica; en lugar de quedar guardados en el obsoleto y estático baúl del pasado, debemos avizorar la tecnología yendo a su favor, utilizando los recursos del pasado para construir el futuro.

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