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La historia
verídica de tu cuerpo
(Este texto forma parte del poemario inédito,
en prosa: "La historia verídica de tu cuerpo". El autor trabaja actualmente en
su conclusión).
Miguel Reinoso*
* Docente de la Escuela Normal Superior de Jalisco (ENSJ), del
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) y de la Preparatoria
No. 7 de la Universidad de Guadalajara (UDG). Formó parte del Taller Literario
"Elías Nandino", cuando éste lo coordinaba. Ha escrito los poemarios
inéditos: "El vaso y el caracol", "El hombre de los faros", "El
verano que viene del Sur" y "El festín de las bestias". Con
"Telurio", de próxima publicación, ganó el premio Álica "Alí
Chumacero" en 1998.
- Fragmento 9
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La esfera de las imágenes
siempre estuvo al frente de todo intento por dejar estas tierras agotadas. Para conjurar
las aguas de la migración, abramos el círculo de los sueños.
Sin la esfera femenina del sueño grito en el espejo lunar de los
anhelos el mar sólo sería un vaso limitado por hierros y oficios en manos de
hombres tan sólo próximos al sudor y grasa de sus días. Los márgenes de su mundo los
abarcaban la mano y la mirada. Grito de las imágenes, espejo subyacente en las praderas
nebulosas de la palabra: los puertos se abrían al mar a partir de nuestras bocas. El muro
de nuestros calendarios fundaron otro mundo, otras aguas cohabitadas en la misma copa de
los océanos: aguas gemelas en el círculo de nuestras esferas nos abrieron otras vías
para las venas: Nuestra lengua fue viento regocijado por los molinos de nuestra aventura.
Muro de nuestros vértigos: ábrenos un mar de tritones y sirenas, que
una isla sea doncella y virgen tálamo de nuestras estridencias y desvaríos.
Sin diásporas ni exilios todo hombre sobre las aguas verdes y azules es un
desterrado no hay reposo en la frescura de un cuerpo, en las arenas farinas de una
isla no arribada. Por este muro, una suarda de palabras te imagina en los espacios
redondos de una esfera fabulada.
Y yo voz de todos la mía sueño con las nubes bajas sobre
tu isla, con las esferas del alba elevadas sobre tu seno tálamo para las
estridencias de mi lengua, reposo para las espadas de mi sangre templada: Sueño con
el sudor del evadido de labores holladas por los días de ruecas inútiles, con la grasa
corrosiva que segregan las plantas enriquecidas con la nata verde del légamo. Sueño con
perder mi sangre en el caldo agreste de tus estuarios. Sueño con perder mis savias
reacias y negras y recuperarlas en un canto criollo..., en otra voz renovada que me sea
ajena.
Por este muro partimos. ¡Alegría!, cada día se está pariendo, aún
sobre los horizontes salinos de las altas aguas. Las velas desguazadas por los vientos
resplandecen estas delicias del viaje que, fin de siglo, nos abren ante nuestros ojos los
llanos acuosos de un largo día.