Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No.

12

(doce)

SECCIÓN

páginas

de la 99 a la 100 de 112

... el recreo

Guadalajara, México - Febrero de 2000

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La historia verídica de tu cuerpo

(Este texto forma parte del poemario inédito, en prosa: "La historia verídica de tu cuerpo". El autor trabaja actualmente en su conclusión)

Miguel Reinoso*

* Docente de la Escuela Normal Superior de Jalisco (ENSJ), del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) y de la Preparatoria No. 7 de la Universidad de Guadalajara (UDG). Formó parte del Taller Literario "Elías Nandino", cuando éste lo coordinaba. Ha escrito los poemarios inéditos: "El vaso y el caracol", "El hombre de los faros", "El verano que viene del Sur" y "El festín de las bestias". Con "Telurio", de próxima publicación, ganó el premio Álica "Alí Chumacero" en 1998.

- Fragmento 9 -

 
>La esfera de las imágenes siempre estuvo al frente de todo intento por dejar estas tierras agotadas. Para conjurar las aguas de la migración, abramos el círculo de los sueños.

Sin la esfera femenina del sueño –grito en el espejo lunar de los anhelos– el mar sólo sería un vaso limitado por hierros y oficios en manos de hombres tan sólo próximos al sudor y grasa de sus días. Los márgenes de su mundo los abarcaban la mano y la mirada. Grito de las imágenes, espejo subyacente en las praderas nebulosas de la palabra: los puertos se abrían al mar a partir de nuestras bocas. El muro de nuestros calendarios fundaron otro mundo, otras aguas cohabitadas en la misma copa de los océanos: aguas gemelas en el círculo de nuestras esferas nos abrieron otras vías para las venas: Nuestra lengua fue viento regocijado por los molinos de nuestra aventura.

Muro de nuestros vértigos: ábrenos un mar de tritones y sirenas, que una isla sea –doncella y virgen– tálamo de nuestras estridencias y desvaríos. Sin diásporas ni exilios –todo hombre sobre las aguas verdes y azules es un desterrado– no hay reposo en la frescura de un cuerpo, en las arenas farinas de una isla no arribada. Por este muro, una suarda de palabras te imagina en los espacios redondos de una esfera fabulada.

Y yo –voz de todos la mía– sueño con las nubes bajas sobre tu isla, con las esferas del alba elevadas sobre tu seno –tálamo para las estridencias de mi lengua, reposo para las espadas de mi sangre templada–: Sueño con el sudor del evadido de labores holladas por los días de ruecas inútiles, con la grasa corrosiva que segregan las plantas enriquecidas con la nata verde del légamo. Sueño con perder mi sangre en el caldo agreste de tus estuarios. Sueño con perder mis savias reacias y negras y recuperarlas en un canto criollo..., en otra voz renovada que me sea ajena.

Por este muro partimos. ¡Alegría!, cada día se está pariendo, aún sobre los horizontes salinos de las altas aguas. Las velas desguazadas por los vientos resplandecen estas delicias del viaje que, fin de siglo, nos abren ante nuestros ojos los llanos acuosos de un largo día.

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