
La educación tecnológica frente al nuevo milenio
Emilio Pérez Ramírez*
Nuevo paradigma, educación-capacitación
A pesar de estar a unos meses del inicio del siglo XXI, e inmersos en un acelerado
desarrollo de la tecnología de punta, donde poco a poco la computadora y la robótica
sustituyen al hombre, y frente a la producción de miles de conocimientos científicos y
tecnológicos, grandes sectores del sistema educativo están de espalda a esta realidad.
Estamos frente a una revolución científico-técnica en el sentido
más amplio; de ella emerge una nueva sociedad altamente tecnificada que se ha dado en
llamar "postindustrial", "de la información" o "del
conocimiento". El papel interno que la educación tecnológica tenía en la
organización social de la producción y del conocimiento cambia, sufren cambios también
los mercados de trabajo y, consecuentemente, ello tiene su necesaria expresión en la
formación y capacitación de los recursos humanos.
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La globalización de los mercados, el acelerado
avance de la producción y los nuevos esquemas de trabajo están provocando cambios
fundamentales en los sistemas de capacitación y formación técnica, en la orientación y
contenidos de los programas de estudio y en los métodos de enseñanza y evaluación de
los resultados.
Estos procesos de cambio y los avances tecnológicos, no sólo
significan cambios en la producción y en el comercio, sino que demandan mayor calidad,
más flexibilidad y mejor adaptación de la educación en la formación de recursos
humanos, que sean acordes con las nuevas condiciones de la economía y la sociedad.
Cambio del proceso del trabajo
Los variados factores que inciden, a nivel mundial, en los cambios; podríamos
enumerarlos de la siguiente manera: a). Tránsito de una economía dominada por la oferta
a una orientada por la demanda, b). El cambio de estructuras ocupacionales flexibles y
centradas en redes y equipos de trabajo, c). La transformación progresiva del proceso del
trabajo.
La nueva tecnología de la producción es ahora más flexible, por lo
que las nuevas empresas están abandonando, paulatinamente, el modelo de producción
masiva que se basa en un tipo de tecnología fija, que responde a la lógica
de producir grandes volúmenes de mercancías.
En sustitución de este esquema de organización (Taylor), cada día
más empresas están adoptando sistemas de producción que responden con rapidez,
oportunidad y variedad de productos a las necesidades de la demanda, con lo que buscan
sustituir el antiguo modelo; las nuevas políticas empresariales orientan su producción
según las necesidades del mercado.
Por ello, las tendencias de la producción repercuten en el cambio del
modelo técnico, basado en la especialización, haciendo que los puestos de trabajo se
transformen en una estructura de redes y equipos, capaces de innovar y adaptar soluciones
creativas e inteligentes a los problemas de la actividad productiva.
Estructuras ocupacionales polivalentes
Las necesidades operativas de la producción actual demandan una nueva organización
en la formación y participación de los trabajadores en lo que ahora se llama: estructuras
ocupacionales polivalentes, en ella se integran trabajadores que desempeñan
diferentes funciones dentro del proceso productivo.
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Este camino no sólo determina el comportamiento del mercado de trabajo, sino también la orientación del sistema educativo y las formas de cómo éstos se vinculan.
Nuevo modelo de producción
En este modelo de producción se presenta la necesidad de revalorar el trabajo humano,
pues al cambiar las actividades repetitivas y monótonas por un trabajo más intelectual y
creativo, los individuos desarrollan su capacidad para innovar y aprender continuamente.
Este cambio, que ya se observa, no es exclusivo de un solo país, ni se
circunscribe a las economías desarrolladas o a las que están en proceso de desarrollo;
la transformación es global y abarca todo tipo de economías. En países como Inglaterra,
Francia, Canadá y Australia, por ejemplo, estos cambios se vienen dando desde hace más
de 20 años.
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Renovar la función educativa de la empresa
Frente a esta realidad, no sólo se requiere mejorar la eficiencia, calidad y
pertinencia de la educación para elevar el nivel de escolaridad de la población, sino
también renovar la función educativa de la empresa como centro principal en la
formación de recursos humanos y, por esta vía, recuperar y reconocer socialmente la
experiencia laboral del individuo.
Por último, es necesario establecer mecanismos que vinculen la
educación escolarizada, la formación y capacitación técnica y las acciones educativas
que se realizan dentro de la empresa; de tal modo que se pueda ofrecer, al mismo tiempo,
facilidades a los individuos para que puedan transitar del sistema educativo al centro de
trabajo y de éste al ámbito educativo, como una forma de progreso y desarrollo continuo.