Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No.

12

(doce)

SECCIÓN

páginas

de la 56 a la 61 de 112

... el rollo

Guadalajara, México - Febrero de 2000

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Técnica y tecnología en la educación del futuro

J. Jesús Kleemann Godínez*

* Imparte la cátedra de Filosofía en la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA). Director de Cultura del Ayuntamiento de Zapopan. Colaboró en el proyecto del Centro de Desarrollo de Recursos Humanos y Tecnológicos para la Educación (CEDERHTEJ).

Introducción

Con este título genérico, pretendo presentar algunas reflexiones sobre tres aspectos que juzgo fundamentales para la consideración, análisis y crítica por parte del magisterio. El problema se centra en la necesidad de cuestionar si estamos educando a los mexicanos que reciben educación básica, ya no, digamos, en función de las necesidades del mundo que les tocó vivir, sino de sus particulares necesidades presentes, de acuerdo con la edad y el desenvolvimiento corporal, psicológico, espiritual... y si esto está en función de su vida futura. Los niños de hoy construirán el mundo del siglo XXI. ¿Qué debemos formar hoy en ellos, para que puedan construir el mundo en que interactuarán al ser jóvenes y adultos?

Ante esta trascendente cuestión y sin tratar de profetizar, simplemente atendiendo a lo que hoy es ya una realidad con dinámica propia, se pueden formular necesidades de conocimientos, valores y habilidades que ya, desde ahora, es necesario formar en los niños desde la educación preescolar y en todo el período de su educación básica.

La importancia de desarrollar la capacidad y habilidad para manejar correctamente el lenguaje es indiscutible, tanto como un elemento de liberación, como de una herramienta básica para el diálogo, del que dependen a su vez, tanto la construcción de la democracia en una sociedad ideológicamente plural, como el desarrollo en los ámbitos del saber científico y de formulación de significaciones y valores para aspirar a una vida auténticamente humana, en armonía con todos los pueblos de la tierra. Del mismo modo, la enseñanza de la matemática, desde la base de la aritmética y la geometría, fundamentan toda posibilidad de acceso al conocimiento científico y tecnológico, preparan al sujeto para razonar con sentido lógico y lo disponen a vivir en actitud de búsqueda de la verdad.

La ponderación de los elementos de respuesta a la pregunta formulada nos lleva, necesariamente, a valorar no sólo la importancia de nuestra misión de educadores, sino también la gratificante vocación de dedicarnos a la noble tarea de formar seres humanos. Los tres aspectos que propongo son: 1). La diferencia entre técnica y tecnología, no sólo como conceptos, sino como realidades diferentes; 2). La diferencia entre los saberes científicos; 3). La tecnología como tercer ambiente en el que se desarrolla la vida del ser humano.

 

1. La diferencia entre técnica y tecnología

En el lenguaje común, los términos técnica y tecnología son utilizados generalmente como sinónimos. Existe, sin embargo, una diferencia conceptual, toda vez que no es lo mismo ser técnico que tecnólogo. La técnica nos remite a conocimientos de orden práctico en busca de la precisión, mientras que la tecnología implica el saber hacer y saber por qué hacerlo así. La técnica requiere de habilidades, la tecnología exige conocimiento teórico. En el fondo, la diferencia fundamental entre técnica y tecnología nos remite a la relación entre teoría y praxis.

Podemos decir que tanto la tecnología como la técnica surgen del uso de la razón práctica, pero en diferentes estratos, de manera que podemos referirnos a tres niveles distintos: el técnico, el tecnológico y el praxeológico. En el nivel técnico, aplicamos el sentido común o el uso cotidiano de la razón, con miras a realizar una tarea, bien sea que la técnica empleada sea tradicional o avanzada, adecuada o inadecuada, precisa o imprecisa, apropiada o inapropiada para esa tarea. En ese sentido amplio, podemos señalar como técnica la manera como realizamos las operaciones que tenemos que ejecutar para vivir: conseguir alimento, vestido, protección frente a los peligros, etc. Existen técnicas para producir fuego y preparar los alimentos, para fabricar ropa que proteja nuestro cuerpo, para construir viviendas, domar animales, curar enfermedades, etc. Todas las actividades prácticas tienen en sí un modo de realizarse y, por tanto, implican una técnica en cuanto que exigen "saber cómo se hace".

Sin embargo, saber cómo se hace algo, en términos actuales, puede implicar conocer el método para realizarlo (methodus, etimológicamente proviene de: "meta", que significa más allá, y "odós", camino; o sea: el camino a seguir), pero todo método exige utilizar técnicas para llevarlo a la práctica.

La técnica es, por tanto, una mediación que reclama instrumentos artificiales –herramientas, máquinas, aprovechamiento de fuerzas naturales, procesos de producción, etc.–, de tal manera podemos decir que han existido técnicas desde que aparecieron las primeras civilizaciones, porque una técnica requiere de un instrumento y/o de una habilidad con miras a ser eficaces en la tarea emprendida.

Un segundo nivel en el uso de la razón práctica es sin duda la tecnología. Se trata también de un saber hacer, pero con pleno conocimiento del por qué de esa manera de hacer. La tecnología está cimentada en el saber científico. La ciencia nos dice el qué y el porqué de los fenómenos, mientras que la tecnología nos indica el cómo, con miras a ser más eficientes. Ya Aristóteles precisó notablemente este concepto: "La técnica (thécne) es artificiosa y no una actividad natural". La tecnología es entonces, de acuerdo con la etimología de la palabra, una vinculación de la técnica (thecné) con el logos de la ciencia.(1)

Por tanto, la tecnología "es un saber hacer cosas, pero según una idea o ideal (eidos) que el tecnólogo (thecnítes) posee y que ‘re-produce’ en la realidad".(2)

De esta manera, la técnica puede desvincularse de los valores, no así la tecnología. Porque lo propio de aquella es la exactitud, lo que no implica el orientar la existencia del hombre; en tanto que la tecnología sí. Por ello, se puede abusar fácilmente de la técnica, porque su racionalidad reside en la eficacia, sin relación con el amor, el arte o la religión. "La bomba atómica sobre Hiroshima es de una técnica impecable. Esto indica que la técnica tanto puede traer dicha como desventura a la humanidad".(3)

El tercer nivel de la razón práctica, que llamamos praxeológico, es el que se da con el uso de la ciencia y de la técnica para resolver situaciones prácticas, reconociendo las insuficiencias y los alcances de una y otra.

En otras palabras, se pueden tener conocimientos de la manera de realizar cualquier operación, de cómo se hace algo, con técnicas apropiadas, actualizadas y eficaces; se puede tener noticia, igualmente, de las tecnologías más avanzadas para conseguir la eficiencia, pero ello no quiere decir que se pueda prescindir de la razón práctica para la aplicación de la técnica y la tecnología a la situación que se trata de manejar, de acuerdo con los fines que se pretenden lograr. Ello es lo que constituye el nivel praxeológico.

Por tanto, es en el nivel praxeológico en el que aplicamos los saberes técnicos y tecnológicos a las situaciones concretas y, por tanto, en el que decidimos el valor de dichas aplicaciones, de acuerdo con la intención o las finalidades que pretendemos.

Aplicando estas diferenciaciones a la realidad de la educación, podemos ejemplificar de la siguiente manera: enseñar técnicas es orientar el proceso educativo a tratar de desarrollar en el educando sus habilidades prácticas, de manera que sepa realizar las operaciones necesarias para realizar algo. Así, en el ámbito de la vida cotidiana, estamos sometidos al aprendizaje de gran número de técnicas. Aprender a usar un cajero automático en un banco, usar el teléfono, aprender qué gestiones es necesario realizar para adquirir una vivienda y poseerla pacíficamente, llegar a manejar con precisión una computadora descubriendo todas las posibilidades de un programa, son todos aprendizajes encaminados a la práctica de la vida diaria y de la que nadie puede prescindir para vivir hoy en día.

En este sentido, variar los modos de hacer las cosas es variar las técnicas. No es lo mismo aprender a escribir a mano desarrollando la habilidad caligráfica, que escribir cambiando de instrumento, por ejemplo, utilizando una máquina de escribir o una computadora, a pesar de que el uso de la mecanografía sea una habilidad práctica en el uso de dos herramientas diferentes. La técnica se modifica cuando se deja de cultivar un campo con un arado tirado por bueyes o fuerza bruta animal y se usa un tractor, el uso del tractor constituye un avance técnico en la agricultura, que supone la tecnología del motor de combustión interna y el desarrollo del conocimiento de la mecánica.

La técnica se modifica, entonces, cuando cambia el instrumento que el hombre utiliza para realizar una tarea. De ahí que se realice el avance técnico mediante la invención de instrumentos y herramientas nuevas y que se pueda escribir una historia de la técnica describiendo la secuencia de aparición de los mismos. Pero también se modifica cuando se concibe una nueva secuencia en las operaciones que se utilizan para realizar una práctica concreta, o sea, cuando se modifica la metodología.

"Al final de la Edad Antigua, la tecnología se entendía exclusivamente en el sentido de ‘una ciencia tratada conforme a las leyes del arte’; sin embargo, los pensadores griegos hicieron algunas reflexiones que pueden calificarse de tecnológicas en sentido moderno. Y esto, tanto más cuanto que, de acuerdo con el desarrollo de una conciencia científica, configuraron y concibieron de manera teórica el amplio campo de la tecné, mientras dedicaban a la praxis una atención menos inmediata. La forma y la destreza en aplicar los medios para la realización de fines preconcebidos, la facilidad artística para plasmar el destino en todas sus creaciones artesanales, comerciales o intelectuales, corría paralela con su mentalidad, mientras que una producción meramente técnica les resultaba muy extraña".(4)

Como ilustración de esta mentalidad, Timm alude al aprecio que se manifiesta por el constructor de máquinas (mechanetikós) en el Gorgias de Platón, similar al aprecio todavía manifestado a comienzos del siglo XX en la sociedad burguesa.

Esta referencia a la Edad Antigua, nos manifiesta cómo se intuía, ya en la era clásica de Grecia, una distinción entre tecnología y técnica, y cómo esta última era un concepto que no podía desvincularse del saber científico, como fundamento de toda creación artesanal, comercial o intelectual.

 

2. La distinción de los saberes

La ciencia es el fundamento de la tecnología, pero no todos los saberes del hombre son saberes científicos.

En la actualidad, hemos llegado a la necesidad de diferenciar los saberes, no sólo entre teóricos y prácticos, sino también entre saberes científicos y saberes no científicos. Los primeros, se han desarrollado en la era moderna, basándose en la observación de la naturaleza y en la experimentación, se limitan al estudio de los fenómenos, buscan la relación causa efecto entre ellos, se desinteresan de las esencias, intentan conocer objetivamente las realidades, se apoyan en la matemática, intentan alcanzar el conocimiento universal a partir de los saberes individuales y lograr definir leyes con base en las cuales se puedan entender y calcular los fenómenos, y, como tales leyes están sometidas a la invariabilidad, son constantes y no admiten excepciones (piénsese en la ley de la gravitación universal en física, las leyes estequiométricas en química, la ley de tiempos mínimos y máximos en los desarrollos biológicos, etc.), permitiendo predecir los hechos y alcanzar la manipulación de las fuerzas naturales.

Los saberes no científicos, en cambio, van más allá de los fenómenos para descubrir lo que las cosas son, qué significación tienen, cuál es su valor. Los saberes no científicos son así saberes razonables, pero no estrictamente racionales. Carecen de objetividad porque pertenecen al orden de las significaciones y éstas surgen de la subjetividad, de la reflexión, de las valoraciones y de los intereses de cada sujeto.

Entre estos saberes se incluyen los saberes filosóficos, éticos y estéticos; los saberes religiosos y los saberes críticos. Se conocen como saberes hermenéuticos porque su finalidad es interpretar la realidad y atribuirle su valor.

Los saberes científicos son totalmente racionales, los no científicos no lo son; pero entre lo racional y lo irracional se encuentra lo razonable. Hay que entender que el concepto de razón adquirió gran importancia en la Francia de los siglos XVII y XVIII. "Hay que recordar que precisamente la consideración matemática del siglo XVIII la ratio ocupó un lugar muy destacado [como relación entre dos magnitudes del mismo género]. La ración (ration) tiene su importancia en la ratio multiplicata. Ciertamente, sería simplificar las cosas el afirmar que se verificó en el siglo XVIII una transición del pensar racional lógico al pensar racional útil, pero esto es lo que se da, precisamente, con el desarrollo de la tecnología".(5)

Por supuesto que la razonabilidad de lo útil difiere de la razonabilidad de lo mítico o de lo estético, pero ni lo mítico, ni lo bello se pueden ubicar como racionales, porque su significación y sus consecuencias son diferentes para la vida humana a las del conocimiento científico de la realidad. La ciencia no sólo es razonable, sino estrictamente racional. Su punto de partida es la realidad, de la que recoge datos, para iniciar la racionalidad al plantear hipótesis de vinculación causal entre los fenómenos, no puede partir de mitos o de ideas preconcebidas, exige que la razón crítica revise las hipótesis y las teorías anteriores para una mejor manipulación de la realidad. Así, Einstein modifica la teoría mecánica de Newton con la ley de la gravitación universal y la sustituye por la teoría de la relatividad.

Esta característica del conocimiento científico ha llevado a afirmar la existencia de un paradigma racionalista de la ciencia diferenciado del así llamado paradigma hermenéutico, insistiendo en que también con el segundo se puede hacer ciencia, pero tal vez esta perspectiva pretenda mantener el concepto de ciencia antiguo y medieval de un conjunto de saberes sistematizados y ordenados, relativos a un aspecto parcial de la realidad, con la finalidad de contemplar la verdad.

¿No sería mejor, en beneficio de la claridad, utilizar el concepto de saberes como más genérico para establecer las especies de saberes científicos y saberes no científicos de manera que los primeros se refirieran a los aspectos que responden al paradigma racionalista y los segundos al paradigma hermenéutico?

Porque todas las realidades existentes en el espacio y el tiempo son susceptibles de tratamiento racional, pero también plantean cuestiones de significado y de valor que no pueden ser estrictamente racionales.

Estas anotaciones resultan importantes para la ubicación de la tecnología y su distinción con la técnica, toda vez que la tecnología se desprende del saber científico pero relacionado no ya con el simple entendimiento del funcionar de los seres, sino con encontrar el modo de manipularlos y operar sobre ellos, de acuerdo con la objetividad de su realidad y de su funcionamiento natural, pero también de acuerdo son su significación y su valor. Así, la metodología y los instrumentos, los equipos de medición, las herramientas, etc., pueden considerarse como productos de la tecnología.

La técnica queda entonces reducida al saber hacer uso de esos métodos, instrumentos, equipos y herramientas, y su campo de acción encuentra su límite en los mismos, y en la habilidad práctica del técnico. La tecnología, en cambio, puede superar dichas limitaciones porque su fundamentación en el saber científico y sus implicaciones de valor y significado le permiten creativamente modificar el instrumento, el equipo, la herramienta para mejorarlo, perfeccionarlo, adecuarlo a las condiciones del técnico (así la ergonomía es una dimensión de la tecnología), así como descubrir o inventar nuevas herramientas para determinar una técnica diferente

Por ello, más allá de la invención y el descubrimiento, la mente humana se manifiesta inquieta por entender cual es la significación y el valor de tales resultados de la tecnología o de los adelantos técnicos, pero ésta es ya tarea de los saberes no científicos. De ahí su importancia, además de que, como señala Timm, "El tratado de ‘filosofía y técnica’ significa una búsqueda de relaciones entre el aspecto técnico de la vida y una reflexión sobre los problemas modernos, siendo de esta forma un apartado especial de la tecnología".(6)

Ello quiere decir que también para Timm, el concepto de tecnología no puede separarse de las significaciones y los valores y constituye, por tanto, un enlace entre la racionalidad de la ciencia y la razonabilidad de las filosofías, por lo que precisa que la tecnología se ubica dentro de lo ‘razonablemente útil’.

Es necesario considerar que todo lo relacionado con el hombre pone un pie en lo científico y otro en lo no científico. Así, la economía, sujeta a leyes, a la relación causa efecto, entre los fenómenos económicos, no puede ignorar la significación de la economía de mercado en su evolución actual de neoliberalismo pues implica un elemento que no puede ser ignorado en su valoración: la pobreza extrema que produce a escala global. Este es ya un saber no científico, sino de valoración. Igualmente la política, y toda dimensión social, puede ser estudiada tratando de encontrar la objetividad propia del saber científico, pero se encuentra con la dificultad de que resulta imposible porque el objeto de estudio es el mismo sujeto.

Pero no solamente lo social, también lo individual del ser humano comparte tanto la dimensión científica como la no científica. La anatomía humana, por ejemplo, es una ciencia y su objetivo es conocer con plena objetividad todas y cada una de las partes que componen el cuerpo humano, para que otra ciencia, la fisiología, dé cuenta de su funcionamiento. Sin embargo, la cuestión de si nuestro cuerpo está animado o es una sola compleja estructuración de la materia, rebasa el ámbito de la ciencia y convierte ese objeto, nuestro organismo, en un objeto de saberes no científicos.

Con esta diferenciación del saber, en realidad se complica la tarea educativa, porque además de desarrollar en el ser humano, independientemente de su edad, las capacidades para la ciencia, es necesario hacerlo capaz de vivir la vida con los valores que nos convierten en auténticos seres humanos. Ello quiere decir que no basta desarrollar la inteligencia orientada a captar lo que los científicos han ido descubriendo, sino que es necesario que se abran al educando las perspectivas de gozar la belleza, recrearla en el arte, de apreciar la bondad en sí y en los demás, de buscar sin complejos ni prejuicios la verdad.

Por lo tanto, podemos ya darnos cuenta de que si nos maravillamos por las construcciones de la técnica y admiramos el quehacer de los tecnólogos, más hemos de sorprendernos de la misión de los educadores y de la ardua tarea de los maestros. Ya en sí la naturaleza ha construido un ser extraordinario al aparecer el ser humano, pero lo que nace de una mujer es lo dado, después viene lo adquirido y ese es el cometido de la educación. No somos sólo lo que se nos dio al nacer, sino lo que adquirimos a partir de las capacidades que se nos dieron al venir al mundo.

 

3. La técnica, ambiente en que se desarrolla la vida humana

En la historia de la humanidad, durante tal vez dos millones de años, el ser humano vivió en simbiosis con el mundo natural: depredador y parásito, aunque dominado por la naturaleza, de la que vivía. Alrededor de 3,000 años antes de Cristo surgió la sociedad, de manera que fue el ambiente social el que le proporcionó cuanto necesitaba para subsistir. Pero desde el siglo XVIII hasta nuestros días, el medio en el que y del que vive es la técnica, resultante de la tecnología, con sus máquinas y sus métodos.

De esta manera, ese ser que nace de mujer y que ha de vivir como individuo y como sujeto, inicia, al venir al mundo, la aventura de enfrentar no sólo el ambiente natural y el social, sino también el ambiente técnico, cada vez más omnipresente por el avance de la tecnología y la aparición de tecnologías nuevas.

La educación tiene, entonces, que ver con preparar al ser humano para enfrentar a la naturaleza, integrarlo adecuadamente al ambiente social y capacitarlo para vivir la vida en el ambiente técnico.

En la actualidad, la técnica, con las tecnologías que tiene atrás, ha logrado condicionar todas las relaciones humanas: económicas, políticas, jurídicas, culturales y sociales, de tal forma que nuestro desarrollo, mayor o menor, también depende de nuestra capacidad para vivir en armonía con el ambiente tecnológico utilizando sus técnicas.

Es tan imperante el ambiente técnico, que la diferencia de los pueblos se establece actualmente con base en la tecnología que la genera: los pueblos que tienen más tecnología son los desarrollados, los que importan tecnologías se consideran en vías de desarrollo y finalmente los que carecen de tecnología son simplemente subdesarrollados.

Hubo técnica desde la era arcaica, pero su base era la necesidad de resolver prácticamente los problemas de la vida y de la convivencia social. La modernidad, fincada en la ciencia, hizo aparecer la era tecnológica.

Por ello, con el afán de este desarrollo, los segundos y los terceros pueblos se han endeudado, porque todos los gobiernos aspiran a crear en sus países las condiciones que les permitan salir del subdesarrollo, sinónimo de anacronismo para las naciones. Es la convicción de que sin tecnología se está viviendo en épocas que no corresponden a la actual evolución de la humanidad.

La tecnología, sin duda, ofrece mejores condiciones de vida, por lo menos en sus aspectos materiales. Pero también permite un mejor desarrollo de las capacidades psicológicas y espirituales humanas. ¿Podemos ignorar lo que puede contribuir al crecimiento de cualquier ser humano, y de cualquier pueblo de la tierra, el dinámico desarrollo de las técnicas de la comunicación y de la informática?

En la historia, los medios para comunicarse los hombres entre sí han pasado de los medios humanos, como la palabra, el gesto, la mirada, el dibujo, la música, etc., a los medios no humanos, como la imprenta, la prensa, la radio, la televisión, el teléfono, el fax, el video, el teletexto, los videocasetes, las comunicaciones vía satélite, principalmente.

En informática, a través de la computadora, ahora se procesa no solamente información, también se procesan saberes, y a través del Internet, se abre la posibilidad de allegarse todo tipo de información y la comunicación se globaliza hasta permitir relacionarse con personas antípodas, de manera cada vez más vivencial.

En la consideración de lo que representa la computadora, pero sobre todo la vinculación de las computadoras entre sí, así como las telecomunicaciones alrededor del planeta, Germán Escorcia S., director de Global Thinkers, se atreve a considerar que "La máquina más compleja construida por el hombre es, sin duda, la que constituye la inmensa red de computadoras y telecomunicaciones alrededor del mundo. Esa red sintetiza el viaje humano en la conquista de la era digital, y ha resultado en la creación de las más poderosas herramientas, para el dominio y avance en el área más diferenciadora del ser humano: el conocimiento".(7)

Simplemente, la existencia de esta compleja ‘máquina gigantesca’ debería bastar como hecho aducido para la consideración de que la técnica constituye un tercer ambiente, además del natural y el social, en el que en la actualidad el ser humano nace, crece, se reproduce y muere. Que nos integremos a él o no, depende, sin lugar a dudas, de la educación de los individuos y de las masas. Lo cierto es que los niños actuales deberán ser integrados con urgencia a este ambiente, tanto más cuanto que el ambiente tecnológico está produciendo cambios estructurales que modifican el mundo en el que tales niños habrán de vivir en el siglo XXI.

El mismo Germán Escorcia S., en el texto citado enumera:

"• Desaparición de las economías basadas en volumen y escala.

• Énfasis mayor sobre la producción flexible y el valor agregado.

• Mayor valor de la información que el de las materias primas.

• Desaparición de las cadenas de producción por autoridad y jerarquía.

• Intenso foco en calidad y servicios al cliente (aún para institutos o servicios públicos de gobierno).

• Alta especialización mutante.

• Fronteras organizacionales móviles e intensas relaciones interorganizacionales.

• Eficiencia y reducción de tamaño."

Y concluye: "Un mundo volátil al interior de las organizaciones exigirá individuos dotados de atributos nuevos y diferentes de los que hoy les aporta la educación. Las exigencias sobre el sistema no esperarán para hacerse sentir, y el secreto será la anticipación".

Estos elementos, que se consideran fundamentales en el ámbito de la transformación organizacional, junto con otros fenómenos inherentes al ambiente tecnológico, como la permanencia del cambio acelerado, la globalización, la telecomunicación ubicua e intensa, la competitividad universal, la redefinición de soberanías e identidades (a las que se podrían incluir otras como la transformación del actual paradigma cultural), la llevan a proponer ‘cuatro grandes habilidades’ que desde ahora ha de procurar atender con prioridad la educación, para develar el secreto del futuro siglo XXI, que definió como anticipación:

  1. Alta creatividad.

  2. Aprendizaje y construcción permanentes.

  3. Análisis dinámico.

  4. Comunicación y colaboración.

Para hacer creativo a un individuo se requiere formarle su capacidad de abstracción, de análisis simbólico, su juicio crítico y su imaginación, más que su capacidad de memorizar datos y convertirlo en un ser erudito, como simple almacenador de información.

Por tanto, se reclaman cambios en las prácticas educativas, toda vez que resulta imperioso el contacto de las personas con la realidad, para provocar la capacidad de descubrir, y entender el mundo y el hombre, en sus dimensiones individual y social, como realidades a seguir interrogando y a seguir transformando. Aceptar en la didáctica la experiencia del ensayo y error, toda vez que lo humano no es no equivocarse, sino aprender a corregir los errores. Desarrollar en los niños la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones puesto que la dinámica del cambio impone no permanecer instalados en una sola forma de vivir, lo que permite aprender a juzgar lo esencial, que debe permanecer en el ámbito de los valores, y lo accidental, que puede ser modificado; porque la dinámica del cambio atrae hacia lo cómodo, pero con la pérdida de lo que nos humaniza. Requerimos educar para aprender a trabajar en equipo, para colaborar y mantener una mentalidad abierta que nos impida caer en el error de que sólo yo tengo la verdad y que aceptar la retroalimentación es un atentado contra mi asertividad.

En este último párrafo, he parafraseado lo que señala Germán Escorcia S., en el artículo mencionado, entendiendo que Escorcia, cuando esto escribe, denota que vive en un país desarrollado, como lo es Canadá, pero su propuesta tiene validez desde el momento que la técnica, y las tecnologías de las que se deriva, no está presente solamente en esos países, sino que al constituir un tercer ambiente en el que se desarrolla la vida del ser humano, se constituye en una realidad de carácter mundial, independientemente del país en que se habite.

 

Por último... ¿y en Jalisco qué?

Con todas estas consideraciones, resulta imperativo para el sistema educativo nacional y de Jalisco en particular, pero sobre todo para la plantilla profesional de nuestro magisterio estatal, el que se valore la significación de lo que el Centro de Desarrollo de Recursos Humanos y Tecnológicos para la Educación en Jalisco (CEDERHTEJ) representa para una educación que responda a las actuales necesidades de los niños de educación básica. El Centro de Desarrollo Tecnológico (CEDETEC), representa la inclusión de las actuales tecnologías para que se usen didácticamente. El Centro de Desarrollo de Personal (CEDEP), por su parte, tiene como misión apoyar en la formación del magisterio para actualizarse en todos estos requerimientos, puesto que como lo señala el Plan Nacional de Educación 1995-2000: "Educar es transformar al ser humano con una visión de futuro".

 

Notas

1. Logos (de donde se deriva el sufijo logía) designaba entonces mucho más que el simple significado de "tratado" que ahora le damos al designar cualquier conjunto sistematizado de conocimientos acerca de una realidad, como cuando decimos cosmología y lo entendemos como tratado sobre el cosmos, o antropología, tratado sobre el hombre, o etnología, tratado sobre los pueblos, etc. Octavi Fullat. Filosofías de la educación. Ed. Ceac. [Paideia]. Barcelona, España, 1992. Pág. 164.

2. Ibídem. Pág. 165.

3. A. Timm, Pequeña historia de la tecnología. Ed. Guadarrama. Madrid, 1971, pág. 19.

4. Timm. Ibíd.., pág. 122.

5. Timm. Ibíd.., pág. 135.

6. Escorcia S., Germán. "Tecnología y Educación: propósito planetario no excluyente". http://www.lcsi.ca

7. Ibídem.

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