
¿Tecnología en la educación?
Alberto de la Mora
Gálvez*
* Jefe de la Unidad de Video Educativo de la
Universidad de Guadalajara (UDG).
Muchas y variadas actividades del
quehacer educativo en los niveles preescolar, primaria y secundaria podrían apoyarse,
para alcanzar sus objetivos educacionales, con el uso de la llamada nueva tecnología.
Las actividades que la usan menos, que son la mayoría, son precisamente las educativas y
pedagógicas. Lo anterior sólo quiere decir que en algunas instituciones se usa la
computadora como recurso administrativo y no se le da la importancia y la dimensión que
actualmente podría tener.
Debería aceptarse, sin discusión, que es en el campo de la enseñanza
donde las computadoras tienen su mayor potencial, basta considerar para ello la gran
cantidad de información, cursos, enciclopedias, etc., que actualmente están disponibles
y a precios al alcance de cada vez más personas; pero sólo ésto, ya que por otro lado
está el Internet. Así, una computadora o un equipo de recepción de Internet puede
convertirse en una aula virtual, en la propia casa de cualquier persona. El
problema no es ya el conseguir información, sino el seleccionar la más relevante de
entre una inmensa cantidad que nos bombardea, evitando la saturación y la consiguiente
sobrecarga cognitiva.
El aula virtual permite que cualquier persona, mediante la
computadora y cualquier software apropiado, acceda a manipular, analizar,
comprender y sintetizar la gran cantidad de información que estos recursos tecnológicos
ponen a su alcance. Basta aceptar que una computadora puede, por su carácter informativo
(en algunos casos hasta formativo), apoyar al completo desarrollo del estudiante, aun
cuando la guía y orientación para su uso, deberán estar siempre bajo la responsabilidad
de un "humano", por lo menos en cuanto a la programación de la secuencia de la
información que la computadora proporciona.
El punto de partida es, ¿empleamos la tecnología para nuestro
beneficio?, cualquier respuesta podrá estar equivocada si no respondemos primero a la
pregunta ¿cuándo debemos empezar a usar la tecnología?; el primer cuestionamiento se
responde fácilmente con un sí, ya que la tecnología es parte vital en nuestras
acciones diarias. Preguntémonos ahora ¿qué beneficio reporta el usar la tecnología
ahora?, ¿son más rápidos los eventos y acciones cotidianas con su uso?, ¿existen
mejores satisfactores, son éstos de mejor calidad, ha aumentado la producción de los
mismos, son relativamente más económicos?, ¿todo ello beneficia culturalmente a la
población. La tecnología de los procesos de fabricación sigue siendo extranjera,
seguimos formando un pueblo maquilador, si no, basta con preguntarnos, por ejemplo
¿cuándo fue la ultima vez que se intentó estudiar una lengua extranjera y si se
concluyó dicho estudio con el dominio de la misma?, ¿cuál será el pretexto a
utilizar?: muchas ocupaciones, mucho trabajo, la edad, la responsabilidad de un puesto,
¿cuál?
Se debe recordar que las ocupaciones, el trabajo y las
responsabilidades llegan paralelas con la edad; si la anterior premisa es cierta y la
aceptamos, en la medida que una persona va siendo mayor, menor es el tiempo que puede
dedicarle al estudio.
La relación del ser humano con la tecnología es compleja. Por un lado, la utilizamos para ampliar nuestros sentidos y capacidades. A diferencia de los animales, el ser humano transforma su entorno, adaptándolo a sus necesidades, las reales y las socialmente inducidas, pero termina transformándolo a él mismo y a la sociedad. En este sentido, podríamos decir que somos producto de nuestras propias criaturas.
Lo anterior
manifiesta la creciente dependencia del ser humano con respecto de la tecnología, ¿la
usamos para mejorar nuestro nivel de educación?, ¿formamos personas que sean
dependientes de la tecnología o usuarios que conozcan el qué y el cómo de la misma?, es
importante puntualizar que para formar usuarios de la tecnología y no dependientes de
ésta, sólo se necesita voluntad de las tres partes que intervienen en el proceso de
enseñanza: el maestro, el alumno y la familia.
¿Cuándo se debe empezar a usar la tecnología? En mi opinión se debe
usar tecnología en la educación desde que los alumnos pisan un aula de instrucción
formal, sea preescolar o primaria, pero, será de vital importancia que en la familia se
continúe con este esfuerzo.
Los maestros debemos estar actualizados en la tecnología que se usa en
las acciones educativas, denominada actualmente tecnología instruccional, que se
refiere al uso de programas computacionales y sistemas electrónicos para la enseñanza.
Actualmente se utiliza la tecnología instruccional para desarrollar
mejor las capacidades intelectuales de los estudiantes, recordemos que cuando nosotros
estudiamos el pez, nos lo pintaban; el relámpago y otros fenómenos físicos nos los
platicaron. Hoy, basta con seleccionar una opción en una computadora con el programa
adecuado, para observar, escuchar y en algunos casos hasta interactuar con ella; se puede
"mostrar" cualquier fenómeno físico, un animal, una técnica o una ciencia; y
todo esto está esperando que lo usemos en la aplicación mas importante, la educativa,
para la que, muy probablemente, no fue diseñada la computadora.
Con la educación y la formación que se adquiera a través del sistema
educativo institucional, usando la tecnología, los estudiantes serán dueños de su
destino y garantizarán el desarrollo de su entorno regional y su país.
Después de estos prolegómenos, estamos en posibilidad de contestar la
pregunta, ¿cuándo se debe empezar a usar la tecnología?, de una manera mas adecuada y
directa: ya; la respuesta: ayer, es tardía. Consideremos lo que nuestra
generación ha perdido por no usar este recurso a tiempo, no haremos aquí un listado de
pérdidas, no volvamos la vista hacia atrás; sumemos, eso sí, lo que podrán perder
nuestros estudiantes por no usar las nuevas tecnologías, de esto tampoco haremos
una lista; sumemos lo que podrá perder nuestro estado y todo el país. La pregunta que
habrá que responder ahora, es ¿podrán nuestros estudiantes ser competitivos sin usar el
recurso de la tecnología instruccional?
Los estudiantes deberán adoptar un papel mucho más activo,
protagonizando su formación en un ambiente rico en información y en actividades
formativas, en el que el maestro será pieza fundamental.
Los maestros debemos ser los primeros en aceptar el uso de la
tecnología y los impulsores de su uso en la comunidad que nos rodea; debemos ser guías,
consejeros, asesores y guardianes del buen uso de la información en la formación de
nuestros estudiantes. Hay momentos en que es necesario hacer cambios radicales y
éste es uno de ellos.
Nos referimos normalmente a la "escuela" como la entidad
física que no cambia, que impone modas educativas, que nos protege de no reconocer que
somos nosotros los que no queremos cambiar; reconocer lo anterior es un buen principio, el
paso siguiente es aceptar la tecnología. Esta revista, que tienes en tus manos, fue hecha
con la ayuda de una computadora; este artículo fue apoyado con la consulta a la Red
Internet y una impresora, fue guardado en un disquete como información portable,
transmisible; todos ganamos con el uso de la tecnología, eso es un hecho, y al ganar
todos, ganan nuestros alumnos.
El lugar que se ocupe en la gran pirámide formativa del estudiante no
es lo más importante, ya que todos formamos parte de la maquinaria, de ella no escapa ni
el director de la escuela ni el maestro de asignatura. Pretextar que ya no tengo edad para
cambiar no es valido hoy, ya que por pequeño que el cambio sea, será importante al
sumarlo con el de los demás.
Termino citando el documento publicado en EDUTEC, Revista Electrónica
de Tecnología Educativa, Nº 7, noviembre de 1997, ISSN: 1135-9250.
La educación en la sociedad de la información ha de ser un factor de igualdad social y de desarrollo personal, un derecho básico y no únicamente un producto de mercado. Los grupos de alto riesgo en términos informacionales, los infoparias, han de ser objeto de acciones positivas por parte de los poderes públicos. Debe evitarse que las nuevas tecnologías acrecienten las diferencias sociales existentes o creen sus propios marginados. ¿Están nuestros centros educativos preparados para afrontar la parte que les corresponde de este desafío? ¿Estamos formando jóvenes para el futuro?