
Entre la tecnofobia y la tecnofilia: el desafío de una educación comunicativa
María Elena Chan Núñez*
En fin, sabemos que somos seres, individuos, sujetos y que estas realidades existenciales son centrales, no reductibles. Mientras que precisamente en la visión econocrática o tecnocrática el factor humano es la pequeña irracionalidad que hay que integrar para funcionalizar los rendimientos, por el contrario, hay que integrar el factor económico y técnico en una realidad multidimensional que es biosocioantropológica. |
| Edgar Morin.1 |
Tecnología y humanidad
Las tecnologías de información y comunicación son un producto humano, sin embargo,
es común que se le considere deshumanizantes. Distintos autores han enfocado las
dimensiones biosocioantropológicas del hombre como centro de su reflexión. La
socialización como proceso de humanización, a través del uso del lenguaje, por las
interacciones o vistas desde las acciones comunicativas, han tenido un papel central en
filósofos, epistemólogos, biólogos, antropólogos, sociólogos, psicólogos, y
pedagogos de distintas épocas: desde Sócrates, Rousseau, Freinet, Piaget, Bourdieu,
Habermas, Vygotski y el mismo Edgar Morin, desde quien se aborda esta primera reflexión,
sólo por nombrar algunos de los más reconocidos e influyentes en el campo educativo.
Edgar Morin invita a una reflexión ética sobre las implicaciones de
la ciencia y la tecnología, situándolas como producto cultural humano, conocimiento como
producto y herramienta de su hacer cotidiano. En su carácter de herramientas su
desarrollo como parte de la vida social se ha dado paulatinamente y de manera
"natural", según las necesidades cambiantes de los grupos humanos, sus procesos
de industrialización, permeando amplias capas de la población universal, encontrando
menores o mayores resistencias en ciertos sectores productivos o grupos humanos.
Las ciencias y las tecnologías, como productos humanos, se han
desarrollado en respuesta a necesidades percibidas por los grupos sociales, percepción
mediada por visiones sobre el mundo. No hay un sólo modo de hacer ciencia, ni un sólo
modo de hacer y aplicar tecnología. La diversidad en los usos científicos y
tecnológicos es inherente a la diversidad de los intereses sociales y dinámicas del
poder. El sentido de herramienta que puede tener para un grupo humano una tecnología,
podría no tenerlo para otro, considerando las condiciones particulares en que se
desarrolla su cotidianidad. El uso en beneficio de unos, podría significar la afectación
de otros.
En este artículo se asume que más que hablar de las tecnologías en
la educación es interesante reflexionar sobre sus usos, lo cual supone abordarlas no como
el objeto central, sino en su integración como herramienta para la facilitación y
consolidación de las relaciones educativas. Equivale a pasar de la pregunta: ¿Qué
necesitan los docentes para incorporar las tecnologías de información y
telecomunicación en su hacer cotidiano?, hacia preguntas tales como: ¿Para qué
necesitan los educadores y los educandos que se incorporen estas tecnologías en la
acción educativa? ¿ Qué procesos se facilitan con el uso tecnológico? ¿De qué manera
se viven las tecnologías y se integran culturalmente en las relaciones educativas? ¿Qué
cosas facilitarían a los educadores y a los educandos el dominio de las tecnologías como
herramientas en los procesos de enseñanza y aprendizaje? Asumiendo esta última
interrogante en el entendido que fuera su voluntad incorporarlas.
La integración de lo técnico en lo humano, llevada esta reflexión al
campo educativo, supone poner a los actores de la educación en el centro de atención y
analizar sus prácticas para identificar las situaciones en las que los usos tecnológicos
pueden ayudar al logro de los propósitos educativos.
Desde un reconocimiento de la diversidad entre los seres humanos, esta
reflexión invita también a reconocer que la percepción de necesidad de apropiación
tecnológica puede no darse simultáneamente entre todos los miembros de una
organización, y que las diferencias sociales (de género, posibilidades económicas,
saberes profesionales, generacionales, hábitos y condiciones de acceso a medios, etc.)
determinan esta capacidad de percepción de la mayor o menor necesidad de integración de
las tecnologías como parte de las interacciones humanas.
La apropiación tecnológica supone su valoración, y esta valoración
se aprende socialmente.
¿Quiénes y para qué necesitamos la apropiación tecnológica en
la educación?
Si bien la escuela ha sido la institución más reconocida para la reproducción y
producción cultural en las sociedades modernas, ni es la única, ni la más poderosa a
finales del siglo veinte.
La Era de la Información se ha caracterizado por la masiva
distribución de información, que no de conocimiento a través de diversos medios. Sin
embargo, la distribución masiva de los medios ha contribuido de manera muy limitada para
la expresión de las audiencias, su uso se ha caracterizado desde siempre por su
dirección hacia la recepción.
La cultura del consumo informativo ha sido ampliamente generalizada por
el poder de los medios de comunicación masiva.
Una manera de afrontar este hecho es reconocer que el acceso a la
información nos ha modificado nuestras formas de relación con el mundo, y que las
habilidades para el procesamiento de esta información, y para la expresión no están
suficientemente trabajadas en las instituciones escolares.
Muchos educadores han asumido una posición frontal ante los medios,
viéndolos como el enemigo a vencer. Más allá de una "resistencia pasiva"
frente a los medios, la posibilidad de trascender una visión confrontativa para reenfocar
el problema de la información y la comunicación contemporáneas como contenido de lo
educativo, supone reconocer que su penetración cultural ha modificado radicalmente las
formas de relación de los seres humanos con la información, y que las herramientas para
el manejo informativo no están dadas en la oferta de estos medios. Tocaría entonces a
los educadores profesionales, plantearse diversos desafíos. Guillermo Orozco (1998),
plantea la necesidad de enfocar el reto educativo a favor de las audiencias y no contra
los medios. En su pedagogía de la evidencia, lo que pone al centro de la reflexión es la
posibilidad de educar para que las audiencias sean capaces de hacer evidente lo que no se
percibe como tal en la comunicación de masas, particularmente en la televisión.
La alfabetización audiovisual, supone esa formación del receptor
crítico, que acrecienta su poder frente a la oferta televisiva.
Partiré de esta noción de alfabetización audiovisual como
"empoderamiento" de las audiencias, concepto que utiliza este mismo autor y que
retomo para plantear algunas premisas básicas de este trabajo:
La cultura mediática, aunque está promovida por una misma
oferta en amplios grupos sociales que rebasan incluso las fronteras nacionales, no tiene
características homogéneas en las poblaciones. Los usos de la información son diversos,
las competencias para la interacción con los medios tienen génesis distintas y formas de
evolución que dependen de múltiples factores. Interesa en este trabajo resaltar la
diferencia generacional. Lo generacional no es solamente cuestión de separación de
edades entre los educadores y educandos, sino de exposición y gusto por los medios, lo
que puede marcar la diferencia en uno de los elementos que contribuyen a la valoración de
las tecnologías entre los educadores. Es evidente que para quienes nacieron después de
la década de los sesentas, los medios de comunicación, particularmente la televisión,
forman parte de su cotidianidad. Los juegos interactivos, como el Nintendo y las
computadoras, han sido parte de la vida de los niños y jóvenes que nacieron entre
finales de los setentas y de manera más contundente en las dos últimas décadas. Los
adultos se han integrado a estos usos por exigencia de los hijos, para entender a los
estudiantes, o según la ocupación, por necesidades del ámbito laboral. Algunos, tal vez
los más, se han resistido a esta cultura.
Los niños y jóvenes acostumbrados a determinados modos de ver
y "leer" las imágenes y la información transmitida por los diversos medios,
pueden ser más sensibles que sus educadores, al cambio de ritmo, modos de presentación,
volumen y exigencia en el manejo de la información en la escuela.
Claro que los docentes perciben ésto como problema. ¿Cómo
competir con esa seducción mediática, contando sólo con libros, pizarrón, gises, la
voz y las capacidades histriónicas personales? ¿Cómo competir aunque se cuente con
otros recursos como los proyectores de acetatos, el video y las computadoras, si hay un
mundo de diferencia entre las posibilidades de producción de las empresas mediáticas y
las escolares?
Considerando como premisa de fondo la necesidad de dar mayor
poder a las audiencias para situarse frente a la información, interesa resaltar como una
dimensión de ese "empoderamiento" tiene que ver con el desarrollo de
competencias para la expresión. No se trata de suponer que se puede competir con la
producción mediática desde la lógica que han planteado en sus terrenos, sino de partir
de lo que comunicativamente puede ser más rico, pertinente y alternativo al consumo
informativo: la inclusión de la comunicación como valor en las relaciones educativas.
Interesa plantear una definición comunicativa de la educación: "La educación es el
sistema sociocultural, que mediante actos de comunicación, promueve la modificación de
repertorios culturales de los individuos, incrementando y ampliando su capacidad de
participación en la vida social
" (Fuentes, 1981: 80) A su vez, conceptualizar
la comunicación educativa como: " Proceso que relaciona a dos o más sujetos
permitiendo la producción en común de sentido, de acuerdo a reglas convencionales en un
contexto sociocultural determinado, en que se constituye como una práctica de
significación." (Fuentes y Luna, 1984).
En síntesis:
En lo que perciben los actores de la educación, como
necesidad respecto al manejo informativo y comunicativo y, por ende, respecto a las
demandas para la integración de las diversas tecnologías disponibles para el campo
educativo, hay diferencias de fondo.
Tan negativa puede ser la insistencia sobre el uso de
tecnologías ya compradas, instaladas, y que la comunidad no percibe como necesarias; como
la resistencia a reconocer lo que los educandos ganarían al incorporarlas como parte de
los procesos formativos. Mas que esperar a que la necesidad sea sentida por los
potenciales usuarios de todas esas posibilidades tecnológicas (ya sea para equipar, o por
el hecho de que ya se realizó la inversión tecnológica), se requiere hacer sentir la
necesidad. Se trata de encontrar las vías para promover una percepción y valoración de
la cultura mediática como componente de la realidad humana.
Asumir la cultura mediática no se entiende aquí como su
aceptación irreflexiva. Supone reconocerla como parte de la vida. Supone reconocer la
necesidad de no negarla y de rebasar la posición confrontativa, que contribuye
precisamente a su imposición hegemónica: la negación a trabajar con la cultura
mediática, como parte esencial de lo educativo, aleja los medios como contenido y como
herramienta en lo escolar, y este alejamiento refuerza la visión de los medios como
posesión expresiva de unos cuantos: los que dominan la industria mediática y sus
lenguajes.
Ni la innovación ni la modernización son términos que por sí
mismos convenzan a los educadores y educandos de la necesidad de integrar las tecnologías
de la información y la telecomunicación en los procesos de enseñanza y de aprendizaje.
Para los tecnófilos ésto representa un problema, porque lo que a ellos los deslumbra no
es visto por los otros, "los resistentes", como una necesidad. Para los
tecnófobos, la modernización y la tecnologización se vuelven sinónimos de
deshumanización e imposición "tecnocrática". ¿Desde donde trabajar la
distensión, el acercamiento entre los posiciones polarizadas?
Ejercicios para la distensión
Lo que se plantea a continuación ha sido uno de los resultados del desarrollo del
proyecto denominado: Formación de equipos interdisciplinarios para la producción de
materiales educativos orientados al aprendizaje autogestivo.
Este proyecto se ha llevado a cabo en la Universidad de Guadalajara,
dentro de la Coordinación de Educación Continua Abierta y a Distancia, dependiente de la
Coordinación General Académica, en el período 97-99.
Los propósitos del proyecto fueron tres:
Formar personas e integrar equipos para la producción de
materiales educativos orientados al aprendizaje autogestivo.
Producir prototipos de materiales orientados al aprendizaje
autogestivo, para su experimentación, evaluación e instrumentación en centros de
autoacceso de la Red Universitaria de Jalisco.
Evaluar el proceso y desarrollar propuestas extensivas a otros
cuerpos académicos.
El proyecto se diseñó partiendo de las siguientes consideraciones:
Que la formación de académicos universitarios no debiera
diferenciar las modalidades abierta y a distancia como objetos especializados de
formación, sino más bien, tender a la formación de la totalidad de los docentes
universitarios en torno al aprendizaje autogestivo.
Que la autonomía en el aprendizaje, como fundamento de la
educación abierta y a distancia, ha favorecido el desarrollo de dispositivos de
formación que dan respuesta a problemas universitarios tradicionales como: la
concentración de la matrícula, la escasa flexibilidad curricular, los problemas
administrativos que devienen de la implementación del sistema de créditos, la escasa
cobertura geográfica y de sectores de población insertos en el mundo del trabajo.
Que la desinformación y prejuicios en torno a las modalidades
educativas no convencionales, pudieran ser atenuados con un programa de formación
extensivo a todos los departamentos universitarios en el que se desarrollaran los
principios básicos de la apertura y la inserción directa a prácticas de comunicación
educativa.
Que las competencias que se requieren en los académicos para el
desarrollo de la educación a distancia y generar procesos formativos autogestivos, son
esencialmente comunicativas. Conceptualizando las competencias como las capacidades para
la realización de tareas y funciones integrando conocimientos, actitudes, habilidades y
valores.
Que la formación se desarrollaría como parte de las tareas
cotidianas del personal que se integraría en los equipos en formación y no como un
proceso ajeno a la práctica diaria.
Se convocó a los académicos universitarios que quisieran desarrollar
materiales educativos orientados al aprendizaje autogestivo. Se aceptaron 25 proyectos
para darles apoyo. Este consistió en asistencia para el diseño curricular e
instruccional, para la producción en medios múltiples, según el tipo de educandos a
quienes fuera a ofertarse, y los recursos humanos y materiales para la producción de un
prototipo que después de ser piloteado, evaluado y en su caso reestructurado, pudiera ser
reproducido para su oferta generalizada en la Red Universitaria de Jalisco y para otras
instituciones y personas interesadas.
Este proyecto fue pensado y ejecutado para una apropiación de
múltiples medios desde una perspectiva comunicativa de la educación. El foco de
atención se puso en la formación para comunicar, y no en la formación para el dominio
mediático.
De entre las dificultades, problemas, logros y aprendizajes que se han
dado a lo largo de la ejecución, interesa plasmar en este artículo lo relativo a uno de
los ejercicios diseñados para la integración de los equipos multidisciplinarios (más
que interdisciplinarios) y de los cuales pueden resaltarse sus ventajas para usos
"distensionantes" o encaminados a una mayor flexibilidad y apertura hacia la
cultura mediática.
Antes de entrar a la explicación del ejercicio y sus primeros
resultados, conviene explicar algunos de los conceptos tomados como referente de la
experiencia.
En el apartado anterior situamos el problema de la apropiación
tecnológica para usos educativos, considerando que su condición básica de posibilidad
está en la percepción de la necesidad por parte de los usuarios de las tecnologías.
El proyecto antes citado partió de plantear un desafío específico a
los participantes con la intención de hacerles sentir esa necesidad de apropiación
tecnológica: elaborar material educativo que contuviera la información necesaria, para
que el estudiante pudiera trabajar con él, como guía principal de su aprendizaje. Esta
tarea se planteó como un problema resoluble, a partir de diversos saberes que tendrían
que integrarse: los contenidos de una materia curricular específica, nociones sobre el
aprendizaje y tipos de actividades propiciatorias del mismo, recursos expresivos en medios
diversos impresos o audiovisuales.
Como parte del proyecto de investigación que acompañó el proyecto
formativo y de producción, se planteó la siguiente premisa: La mediación
semántico-técnológica en la producción de materiales educativos, se entiende como el
proceso de articulación de lenguajes diversos en la creación de un producto comunicativo
con propósitos educativos; en el que cada lenguaje responde a una misma estructura de
significación orientada por intenciones compartidas por el grupo productor.
La mediación semántico-tecnológica se considera una competencia colectiva,
resultante de la articulación de diversos saberes. Al ser resultante de un trabajo
colectivo, supone un esfuerzo dialógico por parte de los participantes. El esfuerzo
dialógico supuso reconocer saberes e ignorancias de los miembros de los equipos de
producción.
El concepto mediación semántico-técnológica alude al
reconocimiento del impacto en la significación que tienen los distintos lenguajes, en el
contenido base de una producción. Esta mediación inicia con la selección misma del
contenido, con el recorte de conocimiento que se plantea como unidad del mensaje y que
sigue diversos tratamientos hasta su materialización.
Las rupturas que pueden destacarse como esenciales para la
sensibilización hacia la apropiación tecnológica que fueron trabajadas en el proyecto
son:
La necesidad de trascender la noción informativa en la
educación hacia una concepción comunicativa. Ello supondría que el material educativo
tendría que hacer del lector el sujeto activo. Actor que resignificaría la información
y elaboraría con ella otros productos que tendrían que ser comunicados por algún canal
para poner en relación al educador y al educando, a través de mensajes producidos en
distintos momentos por unos y por otros, pero con la intención de ser escuchados,
interpretados, valorados y retroalimentados mutuamente.
Así mismo, supuso la necesidad de identificar e intentar
trascender concepciones ligadas a una visión parcializada de la información en su uso
escolar: la creencia de que sólo la verbalización oral o escrita puede ser usada para la
transmisión informativa. Llegar a reconocer que todos los lenguajes que se integran en un
material educativo están diciendo algo. Reconocer que los lenguajes audiovisuales o
informáticos no tienen por qué quedar subordinados necesariamente al discurso
disciplinario de alguna materia específica, sino que pueden ser pensados y usados en todo
su potencial para el proceso de conceptualización y no sólo como ilustración o soporte
de la palabra.
La apropiación tecnológica en este proyecto fue vista como capacidad
para la producción de mensajes que pudieran promover interacciones educativas, a
diferencia de otros procesos formativos o de entrenamiento para el uso de los medios, que
ponen énfasis en el dominio de los aparatos y sus potencialidades para la circulación y
uso de mensajes producidos por otros.
La apropiación tecnológica fue dirigida a una mejor comprensión de
los lenguajes mediáticos, partiendo del reconocimiento de las ventajas del trabajo en
equipo para el desarrollo de tareas como la producción de materiales, pues los saberes
disciplinarios (en diversas áreas de conocimiento), psicopedagógicos, comunicacionales
(según los diversos medios) se observan como altamente especializados. Se trata de formar
para el trabajo en equipo, como parte de una exigencia de la producción mediática para
uso escolar, que requiere de una visión comunicativo-educativa de todos los miembros del
equipo, pero de un gran respeto por los recursos que para la significación puede aportar
cada participante: el docente de asignatura, el asesor pedagógico, el diseñador
gráfico, el productor de software, etcétera.
Esta visión tiene fuertes implicaciones organizacionales para las
instituciones educativas que no son objeto para la reflexión en este trabajo, pero que
conviene mencionar, puesto que supondrían una visión administrativa radicalmente
distinta para las funciones de docencia en un futuro no tan lejano.
Ante la pregunta general sobre ¿cómo lograr un mayor dominio de los
lenguajes mediáticos para su mejor distribución como conocimiento para el
enriquecimiento de las relaciones educativas?, se plantearon diversas respuestas,
estrategias y ejercicios a lo largo del proyecto. Se explicará uno en particular, por ser
el que mayores pistas brindó para el desarrollo de propuestas formativas que ya están
operando en la Universidad de Guadalajara, como parte del Programa Institucional de
Formación Docente 99-2000. Este ejercicio tuvo un sentido de aplicación diagnóstica que
se identificó como necesario, después de los ejercicios de más larga duración. De
hecho no fue aplicado al grupo participante en el proyecto original, sino a profesores que
demandaron cursos introductorios para la producción de materiales educativos,
posteriormente a la fecha de convocatoria del proyecto original.
Para el desarrollo del ejercicio, se planeó un taller de seis horas de
trabajo que fue aplicado a un grupo de profesores que no tuvo contacto alguno con los
ejercicios anteriores.
El ejercicio tuvo un doble propósito:
Introducir a los docentes a los principios básicos de la
producción de materiales educativos orientados al aprendizaje autogestivo.
Probar la herramienta metodológica diseñada para identificar
su potencial como instrumento diagnóstico. Lo que se pretendió identificar fueron:
Las particulares formas de responder de
los docentes, ante la tarea de desarrollar como unidad semántica, un determinado
contenido disciplinario.
Las competencias iniciales de los
docentes, para considerar los diversos tratamientos lingüísticos (verbales y no
verbales) a una unidad semántica construida por ellos mismos.
La claridad en las instrucciones del
ejercicio.
Las formas de evaluación, en este
ejercicio sintético, los procedimientos que podrían seguirse para explorar un modelo de
formación y de integración de los demás participantes.
Las variantes que se podrían imprimir
al ejercicio, al aplicarse a los profesionales que dominan los otros lenguajes mediáticos
requeridos en la producción de materiales educativos orientados al aprendizaje
autogestivo.
El taller se estructuró con las siguientes actividades:
1. Presentación de todos los integrantes del grupo, diciendo sus
expectativas sobre la sesión, su formación, materia que imparten.
2. Previamente se les había solicitado que llevaran un texto alusivo a
alguna unidad temática de la materia. Esta se trataría a escala, como contenido global
de una unidad de conocimiento, ya sea: un curso completo; una unidad de curso; o un tema
de sesión.
3. Se les pidió que, con base en el texto, desarrollaran un esquema
conceptual. Se les explicó un procedimiento básico para hacerlo.
4. Una vez identificados los conceptos y su organización jerárquica,
se les explicó un segundo procedimiento para la delimitación de la unidad de contenido
como objeto de estudio. Para ello se hizo una aplicación de la matriz para el recorte de
objetos por dimensiones y escalas (Sánchez Ruiz, 1992).2
5. Una vez elaborado el cuadro, se les pidió que lo contrastaran con
el mapa conceptual y observaran las variaciones en la consideración de componentes
conceptuales de la unidad.
6. Se pidió, que teniendo claros la totalidad de los conceptos que
tendrían que incluirse en el contenido, desarrollaran un guión en el que se narrara, a
través de algún caso o situación problemática, utilizando personajes, o bien roles, o
incluso los conceptos mismos, pero articulados a partir de una estructura narrativa. Esta
les fue explicada en sus conceptos básicos utilizando ejemplos relativos a cuentos
infantiles y algunas fórmulas de física general. Se les dieron dos posibilidades:
Trabajar con una narración, con
personajes o roles, en las que hubiera algún tipo de planteamiento de problema a
resolver.
Trabajar con los conceptos, pero
relacionándolos entre sí en sus funciones para la consecución de un fin (objeto de
valor).
7. Una vez elaborada la estructura narrativa, se les pidió que,
utilizando hojas y marcadores, planearan una secuencia de pantallas, pensando en cómo
presentarían la información en un audiovisual, como interfases en un programa de
cómputo, o secuencias en un video.
8. Una vez elaboradas sus pantallas, cada docente las presentó al
resto del grupo.
Se les explicó a los docentes que las secuencias elaboradas serían
analizadas por el equipo que impartió el taller y, de acuerdo con los resultados, se
planearía una segunda actividad retroalimentadora y de continuidad, para el desarrollo de
los materiales educativos que deseaban producir.
Para la interpretación de los resultados del ejercicio, se utilizó
como herramienta el análisis semiótico.
|
||||||||||||||
Se pueden sintetizar las siguientes conclusiones
sobre la experiencia, con la que se pudo probar la efectividad del ejercicio para
propiciar una mayor comunicación entre los integrantes de los equipos de producción, ya
que se logró:
Reconocer problemas en la construcción global de unidades
discursivas: se pudo observar que hay dificultades para mantener los ejes estructurantes
de un contenido.
Reconocer aspectos que requieren particular atención para el
desarrollo de competencias comunicativas de los docentes, en particular, así como de los
equipos de producción de materiales. Se plantean como ejes en los que las estrategias
aplicadas ayudan a distensionar o flexibilizar, entre contrapuntos tales como:
La herramienta diagnóstica es particularmente útil para la
comunicación entre el pedagogo o diseñador instruccional y el docente de área
disciplinaria, porque posibilita identificar las líneas retóricas; la consideración o
no de los sujetos que interactuarán con el mensaje, como parte de una construcción
abierta del mismo; la lógica deductiva o inductiva utilizada para la estructuración de
las unidades de contenido; lagunas representacionales en los conceptos; posibilidades de
tratamientos alternativos a partir de la personificación, inclusión de casos e
ilustración para la información que se contiene en un mensaje.
Se puede concluir que la mediación semántico-tecnológica
requiere de una formación especializada de los participantes en el equipo de trabajo,
para poder reconocer las vías que siguen para producir significantes. No se trata de que
se apropien de la metodología semiótica como fundamento de su hacer, pero sí que asuman
ciertos principios semióticos que pueden ser aplicables a los diversos lenguajes.
La educación desarrollada utilizando medios de comunicación
requerirá, cada vez más, de una reorganización académica que dé mayor valor al
trabajo en equipo. El tránsito hacia una apropiación de las herramientas tecnológicas
para la comunicación, requiere de un cambio en la visión de la docencia, y
particularmente de la producción de los materiales que servirán como soporte de las
interacciones, como una función que se enriquece en colectivos multidisciplinarios que
apoyen los procesos de significación.
Hacia una educación comunicativa
Mario Kaplün, comunicador y educador latinoamericano retoma los principios básicos
del trabajo de Freinet, educador europeo del siglo pasado, para plantear que lo
verdaderamente educativo está en la expresión de los educandos. Son los educandos, los
que deben apropiarse de los medios para producir sus mensajes y en la producción
aprender. Son los educandos los que deben contar con herramientas para exhibir o mostrar
sus productos de aprendizaje.
La educación comunicativa requiere, entonces, ciertamente de dominio
mediático puesto al servicio de las interacciones y, sobre todo, de la expresión de los
educandos. La experiencia narrada en el apartado anterior, habla de una de las tantas
estrategias que se están impulsando para identificar los puntos críticos o de mayor
resistencia a la apropiación de una visión comunicativa, como condición indispensable
de la integración tecnológica para la comunicación.
Atender las capacidades comunicativas, la potencialidad de
materialización de los mensajes de los educadores, a través de los diversos lenguajes
mediáticos, abre la posibilidad de reconocer cómo piensan las interacciones, como
incluyen a los educandos en sus planteamientos didácticos.
Creemos que el acercamiento a las tecnologías, debe recorrer primero
este camino, desde el dominio de la comunicación como dimensión esencial en el quehacer
educativo. La comunicación es la acción humana de la cual las tecnologías de la
información y (como su nombre lo indica) de "telecomunicación" son sus
herramientas. Integrémoslas en el hacer educativo para que la comunicación sea.
Notas
1. En
Morin, Edgar, Ciencia con conciencia, Ed. Antrhoropos, Barcelona, 1984. p. 82.
2.
Esta herramienta está incluida en el texto que fue utilizado con los docentes del
proyecto institucional, para el diseño de cursos orientados al aprendizaje autogestivo,
en una adecuación a objetos de investigación, estudio o intervención.
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