
Los medios de comunicación y la educación no formal como un recurso para el aprendizaje de las nuevas generaciones
Patricia Hernández
Ángel*
* Profesora de educación primaria, licenciada
en Problemas de Aprendizaje, colabora en el Centro de Desarrollo de Recursos Humanos y
Tecnológicos para la Educación en Jalisco (CEDERHTEJ) en el proyecto: Area de
Capacitación y Desarrollo Educativo.
Para el análisis de este tema
será necesario hacer algunas consideraciones sobre las condiciones actuales que la
escuela formal en México viene guardando. Para ello, iniciaré señalando que la escuela
formal, como hasta ahora ha sido, no satisface los requerimientos que socialmente le son
planteados, sean éstos desde una perspectiva de transformación o de simple
reproducción. Esto puede apreciarse en los altos índices de reprobación y deserción,
así como en los perfiles de los egresados de las escuelas formales de cualquier nivel
educativo; para constatarlo, sólo hace falta dar un vistazo a las estadísticas de la
Secretaría de Educación.
"Las crisis económicas que se han venido sucediendo en distintos
períodos de las dos últimas décadas ha puesto en evidencia algo, que la extensión de
la demanda social de educación, tanto horizontal igualdad de oportunidades
como vertical educación permanente, difícilmente podrá absorberse mediante
la escolarización convencional",1 esto es
evidente desde el momento en que hacemos un análisis presupuestal de lo que implicaría
que en cada escuela se logre una mayor eficacia y eficiencia educativas, considerando los
recursos necesarios para ello.
Se ha podido constatar que el gasto creciente en formación,
capacitación y actualización de maestros, así como en mejoras a las condiciones
salariales y de trabajo, han tenido poca repercusión en los resultados educativos, lo que
lleva a pensar que puede resultar conveniente considerar nuevas posibilidades o
alternativas educativas, que redunden en procesos educativos menos costosos y de mayor
calidad y, sobre todo, que sean acordes con la realidad que las nuevas generaciones
enfrentan en su vida cotidiana; ello a partir de que la escuela formal ha quedado al
margen de los avances científicos y tecnológicos, desvinculada de una realidad en
constante transformación.
Por otra parte "ha sido evidente la incidencia que los medios
masivos de comunicación tienen por sí solos en aspectos ligados al proceso de formación
o, en su caso, de deformación de la gente, obligando a la pedagogía a
descentrarse de su casi exclusiva atención a la escuela y a la familia, no quedándole
mas remedio que reconocer el hecho de que la educación se estaba produciendo también y
de forma muy considerable a través de los medios masivos de comunicación, produciéndose
sin propósitos ni orientaciones pedagógicas explícitas".2
A partir del reconocimiento de los efectos educativos informales de los
medios masivos de comunicación en la transmisión de valores, en la producción de
actitudes y hábitos que se añaden, superponen o interfieren con la acción escolar, la
pedagogía tuvo que integrar a los medios de comunicación como un objeto dentro de su
campo de estudio, ello con el propósito de orientar o reorientar esta función educativa
implícita y reinstrumentalizarla para el logro de objetivos definidos de formación o
aprendizaje.
Lo anteriormente expuesto, nos permite considerar que es necesario
buscar nuevas y mejores alternativas que apoyen los procesos de enseñanza y aprendizaje,
que es necesario, como sociedad, pensar en la mejor forma de aprovechar los recursos con
los que contamos en nuestros diferentes ámbitos, para no descansar la responsabilidad
educativa de las generaciones futuras sólo en la escuela formal.
Ahora bien, se cuenta actualmente con recursos importantes que pueden
incorporarse a la escuela formal, y el maestro puede echar mano de ellos para apoyar su
práctica educativa; estos recursos, que están presentes en los diferentes ámbitos de la
sociedad, son los medios de comunicación (radio, televisión, periódico, revistas,
computadoras, videos, grabadoras, etc.), en ellos están inmersos diferentes lenguajes
comunicativos y una gama infinita de opciones didácticas que, al conjugarlas con la
acción creativa del docente, pueden aportar un sinnúmero de posibilidades educativas.
Esto puede parecer fácil de decir, pero no así el hacerlo, ya se han iniciado, sin
embargo, acciones que van encaminadas a favorecer este proceso. Al inicio del presente
ciclo escolar tuve la oportunidad de participar en un proyecto piloto del Programa
Nacional de Actualización Profesional (PRONAP), que tiene como propósito capacitar a los
docentes en el uso de los medios de comunicación como recurso didáctico, proyecto
que será dado a conocer en su oportunidad por la autoridad correspondiente.
Se enumeran a continuación, algunos aspectos que, desde mi punto de
vista, estuvieron presentes durante el proceso de instrumentación y que, por su
importancia, deben ser tomados en cuenta por los maestros al integrar elementos nuevos o
distintos a su práctica cotidiana.
Es necesario señalar que al incorporar cualquier elemento a la
práctica docente, será a partir de las concepciones que el maestro tiene sobre los
procesos de enseñanza y de aprendizaje, construidos a partir de su experiencia, por lo
que es básico reconocer que, el hecho de usar recursos tecnológicos como elementos de
apoyo para favorecer su práctica cotidiana, implica considerar el proceso de aprendizaje
del maestro, en el que a partir del uso de estos recursos, se dé la oportunidad de
cuestionar su tarea cotidiana, de tal forma que pueda ser enriquecida y transformada.
Para poder identificar el grado de significación que se tiene
en el tratamiento de los contenidos, con un recurso distinto al usual, es necesario
observar tanto los productos como el proceso del grupo, y de uno mismo como docente, en
relación con el proceso interactivo del recurso didáctico, ya que de esto dependerá que
estos medios no se vuelvan monótonos y/o rutinarios.
Es necesario asumir que, en la docencia, principalmente cuando
se ha adquirido cierta experiencia en nuestra labor cotidiana, en ocasiones cuesta trabajo
romper con viejas prácticas que nos hacían sentirnos seguros y confiados de que las
cosas salían con ellas, y que la puesta en práctica de estrategias nuevas o distintas
siempre nos dan inseguridad, pero, las ventajas de darnos la oportunidad de seguirnos
redescubriendo son incomparables y redundan en una práctica docente cada vez mejor, sólo
ello ya justifica el que lo sigamos intentando.
Otro aspecto fundamental radica en reflexionar un poco acerca de
los recursos que cotidianamente usamos en el aula, así nos daremos cuenta de que si bien
es cierto que se aprende a través de todos los sentidos, cuando mucho ponemos en acción
dos, el visual y el auditivo, y aún estos no los usamos al cien por ciento. Con el uso de
los medios podemos aprovechar de mejor manera nuestras diferentes formas de comunicación
con el entorno, ya que cada uno de ellos nos aportan distintas formas de entender el
mundo; como ejemplo mencionaremos el uso de la imagen, con la que podemos reconocer
formas, tamaños, colores, texturas, sabores, sentimientos, situaciones, generar
emociones, describir hechos, contextos, historia, tradiciones, etc.
¿Por qué no redescubrir el mundo con lo ya conocido?, esto se
señala considerando que los medios de comunicación, si los usamos en el medio escolar
como un recurso educativo, pueden tener un sentido y una dimensión distinta para el
alumno y el maestro que los usa. A medida que usemos las cosas comunes desde perspectivas
y dimensiones distintas, se aprenderán cosas nuevas y distintas de lo ya conocido. Quién
nos dice que ésta no puede ser una opción de educación no formal. Quizá podría ser un
recurso importante para aprender en la educación del futuro, y para ello sólo haga falta
una investigación que fundamente cómo sería este proceso de formación que fortalezca
la educación formal, aunque tal vez esto ya está sucediendo.
No se pretende decir que los medios de comunicación sean la
panacea para resolver todas las vicisitudes que se presentan en el ámbito educativo, pero
sí puede ser que el docente, a través de ellos, pueda subsanar algunas de las carencias
que en cuestión de recursos y estrategias didácticas tiene. El uso de medios resulta de
gran utilidad para enriquecer y renovar la práctica educativa en el aula, y quizás este
recurso permita que el docente se dé cuenta de que abordar un contenido por el contenido
mismo no tiene sentido si para el alumno, eso que está intentando aprender, no tiene
significado en su cotidianidad.
En el proceso de formación del alumno, los contenidos sólo
deben ser utilizados como detonador que favorezca el desarrollo de todas sus
potencialidades, se debe propiciar que él se vaya reconociendo a través de las
diferentes actividades propuestas, que sepa de lo que es capaz, que reflexione sobre sus
acciones y la trascendencia que tienen sus actitudes en interacción con las personas que
le rodean. A partir de estas acciones, que son parte principal de la función docente, se
puede afirmar que, independientemente de que se tengan los recursos científicos y
tecnologicos necesarios a nuestro servicio, de nada sirven si como maestros (padres,
abuelos, tíos, sociedad en general) no asumimos propósitos y acciones educativas que
incidan en la formación de las mujeres y los hombres de nuestra patria.
Notas
1. Jaume
Trilla Bernet. La educación fuera de la escuela. Editorial Ariel, S. A.
Barcelona, España, 1993. pp. 211.
2. Idem. pp. 213.