Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No.

11

(once)

SECCIÓN

páginas

de la 103 a la 103 de 112

... el recreo

Guadalajara, México - Agosto de 1999

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Texto de Silvia Eugenia Castillero*

La Cebra

(Este texto forma parte del proyecto inédito "Zoolilóquios")

* México, DF., (1963). Licenciada en Letras por  la Universidad de Guadalajara; doctorada en Letras Hispanoamericanas por la Universidad Sorbonne Nouvelle de París. Libros publicados, un ensayo: Entre dos silencios, la poesía como experiencia, Tierra Adentro, México, 1992; poesía: Como si despacio la noche, Secretaría de Cultura de Jalisco, Guadalajara, 1993; Nudos de luz, Ediciones Sur y Universidad de Guadalajara, Guadalajara, 1995. Ha sido becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en los períodos 93-94 y 98-99. Realiza la traducción de una antología de Nueva Poesía Francesa con el apoyo de la beca de estancia para traductores que otorga el Ministerio de Cultura de Francia.

"La gente empezó a cruzar la calle pisando las franjas blancas pintadas en la capa negra del

asfalto, nada hay que se parezca menos a la cebra, pero así llaman a este paso."

José Saramago, Ensayo sobre la ceguera.

Cebra

Al irse, él se hundió en el humo negro de resina ardiente. Atravesó franjas, pequeños abismos donde su paso parecía esfumarse. Una vez que comenzó a cruzar la avenida, Silenia desde el borde lo vio: sobre las franjas negras alargarse vertical su cuello, en una línea mínima e interminable, y someterse a su propio cuerpo, horizontal ahora, para borrarse ante la corriente de las franjas blancas: acumulada como una ola que se estrella en una roca y cede sus formas a la luz.

El claroscuro de la cebra se sucedía en un hilo de nada. Pocas horas más tarde, la duermevela quiso volverla inofensiva, de un gris de asno. Entonces era sólo una pasarela curva por la que desfilaban rápidos, zapatos de raso negro y tacón fino. O un charco por el que zapatos cerrados y bajos se abrían camino. Lo cierto es que de la cebra desaparecieron sus fauces de espectro y su geometría peligrosa de negros y blancos, rayando ruidosamente la lejanía.

Pero cuando la cebra quedó sola, y los rayos del sol callaron sobre el polvo rojizo de la calle, la sombra se alargó desmesuradamente hasta dibujar un sueño en Silenia: unir la ciudad y traer el mar a los lados.

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