
Encarando el destino: el destino, Camus,
Latinoamérica y la educación a distancia
(Conferencia dictada en el "VII Encuentro Internacional de Educación a
Distancia", organizado por la UDG, en Guadalajara, Jal., en diciembre de 1998. Se
reproduce con la autorización del autor).
Celedonio Ramírez Ramírez*
* Rector de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED de Costa Rica),
Presidente del Consorcio Red de Educación Abierta y a Distancia (CREAD).
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Deseo agradecer a los organizadores de esta Conferencia y al Maestro
Manuel Moreno por la invitación que me hacen para participar como conferencista en este
"VII Encuentro Internacional de Educación a Distancia". A la vez, les expreso
mi más ferviente deseo de que este encuentro sea muy provechoso y logre los propósitos
que tanto los organizadores, como la Universidad de Guadalajara, se han propuesto.
Como no estaba seguro de poder participar en este encuentro, debido a
que los rectores estábamos negociando el financiamiento de las universidades estatales
con el Gobierno de Costa Rica, me disculpo con los organizadores por haberles confirmado
mi participación solo en los últimos días y por no haberles enviado a tiempo el título
exacto de mi conferencia. Por esta razón, en primer lugar les informo que esta
conferencia tiene como título: "Encarando el destino" y como
subtítulo:"El destino, Camus, Latinoamérica y la educación a distancia" y, en
segundo lugar, les aclaro que el propósito de la misma es plantearles, con base en el
filósofo Albert Camus, algunas ideas sobre lo que podría ser el fundamento filosófico o
ideológico de la educación a distancia en Latinoamérica. Con esto sólo espero
despertar interés y ulterior reflexión sobre una interrogante que yo considero a la vez,
descuidada y de suma importancia para la educación a distancia, como lo es la pregunta
¿para qué?
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1. La visión helénica del destino
Los griegos construyeron una serie de mitos para expresar sus creencias y experiencias
más significativas. Hay uno, entre ellos, que destaca porque tenía como fin ilustrar lo
que le ocurre al ser humano cuando encara el destino. Todos ustedes lo conocen con el
nombre de "Mito de Sísifo".
El mito nos dice, en breve, que Sísifo, Rey de Corinto, hijo de Eolo y
fundador de los juegos ístmicos, después de regresar a la tierra, con el permiso de los
dioses, para vengarse de su esposa, rehusó regresar al bajo mundo, ofendiendo de esta
manera a Zeus y Plutón, quienes pidieron una orden de captura. Cuando por fin lo
regresaron al averno, Zeus lo castigó a subir una gran piedra hasta lo alto de una cima,
pero siempre al llegar a ésta, la piedra volvía a rodar hacia abajo, tornando de esta
manera en eterno su castigo.
Para los griegos este mito es, a la vez, un símbolo de la condición
humana y una exhortación a aceptar nuestro destino. Es un símbolo de la condición
humana, porque nos dice que aunque vivimos en un mundo lleno de limitaciones y tenemos una
vida inherentemente emplazada, nuestro deseo de libertad nos impulsa a romper sus
límites, a mejorar nuestra condición y a aferrarnos a la vida terrenal, como lo hace
Sísifo cuando intenta engañar a la muerte. Es una exhortación a aceptar nuestro
destino, porque nos dice que como las fuerzas de la naturaleza y el designio de los dioses
son eternos y están por encima de todo, sólo si los logramos conocer, nos daríamos
cuenta que ganamos más resignándonos y viviendo de conformidad con ellos.
Tradicionalmente, esta posición ante la vida se caracteriza como
trágica, pesimista o fatalista. Trágica, porque representa la lucha del ser humano
contra un orden cósmico que nos castiga inmisericordemente cada vez que intentemos
alterarlo. Pesimista, porque sostiene que lo negativo a nuestros intereses siempre
prevalece. Y fatalista, porque sujeta la vida humana a un destino inalterable.
Naturalmente, considerando el genio, la creatividad, el empuje y el deleite por la vida
que tenían los griegos, uno no puede menos que asombrarse de que un pueblo así hubiera
siquiera pensado en algo tan horrorizante, como lo que se expresa en este mito. Sin
embargo, los griegos le encontraron una justificación que todavía domina el pensamiento
en Occidente, a saber, que nuestro destino nace en el fondo de un orden racional que está
por encima de todo y que rige todas las cosas. Por ello, no sólo consideraron suficiente
consuelo el que los seres humanos puedan conocer dicho orden, con el objeto de ajustar sus
vidas a él, sino que además, tornaron esta tarea en la mayor empresa de la humanidad. De
esta manera, el fatalismo del orden cósmico se tornó en un glorioso racionalismo que, de
una u otra manera, reina desde entonces.
2. La Rebelión contra el destino
Más recientemente, un escritor y filósofo francés argelino, bien conocido por ustedes,
de nombre Albert Camus, escribió dos libros sobre este mismo tema, el primero intitulado:
El mito de Sísifo, y el segundo: El hombre rebelde. Ambos contienen una
perspectiva radicalmente nueva, porque en vez de defender el destino, defienden la actitud
desafiante de Sísifo. En el primero, Camus trata de presentar su forma de enfrentar una
encrucijada parecida, a saber, el deseo de vivir y el absurdo de la existencia. En el
segundo, intenta señalarnos caminos que podemos seguir en un mundo absurdo.
Reconozco que la filosofía de la existencia ya no tiene la misma
popularidad que tuvo en los cuarentas, cincuentas y sesenta. Voy a comentar brevemente
sobre estas dos obras, porque pienso que las ideas de Camus son muy representativas del
pensamiento contemporáneo y, a la vez, un símbolo y una exhortación muy valedera para
enfrentar el destino que el mundo, y sobre todo Latinoamérica, comparte al finalizar el
siglo.
Existen ciertas coincidencias entre El mito de Sísifo,
escrito por Camus, y la mitología griega, por cuanto Camus acepta que el ser humano tiene
un destino, que ese destino es indiferente a nuestras aspiraciones, que la vida humana
tiene un emplazamiento inevitable, y que dentro de este emplazamiento tenemos que
enfrentarnos a grandes horrores existenciales. En otras palabras, según Camus, a pesar
del supuesto progreso y de los grandes logros de la humanidad, especialmente en el campo
científico tecnológico, los seres humanos en la vida cotidiana seguimos teniendo un
destino que nos limita y seguimos viviendo las mismas contradicciones de siempre.
Existen, sin embargo, diferencias bien marcadas entre Camus y los
griegos. En primer lugar, para Camus el héroe que se enfrenta hoy en día a su destino no
es el rey sino más bien el hombre común, pero sobre todo el desposeído y el que sufre.
En segundo lugar, el destino que debemos enfrentar no abarca sólo los fenómenos
naturales, como la muerte, sino también y sobre todo los sociales, como: la pobreza, la
soledad, la angustia, el dolor, la indiferencia, la injusticia, el odio, la violencia el
genocidio, la frustración y, en general, todo aquello que en la vida no tiene sentido. En
tercer lugar, lo que está por debajo de estos fenómenos naturales y sociales no es un
orden o un designio divino, sino mas bien el absurdo. Finalmente, lo que Camus pretende no
es que evadamos este destino o que expliquemos ¿por qué debemos ajustarnos a él?, sino
más bien, que averigüemos ¿por qué deseamos seguir viviendo a pesar de él?
A Camus, de hecho, no le interesa una justificación racional de
nuestro destino como tantas que se han intentado, ni cree que exista alguna que sea de
valor para la vida presente. Para él, la única interrogante que interesa es si hay una
forma concreta de encarar el destino que valga la pena para el ser humano, que como
Sísifo desea vivir. Hablo de forma concreta de encarar el destino con el objeto de
aclarar en forma breve, el tipo de respuesta que busca Camus. En primer lugar, a Camus no
le interesa una respuesta allende a la vida como es típica de la religión, no sólo
porque es ateo sino sobre todo porque los problemas psíquicos y sociales de la vida que
le interesa resolver no son los de una vida post mortem sino los de la vida que
tenemos que vivir aquí y ahora. En segundo lugar, a Camus no le interesa una evasión
como propone el estoicismo o la resignación ante lo inevitable, no sólo porque esta
significa aceptar la derrota ahora, algo que sólo beneficia a las oligarquías, sino
sobre todo porque los problemas psíquicos y sociales ni se resuelven ni se alivian
tolerándolos con inactividad. Finalmente, como buen demócrata no le interesan las
respuestas que dan las ideologías futuristas o escatológicas, porque aunque estas crean
esperanza, en el presente siguen condenando a los hombres y mujeres a la servidumbre.
Los desposeídos del mundo, hoy como ayer, nacen con un destino dentro
del cual discurre su vida, destino que sólo se puede caracterizar con la palabra horror.
Camus considera, sin embargo, que no hay razón para desesperarnos, para suicidarnos o
para caer en un fatalismo, porque el deseo de vivir es más fuerte que este destino. En
este deseo de vivir yace su esperanza, su visión positiva de la vida o lo que ha dado en
llamarse el humanismo camusiano.
En El mito de Sísifo, sin embargo, Camus sólo logra
describir la experiencia del absurdo, la forma en que nos aferramos a la vida y la
simpatía que tiene por Sísifo cuando se rebela diciendo no a su destino. Camus no logra,
al menos en forma convincente, señalar cómo es que podemos vivir en este mundo absurdo
en vez de suicidarnos. Por esto termina dejando a Sísifo al pie de la montaña y sólo
logra aconsejarnos que nos imaginemos a Sísifo feliz.
3. La construcción del presente
En su obra El hombre rebelde, Camus pasa de la mera experiencia del absurdo a
señalarnos caminos mediante los cuales el ser humano desafía su destino. Al primero lo
denomina la "rebelión metafísica" y al segundo la "rebelión
histórica". Ambos parten del deseo y del gusto de vivir, y se nutren de la
esperanza. Ambos también representan desafíos al destino y tienden a mejorar la
condición humana. Desafortunadamente, ambos no son igual de fieles a sus propósitos.
Para Camus, la "rebelión histórica" consiste, en esencia,
en el intento humano por sujetar la historia universal a una norma universal, a saber: el
"reino de la justicia", aunque no siempre termine en esto. En efecto, la
esperanza de toda revolución y de todo revolucionario es eliminar todo lo que disgusta en
el mundo, con el objeto de obligarlo a convertirse en lo que uno quiere, a saber: en un
mundo justo y positivo para las aspiraciones humanas. La revolución, en este sentido, es
una forma de desafío del destino, porque sustentándose en el deseo de vivir, o al menos
aprovechándolo, intenta cambiar o al menos eliminar todas aquellas cosas que impiden que
florezca.
Sin negar que la rebelión histórica ha tenido importantes logros,
según Camus, desafortunadamente pocas veces logra su fin y las más veces termina
desviándose. Los logros generalmente se pueden ver y juzgar sólo desde la perspectiva de
otras generaciones. Las desviaciones se pueden ver en el momento mismo en que ocurre o
poco después y se manifiestan particularmente en la forma en que la rebelión sacrifica
la vida que inicialmente se propuso salvar. Camus ilustra las desviaciones más comunes de
la rebelión histórica con lo que el denomina terror irracional y terrorismo racional.
Toda revolución comienza rebelándose contra un estado de cosas que
considera inapropiado, pero termina glorificando el nuevo estado de cosas que impone, al
punto de hacer cosas peores que aquellas contra las que combatió sólo con el objeto de
preservarlo. El "terrorismo irracional" ocurre, precisamente, cuando se
considera al nuevo Estado como un bien absoluto y su defensa carece de normas que la
guíen, o sea que cualquier cosa se permite con tal de conservarlo. Tal es el caso del
nazismo, del fascismo y de todas las dictaduras. Camus llama a este proceder
"terrorismo irracional", sobre todo porque al defender el nuevo Estado tornan
barata la vida humana, la sacrifican sin compasión, abandonan su propósito inicial de
salvarla y se consagran al culto del Estado que han creado.
Camus también habla de un "terror racional" que ocurre
cuando la revolución no alcanza el nuevo estado sino que depende más bien de una visión
profética o utópica del futuro. Según esta visión, el presente es sólo un puente
hacia un futuro en que todos los seres humanos podrán vivir con igualdad y con equidad.
Tal es el caso del marxismo, que justifica la dictadura del proletariado como paso
necesario para llegar eventualmente a una utopía final.
Aunque Camus fue marxista en su juventud, al ver prácticas que no
dudaban en sacrificar la libertad, la equidad y sobre todo la vida, con el objeto de
defender un estado transitorio o un sistema, en su edad madura decidió apartarse de esta
ideología. Pero no se trataba sólo de prácticas. Camus no podía aceptar ni tolerar que
se sacrificara una sola vida humana y la mera idea de que se pusiera al estado o al
sistema como algo superior al individuo le repugnaba, de igual forma que le repugnaba la
idea de someter a la gente bajo la idea de que la historia tiene un fin. Por ello, dice en
forma irónica:
El héroe entonces les dice que él, y solo él, conoce la ciudad. Quiénes duden de su palabra serán lanzados al desierto, encadenados a una roca y ofrecidos a los buitres. Los otros marcharán de ahí en adelante en la oscuridad, detrás del maestro solitario, pensativo... Pero de Zeus él ha ganado solo la soledad y la crueldad; ya no es Prometeo, es César.
Precisamente, porque Albert Camus no estaba
dispuesto a sacrificar una sola vida, a derramar una sola gota de sangre o a convertirse
en el seguidor de iluminados, consideró la rebelión histórica como una forma de encarar
el destino poco productiva, poco aconsejable y muy infiel a sus propósitos y propuso más
bien como desafío lo que llamó la "rebelión metafísica". Esta rebelión es a
la vez, una protesta permanente contra la condición humana y contra la totalidad de la
creación y una afirmación de la vida que tenemos, como el bien más radical de todos.
La "rebelión metafísica" reconoce que vivimos en uno de los
mundos más injustos y más llenos de horror, pero no acepta ni el horror ni la
injusticia. Se declara más bien en permanente rebeldía contra ellos y se consagra a
afirmar la vida que tenemos en el presente. Por esto, Camus afirma que: "en vez de
matar y morir para producir el ser que no somos, debemos vivir, y dejar vivir para crear
lo que somos".
Se trata, por supuesto, de una forma de pensamiento político que se
inicia en Francia con Montaigne pero que va mucho más allá, por cuanto ya no se trata de
una lucha por un ideal de justicia y fraternidad que ha de venir en el futuro, sino más
bien de una cruzada por salvar la vida aquí y ahora con justicia y fraternidad. Se trata
también del último desafío al destino, porque nos hace un llamado a que no lo encaremos
en otra vida o en un supuesto futuro fin de la historia sino más bien preservando la
vida, mejorando su calidad y realizándonos a nosotros mismos ahora que somos.
Todos sabemos que Gandhi, Martin Luther King y Mandela, encararon el
destino en una forma bastante parecida y que esto les dio resultados bastante positivos.
No obstante, debo recordarles que Camus fue severamente criticado y tildado de optimista
simplón por sus colegas. Camus respondió algunas de estas críticas en el periódico
clandestino que editaba para la resistencia francesa con el nombre de Combate. En este
periódico deja muy claro, que si decirle basta a la adversidad e intentar mejorar la
condición humana sin derramar sangre no vale la pena, entonces no existe y nunca
existirá verdadera esperanza para el presente. Pero Camus defiende sobre todo su visión
bajo la idea de que buscar un nuevo orden para mejorar la condición humana, tiene sentido
sólo si el nuevo orden es un mero medio y la vida humana sigue siendo el fin que está
por encima de todo. Esto es realmente lo que quiso decir cuando dijo que: "en vez de
matar y morir para producir el ser que no somos", o sea el Estado o el sistema
"debemos vivir, y dejar vivir para crear lo que somos", algo que hoy en día
está cada vez más a la mano.
4. La roca que empujan los latinoamericanos
Como el destino que deben enfrentar diariamente los hombres y mujeres en el continente
latinoamericano contiene gran cantidad de elementos que militan contra la vida y como
estos hombres y mujeres buscan esperanza que se materialice en el presente, considero como
lo dije arriba, que el pensamiento de Camus es un símbolo y una exhortación a encarar
nuestro destino, a ser tomada en cuenta no sólo por los políticos, sino también por los
educadores, sobre todo los educadores a distancia.
Esta idea cobra aún más realismo si pensamos en las circunstancias en
que viven miles de hombres, mujeres y niños en los campos, en las fabelas y en los
tugurios de Latinoamérica, y nos imaginamos el dolor y la angustia que deben soportar
diariamente. ¿Acaso no es este dolor y esta angustia la roca que deben empujar sin
esperanza? ¿Podemos hacer algo para ayudarlos a derrotar las condiciones que los oprimen?
En Latinoamérica, por mucho tiempo, la condición de pobreza, la
desigualdad social, la diferencias de clases, las diferencias de oportunidades y el hecho
de que algunos puedan disfrutar del banquete de la existencia, mientras otros con
dificultad tienen acceso a sus migajas, ha sido visto como algo natural o inevitable. No
niego que todas las guerras y revoluciones en el continente han comenzado rebelándose
contra la desigualdad y la pobreza y han propuesto la creación de un nuevo estado de
cosas, si no para resolverlas, al menos para aliviarlas. Tampoco niego que cosas
importantes se han logrado a través de los siglos y las décadas en este sentido. Sin
embargo, la pobreza y la desigualdad no solo continúan antes y después de las
revoluciones sino que hasta crecen. Además, persiste la idea de que son inevitables,
agravada por la tendencia a culpar a estos sectores por la suerte que corren.
Para agravar la situación anterior, en la "Revista BID
América" de julio de 1998, Peter Bate en su artículo: Las cifras de la pobreza en
Latinoamérica, informa que la economista Nora Lustig mantiene que lo peor de todo es:
"...que en realidad algunos de los países donde los niveles de pobreza están
probablemente entre los más altos [...] no tienen esta información". En este
sentido, creo que uno de los servicios más importantes y más prometedor que nos está
ofreciendo el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), es el darnos a
conocer mediante su "Informe sobre desarrollo humano" en las dimensiones y las
perspectivas que este problema tiene.
En efecto, según el "Informe de Desarrollo Humano", para
1997 los latinoamericanos no están tan mal como los asiáticos y los africanos y han
logrado resultados positivos. Sin embargo, seguimos teniendo al menos un 24% de pobreza de
ingreso y no menos de un 15% de pobreza humana resultante de falta de acceso a los
servicios sociales que el estado ofrece. Además crece la violencia, crece la corrupción,
se está feminizando la pobreza, el número de los que no terminan la escuela o el colegio
se mantiene o crece, se agudiza la necesidad de vivienda, se acelera la migración, se
estanca el crecimiento de empleo y los pobres participan cada vez menos en los beneficios
del crecimiento.
Como las cifras que ofrece el PNUD son frías, naturalmente que no
tienen la capacidad por sí solas de hacernos sentir la angustia de este drama. Sin
embargo, es fácil deducir de ellas que la situación es difícil para muchos y que el
sufrimiento es muy grande, máxime si tomamos en cuenta que lo que este informe utiliza
como medida de desarrollo, es un mínimo minimorum. Por ello, ante la magnitud
del drama, James Gustav Speth, autor del prólogo del Informe de 1997, casi atendiendo la
exhortación de Camus, nos dice:
La pobreza no debe ser sufrida en silencio por los pobres, ni debe ser tolerada por quienes están en situación de cambiarla. El problema consiste ahora en movilizar la acción, estado por estado, organización por organización, individuo por individuo.
En Latinoamérica, sin embargo, sigue siendo una realidad que el pobre sufre y sigue sufriendo la pobreza y la discriminación en silencio y no le queda más que tolerarla. Por esto, James Gustav Speth de nuevo afirma muy apropiadamente que:
Detrás de estos rostros de la pobreza se oculta la sombría realidad de vidas desesperadas, sin salida y con frecuencia, gobiernos que carecen de la capacidad para enfrentar la situación.
5. Formas de apoyar al Sísifo Latinoamericano
En este contexto latinoamericano, la exhortación que nos hace Camus para encarar el
destino de los que sufren, se puede resumir de la siguiente manera: primero, que debemos
partir de una gran admiración de estos hombres y mujeres que sufren por la gran fuerza
que tienen para vivir. Su condición es tal que si la sufrieran aquellos que están
acostumbrados a las mejores cosas de la vida, probablemente se suicidarían. Además,
debemos aprovechar esta fuerza emocional que tienen para ayudarles a construir un mejor
presente. Segundo, que no le ayudamos a los desposeídos a construir este mejor presente
con la idea de una justicia post mortem, o sólo con la idea de un futuro Estado
justo y equitativo, porque a ellos les urge una solución hoy y no mañana. Y finalmente,
que para construir un mejor presente tenemos que ayudar a construir un estado que los
apoye, siempre y cuando este estado sea visto como un medio para lograr un fin y no como
un fin en sí mismo. Es necesario, sin embargo, complementar esta exhortación de Camus
con un plan aún más concreto de acción. Rebelarse contra una condición que nos aplasta
es bueno, pero no es suficiente. Rebelarse como Sísifo es sólo un comienzo, porque tener
que seguir sufriendo la pobreza en silencio, en forma indefinida, no crea verdadera
esperanza. Afortunadamente, creo que se están dando una serie de revoluciones que
manejadas con entereza, con convicción y con fidelidad a sus fines, nos pueden conducir a
todos realmente a crear un nuevo destino. Por razones de tiempo menciono sólo las
siguientes: auge de la democracia; el compromiso de Copenhague; la cooperación
internacional y la educación a distancia.
a. El auge de la democracia
Por primera vez en mucho tiempo, el continente americano en su totalidad tiene una paz
relativa tanto a lo exterior como al interior de cada una de las naciones. Pero, sobre
todo, por primera vez en el continente entero se adapta en forma generalizada un sistema
de gobierno que se fundamenta en la igualdad de todos los seres y que por principio debe
consagrarse a la defensa de los derechos humanos.
Este tipo de entorno, sin duda alguna, es sumamente fértil para
generar la justicia ahora, siempre y cuando, en primer lugar, las dos amenazas principales
que lo azotan, a saber: la corrupción y la reforma del Estado, no terminen destruyéndolo
y, en segundo lugar, que nos propongamos defenderlo.
La corrupción es una de las principales amenazas, no sólo porque
abusa de los fondos públicos y fomenta la avaricia sino sobre todo porque desacredita uno
de los principales instrumentos que tenemos para resolver nuestra situación. Es irónico
de hecho que cuando logramos tener un sistema de gobierno que debe consagrarse a defender
los derechos humanos, sea también el momento en que esté más en entredicho el poder
político. De no resolver con urgencia este mal, fácilmente puede generarse más
desesperación que esperanza.
La segunda amenaza procede de la reforma del Estado. Tenemos claro que
debemos hacerla porque la globalización, la competitividad y la necesidad de lograr mayor
eficiencia nos obligan a llevarla cabo. También tenemos claro que esta reforma puede
resultar sumamente provechosa para los ciudadanos. Sin embargo tiene un riesgo, a saber:
que pierda la función social del estado y que se convierta en un mero instrumento del
capitalismo salvaje.
Por su parte, la defensa del sistema democrático es algo que nos
compete a todos si ha de ser duradero, pero sobre todo al sistema educativo. Nosotros, los
educadores a distancia, debemos recordar además que la educación a distancia es hija del
agotamiento del viejo modelo estatal y que se nutre de su reforma. De hecho, fue la falta
de recursos para hacerle frente al sistema educativo tradicional lo que le dio viabilidad.
Y es la necesidad de lograr mayor eficiencia, o al menos menor gasto estatal, lo que
actualmente nos da más fuerza. Por ello, no sólo debemos tener un compromiso muy
especial con la democracia sino también una obligación de convertir su defensa en uno de
nuestros compromisos primordiales.
En este sentido, yo noto en la práctica continental de la educación a
distancia que se da gran atención a los contenidos y a los procesos logísticos, pero que
se da poca o ninguna a la educación para la democracia. ¿Será que no es un fin de la
educación a distancia?, o será que ¿es innecesario educar para ella?
b. El Compromiso de Copenhague
En el "Informe de desarrollo humano" para 1997, se nos dice que en 1995 se
celebró en Copenhague una cumbre mundial sobre desarrollo social y que en esta cumbre 185
gobiernos:
Se comprometieron con el objetivo de la erradicación de la pobreza como un imperativo ético, social, político y moral de la humanidad y reconocieron que el desarrollo centrado en la gente era la clave para lograr este objetivo.
Este objetivo ya no es utopía o mera demagogia. En ese mismo informe del PNUD se afirma:
La pobreza humana ha degradado la vida humana durante siglos, pero uno de los grandes logros del siglo XX es su notable reducción. La pobreza de ingreso se ha reducido más rápidamente en los últimos 50 años que en los últimos 50 decenios. Y a fines del siglo XX el número de personas con privaciones en otros aspectos de la vida oscilará entre mil y dos mil millones en comparación con dos mil a tres mil millones que era hace un decenio.
Pero el Informe va más allá, por cuanto por un
lado dice que: "En una economía mundial de 25 billones de dólares la pobreza es un
escándalo que refleja desigualdades vergonzosas y el fracaso inexcusable de la política
nacional e internacional", y por otro, afirma que si existiera verdadera voluntad de
resolver el problema sólo se requeriría a nivel mundial un 1% de esta economía.
Evidentemente, el compromiso de Copenhague no tiene precedentes en la
historia y de materializarse no sólo sería la acción humanitaria más grande de la
humanidad, sino también el inicio de toda una nueva forma de convivencia humana. Yo sé
que los educadores a distancia estamos muy ocupados educando a los que no han tenido
acceso a este beneficio. Sin embargo, me llama la atención que los programas de
educación a distancia no lo divulguen o al menos desconozco que lo hagan, de igual manera
que no se divulgan los informes de desarrollo humano del PNUD. Será que ¿no consideramos
importante que se nos asocie con la lucha contra la pobreza? ¿Será por ello que ni el
PNUD, ni el BID, ni la mayoría de los gobiernos del continente nos dan crédito en esta
lucha?
c. La cooperación internacional
En 1948, después de haber vivido la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, Camus se
refería a la cooperación internacional en los siguientes términos:
Muchos norteamericanos quisieran continuar viviendo encerrados en su sociedad, que encuentran buena. Muchos rusos quisieran, tal vez seguir con la experiencia estatista al margen del mundo capitalista. No pueden ni podrán jamás lograrlo. Del mismo modo, ningún problema económico, por secundario que parezca, se puede resolver hoy al margen de la solidaridad de las naciones. El pan de Europa está en Buenos Aires y las máquinas herramienta en Siberia se fabrican en Detroit... Hoy sabemos que ya no hay islas y que las fronteras son inútiles.
Hoy en día, en forma más plena vivimos en un mundo
interconectado en el que el aislacionismo y la autarquía en la producción son algo del
pasado. La globalización y la planetarización han creado el sentimiento de que somos una
aldea global y de que sólo podemos enfrentar nuestro destino en forma unida, como seres
humanos planetarios. Esto significa que al final del siglo nos encontramos en un mundo
interdependiente, en el que se deben resolver nuestras diferencias mediante el diálogo y
crear tanto el presente como el futuro mediante la cooperación en todo sentido y en todo
ámbito.
Pero debemos recordar que la cooperación no es algo nuevo. Ella se dio
en el pasado entre los griegos, entre los orientales, entre los europeos y en este
continente y no produjo necesariamente beneficio para todos. Lo nuevo de la cooperación
hoy en día es el fin que se propone: la construcción conjunta de un mejor presente y de
un futuro más promisorio. Menciono ésto, porque debemos ser muy vigilantes de que la
cooperación logre su objetivo, en vez de crear dependencia como lo ha venido haciendo
tantas veces en el pasado.
Hoy en día, de hecho tenemos cooperación en lo científico, en lo
académico, en lo económico, en lo social, en lo militar, en lo tecnológico, etc. Esta
cooperación no sólo está permitiendo el avance de regiones subdesarrolladas sino que en
la mayoría de los casos es el verdadero factor de esperanza. Sin embargo, no debemos
olvidar que en el interior del corazón humano persisten sus tendencias naturales a la
avaricia, al lucro, a la dominación y a explotar a los demás, ya sea por voluntad o
simplemente por necesidad.
La cooperación en educación a nivel continental, en todos los
niveles, no tiene comparación en toda la historia y está contribuyendo realmente a
mejorar la calidad de la misma. Sin embargo, debemos recordar que la reforma del Estado ha
ido incidiendo cada vez más en el financiamiento de las universidades estatales,
obligándolas a generar cada vez más recursos propios. No hay nada malo en ello, pero nos
expone con facilidad a tornar la cooperación en búsqueda de lucro y ésta en eventual
dominación.
Si no tenemos claro el tipo de cooperación que necesitamos y que
debemos dar, fácilmente nos desviamos y la convertimos en un instrumento de negociación
de la pobreza y de la ignorancia. Cuando esto ocurre, entonces en vez de luchar contra el
destino de Sísifo, nos convertimos en barra para que se mantenga atado a la piedra que lo
oprime. Estoy seguro que los educadores no queremos esto. Pero si no somos vigilantes
fácilmente nos convertimos en meros consumistas de tecnología y constructores de una
nueva amenaza, la dependencia académica continental en la que, obviamente, sólo saldrán
ganando, como de costumbre, los más fuertes.
Debo reconocer que uno de los sectores educativos que más necesita de
cooperación, tanto por la misión social que tiene como por la innovación que representa
es la educación a distancia. Me llama la atención, sin embargo, que casi nunca se
comparten materiales, que no se elaboran programas en forma conjunta y que cada vez que se
habla de utilizar algún material, la barrera principal son los precios. ¿Será que los
materiales elaborados en la educación a distancia son demasiado regionalizados?, o
¿será que la avaricia no nos permite compartirlos?, o ¿será más bien que no hemos
pensado en establecer a la luz de nuestra misión social, un verdadero intercambio y un
código de ética de dicho intercambio, para que la liberación de Sísifo no se vea
atrasada por la pelea o los celos de sus libertadores?
d. La educación a distancia
Cuando se inició la segunda generación de educación a distancia a nivel mundial, pocos
creían que sobreviviría y muchos se burlaban de su calidad. En América Latina, tres
décadas después no sólo se ha consolidado a nivel de educación superior, de educación
media y de educación de adultos, sino que ha ampliado considerablemente su oferta
académica y es notable la población que atiende.
Las posibles explicaciones de este fenómeno son múltiples. Entre
ellas, hay algunas como las siguientes: es una verdadera respuesta para sus principales
poblaciones y tiene, entre otras, las siguientes ventajas y destinatarios, a saber: los
que trabajan y los que viven en zonas alejadas; es muy atractiva para las mujeres, porque
las ayuda a superarse y les ofrece una oportunidad de ser más independientes; es uno de
las medios más accesibles para capacitar en servicio; se ha demostrado que es una de las
principales aliadas de los ministerios de educación para formar educadores; sus costos
directos e indirectos son más bajos; la formación de sus graduados satisface las
expectativas de los empleadores; generalmente es una buena generadora de ingresos propios.
Entre estas sobresale, además, el impacto de la revolución tecnológica, el rol de
organismos internacionales y la persistencia de los educadores a distancia.
Sobresale el impacto de la revolución tecnológica, porque ésta nos
ha dado nuevos medios de comunicación con los alumnos, nuevos instrumentos para producir
el mensaje educativo e incluso nuevas perspectivas. De hecho, hoy en día, no sólo se
habla de la tercera generación de educación a distancia, sino también de la universidad
virtual, tomando esta última ya no como una segunda alternativa de educación superior
sino más bien como el telos mismo de toda la educación superior.
Sobresale el rol de organismos internacionales, tanto en la difusión y
en la asesoría en educación a distancia como en el establecimiento de proyectos
cooperativos. En este sentido, en Latinoamérica en la década de los setenta, la
difusión corrió sobre todo a cuenta de la Fundación Konrad Adenauer y en las últimas
dos décadas, tanto la asesoría como el establecimiento de proyectos cooperativos, en
buena parte ha sido obra de la AIESAD y del CREAD.
Aprovecho, en este sentido, la oportunidad para destacar la labor de
Armando Villarroel y la de los Vicepresidentes del cread en América Latina. Sobre todo,
la labor de Norma Carosio en Argentina y Marlene Blois en Brasil quienes le han infundido
vitalidad a la cooperación en el Cono Sur, y la de Manuel Moreno en México, quien ha
impulsado la colaboración no sólo en este país, sino también con el área
centroamericana. Lamento sí, que pese a esfuerzos importantes en Cuba y en República
Dominicana, la acción del cread en esa región ha sido nula, asunto que debemos retomar
en una próxima reunión de la Junta Directiva.
Finalmente, sobresale la persistencia del educador a distancia. A pesar
de que el educador a distancia tiende a veces a ser muy crítico y hasta negativo, es uno
de los trabajadores más tenaces, más dedicados y más comprometido. Considerando que
todos los educadores a distancia provenían o provienen del sistema presencial, debo
admitir que si no fuera por su tenacidad los que administramos proyectos de educación a
distancia no habríamos avanzado nada.
No obstante lo anterior, cabe señalar que la educación a distancia
corre riesgos importantes, que sólo pueden evitarse si se tiene claridad sobre sus fines
y se mantiene fidelidad a ellos; menciono sólo dos:
Dice Paul Constance: "El potencial de la tecnología ha
parecido siempre particularmente brillante en contraste con el nublado panorama de la
educación en América Latina". Sin embargo, apunta que esto depende de los docentes,
del presupuesto y de buenas decisiones; y señala, como ejemplo de costos el Telecurso
2000, en Brasil, de 200 horas, que costó 50 millones de dólares.
En América Latina es indispensable mejorar la calidad de la
educación, agilizar la administración y facilitar el acceso a la misma. En esto,
evidentemente la tecnología viene a ser un puntal de indiscutible valor. Sin embargo,
para los educadores a distancia sería una pérdida muy importante si la misma los desvía
de sus poblaciones meta, si la hacen más impersonal de lo que es, si olvidan el rol que
deben desempeñar en la formación ciudadana y si terminan convirtiendo a sus estudiantes
en meros consumidores de información y de tecnología.
Pero más importante que lo anterior, es la relevancia que la
educación a distancia tiene en Latinoamérica para el futuro democrático, para el
mantenimiento de la paz social, para la lucha contra la pobreza y para la distribución
del poder. Atiende un sector social eminentemente deprivado de los beneficios del
progreso, que resiente la injusticia social y que no tiene muy claro como puede tornarse
en constructor de la nueva sociedad. La información, el acceso a la educación superior y
la obtención de títulos es un gran logro, pero si nuestros graduados no adquieren un
compromiso social, no obtienen una visión crítica de su sociedad y no contribuyen a
construir nuevas alternativas para esos mismos sectores, todo lo que habríamos logrado es
sólo pasar a algunos de no tener a tener, y a alimentar la avaricia que en el fondo es lo
que los castiga a empujar la roca de la miseria.
Como Camus, los dejo al pie de la montaña con Sísifo, siempre
empujando la roca. A diferencia de él no les pido que se lo imaginen como alguien feliz.
Sólo les pido que pensemos en qué tipo de hombre y mujer debemos tornarlo para que no
siga callado y para que pueda construirse en lo que él quiere ser, en vez de en lo que
otros quieren que continúe siendo.
Muchas gracias.