Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

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... el rollo

Guadalajara, México - Agosto de 1999

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Encarando el destino: el destino, Camus, Latinoamérica y la educación a distancia

(Conferencia dictada en el "VII Encuentro Internacional de Educación a Distancia", organizado por la UDG, en Guadalajara, Jal., en diciembre de 1998. Se reproduce con la autorización del autor)

Celedonio Ramírez Ramírez*

* Rector de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED de Costa Rica), Presidente del Consorcio Red de Educación Abierta y a Distancia (CREAD).

Sísifo (ilustración de Reinaldo Véliz Fernández, 1998)  

Sísifo (por Reinaldo Véliz Fdez., 1998)

 

Deseo agradecer a los organizadores de esta Conferencia y al Maestro Manuel Moreno por la invitación que me hacen para participar como conferencista en este "VII Encuentro Internacional de Educación a Distancia". A la vez, les expreso mi más ferviente deseo de que este encuentro sea muy provechoso y logre los propósitos que tanto los organizadores, como la Universidad de Guadalajara, se han propuesto.

Como no estaba seguro de poder participar en este encuentro, debido a que los rectores estábamos negociando el financiamiento de las universidades estatales con el Gobierno de Costa Rica, me disculpo con los organizadores por haberles confirmado mi participación solo en los últimos días y por no haberles enviado a tiempo el título exacto de mi conferencia. Por esta razón, en primer lugar les informo que esta conferencia tiene como título: "Encarando el destino" y como subtítulo:"El destino, Camus, Latinoamérica y la educación a distancia" y, en segundo lugar, les aclaro que el propósito de la misma es plantearles, con base en el filósofo Albert Camus, algunas ideas sobre lo que podría ser el fundamento filosófico o ideológico de la educación a distancia en Latinoamérica. Con esto sólo espero despertar interés y ulterior reflexión sobre una interrogante que yo considero a la vez, descuidada y de suma importancia para la educación a distancia, como lo es la pregunta ¿para qué?

Albert Camus

 

Albert Camus

 

1. La visión helénica del destino

Los griegos construyeron una serie de mitos para expresar sus creencias y experiencias más significativas. Hay uno, entre ellos, que destaca porque tenía como fin ilustrar lo que le ocurre al ser humano cuando encara el destino. Todos ustedes lo conocen con el nombre de "Mito de Sísifo".

El mito nos dice, en breve, que Sísifo, Rey de Corinto, hijo de Eolo y fundador de los juegos ístmicos, después de regresar a la tierra, con el permiso de los dioses, para vengarse de su esposa, rehusó regresar al bajo mundo, ofendiendo de esta manera a Zeus y Plutón, quienes pidieron una orden de captura. Cuando por fin lo regresaron al averno, Zeus lo castigó a subir una gran piedra hasta lo alto de una cima, pero siempre al llegar a ésta, la piedra volvía a rodar hacia abajo, tornando de esta manera en eterno su castigo.

Para los griegos este mito es, a la vez, un símbolo de la condición humana y una exhortación a aceptar nuestro destino. Es un símbolo de la condición humana, porque nos dice que aunque vivimos en un mundo lleno de limitaciones y tenemos una vida inherentemente emplazada, nuestro deseo de libertad nos impulsa a romper sus límites, a mejorar nuestra condición y a aferrarnos a la vida terrenal, como lo hace Sísifo cuando intenta engañar a la muerte. Es una exhortación a aceptar nuestro destino, porque nos dice que como las fuerzas de la naturaleza y el designio de los dioses son eternos y están por encima de todo, sólo si los logramos conocer, nos daríamos cuenta que ganamos más resignándonos y viviendo de conformidad con ellos.

Tradicionalmente, esta posición ante la vida se caracteriza como trágica, pesimista o fatalista. Trágica, porque representa la lucha del ser humano contra un orden cósmico que nos castiga inmisericordemente cada vez que intentemos alterarlo. Pesimista, porque sostiene que lo negativo a nuestros intereses siempre prevalece. Y fatalista, porque sujeta la vida humana a un destino inalterable. Naturalmente, considerando el genio, la creatividad, el empuje y el deleite por la vida que tenían los griegos, uno no puede menos que asombrarse de que un pueblo así hubiera siquiera pensado en algo tan horrorizante, como lo que se expresa en este mito. Sin embargo, los griegos le encontraron una justificación que todavía domina el pensamiento en Occidente, a saber, que nuestro destino nace en el fondo de un orden racional que está por encima de todo y que rige todas las cosas. Por ello, no sólo consideraron suficiente consuelo el que los seres humanos puedan conocer dicho orden, con el objeto de ajustar sus vidas a él, sino que además, tornaron esta tarea en la mayor empresa de la humanidad. De esta manera, el fatalismo del orden cósmico se tornó en un glorioso racionalismo que, de una u otra manera, reina desde entonces.

 

2. La Rebelión contra el destino

Más recientemente, un escritor y filósofo francés argelino, bien conocido por ustedes, de nombre Albert Camus, escribió dos libros sobre este mismo tema, el primero intitulado: El mito de Sísifo, y el segundo: El hombre rebelde. Ambos contienen una perspectiva radicalmente nueva, porque en vez de defender el destino, defienden la actitud desafiante de Sísifo. En el primero, Camus trata de presentar su forma de enfrentar una encrucijada parecida, a saber, el deseo de vivir y el absurdo de la existencia. En el segundo, intenta señalarnos caminos que podemos seguir en un mundo absurdo.

Reconozco que la filosofía de la existencia ya no tiene la misma popularidad que tuvo en los cuarentas, cincuentas y sesenta. Voy a comentar brevemente sobre estas dos obras, porque pienso que las ideas de Camus son muy representativas del pensamiento contemporáneo y, a la vez, un símbolo y una exhortación muy valedera para enfrentar el destino que el mundo, y sobre todo Latinoamérica, comparte al finalizar el siglo.

Existen ciertas coincidencias entre El mito de Sísifo, escrito por Camus, y la mitología griega, por cuanto Camus acepta que el ser humano tiene un destino, que ese destino es indiferente a nuestras aspiraciones, que la vida humana tiene un emplazamiento inevitable, y que dentro de este emplazamiento tenemos que enfrentarnos a grandes horrores existenciales. En otras palabras, según Camus, a pesar del supuesto progreso y de los grandes logros de la humanidad, especialmente en el campo científico tecnológico, los seres humanos en la vida cotidiana seguimos teniendo un destino que nos limita y seguimos viviendo las mismas contradicciones de siempre.

Existen, sin embargo, diferencias bien marcadas entre Camus y los griegos. En primer lugar, para Camus el héroe que se enfrenta hoy en día a su destino no es el rey sino más bien el hombre común, pero sobre todo el desposeído y el que sufre. En segundo lugar, el destino que debemos enfrentar no abarca sólo los fenómenos naturales, como la muerte, sino también y sobre todo los sociales, como: la pobreza, la soledad, la angustia, el dolor, la indiferencia, la injusticia, el odio, la violencia el genocidio, la frustración y, en general, todo aquello que en la vida no tiene sentido. En tercer lugar, lo que está por debajo de estos fenómenos naturales y sociales no es un orden o un designio divino, sino mas bien el absurdo. Finalmente, lo que Camus pretende no es que evadamos este destino o que expliquemos ¿por qué debemos ajustarnos a él?, sino más bien, que averigüemos ¿por qué deseamos seguir viviendo a pesar de él?

A Camus, de hecho, no le interesa una justificación racional de nuestro destino como tantas que se han intentado, ni cree que exista alguna que sea de valor para la vida presente. Para él, la única interrogante que interesa es si hay una forma concreta de encarar el destino que valga la pena para el ser humano, que como Sísifo desea vivir. Hablo de forma concreta de encarar el destino con el objeto de aclarar en forma breve, el tipo de respuesta que busca Camus. En primer lugar, a Camus no le interesa una respuesta allende a la vida como es típica de la religión, no sólo porque es ateo sino sobre todo porque los problemas psíquicos y sociales de la vida que le interesa resolver no son los de una vida post mortem sino los de la vida que tenemos que vivir aquí y ahora. En segundo lugar, a Camus no le interesa una evasión como propone el estoicismo o la resignación ante lo inevitable, no sólo porque esta significa aceptar la derrota ahora, algo que sólo beneficia a las oligarquías, sino sobre todo porque los problemas psíquicos y sociales ni se resuelven ni se alivian tolerándolos con inactividad. Finalmente, como buen demócrata no le interesan las respuestas que dan las ideologías futuristas o escatológicas, porque aunque estas crean esperanza, en el presente siguen condenando a los hombres y mujeres a la servidumbre.
    Los desposeídos del mundo, hoy como ayer, nacen con un destino dentro del cual discurre su vida, destino que sólo se puede caracterizar con la palabra horror. Camus considera, sin embargo, que no hay razón para desesperarnos, para suicidarnos o para caer en un fatalismo, porque el deseo de vivir es más fuerte que este destino. En este deseo de vivir yace su esperanza, su visión positiva de la vida o lo que ha dado en llamarse el humanismo camusiano.

En El mito de Sísifo, sin embargo, Camus sólo logra describir la experiencia del absurdo, la forma en que nos aferramos a la vida y la simpatía que tiene por Sísifo cuando se rebela diciendo no a su destino. Camus no logra, al menos en forma convincente, señalar cómo es que podemos vivir en este mundo absurdo en vez de suicidarnos. Por esto termina dejando a Sísifo al pie de la montaña y sólo logra aconsejarnos que nos imaginemos a Sísifo feliz.

 

3. La construcción del presente

En su obra El hombre rebelde, Camus pasa de la mera experiencia del absurdo a señalarnos caminos mediante los cuales el ser humano desafía su destino. Al primero lo denomina la "rebelión metafísica" y al segundo la "rebelión histórica". Ambos parten del deseo y del gusto de vivir, y se nutren de la esperanza. Ambos también representan desafíos al destino y tienden a mejorar la condición humana. Desafortunadamente, ambos no son igual de fieles a sus propósitos.

Para Camus, la "rebelión histórica" consiste, en esencia, en el intento humano por sujetar la historia universal a una norma universal, a saber: el "reino de la justicia", aunque no siempre termine en esto. En efecto, la esperanza de toda revolución y de todo revolucionario es eliminar todo lo que disgusta en el mundo, con el objeto de obligarlo a convertirse en lo que uno quiere, a saber: en un mundo justo y positivo para las aspiraciones humanas. La revolución, en este sentido, es una forma de desafío del destino, porque sustentándose en el deseo de vivir, o al menos aprovechándolo, intenta cambiar o al menos eliminar todas aquellas cosas que impiden que florezca.

Sin negar que la rebelión histórica ha tenido importantes logros, según Camus, desafortunadamente pocas veces logra su fin y las más veces termina desviándose. Los logros generalmente se pueden ver y juzgar sólo desde la perspectiva de otras generaciones. Las desviaciones se pueden ver en el momento mismo en que ocurre o poco después y se manifiestan particularmente en la forma en que la rebelión sacrifica la vida que inicialmente se propuso salvar. Camus ilustra las desviaciones más comunes de la rebelión histórica con lo que el denomina terror irracional y terrorismo racional.

Toda revolución comienza rebelándose contra un estado de cosas que considera inapropiado, pero termina glorificando el nuevo estado de cosas que impone, al punto de hacer cosas peores que aquellas contra las que combatió sólo con el objeto de preservarlo. El "terrorismo irracional" ocurre, precisamente, cuando se considera al nuevo Estado como un bien absoluto y su defensa carece de normas que la guíen, o sea que cualquier cosa se permite con tal de conservarlo. Tal es el caso del nazismo, del fascismo y de todas las dictaduras. Camus llama a este proceder "terrorismo irracional", sobre todo porque al defender el nuevo Estado tornan barata la vida humana, la sacrifican sin compasión, abandonan su propósito inicial de salvarla y se consagran al culto del Estado que han creado.

Camus también habla de un "terror racional" que ocurre cuando la revolución no alcanza el nuevo estado sino que depende más bien de una visión profética o utópica del futuro. Según esta visión, el presente es sólo un puente hacia un futuro en que todos los seres humanos podrán vivir con igualdad y con equidad. Tal es el caso del marxismo, que justifica la dictadura del proletariado como paso necesario para llegar eventualmente a una utopía final.

Aunque Camus fue marxista en su juventud, al ver prácticas que no dudaban en sacrificar la libertad, la equidad y sobre todo la vida, con el objeto de defender un estado transitorio o un sistema, en su edad madura decidió apartarse de esta ideología. Pero no se trataba sólo de prácticas. Camus no podía aceptar ni tolerar que se sacrificara una sola vida humana y la mera idea de que se pusiera al estado o al sistema como algo superior al individuo le repugnaba, de igual forma que le repugnaba la idea de someter a la gente bajo la idea de que la historia tiene un fin. Por ello, dice en forma irónica:

El héroe entonces les dice que él, y solo él, conoce la ciudad. Quiénes duden de su palabra serán lanzados al desierto, encadenados a una roca y ofrecidos a los buitres. Los otros marcharán de ahí en adelante en la oscuridad, detrás del maestro solitario, pensativo... Pero de Zeus él ha ganado solo la soledad y la crueldad; ya no es Prometeo, es César.

Precisamente, porque Albert Camus no estaba dispuesto a sacrificar una sola vida, a derramar una sola gota de sangre o a convertirse en el seguidor de iluminados, consideró la rebelión histórica como una forma de encarar el destino poco productiva, poco aconsejable y muy infiel a sus propósitos y propuso más bien como desafío lo que llamó la "rebelión metafísica". Esta rebelión es a la vez, una protesta permanente contra la condición humana y contra la totalidad de la creación y una afirmación de la vida que tenemos, como el bien más radical de todos.

La "rebelión metafísica" reconoce que vivimos en uno de los mundos más injustos y más llenos de horror, pero no acepta ni el horror ni la injusticia. Se declara más bien en permanente rebeldía contra ellos y se consagra a afirmar la vida que tenemos en el presente. Por esto, Camus afirma que: "en vez de matar y morir para producir el ser que no somos, debemos vivir, y dejar vivir para crear lo que somos".

Se trata, por supuesto, de una forma de pensamiento político que se inicia en Francia con Montaigne pero que va mucho más allá, por cuanto ya no se trata de una lucha por un ideal de justicia y fraternidad que ha de venir en el futuro, sino más bien de una cruzada por salvar la vida aquí y ahora con justicia y fraternidad. Se trata también del último desafío al destino, porque nos hace un llamado a que no lo encaremos en otra vida o en un supuesto futuro fin de la historia sino más bien preservando la vida, mejorando su calidad y realizándonos a nosotros mismos ahora que somos.

Todos sabemos que Gandhi, Martin Luther King y Mandela, encararon el destino en una forma bastante parecida y que esto les dio resultados bastante positivos. No obstante, debo recordarles que Camus fue severamente criticado y tildado de optimista simplón por sus colegas. Camus respondió algunas de estas críticas en el periódico clandestino que editaba para la resistencia francesa con el nombre de Combate. En este periódico deja muy claro, que si decirle basta a la adversidad e intentar mejorar la condición humana sin derramar sangre no vale la pena, entonces no existe y nunca existirá verdadera esperanza para el presente. Pero Camus defiende sobre todo su visión bajo la idea de que buscar un nuevo orden para mejorar la condición humana, tiene sentido sólo si el nuevo orden es un mero medio y la vida humana sigue siendo el fin que está por encima de todo. Esto es realmente lo que quiso decir cuando dijo que: "en vez de matar y morir para producir el ser que no somos", o sea el Estado o el sistema "debemos vivir, y dejar vivir para crear lo que somos", algo que hoy en día está cada vez más a la mano.

 

4. La roca que empujan los latinoamericanos

Como el destino que deben enfrentar diariamente los hombres y mujeres en el continente latinoamericano contiene gran cantidad de elementos que militan contra la vida y como estos hombres y mujeres buscan esperanza que se materialice en el presente, considero como lo dije arriba, que el pensamiento de Camus es un símbolo y una exhortación a encarar nuestro destino, a ser tomada en cuenta no sólo por los políticos, sino también por los educadores, sobre todo los educadores a distancia.

Esta idea cobra aún más realismo si pensamos en las circunstancias en que viven miles de hombres, mujeres y niños en los campos, en las favelas y en los tugurios de Latinoamérica, y nos imaginamos el dolor y la angustia que deben soportar diariamente. ¿Acaso no es este dolor y esta angustia la roca que deben empujar sin esperanza? ¿Podemos hacer algo para ayudarlos a derrotar las condiciones que los oprimen?

En Latinoamérica, por mucho tiempo, la condición de pobreza, la desigualdad social, la diferencias de clases, las diferencias de oportunidades y el hecho de que algunos puedan disfrutar del banquete de la existencia, mientras otros con dificultad tienen acceso a sus migajas, ha sido visto como algo natural o inevitable. No niego que todas las guerras y revoluciones en el continente han comenzado rebelándose contra la desigualdad y la pobreza y han propuesto la creación de un nuevo estado de cosas, si no para resolverlas, al menos para aliviarlas. Tampoco niego que cosas importantes se han logrado a través de los siglos y las décadas en este sentido. Sin embargo, la pobreza y la desigualdad no solo continúan antes y después de las revoluciones sino que hasta crecen. Además, persiste la idea de que son inevitables, agravada por la tendencia a culpar a estos sectores por la suerte que corren.

Para agravar la situación anterior, en la "Revista BID América" de julio de 1998, Peter Bate en su artículo: Las cifras de la pobreza en Latinoamérica, informa que la economista Nora Lustig mantiene que lo peor de todo es: "...que en realidad algunos de los países donde los niveles de pobreza están probablemente entre los más altos [...] no tienen esta información". En este sentido, creo que uno de los servicios más importantes y más prometedor que nos está ofreciendo el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), es el darnos a conocer mediante su "Informe sobre desarrollo humano" en las dimensiones y las perspectivas que este problema tiene.

En efecto, según el "Informe de Desarrollo Humano", para 1997 los latinoamericanos no están tan mal como los asiáticos y los africanos y han logrado resultados positivos. Sin embargo, seguimos teniendo al menos un 24% de pobreza de ingreso y no menos de un 15% de pobreza humana resultante de falta de acceso a los servicios sociales que el estado ofrece. Además crece la violencia, crece la corrupción, se está feminizando la pobreza, el número de los que no terminan la escuela o el colegio se mantiene o crece, se agudiza la necesidad de vivienda, se acelera la migración, se estanca el crecimiento de empleo y los pobres participan cada vez menos en los beneficios del crecimiento.

Como las cifras que ofrece el PNUD son frías, naturalmente que no tienen la capacidad por sí solas de hacernos sentir la angustia de este drama. Sin embargo, es fácil deducir de ellas que la situación es difícil para muchos y que el sufrimiento es muy grande, máxime si tomamos en cuenta que lo que este informe utiliza como medida de desarrollo, es un mínimo minimorum. Por ello, ante la magnitud del drama, James Gustav Speth, autor del prólogo del Informe de 1997, casi atendiendo la exhortación de Camus, nos dice:

La pobreza no debe ser sufrida en silencio por los pobres, ni debe ser tolerada por quienes están en situación de cambiarla. El problema consiste ahora en movilizar la acción, estado por estado, organización por organización, individuo por individuo.

En Latinoamérica, sin embargo, sigue siendo una realidad que el pobre sufre y sigue sufriendo la pobreza y la discriminación en silencio y no le queda más que tolerarla. Por esto, James Gustav Speth de nuevo afirma muy apropiadamente que:

Detrás de estos rostros de la pobreza se oculta la sombría realidad de vidas desesperadas, sin salida y con frecuencia, gobiernos que carecen de la capacidad para enfrentar la situación.

 

5. Formas de apoyar al Sísifo Latinoamericano

En este contexto latinoamericano, la exhortación que nos hace Camus para encarar el destino de los que sufren, se puede resumir de la siguiente manera: primero, que debemos partir de una gran admiración de estos hombres y mujeres que sufren por la gran fuerza que tienen para vivir. Su condición es tal que si la sufrieran aquellos que están acostumbrados a las mejores cosas de la vida, probablemente se suicidarían. Además, debemos aprovechar esta fuerza emocional que tienen para ayudarles a construir un mejor presente. Segundo, que no le ayudamos a los desposeídos a construir este mejor presente con la idea de una justicia post mortem, o sólo con la idea de un futuro Estado justo y equitativo, porque a ellos les urge una solución hoy y no mañana. Y finalmente, que para construir un mejor presente tenemos que ayudar a construir un estado que los apoye, siempre y cuando este estado sea visto como un medio para lograr un fin y no como un fin en sí mismo. Es necesario, sin embargo, complementar esta exhortación de Camus con un plan aún más concreto de acción. Rebelarse contra una condición que nos aplasta es bueno, pero no es suficiente. Rebelarse como Sísifo es sólo un comienzo, porque tener que seguir sufriendo la pobreza en silencio, en forma indefinida, no crea verdadera esperanza. Afortunadamente, creo que se están dando una serie de revoluciones que manejadas con entereza, con convicción y con fidelidad a sus fines, nos pueden conducir a todos realmente a crear un nuevo destino. Por razones de tiempo menciono sólo las siguientes: auge de la democracia; el compromiso de Copenhague; la cooperación internacional y la educación a distancia.

 

a. El auge de la democracia

Por primera vez en mucho tiempo, el continente americano en su totalidad tiene una paz relativa tanto a lo exterior como al interior de cada una de las naciones. Pero, sobre todo, por primera vez en el continente entero se adapta en forma generalizada un sistema de gobierno que se fundamenta en la igualdad de todos los seres y que por principio debe consagrarse a la defensa de los derechos humanos.

Este tipo de entorno, sin duda alguna, es sumamente fértil para generar la justicia ahora, siempre y cuando, en primer lugar, las dos amenazas principales que lo azotan, a saber: la corrupción y la reforma del Estado, no terminen destruyéndolo y, en segundo lugar, que nos propongamos defenderlo.

La corrupción es una de las principales amenazas, no sólo porque abusa de los fondos públicos y fomenta la avaricia sino sobre todo porque desacredita uno de los principales instrumentos que tenemos para resolver nuestra situación. Es irónico de hecho que cuando logramos tener un sistema de gobierno que debe consagrarse a defender los derechos humanos, sea también el momento en que esté más en entredicho el poder político. De no resolver con urgencia este mal, fácilmente puede generarse más desesperación que esperanza.

La segunda amenaza procede de la reforma del Estado. Tenemos claro que debemos hacerla porque la globalización, la competitividad y la necesidad de lograr mayor eficiencia nos obligan a llevarla cabo. También tenemos claro que esta reforma puede resultar sumamente provechosa para los ciudadanos. Sin embargo tiene un riesgo, a saber: que pierda la función social del estado y que se convierta en un mero instrumento del capitalismo salvaje.

Por su parte, la defensa del sistema democrático es algo que nos compete a todos si ha de ser duradero, pero sobre todo al sistema educativo. Nosotros, los educadores a distancia, debemos recordar además que la educación a distancia es hija del agotamiento del viejo modelo estatal y que se nutre de su reforma. De hecho, fue la falta de recursos para hacerle frente al sistema educativo tradicional lo que le dio viabilidad. Y es la necesidad de lograr mayor eficiencia, o al menos menor gasto estatal, lo que actualmente nos da más fuerza. Por ello, no sólo debemos tener un compromiso muy especial con la democracia sino también una obligación de convertir su defensa en uno de nuestros compromisos primordiales.

En este sentido, yo noto en la práctica continental de la educación a distancia que se da gran atención a los contenidos y a los procesos logísticos, pero que se da poca o ninguna a la educación para la democracia. ¿Será que no es un fin de la educación a distancia?, o será que ¿es innecesario educar para ella?

 

b. El Compromiso de Copenhague

En el "Informe de desarrollo humano" para 1997, se nos dice que en 1995 se celebró en Copenhague una cumbre mundial sobre desarrollo social y que en esta cumbre 185 gobiernos:

Se comprometieron con el objetivo de la erradicación de la pobreza como un imperativo ético, social, político y moral de la humanidad y reconocieron que el desarrollo centrado en la gente era la clave para lograr este objetivo.

Este objetivo ya no es utopía o mera demagogia. En ese mismo informe del PNUD se afirma:

La pobreza humana ha degradado la vida humana durante siglos, pero uno de los grandes logros del siglo XX es su notable reducción. La pobreza de ingreso se ha reducido más rápidamente en los últimos 50 años que en los últimos 50 decenios. Y a fines del siglo XX el número de personas con privaciones en otros aspectos de la vida oscilará entre mil y dos mil millones en comparación con dos mil a tres mil millones que era hace un decenio.

Pero el Informe va más allá, por cuanto por un lado dice que: "En una economía mundial de 25 billones de dólares la pobreza es un escándalo que refleja desigualdades vergonzosas y el fracaso inexcusable de la política nacional e internacional", y por otro, afirma que si existiera verdadera voluntad de resolver el problema sólo se requeriría a nivel mundial un 1% de esta economía.

Evidentemente, el compromiso de Copenhague no tiene precedentes en la historia y de materializarse no sólo sería la acción humanitaria más grande de la humanidad, sino también el inicio de toda una nueva forma de convivencia humana. Yo sé que los educadores a distancia estamos muy ocupados educando a los que no han tenido acceso a este beneficio. Sin embargo, me llama la atención que los programas de educación a distancia no lo divulguen o al menos desconozco que lo hagan, de igual manera que no se divulgan los informes de desarrollo humano del PNUD. Será que ¿no consideramos importante que se nos asocie con la lucha contra la pobreza? ¿Será por ello que ni el PNUD, ni el BID, ni la mayoría de los gobiernos del continente nos dan crédito en esta lucha?

 

c. La cooperación internacional

En 1948, después de haber vivido la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, Camus se refería a la cooperación internacional en los siguientes términos:

Muchos norteamericanos quisieran continuar viviendo encerrados en su sociedad, que encuentran buena. Muchos rusos quisieran, tal vez seguir con la experiencia estatista al margen del mundo capitalista. No pueden ni podrán jamás lograrlo. Del mismo modo, ningún problema económico, por secundario que parezca, se puede resolver hoy al margen de la solidaridad de las naciones. El pan de Europa está en Buenos Aires y las máquinas herramienta en Siberia se fabrican en Detroit... Hoy sabemos que ya no hay islas y que las fronteras son inútiles.

Hoy en día, en forma más plena vivimos en un mundo interconectado en el que el aislacionismo y la autarquía en la producción son algo del pasado. La globalización y la planetarización han creado el sentimiento de que somos una aldea global y de que sólo podemos enfrentar nuestro destino en forma unida, como seres humanos planetarios. Esto significa que al final del siglo nos encontramos en un mundo interdependiente, en el que se deben resolver nuestras diferencias mediante el diálogo y crear tanto el presente como el futuro mediante la cooperación en todo sentido y en todo ámbito.

Pero debemos recordar que la cooperación no es algo nuevo. Ella se dio en el pasado entre los griegos, entre los orientales, entre los europeos y en este continente y no produjo necesariamente beneficio para todos. Lo nuevo de la cooperación hoy en día es el fin que se propone: la construcción conjunta de un mejor presente y de un futuro más promisorio. Menciono esto, porque debemos ser muy vigilantes de que la cooperación logre su objetivo, en vez de crear dependencia como lo ha venido haciendo tantas veces en el pasado.

Hoy en día, de hecho tenemos cooperación en lo científico, en lo académico, en lo económico, en lo social, en lo militar, en lo tecnológico, etc. Esta cooperación no sólo está permitiendo el avance de regiones subdesarrolladas sino que en la mayoría de los casos es el verdadero factor de esperanza. Sin embargo, no debemos olvidar que en el interior del corazón humano persisten sus tendencias naturales a la avaricia, al lucro, a la dominación y a explotar a los demás, ya sea por voluntad o simplemente por necesidad.

La cooperación en educación a nivel continental, en todos los niveles, no tiene comparación en toda la historia y está contribuyendo realmente a mejorar la calidad de la misma. Sin embargo, debemos recordar que la reforma del Estado ha ido incidiendo cada vez más en el financiamiento de las universidades estatales, obligándolas a generar cada vez más recursos propios. No hay nada malo en ello, pero nos expone con facilidad a tornar la cooperación en búsqueda de lucro y ésta en eventual dominación.

Si no tenemos claro el tipo de cooperación que necesitamos y que debemos dar, fácilmente nos desviamos y la convertimos en un instrumento de negociación de la pobreza y de la ignorancia. Cuando esto ocurre, entonces en vez de luchar contra el destino de Sísifo, nos convertimos en barra para que se mantenga atado a la piedra que lo oprime. Estoy seguro que los educadores no queremos esto. Pero si no somos vigilantes fácilmente nos convertimos en meros consumistas de tecnología y constructores de una nueva amenaza, la dependencia académica continental en la que, obviamente, sólo saldrán ganando, como de costumbre, los más fuertes.

Debo reconocer que uno de los sectores educativos que más necesita de cooperación, tanto por la misión social que tiene como por la innovación que representa es la educación a distancia. Me llama la atención, sin embargo, que casi nunca se comparten materiales, que no se elaboran programas en forma conjunta y que cada vez que se habla de utilizar algún material, la barrera principal son los precios. ¿Será que los materiales elaborados en la educación a distancia son demasiado regionalizados?, o ¿será que la avaricia no nos permite compartirlos?, o ¿será más bien que no hemos pensado en establecer a la luz de nuestra misión social, un verdadero intercambio y un código de ética de dicho intercambio, para que la liberación de Sísifo no se vea atrasada por la pelea o los celos de sus libertadores?

 

d. La educación a distancia

Cuando se inició la segunda generación de educación a distancia a nivel mundial, pocos creían que sobreviviría y muchos se burlaban de su calidad. En América Latina, tres décadas después no sólo se ha consolidado a nivel de educación superior, de educación media y de educación de adultos, sino que ha ampliado considerablemente su oferta académica y es notable la población que atiende.

Las posibles explicaciones de este fenómeno son múltiples. Entre ellas, hay algunas como las siguientes: es una verdadera respuesta para sus principales poblaciones y tiene, entre otras, las siguientes ventajas y destinatarios, a saber: los que trabajan y los que viven en zonas alejadas; es muy atractiva para las mujeres, porque las ayuda a superarse y les ofrece una oportunidad de ser más independientes; es uno de las medios más accesibles para capacitar en servicio; se ha demostrado que es una de las principales aliadas de los ministerios de educación para formar educadores; sus costos directos e indirectos son más bajos; la formación de sus graduados satisface las expectativas de los empleadores; generalmente es una buena generadora de ingresos propios. Entre estas sobresale, además, el impacto de la revolución tecnológica, el rol de organismos internacionales y la persistencia de los educadores a distancia.

Sobresale el impacto de la revolución tecnológica, porque ésta nos ha dado nuevos medios de comunicación con los alumnos, nuevos instrumentos para producir el mensaje educativo e incluso nuevas perspectivas. De hecho, hoy en día, no sólo se habla de la tercera generación de educación a distancia, sino también de la universidad virtual, tomando esta última ya no como una segunda alternativa de educación superior sino más bien como el telos mismo de toda la educación superior.

Sobresale el rol de organismos internacionales, tanto en la difusión y en la asesoría en educación a distancia como en el establecimiento de proyectos cooperativos. En este sentido, en Latinoamérica en la década de los setenta, la difusión corrió sobre todo a cuenta de la Fundación Konrad Adenauer y en las últimas dos décadas, tanto la asesoría como el establecimiento de proyectos cooperativos, en buena parte ha sido obra de la AIESAD y del CREAD.

Aprovecho, en este sentido, la oportunidad para destacar la labor de Armando Villarroel y la de los Vicepresidentes del cread en América Latina. Sobre todo, la labor de Norma Carosio en Argentina y Marlene Blois en Brasil quienes le han infundido vitalidad a la cooperación en el Cono Sur, y la de Manuel Moreno en México, quien ha impulsado la colaboración no sólo en este país, sino también con el área centroamericana. Lamento sí, que pese a esfuerzos importantes en Cuba y en República Dominicana, la acción del cread en esa región ha sido nula, asunto que debemos retomar en una próxima reunión de la Junta Directiva.

Finalmente, sobresale la persistencia del educador a distancia. A pesar de que el educador a distancia tiende a veces a ser muy crítico y hasta negativo, es uno de los trabajadores más tenaces, más dedicados y más comprometido. Considerando que todos los educadores a distancia provenían o provienen del sistema presencial, debo admitir que si no fuera por su tenacidad los que administramos proyectos de educación a distancia no habríamos avanzado nada.

No obstante lo anterior, cabe señalar que la educación a distancia corre riesgos importantes, que sólo pueden evitarse si se tiene claridad sobre sus fines y se mantiene fidelidad a ellos; menciono sólo dos:

  • Dice Paul Constance: "El potencial de la tecnología ha parecido siempre particularmente brillante en contraste con el nublado panorama de la educación en América Latina". Sin embargo, apunta que esto depende de los docentes, del presupuesto y de buenas decisiones; y señala, como ejemplo de costos el Telecurso 2000, en Brasil, de 200 horas, que costó 50 millones de dólares.

  • En América Latina es indispensable mejorar la calidad de la educación, agilizar la administración y facilitar el acceso a la misma. En esto, evidentemente la tecnología viene a ser un puntal de indiscutible valor. Sin embargo, para los educadores a distancia sería una pérdida muy importante si la misma los desvía de sus poblaciones meta, si la hacen más impersonal de lo que es, si olvidan el rol que deben desempeñar en la formación ciudadana y si terminan convirtiendo a sus estudiantes en meros consumidores de información y de tecnología.

Pero más importante que lo anterior, es la relevancia que la educación a distancia tiene en Latinoamérica para el futuro democrático, para el mantenimiento de la paz social, para la lucha contra la pobreza y para la distribución del poder. Atiende un sector social eminentemente deprivado de los beneficios del progreso, que resiente la injusticia social y que no tiene muy claro como puede tornarse en constructor de la nueva sociedad. La información, el acceso a la educación superior y la obtención de títulos es un gran logro, pero si nuestros graduados no adquieren un compromiso social, no obtienen una visión crítica de su sociedad y no contribuyen a construir nuevas alternativas para esos mismos sectores, todo lo que habríamos logrado es sólo pasar a algunos de no tener a tener, y a alimentar la avaricia que en el fondo es lo que los castiga a empujar la roca de la miseria.

Como Camus, los dejo al pie de la montaña con Sísifo, siempre empujando la roca. A diferencia de él no les pido que se lo imaginen como alguien feliz. Sólo les pido que pensemos en qué tipo de hombre y mujer debemos tornarlo para que no siga callado y para que pueda construirse en lo que él quiere ser, en vez de en lo que otros quieren que continúe siendo.

Muchas gracias.

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