
Educación a distancia y competencias comunicativas
María Elena Chan Núñez*
Cuando las instituciones sociales alcanzan cierto grado de madurez tienden
a adquirir una consistencia y una realidad muy particulares. La conciencia social se
inclina a considerarlas como ingredientes naturales de la sociedad, en todo tiempo y
lugar. Esta especie de amnesia de la génesis refuerza la vigencia de las
instituciones sociales. El sentido común las considera bajo la premisa del siempre
fue así. De esta manera los objetos sociales, que en realidad son el resultado de
procesos históricos, se presentan como realidades inconmovibles, como hechos consumados
más que como hechos en movimiento. La ciencia social histórica nos viene a recordar que
todas las instituciones humanas tienen un comienzo, están inscritas en el tiempo y no
gozan del privilegio de lo eterno. |
La educación a distancia: oportunidad y acercamiento
El campo de la educación a distancia no es un invento de fin de siglo. Esta modalidad
educativa tiene antecedentes en diversas experiencias que en el mundo se han dado desde
épocas remotas. Se pueden rastrear ejemplos diversos en los que pueblos o sujetos que se
impusieron la tarea de educar, y cuyos educandos se encontraban en locaciones dispersas,
tuvieron que desarrollar estrategias para hacer llegar sus mensajes utilizando los medios
de comunicación a su alcance.
La educación a distancia, como parte de la educación formal o
instituida, se desarrolla en el siglo XX en todo el mundo como modalidad alternativa
asociada al concepto de oportunidad para poblaciones tradicionalmente alejadas de los
sistemas escolares. No es casual que los países pioneros que han alcanzado mayor
desarrollo en esta modalidad, sean aquellos con grandes extensiones territoriales, como
Australia, Canadá, India, entre otros, y los que tuvieron necesidades de expandir
política, social y culturalmente un imperio, como el caso de Inglaterra y la influencia
que ejerció en los dos países arriba mencionados.
En América Latina, países como Venezuela, Brasil, Colombia y Costa
Rica han alcanzado un importante desarrollo en estas modalidades. Importante no sólo por
su consolidación sino por la diversidad de necesidades educativas que han reconocido en
su población y la apuesta a la educación como factor de desarrollo social.
Las razones históricas para la expansión y consolidación de estas
modalidades son sumamente interesantes para entender las particulares formas en que las
políticas educativas de las naciones se orientan a la no convencionalidad educativa y las
estrategias que han instrumentado para hacerlas posibles.
La educación a distancia se define por su vocación de acercamiento
entre instituciones y educandos. Es así que supone comunicación, puesta en contacto,
acercamiento en varios sentidos:
Acercar la escuela a poblaciones geográficamente alejadas.
Acercar la escuela a los ámbitos laborales y a sus necesidades
particulares de formación.
Acercar la escuela a las condiciones de vida de poblaciones
cuyas características diversas no están consideradas en la escuela como institución
convencional: los adultos, las mujeres, los trabajadores, los indígenas, los
discapacitados, los profesionales demandantes de actualización, los migrantes, etcétera.
Acercar la escuela a problemáticas sociales y profesionales
contextualizadas, es decir, partir de una visión de la Institución educativa, como la
que está lejos de comunidades con problemas específicos a resolver, y que requieren de
que la formación llegue al sitio. Desde este enfoque no son los educandos los distantes a
la escuela, sino la distante es la escuela convencional.
La educación a distancia puede ser abordada como objeto de estudio
desde diversas perspectivas. Interesan en este trabajo dos enfoques en particular vistos
desde una perspectiva sociocultural: la de su institucionalidad histórica que obedece a
razones políticas y particulares posturas axiológicas de quienes la impulsan como
modalidad educativa y una segunda perspectiva: la relativa a su definición como práctica
de comunicación educativa.
Algunas reflexiones sobre la educación a distancia como
industria cultural
Cabría formular algunas preguntas con relación a los riesgos que se corren en la
educación a distancia en tanto se le instituye para la atención escolar masiva. Los
medios de comunicación y la factibilidad de producir materiales educativos estandarizados
para la cobertura de grandes grupos de población, posibilita que se organice en un
sentido industrial, en donde los procesos de producción, distribución y consumo de los
materiales educativos, la evaluación de aprendizajes y acreditación, se desarrollan
centrando la eficiencia del sistema en las tecnologías de soporte. El riesgo no está,
por supuesto, en considerar que las tecnologías de soporte posibiliten la eficiencia,
sino en que estas tecnologías se constituyan en el centro del sistema e incluso en su
razón de ser. Un ejemplo elemental de una visión centrada en la tecnología es lo que
comúnmente ha ocurrido en algunas instituciones mexicanas en las que antes que
identificar con claridad el tipo de necesidades educativas regionales, nacionales o
internacionales que la institución pretende atender, se hace la gestión y compra de
determinada tecnología de comunicación. Parecería que quien gestiona la
instrumentación tecnológica opera de una manera visionaria, y tal vez en algunos casos
lo ha sido. No obstante la visión no ha incluido en la mayoría de los casos a los
sujetos que usarán la tecnología para comunicarse. El énfasis se ha puesto en el
equipamiento, y en algunos casos hasta en la capacitación para su manejo, pero no en su
uso para la comunicación. No basta hacer circular información por redes telemáticas, ni
transmitir cátedras televisadas, para hablar de comunicación educativa.
Ejemplos sobran, Francisco Gutiérrez y Daniel Prieto (1991) advierten
sobre la mecanización en la producción de materiales educativos, que al convertirse en
herramientas para la educación masiva, se constituyen en mensajes descontextualizados,
elaborados para sujetos que responderán a un tipo de actividades y apropiación de
contenidos que pueden estar completamente alejados de sus intereses y problemáticas más
elementales.
Cabe preguntarse:
¿La educación que se da a través de medios de
comunicación en la educación a distancia satisface necesidades formativas e
informativas?
¿Quién y cómo se controla la calidad de las mercancías
educativas que circulan en los medios?
¿A quién preocupan los tipos de aprendizaje que se están
generando?
¿En la competencia por la cobertura de los espacios
cibernéticos y satelitales hay en el fondo paradigmas educativos en conflicto o se trata
de una competencia regida desde dimensiones sobre todo mercantiles?
¿Se reproducen esquemas tradicionales de educación: de
reproducción y consumo informativo pero utilizando las más modernas tecnologías?
¿Qué repercusiones sociales puede tener este uso de los medios
dentro de las instituciones educativas al asimilarlos a los modos de consumo que están
siendo propiciados por los medios de comunicación masiva?
¿Tocaría a las instituciones educativas romper con una cultura
mediática orientada al consumo usando los medios justamente para formar en una pedagogía
de la comunicación (Guillermo Orozco, 1994)?2
La educación a distancia se desarrolla y es afectada por los
fenómenos sociopolíticos y culturales de fin de siglo, particularmente por los avances
tecnológicos en las telecomunicaciones y se potencializa u obstaculiza su desarrollo de
acuerdo a patrones culturales, no sólo de apropiación tecnológica sino, entre otros, de
la imagen y la vivencia de la escolaridad.
Las mediaciones
Manuel Martín Serrano, Jesús Martín Barbero, Guillermo Orozco, Enrique Sánchez
Ruiz, Cecilia Cervantes, son algunos de los autores latinoamericanos que se han interesado
por el estudio de las mediaciones. El concepto de mediación en las diferentes
aplicaciones que hacen estos autores, tiene en común la posibilidad de identificar como
lo social, lo político, lo económico, lo cognitivo, lo cultural, se articulan como
dimensiones en la producción, distribución y consumo cultural en los procesos de
comunicación.
En este sentido las instituciones educativas que desarrollan
modalidades educativas no convencionales ejercen un papel mediacional en distintos
procesos que tienen que ver con: la óptica que aplican para definir o delimitar los
sujetos que prefieren atender mediante el sistema; los contenidos que incluyen en los
planes de estudio; los medios que gestionan para establecer la comunicación; las formas
como regulan las relaciones entre educadores y educandos; la administración de la
docencia; las nociones sobre ciencia, conocimiento, aprendizaje, evaluación, etcétera,
que predominan en las políticas, los discursos y las acciones de gestión y formación en
dichos sistemas.
La educación a distancia la visualizo desde la definición de Raúl
Fuentes Navarro: "La educación es el sistema sociocultural, que mediante actos de
comunicación, promueve la modificación de repertorios culturales de los individuos,
incrementando y ampliando su capacidad de participación en la vida social
" (Fuentes,
1981: 80). En la educación a distancia estos actos de comunicación se dan a
través de medios y canales que posibilitan el enlace entre sujetos situados en contextos
espaciales o temporales remotos entre sí. Considerando que son los actos de comunicación
la condición de posibilidad de lo educativo, y no lo medios por los que los actos
comunicativos se realizan, en la educación a distancia como objeto de estudio y de
gestión, es ciertamente más complicado el mantener el rumbo y situar la comunicación al
centro, y no los aparatos que la hacen posible. Quienes gestan los sistemas educativos a
distancia, quienes tienen en sus manos la capacidad de decidir los rumbos a tomar para la
implementación, se constituyen en sujetos mediadores en el plano de la producción
sociocultural. Lo mismo los docentes y los educandos. Todos median desde las posturas que
asumen y los roles que desempeñan.
Todos requieren de una visión que ponga en el centro a la
comunicación como lo que posibilitará lo educativo, El dominio de los instrumentos que
permitirán la telecomunicación es una competencia distinta y, en todo caso, subordinada
al dominio de la comunicación.
La educación a distancia, vista desde las teorías socioculturales de
la comunicación, lleva a la necesidad de reflexionar ampliamente sobre su sentido como
propuesta cultural, que impactará fuertemente a la totalidad de los sistemas educativos
en las próximas décadas.
Puede constituirse en "el caballo de Troya" de la educación
(Gómez Mont en: Fuentes, 1988) y plantear la comunicación al centro de los procesos.
Pero también puede constituirse en el reforzador de las prácticas de consumo cultural
más arraigadas socialmente, a partir de un uso acrítico e indiscriminado de las
tecnologías de información, al margen de un uso verdaderamente formativo.
Para una comprensión de los impactos culturales de la educación a
distancia, los gestores institucionales y los investigadores sociales requieren
competencias comunicativas. Partiendo de la definición integrada de la competencia como
conjunto de tareas y los conocimientos, habilidades, actitudes y valores que permiten
realizar estas tareas, las competencias de los sujetos que pueden orientar el rumbo de la
educación a distancia en su significado sociocultural para las próximas décadas, son
competencias que se integran por elementos tales como:
> Posicionamiento valoral hacia la educación, la comunicación, las
necesidades sociales, el desarrollo, etcétera.
> Posturas teóricas y metodológicas sobre la relación
comunicación-educación.
> Habilidades y actitudes sensibles para detectar las necesidades
educativas de los sectores y sujetos no atendidos por el sistema educativo convencional.
> Habilidades para pensar en la adecuación tecnológica para
telecomunicar a los sujetos de la formación.
> Posicionamiento y conocimientos suficientes frente al aprendizaje
para reconocer las condiciones y estrategias para la gestión de ambientes propicios para
aprender.
Planteo lo anterior como competencias comunicativas aplicadas a un
plano de reflexión macrosocial, de todos aquellos sujetos que toman decisiones y para
aquellos que los proveen de información para que estas decisiones puedan ser tomadas de
una manera fundamentada y reflexiva (los investigadores de la comunicación y de la
educación, así como de la comunicación educativa). Ambos tipos de actores requieren de
nociones y desarrollo de habilidades, actitudes y valores para la concepción, diseño e
implantación de sistemas de comunicación y para la investigación sobre los mismos.
Así mismo requieren de esta formación o acercamiento a estas
competencias comunicativas y las de carácter microsocial que se abordan a continuación
para poder ejercer un liderazgo en las comunidades educativas en torno a un determinado
proyecto social, en el que la educación a distancia se plantea como parte de una visión
estratégica.
Las competencias comunicativas de los sujetos de la formación
Considero como sujetos de la formación a los educandos y los educadores. Los
diferencio en este trabajo de los sujetos que gestan y determinan la implantación de los
sistemas educativos, en tanto éstos últimos ejercen una labor desde un paradigma
fundamentalmente político. Los políticos y los administradores escolares participan en
la creación de los sistemas de comunicación, su visión dota de particularidades a los
mismos, y la dimensión política de su ejercicio, según se señala en los párrafos
anteriores, requiere también de competencias comunicativas de cierto nivel.
No obstante, lo medular en los sistemas educativos son las relaciones
que los constituyen, y éstas se tejen entre educadores y educandos y de éstos entre sí.
El gestor de los sistemas necesita poner especial atención a las
formas de relación entre educadores y educandos para trabajar con una visión centrada en
lo medular del sistema.
¿Los educadores tienen, por su experiencia educativa, la preparación
para insertarse en sistemas educativos a distancia?
¿El dominio que tienen de campos de conocimiento específicos, es
suficiente para su desempeño como articuladores de actos comunicativos, que lleven a la
ampliación de los repertorios culturales de los educandos?
¿Qué tanto varían las competencias requeridas por los educadores
convencionales y los educadores a distancia?
Las investigaciones y experiencias relativas a la formación de
docentes en los distintos niveles educativos revelan cuestiones interesantes:
En México es hasta la década de los cincuenta, que se reconoce
que los docentes del nivel superior debieran tener una formación en lo educativo.
La profesionalización docente se ha considerado casi en
exclusiva para los niveles educativos básicos, a través de las Normales y la Universidad
Pedagógica Nacional.
Los programas de formación docente en el nivel superior, han
presentado diversas tendencias y formas de institucionalización. Se oscila entre las
creencias de la actualización disciplinaria como la fuente básica de preparación de los
docentes de los niveles superiores y aquellas tendencias en las cuales la
profesionalización en el campo educativo se consideran como factor central.
La comunicación educativa se ha reconocido con mayor fuerza en
la profesionalización de los docentes a partir de los 60, no obstante, esta
preparación se ha enfocado más al uso de medios en el aula, y como recurso indispensable
para la educación a distancia, que al desarrollo de lo que en este trabajo se define como
competencia comunicativa.
Si de lo que se trata es de profesionalizar las prácticas
comunicativo-educativas, es imperativo que se reconozcan las competencias comunicativas
como objeto de formación. Al respecto interesa destacar lo siguiente:
La profesionalización para la comunicación educativa, se
considera un imperativo para todos los educadores, desde la perspectiva que reconoce la
necesidad de un manejo comunicativo de la educación, en la que sean los estudiantes el
centro de la acción y la expresión. En educación abierta,3 se ha avanzado hacia la definición de un modelo de asesoría, en el
que se identifican características actitudinales para esta función que retoman ciertos
principios básicos de la comunicación educativa.
Estas competencias podrían ser denominadas como interactivas, planteándolas
desde el punto de vista de la teoría de la acción de Habermas.
"El empleo de la expresión competencia interactiva señaliza la hipótesis básica, de la que voy a partir, de que las capacidades del sujeto que actúa socialmente pueden investigarse desde el punto de vista de una competencia universal, es decir independiente de ésta o aquélla cultura, al igual que sucede con las competencias de lenguaje y conocimiento cuando se desarrollan con normalidad. Partimos de que puede probarse la existencia de cualificaciones básicas ajenas a la participación en sistemas de interacción, a la solución de problemas interpersonales y al aprendizaje en el ámbito comunicativamente accesible de una realidad simbólicamente preestructurada, como es la sociedad, y hacérselas derivar de estructuras universales. En la medida en que la lingüística y la psicología trabajan en el sentido de una teoría de determinadas competencias, a saber: la competencia lingüística y la competencia cognoscitiva, tratan las estructuras generales del habla o de la acción comunicativa como problemas residuales" (Habermas, 1989: 161).
Considerando lo anterior, la teoría de la
acción de Habermas puede ser un marco útil de explicación de los actos comunicativos, y
en el ámbito educativo, y más específicamente en el relativo a la educación a
distancia, las competencias interactivas marcan la visión o enfoque para el
aprovechamiento máximo de las posibilidades que los medios dan para esa interactividad.
Dentro de estas competencias estarían: la expresión, la capacidad de escucha y la
interpretación, entre otras. Para Habermas la competencia interactiva implica el esfuerzo
por darse a entender y por comprender al otro.
Es interesante que lo que se señala en ensayos e investigaciones, en
torno a los criterios o parámetros para la evaluación de la función de asesoría en la
educación a distancia, abordar en términos de habilidades y actitudes rasgos que
podrían ser definidos desde una perspectiva de competencias interactivas, aunque no se
les denomina así. Revisando a Cookson (1998), las ponencias presentadas en el Quinto
Encuentro de Educación a Distancia, organizado por la Secretaría de Educación Pública
(Memorias 1994) y la tesis de Patricia Alatorre Rojo (1998), los rasgos que se reconocen
en los educadores aluden de manera directa a diversas cualidades necesarias o deseables en
los asesores de un sistema educativo a distancia. Nombrados de distintos modos, estos
rasgos tienen en común el uso de nociones relativas a:
Propiciar la grupalidad.
Facilitar la participación.
Acercar la información.
Retroalimentar.
Cuestionar.
Propiciar ambientes o climas de trabajo amigables o empáticos.
Estos rasgos no aparecen en una sola clasificación en los diferentes
autores, generalmente se ordenan dentro del rubro de actitudes.
Me interesa resaltar que las competencias comunicativas, las cuales
retomando a Habermas llamaré más propiamente interactivas se componen de conocimientos,
habilidades, actitudes y valores, considerando el concepto integrado de competencias
(Hager y Becket, 1997), no son, por lo tanto, sólo actitudes o sólo habilidades, sino
una compleja trama que permite al sujeto realizar funciones o tareas.
Las competencias interactivas, vistas como capacidades requeridas en la
tarea profesional de educar comunicativamente, deben ser objeto de formación. No puede
suponerse que educandos y educadores las desarrollan natural y socialmente, no basta con
ello. Esto sería equivalente a afirmar que todo lo que se dice en el aula se entiende, y
que todo lo que expresan los estudiantes es entendido por los docentes, que todos sabemos
escuchar y que todos sabemos interpretar. La misma cultura escolar se encarga de mermar
algunas de esas competencias interactivas, según el modelo que se asume para el
establecimiento de roles de los actores.
Así mismo, la aceleración en la producción y distribución de
información y la cultura mediática, promueven que las interacciones sociales se realicen
de modos tan diversos que las instituciones escolares, quienes tradicionalmente han
asumido estilos de comunicación verticalistas (centrados en el criterio de verdad de la
palabra docente), se enfrenten con dificultades para incorporar una cultura comunicativa
diferente.
La comunicación ha sido un reto presente en la tarea de educar desde
siempre. Históricamente no ha cambiado la necesidad de darse a entender de los educadores
y educandos. Lo que sí es fundamental reconocer es cómo en distintos contextos
históricos, desde parámetros distintos de valoración de determinadas capacidades para
los sujetos de la educación, las tendencias hacia el reconocimiento de la educación como
proceso comunicativo han cambiado.
Lo que inspiró el método socrático respecto al tipo de actividad
mental que se esperaba de la interacción educador-educando; lo que en la Edad Media
significaba la relación del aprendiz con el maestro; lo que Freinet, educador europeo del
siglo XIX, señaló y desarrolló una metodología para hacer de la expresión el centro
del proceso educativo, utilizando para ello la imprenta; el método alfabetizador de Paulo
Freire, tan influyente en América Latina; las ideas de Vygostki con relación al docente,
como mediador y su función fundamentalmente problematizadora, son ejemplos bien conocidos
en la historia de la educación, que nos muestran que las competencias comunicativas no
son un nuevo requerimiento hacia la docencia. Han estado presentes, como parte de un
paradigma axiológico sobre lo educativo, desde la antigüedad y en diversos contextos
civilizatorios. Tal vez haya educadores e investigadores de la comunicación y de la
educación que se sientan más identificados con las ideas de Sócrates, Freinet o Freire,
que con algunos de sus colegas.
Por lo tanto, no es cuestión de épocas, ni de contextos ni de área
de formación disciplinaria, sino de paradigmas que se asumen y guían las creencias y la
acción.
¿Qué explicaciones históricas podemos dar a la tendencia
generalizada, en las instituciones escolares occidentales, para el desarrollo de una
educación informacional y no comunicativa? ¿Cuándo surge el modelo en el que la
función docente se visualiza en torno al rol informacional y no formativo? ¿Qué tienen
que ver las particulares condiciones en que los campos científicos y las profesiones se
han gestado, respecto a la forma como el conocimiento visto como información se erige y
domina la práctica educativa?
Algo sabemos respecto a la tendencia informacional de la educación a
partir de los modelos heredados de la tradición de la ilustración europea. El
enciclopedismo tendió una red muy amplia no sólo desde el punto de vista geográfico
sino también temporal, respecto a su influencia en el mundo.
Los avances en las ciencias sociales y las humanidades, que han
desarrollado de diversas maneras posturas teóricas y metodológicas que confrontan este
modo informacional de hacer educación, no han permeado aún de manera suficiente las
prácticas formativas de los docentes. No obstante, tenemos que reconocer que el paradigma
crítico sobre las prácticas educativas llamadas tradicionales, verticales o
informacionales, lleva ya algunas décadas de lucha en nuestro país y que se va abriendo
paso en los distintos niveles educativos.
La cultura mediática se constituye en un factor más dentro de la
problemática educativa reproduccionista, en la medida que pudiera considerarse, según
diversos autores, como un elemento de alienación, de reforzamiento de la pasividad
consumidora de la humanidad en la era que se ha dado en llamar posmoderna.
No obstante, es justo desde la cultura mediática que se pueden
también considerar otros horizontes y condiciones de posibilidad para un desarrollo
educativo más acorde con las competencias comunicativas, como repertorio requerido de los
sujetos de la formación para una sociedad del conocimiento. No sólo de los educadores,
sino sobre todo de los educandos. Para ello, el educador se tendría que concebir como un
pedagogo de la comunicación y para la comunicación.
Con el propósito de sumar esfuerzos en torno a esta lucha orientada al
logro de una educación comprometida con una sociedad del conocimiento (plural, diverso,
compartido) planteo algunas reflexiones iniciales con las cuales se está abordando un
proyecto de investigación sobre las competencias comunicativas de educadores y educandos
desde una visión de futuro.4
Un primer acercamiento para la observación de las competencias
comunicativas como objeto de estudio e intervención desde la formación docente
Ya he explicado en este mismo trabajo, como desde una visión integrada de las
competencias, éstas se definen por la articulación de conocimientos, habilidades,
actitudes y valores requeridos para desempeñar una tarea o conjunto de tareas.
Las tareas que se observan como centro de las competencias
comunicativas en la educación a distancia son muy diversas. No obstante trataré de dar
una definición general o abarcativa:
Las competencias comunicativas para la educación a distancia
supondrían que tanto los educadores como los educandos son capaces de planear, ejecutar y
evaluar actos comunicativos orientados a la ampliación de los repertorios culturales de
los educandos, para hacerlos más capaces de participar socialmente.
Como característica de la educación a distancia, esta planeación,
ejecución y evaluación de actos comunicativos requiere el uso de uno o varios medios de
comunicación que puedan poner en contacto a los sujetos de la formación.
El motor para el desarrollo de las competencias está en los valores y
las actitudes que se asumen. Sin ellas, los sujetos no apropian conocimientos ni
desarrollan habilidades. De ahí la importancia de hacer un primer acercamiento hacia las
actitudes y valores de educadores y educandos, respecto a la comunicación educativa.
El proyecto de investigación que se pretende realizar y sobre el cual
se tienen ahora aproximaciones desde una práctica de comunicación educativa muy concreta
(la producción de materiales educativos), se orienta a la contrastación de las
competencias de educadores y educandos, partiendo del supuesto de que justamente la
cultura mediática en la que se han desenvuelto las distintas generaciones que se ponen en
contacto en el sistema educativo, hace que las competencias partan de condiciones de
desarrollo y marcos valorales distintos.
No sólo jóvenes y adultos tienen distintas posturas frente a la
significación de los medios, sino que han desarrollado habilidades distintas para la
decodificación de imágenes, manipulación de aparatos, nociones sobre la verdad y la
credibilidad, ritmos para el procesamiento de información, estilos retóricos,
apropiación lexicológica, sólo por nombrar algunos de los impactos culturales de los
medios y que pueden ser factor de distanciamiento generacional.
Es por ello una línea de investigación de gran importancia, la
observación de estas características culturales de ambos tipos de sujetos, que se ponen
en relación dentro de los sistemas educativos sin importar la modalidad de los sistemas.
Hay por lo menos tres ejes antagónicos, desde los que podrían
analizarse creencias y actitudes hacia la gestión y desarrollo de sistemas educativos a
distancia y uso de medios para la comunicación educativa, desde una dimensión cultural:
Puede darse rechazo o aversión hacia las nuevas tecnologías de
información y comunicación. / Puede darse una exaltación o fascinación ante las
tecnologías que las suponen como la esencia de la comunicación.
Defensa de lo nacional, lo local o lo propio, por el temor a la
pérdida de identidad, por la globalización cultural. / Visión de la
globalización como el gran consenso universal y meta de lo educativo.
Temor a la pérdida de los rituales escolares, particularmente
los relativos a la grupalidad y al control de los procesos. / Apuesta por el avance
y desempeño de los individuos y una grupalidad basada no en la presencia física, sino en
la relación afectiva y cognitiva facilitada por medios de comunicación interactivos.
Rutas para salir de antagonismos paralizantes y falsos dilemas
¿Cómo acercarse a las creencias, temores, usos y actitudes hacia la
telecomunicación y conformación de la cultura de la educación mediatizada,5 considerando las posibles transformaciones
valorales y actitudinales necesarias para la construcción de un futuro educativo
deseable?
La propuesta inicial, desde la cual se ha hecho el primer planteamiento
del problema del proyecto de investigación antes mencionado, aborda la necesidad de hacer
una observación de las prácticas educativas desde las competencias comunicativas,
considerando los siguientes planos de observación:
Visión histórica: abordar las competencias
comunicativas en evolución. ¿Cómo se han valorado a través de diversas posturas o
tendencias educativas? ¿cuáles se abordan como parte del currículum para la formación
docente? ¿cuáles son las viejas competencias comunicativas que se han desarrollado o
bloqueado en su desarrollo para educadores y educandos? ¿cuáles son las nuevas
competencias asociadas a la cultura mediática contemporánea? En un trabajo presentado
con anterioridad, se distinguían ocho viejas competencias necesarias en el educador desde
siempre, partiendo de una perspectiva crítica de la educación, y que son esencialmente
comunicativas, se presentan a continuación planteándolas mediante oposiciones básicas:
1). Informar vs formar; 2). Trato homogéneo y despersonificante de los educandos vs
trato diferenciado, dirigido a sujetos; 3). Enseñar vs hacer aprender; 4).
Hablar vs escuchar; 5). Controlar y calificar vs evaluar y retroalimentar;
6). Esperar la devolución informativa como eco de la docencia vs esperar productos
recreados, interpretaciones, información transformada (no deformada) por parte de los
estudiantes; 7). Compulsión por calificar y comprobar acreditación de saberes vs la
necesidad de impulsar la producción y la expresión de los educandos; 8). La
autocomplacencia por ser necesitados vs la satisfacción por acompañar en el
proceso de paulatina independencia de los educandos.
Así mismo, se identificaron seis competencias históricamente
determinadas por la cultura mediática y que requieren tránsitos a nuevas formas de hacer
docencia: 1). Ignorar la nueva cultura vs entenderla e incorporarla; 2). Ignorar
los ambientes naturales en los que los estudiantes se desenvuelven vs su
aprovechamiento, enriquecimiento y complementación; 3). Trabajo individual de docentes y
alumnos vs reconocimiento de la necesidad del actuar colegiado y en equipo; 4).
Decir vs Expresar, utilizando al máximo las ventajas expresivas de lenguajes y
códigos diversos; 5). Uso de la voz y el saber personal como modo único de transmisión
informativa vs reconocimiento del mundo de la información sin límites por la
multiplicididad de experiencias y la hipertextualidad como posibilidad dada por las
telecomunicaciones; 6). La negación, el miedo y la apatía para trabajar con los medios vs
su apropiación creativa y el descubrimiento gozoso de la tecnología como producción
profundamente humana.
Visión de futuro: a partir del reconocimiento de
las viejas y nuevas competencias necesarias, observar los puntos inerciales desde los
cuales los sujetos de la formación: educadores y educandos, se movilizan o paralizan en
el tránsito entre las formas de pensar y hacer sobre la comunicación educativa. Ello
llevaría a la posibilidad de actuar sobre estos puntos. Por ello, cualquier acción para
la innovación requiere abordar la investigación de las prácticas y sus posibilidades de
transformación desde un enfoque participativo, en el que educandos y educadores se
autoobserven e identifiquen sus formas de interacción, sus temores, las diferencias
culturales desde las que asumen sus relaciones dentro de sistemas educativos específicos.
Sentido aplicativo: la investigación que se ha
iniciado, pretende abordar cuestiones que ayuden a identificar líneas de acción para la
formación de académicos que puedan gestar una educación a distancia de máxima calidad
y orientada desde la sensibilidad hacia necesidades desde una perspectiva de la
diversidad. Así mismo, se pretende generar un marco de discusión para la organización
académica idónea a prácticas educativas que requieren de regulaciones distintas, de la
consideración de competencias no sólo individuales sino también colectivas, de la
dotación de equipos, espacios, desarrollo de materiales y condiciones laborales en
general, que son diferentes a los instituidos por años, décadas o siglos, según la
historia de las instituciones, las ciencias y las profesiones.
La nueva era educativa no llegará por sí sola ni por el culto a los
medios, alzándoles altares para invocar que transformen nuestras prácticas.
La innovación educativa sólo llegará sí renovamos las formas de
relación entre educadores y educandos, para producir prácticas educativas significativas
orientadas a la generación de sentido en común, como base de una sociedad de
conocimiento.
Notas
1.
La noción sociedad del conocimiento equivale a lo que Alvin Toffler maneja como la
cuarta ola en la evolución de la humanidad. En este trabajo, el concepto sociedad del
conocimiento se ha recuperado a partir de notas personales sobre la ponencia de Axel
Didrikson, presentada en el Séptimo Encuentro Internacional de Educación a Distancia en
la Universidad de Guadalajara, diciembre de 1998.
2. Para Guillermo Orozco, la escuela es una institución
mediadora entre los medios de comunicación de masas y los educandos. La posibilidad de
formar sujetos críticos frente a la cultura que se reproduce mediáticamente, está en la
efectividad de esas mediaciones para promover otros usos.
3. La educación abierta sigue principios y propósitos
distintos a la educación a distancia aunque es común que se integren. La educación
abierta la entiendo, en este trabajo, como la modalidad que flexibiliza tiempos para la
interacción estudiante-asesor, pero no necesariamente las interacciones se darán a
través de medios, sino que generalmente el estudiante acude a la asesoría cuando la
requiere. Autores como Ramón Padilla del Instituto Politécnico Nacional han insistido en
reiteradas ocasiones en la necesidad de asumir para la educación a distancia el paradigma
de apertura.
4. El proyecto tiene como referente empírico los
programas abiertos y a distancia de la Universidad de Guadalajara, vistos desde la
Coordinación de Educación Continua Abierta y a Distancia de esta institución y algunos
de sus programas de formación para la innovación de prácticas educativas de académicos
universitarios, como condición de posibilidad para el desarrollo de programas en
modalidades no convencionales.
5. Mediatizada se utiliza aquí como acepción relativa
al uso de medios. No desde una connotación de imposición o manipulación ideológica.
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Trabajos previos de referencia
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________________. "Prácticas híbridas: un acercamiento a competencias y funciones
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[Documento inédito]. Proyecto presentado para el ingreso al Programa de Doctorado del
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1997.
________________. "Variables culturales en la educación a distancia", artículo
presentado en el marco del programa: Diplomado en Estudios Superiores Especializados en
Educación a Distancia, Módulo "Mercado cultural y prospectiva", conductores:
Amador Rocío y Didrikson Axel. Octubre de 1997.
________________. "Reflexiones sobre las competencias de los educadores a
distancia", en Pistas Educativas 80, revista publicada por el Instituto
Tecnológico de Celaya, (Memorias del Encuentro Nacional de Instituciones de Educación
Superior sobre Educación a Distancia), año 16, junio de 1998.