Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No.

11

(once)

SECCIÓN

páginas

de la 94 a la 95 de 112

... el recreo

Guadalajara, México - Agosto de 1999

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5

poemas

de So Chung-Ju

Traducidos por Joung Kwon Tae*

* Poeta coreano. Es antólogo y traductor al español del libro Cinco poetas contemporáneos de Corea (co-traducción de Jorge Orendáin), Editorial Aldus, 2006. 120 pp.

So Chung-Ju

Nació en Booan-Myon, Kochang-Kun, Chunbuk, Corea del Sur, en 1915. Ingresa en el Instituto Superior Central de Budismo en 1933. En 1936, ganó el premio del diario "Dongailbo" con su poema "La pared". Dejó sus estudios de escuela y se convierte en fundador y redactor de la revista poética "Aldea de los poetas". Actualmente es miembro de la Academia de Arte y miembro de la Junta del Consejo Literario Coreano.

Su obra registra varios títulos entre poesía y ensayo literario, y con ella ha merecido varios e importantes reconocimientos; entre otros, obtuvo muchos premios de Corea. Sus obras representativas de poesía son: Serpiente colorado (1941), El cuco (1946), La antología poética de So Chung Ju (1955), El epítome de Sila (1960), El cielo del invierno (1968), El mito de Guilmajae (1975), El poema de vagabundo (1976), El poema de los días de lágrimas de flamenco (1982), etc.

Resurrección

He venido a verte, Suna.

Cuánto eres tú aquí, niña.

Vienes de los cuatro puntos cardinales

con tu sonrisa

cuando voy caminando solitario por la calle Chong-ro.

Te he echado de menos

cada vez que cantaba algún gallo en el alba.

¿Me has oído llamarte?

Oh, Suna, cuántos siglos hace ya que no te veo.

 

Aquel día, en que te fuiste en ataúd de flores

más allá de la montaña,

no quedó en mis ojos más que el cielo vacío,

en mis manos, ni una cabellera para acariciar.

Y cómo llovía... Tras la vela, fui abriendo la puerta

de piedra donde cantaban los búhos

y encontré un río de miles de millas...

Y cómo pudiste volver, o en qué arco iris bajaste

desde tu escondido domicilio, desde donde ni siquiera

pudiste escribirme.

 

En los cuatro caminos de la calle Chong-ro

un mar de nieblas, o un mar de niños y niñas

vienen charlando en el sol.

Y entre estas niñas de diecinueve o veinte años

¡oh, por fin regresas en sus ojos, en su sangre, en su corazón

Suna, Suna, Suna. Oh, cómo te veo venir y hacerte presente!

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Mi amada duerme

Mi amada

está dormida

y yo me convierto en cigüeña que vuela

como la de su blanca almohada con bordados.

 

Las joyas carmesíes

se hunden una por una en el fondo del mar de sueños

y experimento siempre una sensación de despedida

cada vez que cae una y otra joya en el mar.

 

Mi amada se duerme

y me deja un anillo de oro fino

cuyo círculo delgado

cubre todo mi cielo.

 

Sin embargo, yo tengo que volver

al círculo dorado del almohadón

que sostiene el sueño de mi amada.

Y vuelvo a sentir que estoy despidiéndome.

Este corazón amante

Este corazón amante

ya ha perdido las palabras

en el silencio

y vive allá en el cielo sin nubes.

 

Y baja a veces por la escalera del arco iris

a descansar en la nube.

O se esconde en las gotas de la lluvia

para descender sobre las margaritas;

florecen y se mecen suaves.

Cuando se marchitan las margaritas

vuelve volando a la nube

y sube por la escalera del arco iris al sol

para vivir de nuevo en el cielo sin nubes.

Ligeramente

Amada,

me he decidido a no acudir a nuestra cita;

en cambio, a la mitad del camino

he de hacer novillos o divagar un poco.

 

En vez de ti

pensaré ligeramente

en la hierba.

No sé si esto sea construir un convento

entre tú y yo, sin embargo

he de hacerme ya el distraído

y construir levemente un templo de hierbas.

Junto a un crisantemo

Para que florezcas tú, crisantemo

habrán llorado mucho

tantos ruiseñores, desde la primavera.

 

Para que florezcas tú, crisantemo

habrán llorado mucho

tantos truenos tras las nubes y las tinieblas.

 

Después de tantos días de espera y de ansia

detrás de un sendero lejos de mi juventud,

¡tu aparición súbita por fin ante mi espejo

tú, flor o casi hermana mía!

 

Para que florezcas tú, con estos pétalos de oro

habrá caído tanta escarcha anoche

sobre mi insomnio.

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