
Los estelares
Sonia Ibarra Ibarra*
Así existe un número
de maestros ejemplares para fortalecer el imaginario en torno al docente. En la búsqueda,
encontramos en la historia de bronce del magisterio, una pequeña muestra de maestros
ilustres determinada por los escritores de educación de su tiempo y por supuesto, por la
"aristocracia magisterial". De ahí seleccionamos a los que nos parecieron más
representativos y construimos una propia lista al respecto, donde agregamos docentes que
no se contemplan en los trabajos particulares o que no han sido tradicionalmente
"maestros ilustres" dando forma así, a otra particular historia de bronce.
Concretamente, elaboramos Educadores Jaliscienses. Antología,5 publicada por El Colegio de Jalisco y la Secretaria de Educación
Publica, con la investigación biográfica y la recopilación de escritos de trece
educadores de nuestra entidad, abordados como antecedente necesario para el presente
trabajo.
Es importante aclarar aquí que se seleccionaron los siguientes
educadores, no por el hecho de haber nacido en Jalisco, sino por haber desempeñado su
labor docente en este estado. Por ello, encontraremos en el listado a Saúl Rodiles, que
vino de Puebla y a Abel Ayala, de Monterrey , sin embargo, los seleccionamos
primordialmente por su labor y por su sobrevivencia en la memoria colectiva.
No pretendemos aquí, hacer genealogías, sin embargo, en las
semblanzas de los docentes destacados existen elementos que nos permitirán plantear, de
algún modo, tipologías de los docentes de su época.
Podemos diferenciar a dichos docentes en dos grupos de acuerdo a su
pertenencia a cada siglo, educativamente hablando, no por su fecha de nacimiento, sino por
su inicio en la práctica profesional.
Los del XIX
Integrado por maestros nacidos y formados en ese siglo, a quienes sorprendió la
revolución en plena práctica educativa. En 1910, encontramos entre los nombres que
destacan a Manuel R. Alatorre, Atala Apodaca, Aurelio Ortega, Aurelia Guevara, José R.
Osorio, Vicente Negrete, Epigmenio S. Preciado, Salvador M. Lima, que les tocó recibir la
escuela de la revolución , laica, con pretensiones de obligatoriedad y de gratitud.
Individuos que pudieron tener acceso a la educación y formarse como docentes, lo que les
aseguró rápidos ascensos, considerando el escaso número de maestros titulados. Sin
embargo, el esfuerzo individual fue importante y ellos se encargaron de dibujar la imagen
docente que luego Vasconcelos fijaría: una simbiosis de preceptores y revolucionarios.
Después de revisar sus biografías buscando puntos en común y
diferencias, encontramos que estos maestros mitad preceptores, mitad revolucionarios,
afrontaron difícil transición, pues se vieron en la disyuntiva temporal de asumir la
metamorfosis de preceptor a maestro y definieron su participación en la oficialidad
particularmente revolucionaria. Vivieron la ruptura social y pedagógica del fin y
principio de siglo, siendo ya docentes. En aras del laicismo "moderado", la
gratuidad y la igualdad, "cambiaron" su imagen por una del maestro factor de
cambio social y constructor de la escuela pública. Los maestros del XIX formaron a sus
sucesores y seguramente dejaron huella en los estelares que les siguieron. Los liberales,
aunque bastante impregnados de la moral religiosa y de las prácticas disciplinarias del
lancasterianismo, en su apariencia austera, expresaban la impecable imagen del profesor
ejemplar entregado por completo a su labor.
Las pocas fotografías que existen de estos
docentes dibujan al maestro de traje modesto, pero siempre de traje, y las
maestras con cuello alto, manga larga y pelo sujeto en la parte posterior de la cabeza. Un
elemento ineludible para un buen maestro era la intachable moralidad y la posibilidad de
ser un ente ejemplar en todo momento.
Encontramos como constante en estos docentes, la definición del
maestro como elemento determinante del proceso, modelo y guía del alumno y sobre todo, la
permanencia por toda su vida profesional en el gremio. Estos maestros, ilustres en la
memoria colectiva, algunos por su desempeño político y otros por su desempeño
académico.
Los del XX
El segundo grupo de maestros ilustres nació a finales del siglo pasado o a principios
del presente y les tocó formarse como maestros en la primera o segunda década de este
siglo, bajo la conducción de los maestros del XIX. Influenciados ya por la Revolución de
Octubre, algunos buscaban opciones más radicales en educación. Tal es el caso de Alberto
Terán, Antonio Castellón y Zuñiga, José G. Mata, Diego Huízar e Ixca Farías. Con una
línea menos radical o más oficial, encontramos a Manuel Martínez Valadez, Ramón
García Ruíz y Eloísa Párraga.
Este grupo de maestros del XIX, tiene en común, entre otras cosas, la
relevancia de la ideología y una definición más radical, en algunos temporal, de la
vida educativa. Vivieron la escuela socialista en toda su intensidad y lucharon por sus
principios, rebasando algunos, y a veces, los límites de la tolerancia. Encontramos aquí
un maestro gestor mayormente comprometido con la sociedad y emisario oficial, que a la vez
respondía a una intencionalidad individual, en momentos de gran efervescencia social y
política.
Recapitulando...
Los estelares del magisterio local han sobrevivido gracias a escritos y rituales
propiciados por sus propios sucesores, de tal modo que los testimonios existentes los
dibujan apologéticamente.
El espacio dedicado a cada profesor en las hojas anteriores, dice
mucho; en cierta forma, nos habla del lugar que ocupan en la memoria colectiva. A mayor
información, mayor legitimidad como docente ilustre. Cuando el recuento es breve, breve
es también el recuerdo o pequeño el grupo empeñado en mantenerlo vivo.
Pocas líneas se han dedicado en este espacio a las maestras, porque
poco es lo escrito acerca de ellas. Es importante destacar su ausencia en los estudios
realizados acerca de educadores ilustres de Jalisco. En su libro Educadores
Jaliscienses, Ramón García Ruíz únicamente contempla a Aurelia Guevara de un
listado de diecinueve mentores destacados de Jalisco. Gabriel Agraz García de Alba en
Jalisco y sus hombres,6 nos habla de cuatro maestras
en una lista de veinticinco profesores. No obstante, Agraz concede un espacio a lo que él
llama educadores actuales (1958), y ahí enumera únicamente, sin extenderse en la
biografía, a nueve maestras en un listado de diecinueve docentes. Dato curioso es el de
que a pesar de ser una monografía del Estado, el autor resalta bastantes nombres de
maestros nacidos en su terruño, Tecolotlán.
Ramón Mata Torres por su parte en Personajes Ilustres de Jalisco,7 considera a cuatro maestras en un listado de once
profesores. Así, eso nos permite reflexionar en torno a que, o han escaseado las maestras
destacadas o, si se han dado, su labor ha sido sumamente callada y poco valorada por los
demás. En un grupo donde predominan las mujeres resulta difícil entender la ausencia de
nombres femeninos. Los hombres han encontrado en su gremio quizá un espacio de dominio
también y han aprovechado la coyuntura para sobresalir. Sin embargo, es esta únicamente
una reflexión pues no es nuestra tarea hablar aquí sobre cuestiones de género en el
gremio.
Llama la atención la juventud de los directivos, pues a un año o dos
de titulados, eran ya inspectores o directores de educación. Explicable por supuesto por
la escasez de maestros titulados y/o por los parentescos, pero uno se pregunta si nada
valía entonces la experiencia y antigüedad de los viejos maestros. Por ejemplo, Ramón
García Ruíz a los 23 años de edad ya era Director de Educación. Además influía el
parentesco con maestros de tal modo que por ejemplo, vemos que Ramón García Ruíz era
descendiente de maestros, así como Agustín Bancalari, o José R. Osorio, lo que les
abría puertas en el gremio.
Encontramos un grupo "dueño" de los títulos de prestigio,
pues ese bloque es quien determinó el recuerdo de los maestros destacados. Casi no hay
testimonios a nivel local, de maestros ilustres del sistema federal. Los maestros
estatales se encargaron de definir a los mentores importantes, particularmente directivos
y académicos. Los que se movieron en la política gremial principalmente, no ocupan ese
lugar. Sólo directivos de cualquier nivel.
Por ejemplo, es dificilísimo encontrar información de algunos
docentes, como Alberto Terán, quien al parecer tuvo un sinnúmero de problemas con
maestros oficialistas, que incluso en cierto tiempo fueron sus compañeros en alguna
organización y que en sus escritos o lo ignoran o lo tratan en sólo dos líneas en forma
obligada. Así parece ser que se marcó el olvido de algunos docentes. La falta de
imágenes también ha permitido empolvar a los profesores, pues existe muy poco escrito
acerca de ellos.
De los educadores tratados, sólo unos cuantos dejan traslucir un
pasado culto: Manuel Martínez Valadez, Saúl Rodiles, Antonio Castellón y Zuñiga y
Manuel R. Alatorre. El resto representó en su familia la 1a o 2a
generación formada académicamente y casi todos provenían de familias humildes.
Un buen número de ellos participó en cargos de elección popular,
como son: Aurelio Ortega, Vicente Negrete, Saúl Rodiles, Manuel Martínez Valadez, Ramón
García Ruíz y José G. Mata.
Todos participaron en organizaciones magisteriales, lo que podemos
constatar en el capítulo respectivo.
De igual modo, todos fueron directivos de educación: Directores de la
Escuela Normal, de Educación o de Escuela Primaria.
De ahí la gran paradoja: "no distingue" ser un buen maestro
de banquillo. Los maestros ilustres fueron predominantemente directivos y sólo escasos
años cumplieron con la esencial tarea en el aula. Ser maestro ilustre y ser docente en el
estricto sentido de la palabra, es una contradicción. Por tanto, para ser destacado, no
ha de permanecerse encerrado en las aulas, pues éstas congelan y vuelven aún más
ingrata la labor docente.
Posteriormente sería conveniente abordar los distintos tipos de
maestros de acuerdo a los niveles educativos, pues parece ser que el imaginario que define
a este tipo de maestro ilustre sólo se da para el nivel básico. Por tanto, podríamos
distinguir los mentores por nivel, donde quizá destaquemos que el maestro más
sublimizado y a la vez indignamente tratado ha sido históricamente, el maestro del nivel
básico. Esto no quiere decir que maestros de otros niveles sean preferentemente tratados,
sino que al menos no tienen que cargar con una careta de abnegación.
Notas:
1. Jaques Le Goff y Pierre Nora. Hacer la
Historia, Vol. III España: Ed. Laia, 1980, p. 83.
2. S. J. Ball. Foucault y la educación. Ediciones
Morata. España, 1994. pp. 79.
3. Carlos Pereyra, Luis Villoro [et. al.] Historia
¿para qué? Siglo XXI editores. México, 1990. p. 66.
4. Idem.
5. Sonia Ibarra. Educadores Jaliscienses. Antología.
Colegio de Jalisco/Secretaría de Educación Pública/Educación Jalisco. Zapopan, 1994.
6. Gabriel Agraz García de Alba. Jalisco y sus
Hombres. Edición del autor. Guadalajara, 1958. pp. 113-127.
7. Ramón Mata Torres, Personajes ilustres de Jalisco.
Vol. III, de los "Cursos de Información sobre Guadalajara". Ayuntamiento y
Cámara de Comercio de Guadalajara, 1978.