Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

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nosotros profes

Guadalajara, México - Octubre de 1998

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Los estelares

Sonia Ibarra Ibarra*

* Investigadora del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM).

Aurelia Guevara

La mentalidad de un individuo histórico, es justamente lo que tiene en común con otros hombres de su tiempo.(1)

La importancia de los grandes hombres para el estudio de la historia sólo tiene un sentido: proponer modelos o figuras para la vida social. Por tanto, a continuación revisaremos someramente, la vida de los docentes distinguidos en Jalisco durante nuestro periodo de estudio, no por una nostalgia o búsqueda romántica, sino en la medida en que éstos nos permitan entender al resto de profesores de su época. Estudiar a los educadores jaliscienses destacados; entendiendo destacados como aquellos que dejaron huella —dadas las características de este gremio de ser un grupo sin voz—, significa metafóricamente, abordar a los solistas del gran coro y de los pequeños coros, para tratar de conocer al resto. La idea es un pequeño desfile estelar para conocer los distintos rasgos de maestros jaliscienses que de alguna manera influyeron en la vida educativa de su época.

Sus datos biográficos hablan de su empeño en el ámbito educativo, de su función como formadores de nuevas generaciones y guías del presente, de la necesidad del mito, de su función ideológica como representación colectiva; pero también nos hablan de esos pequeños mundos que llenaban su vida: la militancia política, la participación en publicaciones o en agrupaciones sociales, etc., que son un importante indicador de la otra cara de nuestros educadores.

"El maestro, dice Foucault, es una figura sospechosa que precisa un examen continuo dentro de una tecnología examinadora —la escuela— que trata de establecer una utopía disciplinaria basada en un cálculo creador de felicidad".(2) Para hablar de "estelares", es importante recordar a Luis González y González, quien define la historia de bronce como "fortalecedora de la moral, maestra del pundonor y faro del buen gobierno".(3) Sus características, dice, son bien conocidas:
    Recoge los acontecimientos que suelen celebrarse en fiestas patrias, y en culto religioso, y en el seno de instituciones; se ocupa de hombres de estatura extraordinaria (gobernantes, santos, sabios, caudillos); presentan los hechos desligados de causas como simples monumentos dignos de imitación.(4)

Así existe un número de maestros ejemplares para fortalecer el imaginario en torno al docente. En la búsqueda, encontramos en la historia de bronce del magisterio, una pequeña muestra de maestros ilustres determinada por los escritores de educación de su tiempo y por supuesto, por la "aristocracia magisterial". De ahí seleccionamos a los que nos parecieron más representativos y construimos una propia lista al respecto, donde agregamos docentes que no se contemplan en los trabajos particulares o que no han sido tradicionalmente "maestros ilustres" dando forma así, a otra particular historia de bronce. Concretamente, elaboramos Educadores Jaliscienses. Antología,5 publicada por El Colegio de Jalisco y la Secretaria de Educación Publica, con la investigación biográfica y la recopilación de escritos de trece educadores de nuestra entidad, abordados como antecedente necesario para el presente trabajo.

Es importante aclarar aquí que se seleccionaron los siguientes educadores, no por el hecho de haber nacido en Jalisco, sino por haber desempeñado su labor docente en este estado. Por ello, encontraremos en el listado a Saúl Rodiles, que vino de Puebla y a Abel Ayala, de Monterrey , sin embargo, los seleccionamos primordialmente por su labor y por su sobrevivencia en la memoria colectiva.

No pretendemos aquí, hacer genealogías, sin embargo, en las semblanzas de los docentes destacados existen elementos que nos permitirán plantear, de algún modo, tipologías de los docentes de su época.

Podemos diferenciar a dichos docentes en dos grupos de acuerdo a su pertenencia a cada siglo, educativamente hablando, no por su fecha de nacimiento, sino por su inicio en la práctica profesional.

 

Los del XIX

Integrado por maestros nacidos y formados en ese siglo, a quienes sorprendió la revolución en plena práctica educativa. En 1910, encontramos entre los nombres que destacan a Manuel R. Alatorre, Atala Apodaca, Aurelio Ortega, Aurelia Guevara, José R. Osorio, Vicente Negrete, Epigmenio S. Preciado, Salvador M. Lima, que les tocó recibir la escuela de la revolución , laica, con pretensiones de obligatoriedad y de gratitud. Individuos que pudieron tener acceso a la educación y formarse como docentes, lo que les aseguró rápidos ascensos, considerando el escaso número de maestros titulados. Sin embargo, el esfuerzo individual fue importante y ellos se encargaron de dibujar la imagen docente que luego Vasconcelos fijaría: una simbiosis de preceptores y revolucionarios.

Después de revisar sus biografías buscando puntos en común y diferencias, encontramos que estos maestros mitad preceptores, mitad revolucionarios, afrontaron difícil transición, pues se vieron en la disyuntiva temporal de asumir la metamorfosis de preceptor a maestro y definieron su participación en la oficialidad particularmente revolucionaria. Vivieron la ruptura social y pedagógica del fin y principio de siglo, siendo ya docentes. En aras del laicismo "moderado", la gratuidad y la igualdad, "cambiaron" su imagen por una del maestro factor de cambio social y constructor de la escuela pública. Los maestros del XIX formaron a sus sucesores y seguramente dejaron huella en los estelares que les siguieron. Los liberales, aunque bastante impregnados de la moral religiosa y de las prácticas disciplinarias del lancasterianismo, en su apariencia austera, expresaban la impecable imagen del profesor ejemplar entregado por completo a su labor.

Las pocas fotografías que existen de estos docentes dibujan al maestro de traje –modesto–, pero siempre de traje, y las maestras con cuello alto, manga larga y pelo sujeto en la parte posterior de la cabeza. Un elemento ineludible para un buen maestro era la intachable moralidad y la posibilidad de ser un ente ejemplar en todo momento.

Encontramos como constante en estos docentes, la definición del maestro como elemento determinante del proceso, modelo y guía del alumno y sobre todo, la permanencia por toda su vida profesional en el gremio. Estos maestros, ilustres en la memoria colectiva, algunos por su desempeño político y otros por su desempeño académico.

 

Los del XX

El segundo grupo de maestros ilustres nació a finales del siglo pasado o a principios del presente y les tocó formarse como maestros en la primera o segunda década de este siglo, bajo la conducción de los maestros del XIX. Influenciados ya por la Revolución de Octubre, algunos buscaban opciones más radicales en educación. Tal es el caso de Alberto Terán, Antonio Castellón y Zúñiga, José G. Mata, Diego Huízar e Ixca Farías. Con una línea menos radical o más oficial, encontramos a Manuel Martínez Valadez, Ramón García Ruiz y Eloísa Párraga.

Este grupo de maestros del XIX, tiene en común, entre otras cosas, la relevancia de la ideología y una definición más radical, en algunos temporal, de la vida educativa. Vivieron la escuela socialista en toda su intensidad y lucharon por sus principios, rebasando algunos, y a veces, los límites de la tolerancia. Encontramos aquí un maestro gestor mayormente comprometido con la sociedad y emisario oficial, que a la vez respondía a una intencionalidad individual, en momentos de gran efervescencia social y política.

 

Recapitulando...

Los estelares del magisterio local han sobrevivido gracias a escritos y rituales propiciados por sus propios sucesores, de tal modo que los testimonios existentes los dibujan apologéticamente.

El espacio dedicado a cada profesor en las hojas anteriores, dice mucho; en cierta forma, nos habla del lugar que ocupan en la memoria colectiva. A mayor información, mayor legitimidad como docente ilustre. Cuando el recuento es breve, breve es también el recuerdo o pequeño el grupo empeñado en mantenerlo vivo.

Pocas líneas se han dedicado en este espacio a las maestras, porque poco es lo escrito acerca de ellas. Es importante destacar su ausencia en los estudios realizados acerca de educadores ilustres de Jalisco. En su libro Educadores Jaliscienses, Ramón García Ruiz únicamente contempla a Aurelia Guevara de un listado de diecinueve mentores destacados de Jalisco. Gabriel Agraz García de Alba en Jalisco y sus hombres,6 nos habla de cuatro maestras en una lista de veinticinco profesores. No obstante, Agraz concede un espacio a lo que él llama educadores actuales (1958), y ahí enumera únicamente, sin extenderse en la biografía, a nueve maestras en un listado de diecinueve docentes. Dato curioso es el de que a pesar de ser una monografía del Estado, el autor resalta bastantes nombres de maestros nacidos en su terruño, Tecolotlán.

Ramón Mata Torres por su parte en Personajes Ilustres de Jalisco,7 considera a cuatro maestras en un listado de once profesores. Así, eso nos permite reflexionar en torno a que, o han escaseado las maestras destacadas o, si se han dado, su labor ha sido sumamente callada y poco valorada por los demás. En un grupo donde predominan las mujeres resulta difícil entender la ausencia de nombres femeninos. Los hombres han encontrado en su gremio quizá un espacio de dominio también y han aprovechado la coyuntura para sobresalir. Sin embargo, es esta únicamente una reflexión pues no es nuestra tarea hablar aquí sobre cuestiones de género en el gremio.

Llama la atención la juventud de los directivos, pues a un año o dos de titulados, eran ya inspectores o directores de educación. Explicable por supuesto por la escasez de maestros titulados y/o por los parentescos, pero uno se pregunta si nada valía entonces la experiencia y antigüedad de los viejos maestros. Por ejemplo, Ramón García Ruiz a los 23 años de edad ya era Director de Educación. Además influía el parentesco con maestros de tal modo que por ejemplo, vemos que Ramón García Ruiz era descendiente de maestros, así como Agustín Bancalari, o José R. Osorio, lo que les abría puertas en el gremio.

Encontramos un grupo "dueño" de los títulos de prestigio, pues ese bloque es quien determinó el recuerdo de los maestros destacados. Casi no hay testimonios a nivel local, de maestros ilustres del sistema federal. Los maestros estatales se encargaron de definir a los mentores importantes, particularmente directivos y académicos. Los que se movieron en la política gremial principalmente, no ocupan ese lugar. Sólo directivos de cualquier nivel.

Por ejemplo, es dificilísimo encontrar información de algunos docentes, como Alberto Terán, quien al parecer tuvo un sinnúmero de problemas con maestros oficialistas, que incluso en cierto tiempo fueron sus compañeros en alguna organización y que en sus escritos o lo ignoran o lo tratan en sólo dos líneas en forma obligada. Así parece ser que se marcó el olvido de algunos docentes. La falta de imágenes también ha permitido empolvar a los profesores, pues existe muy poco escrito acerca de ellos.

De los educadores tratados, sólo unos cuantos dejan traslucir un pasado culto: Manuel Martínez Valadez, Saúl Rodiles, Antonio Castellón y Zúñiga y Manuel R. Alatorre. El resto representó en su familia la 1a o 2a generación formada académicamente y casi todos provenían de familias humildes.

Un buen número de ellos participó en cargos de elección popular, como son: Aurelio Ortega, Vicente Negrete, Saúl Rodiles, Manuel Martínez Valadez, Ramón García Ruiz y José G. Mata.

Todos participaron en organizaciones magisteriales, lo que podemos constatar en el capítulo respectivo.

De igual modo, todos fueron directivos de educación: Directores de la Escuela Normal, de Educación o de Escuela Primaria.

De ahí la gran paradoja: "no distingue" ser un buen maestro de banquillo. Los maestros ilustres fueron predominantemente directivos y sólo escasos años cumplieron con la esencial tarea en el aula. Ser maestro ilustre y ser docente en el estricto sentido de la palabra, es una contradicción. Por tanto, para ser destacado, no ha de permanecerse encerrado en las aulas, pues éstas congelan y vuelven aún más ingrata la labor docente.

Posteriormente sería conveniente abordar los distintos tipos de maestros de acuerdo a los niveles educativos, pues parece ser que el imaginario que define a este tipo de maestro ilustre sólo se da para el nivel básico. Por tanto, podríamos distinguir los mentores por nivel, donde quizá destaquemos que el maestro más sublimizado y a la vez indignamente tratado ha sido históricamente, el maestro del nivel básico. Esto no quiere decir que maestros de otros niveles sean preferentemente tratados, sino que al menos no tienen que cargar con una careta de abnegación.

 

Notas:

1. Jaques Le Goff y Pierre Nora. Hacer la Historia, Vol. III España: Ed. Laia, 1980, p. 83.

2. S. J. Ball. Foucault y la educación. Ediciones Morata. España, 1994. pp. 79.

3. Carlos Pereyra, Luis Villoro [et. al.] Historia ¿para qué? Siglo XXI editores. México, 1990. p. 66.

4. Ídem.

5. Sonia Ibarra. Educadores Jaliscienses. Antología. Colegio de Jalisco/Secretaría de Educación Pública/Educación Jalisco. Zapopan, 1994.

6. Gabriel Agraz García de Alba. Jalisco y sus Hombres. Edición del autor. Guadalajara, 1958. pp. 113-127.

7. Ramón Mata Torres, Personajes ilustres de Jalisco. Vol. III, de los "Cursos de Información sobre Guadalajara". Ayuntamiento y Cámara de Comercio de Guadalajara, 1978.

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