Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No.

10

(diez)

SECCIÓN

páginas

de la 70 a la 71 de 112

... el rollo

Guadalajara, México - Octubre de 1998

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Reflexiones sin destino

Silvia Ayala Rubio*

* Asesora de la Unidad 14 A (Guadalajara) de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN).

Sin duda, mucho papel y tinta ha corrido en el análisis del sistema educativo mexicano. En torno a él, prolíferas han sido las opiniones y a granel se emiten cotidianamente contradictorios comentarios; los discursos de diversos actores sociales van y vienen, unos avalando y justificando emotivamente los avances logrados a la fecha, otros en cambio, con afilado bisturí abren las venas del sistema y nos muestran fehacientemente sus partes malignas y los devastadores impactos que sobre la mayoría de la población ha tenido la política educativa del Estado.

Pero aquel intrépido académico que intente hacer un análisis serio y profundo del sistema educativo requiere, sin duda, estudiar la función social y política que la educación cumple en el conjunto de la sociedad, es decir, abonar a la discusión de la evolución estructural de la formación social, ahondar en el debate maniqueo sociedad tradicional vs. sociedad industrial, ponderar la viabilidad del modelo neoliberal para el desarrollo económico, e incursionar en el riesgoso desafío que plantea el progreso tecnológico por el que inevitablemente se conduce a la humanidad.

Por todo ello, hacer el análisis de la relación educación y sociedad no es nada sencillo, ya que requiere de explicaciones holistas en el que converjan factores económicos, políticos, sociales y culturales de carácter nacional e internacional.

Por lo anteriormente expuesto, me parece pues, imposible, que yo pueda abordar en unas cuantas líneas, todas y cada una de estas vertientes y dar además concluyentes juicios evaluatorios del sistema educativo mexicano.

Por tanto, mi intención en este escrito es más modesta, tan sólo pretendo expresar mi toma de conciencia como actor y sujeto social en torno al escabroso asunto de algunos de los logros y retos que presenta el nivel de educación básica.

 

Hilvanando algunas ideas

Cuando se hace una lectura del decir y el hacer del grupo gobernante, o sea, cuando se contrasta el discurso y las acciones realizadas de los agentes directamente involucrados en activar y administrar el sistema educativo, nos permite dilucidar el compromiso que el aparato gubernamental asume con la sociedad en su conjunto.

Día a día, el discurso gubernamental ha venido reiterándonos que su propósito es transformar la forma de vida de los mexicanos, cambiar los niveles de pobreza, elevar nuestro nivel de vida y despegar hacia el progreso y el desarrollo económico: en materia educativa apunta que su intención es impartir una educación de calidad, preparar a corto plazo el personal necesario para producir conocimientos científicos y tecnológicos, mejorar la eficacia terminal del nivel básico, atender con mejores coeficientes de retención el medio rural, eliminar las desigualdades geográficas en el campo de la educación y trabajar para tener un sistema educativo más eficiente más participativo y más democrático.

Sin duda, estos propósitos de alguna manera cristalizan las grandes aspiraciones y necesidades nacionales; sin embargo, son prácticamente irrealizables a corto y mediano plazo; esto de ante mano lo saben nuestras autoridades, ya que en la actualidad el país no posee: condiciones macro estructurales, recursos económicos suficientes y las instancias operativas para hacer efectivos cada uno de estos propósitos. Por lo tanto, se hace necesario reconocer primero que la evolución y transformación del sistema educativo, no es tan sólo un mero elemento volitivo del aparato gubernamental, sino que depende también del estado que guarda la estructura económico-social de la sociedad y de las fuerzas e inercias culturales que inciden y determinan una lenta evolución del sistema educativo.

Por lo tanto, a fin de que el país logre la equidad educativa y una transformación cualitativa del sistema escolar, se considera imperioso conjuntar un creciente y sostenido desarrollo económico y un ejercicio equilibrado de la política económica y social por parte del Estado.

Sin embargo, en nuestro devenir histórico de las últimas cinco décadas, este hecho está prácticamente ausente: es por ello que el grupo gobernante, a fin de legitimar su propio discurso se ha visto en la necesidad de construir todo un ritual ideológico-discursivo, a través del cual alimenta la esperanza del pueblo, en lo que se refiere a la transformación social del país y el bienestar económico para todos los mexicanos. Por ello discursivamente le apuesta a la educación, como un mecanismo regulador de las desigualdades sociales e invita a que elevemos nuestra escolaridad personal y a que trabajamos bajo los cánones de eficiencia, efectividad y competitividad: en otras palabras estos dispositivos ideológicos de la modernidad económica conforman tan sólo la retórica necesaria e indispensable a la que el grupo gobernante acude para ratificar su compromiso con la sociedad y con ello legitimar el ejercicio del poder.

Para confirmar que los propósitos generales del aparato gubernamental tan sólo caen en el plano de la retórica(1) y que por consiguiente no conllevan acciones definidas a realizar más allá de un cambio en la currícula, basta que examinemos uno de los objetivos nacionales que el Estado ha establecido en su programa como es elevar la calidad de la educación y modernización del sistema escolar.

Se estará quizá de acuerdo en que a pesar de que se llevan ya varias décadas discutiendo en torno a la calidad de la educación, es hora que ni los técnicos y especialistas en el campo ni entre éstos y los políticos han tomado aún un acuerdo más o menos generalizado respecto al sentido con que debe emplearse este concepto;(2) por consiguiente, las estrategias para elevar la calidad de la educación hasta la fecha no poseen una estructura orgánica ni se cuenta con una planeación racional que de respuesta a las múltiples y heterogéneas necesidades regionales.

De igual forma, el avance cualitativo se ve frenado por las dinámicas sociales de carácter estructural, entre las que cabe destacar la carencia de excedentes económicos que impiden la inversión del sector público en educación lo que da por resultado un sistema educativo cualitativamente desigual y con lamentables iniquidades en las zonas económicamente más desfavorecidas.

Al mismo tiempo, no debe olvidarse la fuerte influencia que ejerce el estrato de clase de los alumnos, lo cual incide en la calidad de la educación recibida y la permanencia o expulsión del sistema escolar.

Además, no hay que olvidar que prevalece una homogeneidad en el currículum de educación básica, el cual no respeta las diferencias del capital cultural de los educandos de las diferentes y diversas zonas del país; es decir, si la herencia cultural varía en los distintos estratos sociales, estas diferencias provocan por ende desigualdad en el éxito escolar.

En este problema de la modernización educativa y la calidad de la educación subyacen además de las variables, de índole socioeconómico, estructuras de poder administrativas y sindicales que imposibilitan los cambios cualitativos a profundidad; de ahí que mientras éstas operen bajo las mismas condiciones, difícilmente se podrá hablar seriamente de calidad y modernización del sector educativo.

En la administración de los servicios escolares, fundamentalmente en lo que se refiere a la supervisión de zona y las direcciones de escuela, se manifiestan mecanismos de control rígidamente piramidales y de corte caciquil, cuya estructura, más que apoyar las labores académicas, las burocratiza, las obstaculiza y las entorpece.

De igual forma se considera retórica discursiva hablar de calidad de la educación y/o modernización del sistema escolar cuando permanece inalterable el clientelismo y la camarilla en el sindicato de maestros, o cuando al magisterio se le ha inserto en un proceso constante de pauperización para reproducirse como fuerza de trabajo.

Otro nivel que debe tomarse en cuenta en este asunto de calidad y modernización es el que se refiere a la enseñanza, la cual está pautada sin duda por lo que Braudel denomino "fenómeno histórico de tiempo largo". En otras palabras, esto se refiere a que el proceso de enseñanza, temporalmente, responde muy lentamente al cambio y a las transformaciones y para que éstas se generen no depende de una directividad o de mera voluntad política. Es pues, en este "muro de contención" de la práctica docente donde fracasan y se bloquean las grandes y ostentosas reformas curriculares; por consiguiente, es en la naturaleza misma de este hecho donde se conforma uno de los retos más grandes y difíciles a los que se enfrenta el factor de calidad y de modernización educativa.

Así mismo, hay un acuerdo generalizado de que el sistema educativo manifiesta: prácticas pedagógicas tradicionales y autoritarias, una pérdida del nivel académico del proceso de enseñanza-aprendizaje y una crisis profunda en la formación de profesores para el nivel básico.

 

Sin cerrar aún la discusión

Conviene, aclarar que no es una actitud nihilista la que obliga a aceptar los buenos propósitos y excelentes intenciones del Estado, sino más bien la postura que aquí se asume es la de incursionar en el proceso histórico y tomar como evidencia las condiciones materiales que inciden y obstaculizan la operatividad de gran parte del sistema escolar.

Por consiguiente, la modernización educativa y la calidad de la educación depende no tan sólo de un mero programa político, sino de una multiplicidad de variables de carácter estructural y de desarrollo integral de la sociedad mexicana: y "mientras que se aplique el modelo económico neoliberal seguirán agudizándose las diferencias sociales, y el acceso a la educación se tornará más selectivo y se reforzará a la escuela como instrumento de diferenciación económica y social" (Ruiz, 1995: 28).

 

Notas

1. Un análisis del discurso educativo en el último medio siglo permite detectar cómo se van generando en diversos momentos históricos los conceptos, tal es el caso de "la escuela del amor", "la escuela de la unidad nacional", "la educación para el desarrollo económico", "la revolución educativa", "la modernización de la educación", etc.

2. Para algunos especialistas esta categoría implica precisar en qué medida los resultados se aproximan al logro de los objetivos propuestos en la política educativa; para otros, en cambio, se refiere al proceso total e integral en que el individuo reconoce el grado de desarrollo de sus propias finalidades internas. En tanto que los políticos tan sólo han logrado precisar algunas estrategias; más de alguno considera que se alcanza a través de una mayor infraestructura escolar; para otros tan sólo implica revisar el plan de estudios, programas y libros de texto e implementar nuevos sistemas de evaluación en el proceso de enseñanza aprendizaje. Para los tecnócratas de la SEP es incidir en el proceso de formación de profesores.

 

Bibliografía

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