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Juan Enrique
Pestalozzi: Humanismo y pedagogía
Contribución a la educación moderna
Arturo Santana*
* Asesor de la Unidad 221, Querétaro, de
la Universidad Pedagógica Nacional (UPN). Cursa estudios de maestría en Pedagogía en la
misma institución.

Los acontecimientos sociales,
culturales y políticos que conmovieron a la vieja Europa durante la segunda mitad del s.
XVIII y las primeras décadas del XIX, configuran el ámbito histórico dentro del cual
surgieron la inteligencia y la creatividad pedagógicas de Juan Enrique Pestalozzi. El
ascenso del capitalismo industrial como forma predominante de la producción social, la
exacerbación de los nacionalismos étnicos, históricos, religiosos,1 las aspiraciones
libertarias del romanticismo en los campos de la vida política y cultural de los pueblos;
la vertiente revolucionaria capitalizada por la burguesía que desplaza al absolutismo
feudal, entre otros fenómenos, forjaron y orientaron la aventura educativa del humanista
suizo alemán.
El pensamiento y la entrega de Pestalozzi (1746-1827) ocupa, aún hoy
en nuestros días, la atención de filósofos, psicólogos y pedagogos, con el interés
que despierta una de las obras educativas más trascendentes, si se juzga a partir de la
profunda influencia que legó, incluso más allá de las fronteras del s. XIX europeo, a
los educadores del presente. Biógrafos, historiadores y críticos2 reconocen la generosidad y autenticidad de los sentimientos que guiaron
las experiencias pedagógicas del discípulo de Rousseau,3 inscritas en un marco de profundos cambios en la sociedad y en la
cultura.
Ciertamente a la luz de nuestros días, muy poco queda en pie del
edificio intelectual propuesto por Pestalozzi, no así los referentes humanísticos de una
pedagogía que supo aglutinar los avances del pensamiento filosófico y social en una
aventura de suyo única en la historia moderna de la educación. En esa dirección, es
decir, en la búsqueda de indicios teóricos y prácticos de la pedagogía actual
asociados con la filantropía del educador de Zurich, se mueve el presente ensayo, Louis
Meylan subraya la premisa:
Si la didáctica de Pestalozzi (la forma, el número y el nombre) sólo
nos ofrece hoy un interés histórico, sus ideas, sobre el fin y la obra de la educación:
paradojas, humoradas, apóstrofes, efusiones, como la lava de una colada volcánica
continúan incandescentes bajo una tenue capa de escorias.4
¿Cuál es el significado de la educación formal contemporánea?,
¿cuáles son las posibilidades de realización del concepto "desarrollo integral del
individuo", de cara a las necesidades sociales?, ¿cuál es la función de la escuela
pública de frente a los imperativos de la filosofía política de la educación
explícita en los preceptos constitucionales? Las respuestas a estas interrogantes (que
rebasan con mucho los propósitos de este ensayo) implican un profundo debate
multidisciplinario en cuyos marcos de referencia se hallan las ideas antropológicas,
sociológicas y pedagógicas de Pestalozzi.5
La imposibilidad de identificar los linderos históricos, pedagógicos,
filosóficos del fenómeno educativo, esto es, la fijación de los límites
ausencia-presencia respecto de lo extinto y lo vigente imponen el recurso de la
discriminación. En este sentido Roger Gilbert6
propone un plan general de asedio al problema de la filiación de las ideas, movimientos,
escuelas, de la pedagogía actual: la pedagogía tradicional, las Escuelas Nuevas, las
Corrientes no Directivas (el psicoanálisis, la pedagogía institucional, la
desescolarización), el presente y el futuro de la pedagogía. Esta clasificación
comprende un recorrido, muy general, a las respuestas planteadas.
Directamente vinculado con el naturalismo pedagógico y de la mano de
Juan Amós Comenio, Pestalozzi finca un principio de la relación niño-materia de
aprendizaje-experiencia que desplaza al verbalismo predominante: "La falta de una
enseñanza práctica y experimental de la virtud tiene las mismas consecuencias que la
falta de una enseñanza práctica y experimental en el campo científico".7 Si se piensa en los papeles tradicionales de los
sujetos en los procesos de enseñanza y aprendizaje, propios de las circunstancias de
finales del siglo XVIII y se reconoce la expresión del absolutismo sobre el contexto
escolar, se advertirá la intención de ruptura entre los factores de una educación
centrada en el autoritarismo del maestro. Lejos está Pestalozzi, por supuesto, de una
conceptualización sólida de sus proposiciones, frecuentemente es posible advertir
gérmenes claros de una trastocación de los papeles de los sujetos en la enseñanza
tradicional. De la naturaleza a la sociedad, y de la sociedad a la persona en proceso de
construcción; esto es, del individuo a la persona, y de ésta al sujeto epistémico. Más
tarde, con la aparición de perspectivas psicológicas y pedagógicas buscando un estatuto
científico para la teoría y prácticas educativas, se partirá justamente de los atisbos
de Pestalozzi. La vertiente de las Escuelas Nuevas, por ejemplo, enfatizará la
importancia de una intervención docente que responda a los intereses y necesidades del
educando en situación de aprendizajes productivos.
Las preocupaciones básicas de las Escuelas Nuevas (el niño como
protagonista de las actividades escolares, desde sus intereses y necesidades vitales hacia
el desarrollo de sus potencialidades físicas, intelectuales, creativas, sobre un contexto
favorable para el trabajo concebido como un medio para el logro de objetivos prácticos y
en un clima de respeto a la individualidad de cada niño; el maestro como apoyo, como
auxiliar en los eventos, situaciones y procesos, como animador de la voluntad del niño y
promotor de conductas orientadas hacia la creación de la autodisciplina y la autonomía;
la escuela como antesala de la inserción del sujeto en la vida social) poseen variantes
que privilegian algunos aspectos sobre otros, en razón directa de los educadores y de las
circunstancias de su surgimiento.8
Esa caracterización de las bondades que reivindican para sí las
Escuelas Nuevas se extiende hasta los límites que cada pedagogo propone, manteniendo su
vigencia, fortaleciéndose o diluyéndose en nuevos modelos. En este sentido las
preocupaciones moralistas de Pestalozzi, gravitando sobre la institución familiar, así
como las relativas a la relación armónica entre los aspectos ético-religiosos,
intelectual y artesano9 se expresan en las
concepciones y modelos educativos europeos y americanos a todo lo largo del s. XIX y en
las primeras décadas del XX. Con esta afirmación no se excluye, por supuesto, la
influencia y vigencia de otras concepciones pedagógicas coetáneas a las de nuestro
educador; se acentúa, en todo caso, que las ideas pedagógicas del humanista suizo
alemán representaron un vigoroso aliento en los procesos de apertura hacia la modernidad
en el campo de la educación y de la pedagogía.
Cuando se interpreta a Pestalozzi (su vocación humanística, su
religiosidad como fundamento en la estructura de su pedagogía, su firme creencia en una
lógica conciliación entre la naturaleza el principio de la libertad y la
sociedad el principio del deber a posteriori de su circunstancia
histórica se corre el riesgo de parcelar, como Ponce,10 un esfuerzo que procede no sólo de la razón empírica, mística,
artística, evidentemente contradictoria y vacilante de quien hurga e inquiere
explicaciones frente a la realidad social, sino además, de un sustrato más hondo, la
autoconciencia, cuya potencialidad espiritual impele al sujeto a la aventura de la
creatividad útil, necesaria, terrenal. La cuestión se agota, desde la perspectiva del
materialismo dialéctico, asociado al sujeto con su pertenencia de clase y derivar, en
consecuencia, el juicio de "pedagogo de la burguesía" para alinear la realidad
con la doctrina que pretende explicarla. La procedencia social de Pestalozzi es causa
insuficiente para comprender el origen de los impulsos estrictamente individuales que
instaron a una voluntad para abrazar la causa educativa. Intimo con la fe y de la mano con
Fichte11 nuestro educador intuye el rumbo y va.
Entre Neuhof e Iverdón median cincuenta años de búsqueda y trabajo;
de experiencia y pasión. La obra literaria, recurso sempiterno para asediar desde otra
dimensión el objeto de estudio permite a Pestalozzi la construcción de un discurso, en
cuya trama se anudan referentes de toda clase (teóricos, artísticos, empíricos y
religiosos) expuestos con la retórica de la época:
La idea de la educación elemental no es otra cosa que el
resultado de los esfuerzos de la humanidad para suministrar en el curso seguido por la
naturaleza en el desarrollo y la cultura de nuestras disposiciones y de nuestras
facultades el apoyo que un amor ilustrado, una razón cultivada y un arte refinado, puedan
dar a nuestra raza.
12
El idealismo humanista de Pestalozzi, se
advierte, posee la vigencia que le otorga el principio de la necesidad histórica por
cuanto se reconoce la existencia, hoy, de amplios segmentos de la sociedad universal que
no han logrado el acceso hacia los beneficios de la educación básica y, menos aún, a la
posibilidad de ingresar en los estadísticos de la población que disfruta, desde su
posición "ilustrada", "cultivada", "refinada", de los
derechos, bienes, valores y servicios que la sociedad produce colectivamente. Del mismo
modo que la Declaración Universal de Derechos Humanos reitera, como objeto de la
educación, "el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del
respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales",13 la filosofía educativa pestalozziana contribuye, como referente
histórico, en el mantenimiento de esa aspiración.
Las Escuelas Nuevas (Montessori, Decroly,
Freinet...) se erigen desde filosofías y antropologías que no desplazan los principios
generales de Pestalozzi; incorporan avances de las ciencias sociales y de la tecnología,
enfatizan ciertos aspectos y los desarrollan, proponen métodos y técnicas específicas,
experimentan modelos y sistemas; empero el andamiaje conceptual del idealismo humanista
permanece, en tanto existan las condiciones sociales que demanden su aplicación.
El ideal pestalozziano de educación elemental no incluye al estado
como instrumento político desde el cual se oriente el esfuerzo del educador, toda vez que
el orden social se haya sujeto (del mismo modo que el orden natural) a la determinación
divina: "La unidad de fuerzas de nuestra naturaleza, establecida divina y
eternamente, es para el individuo el fundamento esencial de todos los medios humanos de
nuestro perfeccionamiento".14 Esta
circunstancia en el pensamiento de nuestro educador es un rango predominante de su actitud
que estará presente en toda su vida.
El énfasis puesto en la relación del amor filial con la piedad
cristiana confiere una función primordial a los padres en la empresa educativa, de suerte
que hogar y escuela son en Pestalozzi ámbitos de una misma vocación. Esta cuestión, tal
vez, podría explicar el evidente vacío que se expresa en la concepción del pedagogo
suizo respecto del papel del estado educador y de la imposibilidad de que la sociedad
alcance la meta de agotar el desarrollo de la idea de educación elemental. "Todo
nuestro saber y nuestro poder es imperfecto afirma y queda imperfecto hasta el
fin de los días".15
La firmeza de esa convicción posee en el educador dos expresiones
paralelas y complementarias en el itinerario de una larga y productiva existencia: la
experimentación didáctica y la reflexión escrita. En la primera inaugura una actitud
del magisterio que busca alternativas de solución de la compleja circunstancia educativa,
enmedio de una época signada por la inestabilidad política de los estados europeos en
formación; la segunda expresión adopta un sesgo literario en cuya trama se identifican
ámbitos y sujetos que personifican las tesis pedagógicas del humanista. No del todo
homogéneas, las reflexiones de Pestalozzi traducen un complejo ideológico de diversa
procedencia (la piedad cristiana, la heurística del romanticismo filosófico, la basta
experiencia) que no logra sentar las bases teóricas para la construcción del objeto de
la pedagogía moderna.
El problema de la construcción del objeto de la ciencia de la
Pedagogía es una cuestión no resuelta del todo, aún en nuestros días, toda vez que las
concepciones de hombre y sociedad, así como del sentido último de la existencia humana
se hallan en el centro de las divergencias filosóficas contemporáneas. Las expresiones
políticas, religiosas, culturales de ese debate adoptan matices singulares y en no pocas
veces en la historia, extremos dramáticos que dificultan el ascenso de la pedagogía
hacia una identidad epistemológica de la misma naturaleza que las ciencias sociales.
La contribución de Pestalozzi en ese proceso es indiscutible si se
valoran sus reflexiones alrededor del problema de la relación del hombre con su
naturaleza y se subraya el papel de la experiencia en la aventura del conocimiento.
Notas
1. Nacionalismos de diversa procedencia que reaparecen
en sociedades y regiones históricas de cuyos orígenes es perceptible la raíz
pluricultural.
2. Algunas apreciaciones críticas han juzgado
severamente la obra de Pestalozzi, desde marcos de referencia actuales y consecuentemente
injustos. Véase por ejemplo la opinión de Aníbal Ponce: "Ninguna educación tuvo
como la de Pestalozzi un carácter más manso. Su bondad sufría, sin duda, con la suerte
de los explotados; especialmente con la de los campesinos, que tan de cerca conocía. Pero
nunca se propuso otra cosa que educar a los pobres para que aceptaran de buen grado su
pobreza." El subrayado pertenece a Nartorp. Cfr. Ponce, A. Educación y
lucha de clases, p. 189.
3. En las concepciones y acciones de Pestalozzi son
evidentes los signos de las ideas predominantes de la época (la profunda religiosidad,
los ideales humanistas explícitos en la Declaración Universal de los Derechos del
Hombre, la exaltación del romanticismo estético) pero es común el reconocimiento del eudemonismo
de Rousseau como una de las influencias más acentuadas en el autor de Cómo Gertrudis
enseña a sus hijos, Cfr. Abbagnano, N. y Visalberghi, A. Historia de la pedagogía,
p. 469.
4. En Los grandes pedagogos, p. 204.
5. Lo mismo puede decirse de Comenio, Rousseau,
Humboldt...
6. Cfr. Las ideas actuales en pedagogía,
pp. 14-16.
7. En Cómo Gertrudis enseña a sus hijos, cit.
por Abbagnano y Visalberghi, Op. cit. p. 471.
8. Cfr. Gilbert Roger. Op. cit. pp. 90-104.
9. "Sentimiento, intelecto y gusto constructivo
práctico son para Pestalozzi los resortes fundamentales de nuestra acción". El
tercer aspecto (el gusto práctico o artesano) "...o industrial como decía entonces
de este aspecto del método pestalozziano". Abbagnano, N. y Visalberghi, A. Op.
cit. p. 471.
10. "El campesino conservador y tímido que había
en Pestalozzi no quería nada de cambios y revueltas. Más pomposo que Rousseau y más
declamador, gustaba hablar también de formar escuelas de hombres. Pero
admitía tantos hombres y tantas educaciones como clases existían, y puesto que el orden
social ha sido creado por Dios, el hijo del aldeano debe ser aldeano, y el hijo del
comerciante, comerciante". Op. cit. p. 189.
11. Rousseau y Fichte aparecen en el pensamiento
y obra de Pestalozzi como las influencias más evidentes; sin embargo, es posible desde
perspectivas más finas, estudiar la presencia de otros antecedentes.
12. En el Canto del cisne, citado por Louis
Meylan. Op. cit. p. 212.
13. En la versión suscrita por 185 países miembros de
Naciones Unidas, 10 de diciembre de 1948: Artículo Nº 26.
14. En el Canto del cisne, Op. cit. p. 8.
15. Id.
Bibliografía
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