
La educación en valores y la práctica docente desde la experiencia española
Marisol Pardo*
* Secretaria de Relaciones Internacionales de la Federación de Enseñanza de
Comisiones Obreras (FECCOO), Madrid, España.
La legislación educativa vigente en España de 1985 a 1990, establece
como objetivo prioritario de la Educación, la formación para practicar valores, que
posibilite la vida en sociedad, mediante la adquisición de hábitos de convivencia
democrática y de participación en las distintas instancias escolares, sociales,
culturales...
La Ley Orgánica de la Educación (LODE) y la Ley Orgánica General de
los Servicios Educativos (LOGSE), en su artículo 1º, señalan como uno de los fines de
la educación "El pleno desarrollo de la personalidad del alumno".
Señala en primer lugar "La formación personalizada, que propicie
una Educación Integral de conocimientos, destrezas y valores morales de los alumnos en
todos los ámbitos de la vida personal, familiar, social y profesional".
El mismo Artículo señala como principio "La Metodología Activa
que asegure la participación del alumnado en los procesos de
enseñanza-aprendizaje".
En el marco de la logse, de las reformas educativas y del nuevo Diseño
Curricular Básico (DCB) de 1993, se establecen y definen ciertas enseñanzas que deben
recogerse en las distintas etapas educativas, a través de las áreas de conocimiento y de
contenidos actitudinales y procedimentales, mediante un tratamiento transversal.
La educación para la paz, la convivencia, la salud, la educación
medioambiental o la educación para la igualdad de oportunidades entre los sexos, son
algunas de las transversales prescriptivas del Ministerio de Educación y Ciencia (MEC).
Uno de los aspectos fundamentales de la educación integral, es la
educación en valores. Ahora bien, ¿Qué sucede en la práctica educativa?
¿Es suficiente con que la norma lo prescriba, la ética lo exija o con
que la pedagogía lo reclame para concluir que la práctica docente real que se genera en
nuestros centros educativos está intecionadamente dirigida a la formación integral de
las personas?
¿Es asumido ese objetivo como prioritario por todas las instancias
educativas?
"La educación en valores no se predica, se practica"
Los valores fundamentales, primarios, que han cristalizado en el orden político-social en
la Constitución Española, y Estatutos que rigen la vida colectiva de nuestras
comunidades autónomas, han sido concretados y desarrollados en el ámbito educativo. La
Reforma Educativa Española plantea entre sus finalidades las siguientes:
La educación social y moral del alumnado:
La educación para las actitudes y valores.
Posibilitar las opciones responsables.
Respeto y tolerancia a las demás personas y grupos en un
ambiente pluralista.
Educación no discriminatoria:
Orientada a la igualdad de las personas y de sus posibilidades
de realización.
Sin distinguir sus condiciones personales y sociales.
Sin discriminación por el sexo, capacidad, raza, origen social.
Alejada de los estereotipos.
Apertura al entorno, a las realidades y a la cultura:
Nuevos contenidos: contenidos actitudinales, áreas
transversales.
Nuevos lenguajes.
Nuevas tecnologías.
Vale la pena detenerse a reflexionar en el concepto actitud por la
relación que tiene con la práctica docente y en el concepto intencionalidad.
En cuanto al concepto de actitud por la relación que tiene con la
práctica docente, podríamos decir que las actitudes se caracterizan por estar
fundamentadas sobre tres componentes básicos:
* Cognitivo. Basado en los conocimientos y el sistema de creencias de
cada persona;
* Afectivo. Determinado por sus sentimientos y sus creencias;
* Conductual. Es decir, que se manifiesta en las actuaciones concretas
así como en las declaraciones de intenciones.
Se transmiten, adquieren y modifican en los procesos de
enseñanza-aprendizaje en la medida en que esto supone situaciones experienciales basadas
en la libre aceptación e implicación de la persona y relacionadas con los problemas que
individual o colectivamente vivimos.
Intencionalidad en educación, hace referencia a la explicación de
intenciones que posibilite justificar el porqué hacemos lo que hacemos. Ninguna
intervención educativa debe estar desprovista de un sentido específico porque ninguna
intervención educativa es neutra. La ausencia de una intencionalidad explícita,
consciente, en cualquier intervención educativa no merma el potencial de ésta de ejercer
una determinada influencia, deseada o no, en el alumnado que la vivencie.
Esta explicitación de valores deseados implica al conjunto de la
comunidad educativa y encuentra su marco de plasmación en el Proyecto Educativo del
Centro.
A modo de conclusiones emanadas de la teoría
La formación integral de la persona, cuyo desarrollo y consecución es el objetivo
prioritario de la educación, es justificadamente deseable y, además, es alcanzable.
La educación en valores, actitudes y hábitos, se configura como
elemento esencial para la consecución de dicho fin.
La comunidad educativa, todos los colectivos que la integran, debe
seleccionar el conjunto referencial de valores que se desea para el Centro, así como
precisar sus contenidos propios y explicitarlos en el Proyecto Educativo del Centro.
Corresponde al conjunto del profesorado de manera específica
estructurar y planificar las situaciones de aprendizaje que posibiliten al alumnado
vivenciarlos, desarrollarlos y asumirlos desde actitudes reflexivas, críticas y vitales
como medio más adecuado para desarrollar su propia personalidad y su propio proyecto de
vida.
La educación en valores en la práctica educativa
Una primera aproximación a las experiencias realizadas en los Centros Educativos estos
últimos cuatro años.
Existe, una preocupación más o menos extendida, una preocupación
real, una dedicación considerable por parte del profesorado, por desarrollar estrategias
que favorezcan la educación integral del alumnado, y que entienden que la educación en
valores, bien desde la perspectiva referencial de un Proyecto Educativo del Centro,
elaborado cooperativamente por todos los colectivos o bien desde el desarrollo de la
transversalidad, supone un componente esencial de la formación integral de las personas.
El motivo por el cual el Centro o el grupo de profesores y profesoras
se comprometen con el diseño y aplicación de estas actividades respondiendo a alguno de
estos tres planteamientos:
Elaboración del Proyecto Educativo del Centro.
Necesidad de dar respuesta desde el Centro a la transversalidad
planteada por la Reforma Educativa.
Replanteamiento de las prácticas educativas del Centro,
globalmente consideradas a la luz de una reflexión colectiva y profunda sobre la
educación en valores.
El desarrollo de los ejes transversales, es el que más experiencias ha
suscitado en los Centros. Son mayoritariamente experiencias concretas sobre alguno de los
ejes particularmente considerado, destacando por su incidencia:
La educación para la igualdad entre los sexos (coeducación).
La educación para el respeto del medio ambiente.
La educación para el consumo.
La educación para la paz y el desarrollo.
También hemos observado que, desde la práctica, poner en marcha un
grupo de profesores y profesoras o un Centro Educativo, para el desarrollo de cualquiera
de estos tres elementos supone iniciar un proceso imprevisible e incierto.
Sin embargo, estos procesos también están caracterizados por su
potencialidad para nuclear grupos de trabajo centrados en un interés común, generar en
torno a ellos procesos de reflexión, imprimir dinámicas colectivas de implicación en
cambios significativos en las prácticas educativas, [...] se pretende promover la
existencia de un clima general favorable al diálogo permanente al contarse con pareceres
en el que las diferentes conductas, las propias concepciones que se tienen sobre los
propios valores, interactúan potenciando el enriquecimiento individual y colectivo,
personal y profesional básico para posibilitar el desarrollo integral de la persona.
Sin embargo, todo esto no se produce por generación espontánea, ni en
un contexto neutro. Se produce en un marco estructural concreto, como es el de la escuela
con todas sus contradicciones y limitaciones, reflejo de un contexto social inmerso en un
proceso de vertiginosa transformación que plantea a la sociedad y a la escuela nuevos
retos, nuevos desafíos ante los cuales ni la una ni la otra pueden evadir su
responsabilidad y su compromiso.
Recursos
Es responsabilidad de la sociedad y de las instituciones que la gobiernan no sólo definir
un marco téorico-normativo en el que se definan los objetivos de la educación y un
modelo de escuela coherente con la consecución de los mismos. Incumbe también a la
sociedad y directamente a las instancias de gobierno, proveer los medios y los recursos
precisos, tanto materiales como humanos, para hacer viable dicho cometido.
La sociedad debe ser consciente de lo que le está pidiendo al sistema
educativo. La igualdad entre todas las personas, la justicia, la cooperación, la
solidaridad, la tolerancia, la paz, [...] son valores que, si bien pertenecen al acervo
cultural de nuestras comunidades, dignos de ser transmitidos a las nuevas generaciones,
son puestos en entredicho en más ocasiones que las deseables por los comportamientos
sociales, considerados individual y colectivamente.
Los intereses que privan en nuestra sociedad actual se recrean en el
individualismo, la colectividad, denotando lo público, lo social, lo participativo. La
sociedad debe ser consciente en la encrucijada en que se sitúa a la escuela. Si ésta
debe dar respuesta a las carencias sociales, vividas como tales y, en consecuencia,
anheladas y demandadas, o se le capacita para tal fin o, simplemente no la hará.
Ante esta situación cabe preguntarse ¿interesa realmente a los
poderes dominantes esta transformación de la escuela que pueda coadyuvar a la
transformación social o prevalecen los intereses por mantener el estado actual, en el que
una de las funciones fundamentales del sistema educativo sigue siendo la función
selectiva, no en base a una verdadera igualdad de oportunidades, sino, más bien,
determinada por la pertenencia o no a determinadas posiciones ventajosas de partida?
Estas contradicciones se viven a diario en las escuelas. Así son
frecuentes opiniones como:
No es competencia nuestra hacer justicia y corregir la
desigualdad de oportunidades.
Nosotros no podemos corregir las injusticias sociales.
¿Qué podemos hacer nosotros para evitar que los más
desfavorecidos sigan siendo las primeras y más numerosas víctimas del fracaso escolar?
¡Yo soy el profesor de matemáticas y punto!
¿Cómo nos piden que eduquemos en la solidaridad en un contexto
social insolidario?
Estas y otras valoraciones de parecido tenor son realizadas por buena
parte del profesorado, en no pocas ocasiones, en nuestros centros educativos.
Efectivamente también ésta es parte de nuestra realidad educativa,
contradictoria y compleja, que exige una nueva actitud de los educadores, un nuevo
concepto de profesionalidad que les lleva a asumir individual y colectivamente la cuota de
responsabilidad asignada por la sociedad que reclama su participación activa en la
construcción de un entorno más humanizado.
En este contexto los sindicatos y el colectivo de educadores reclama
tanto a la sociedad en su conjunto como específicamente a los responsables educativos,
medidas concretas que posibiliten un desarrollo profesional que capacite al sistema
educativo para dar respuesta a las demandas que se le formulan. Esta nueva profesionalidad
debe estar dirigida a dar respuesta a los problemas que se plantean desde la propia
práctica.
Problemas a resolver
El hacer real este carácter de escuela participativa, que la participación se constituya
en algo vivo, sentido por todos los componentes, exige superar las interpretaciones
contradictorias que se vienen realizando del carácter de la misma desde cada uno de los
colectivos que componen la escuela.
Se debe partir de la premisa básica de que a participar se aprende
participando, lo que supone entre otras cosas, y que, en consecuencia, todos debemos estar
dispuestos a intercambiar información y opiniones con actitud flexible y tolerante.
Es imprescindible para clarificar las funciones de cada colectivo en el
marco de la comunidad educativa, así como para configurar un conjunto de intereses
comunes que orienten de forma coherente la actividad y la vida del Centro.
La aceptación del valor de los contenidos procedimentales y
actitudinales por parte del profesorado y de las familias, sin olvidar la importancia de
los contenidos conceptuales, la práctica educativa diaria no puede perder de vista el fin
principal de la educación. Es decir, proporcionará una educación plena que le permita
conformar su propia identidad en relación a nosotros y al mundo que le rodea, tanto de la
perspectiva del conocimiento como desde la propia valoración ética y moral. Este
planteamiento exige un rearme ideológico de la sociedad en su conjunto y del profesorado
en particular. Rearme ideológico en línea con el compromiso que algunos denominan
"ética de mínimos" y en lo que la escuela debe aportar a la consolidación de
la misma.
"La ética es un saber práctico que se enseña de diversas maneras y constantemente. Es la forma de ser y de comportarse, de trabajar y de divertirse, de hablar y pensar, de estar con los demás y con uno mismo por lo que se ponen de relieve los valores básicos del ser humano. Educar debería consistir en algo tan simple como mostrar a los neófitos en la vida la propia forma de vivir". (Victoria Camps).
Por ello, para que la actividad sea verdaderamente
formativa, humanizadora, debe ser activa y consciente, libre e interiorizada, crítica y
constructiva, que permita a los alumnos y alumnas ir definiendo su propio proyecto de vida
personal.
Ante estos planteamientos no cabe la neutralidad de la acción
educativa, o se busca intecionadamente la promoción de contextos educativos que
posibiliten el aprendizaje en el fomento de estos valores o se estará fortaleciendo los
contrarios. Se trata, en consecuencia, de generar situaciones en las que el alumnado tenga
que optar, manifestar aptitudes, contrastar opiniones, construir conclusiones...
Todo esto tiene estrecha relación con el ambiente democrático de la
escuela, con el ambiente coeducativo, con el ambiente, no sólo de una profesora o
profesor de un aula sino de la escuela en su conjunto, en su organización, en su
funcionamiento, en la toma de decisiones, en los procedimientos para la resolución de
conflictos, en la organización de las actividades complementarias y extraescolares...
Los temas transversales impugnan la acción educativa en su conjunto,
no son asignaturas nuevas; la educación en valores no es una nueva asignatura más; la
Reforma Educativa plantea tres dimensiones de intervención en el ámbito de los valores:
1. El Proyecto Educativo del Centro (PEC) como resultado del proceso de
toma de decisiones compartido por la comunidad educativa sobre lo que entiende que debe
ser el sistema de valores en el que se va a enmarcar la actividad educativa del Centro.
2. El Reglamento de Organización y Funcionamiento del Centro (ROC).
3. El tratamiento didáctico de los valores, igualmente coherente con
el pec y con el roc que encontrará su concreción tanto en el desarrollo de los
contenidos procedimentales y actitudinales como en el tratamiento de los temas
transversales.
¿Cómo se pueden concretar estos planteamientos? ¿Quién y cuándo
enseña estos contenidos? En coherencia con lo que venimos exponiendo, es evidente que no
se puede limitar a un horario específico: "de diez a once de la mañana los
miércoles". Tampoco se debe confiar a un profesorado específico: "el
profesorado de ética se encargará de la educación en los valores de todos los
grupos". No.
La intencionalidad en el trabajo sobre valores y actitudes debe estar
presente en todos los actos educativos, en todas las realidades, con el profesor o
profesora de ética y con el o la de matemáticas o de educación física. Con todos y en
todas las interacciones que las personas realizamos con los otros, así como en el
contexto escolar y en todas las situaciones de nuestra vida.
Por ello, al plantearnos la educación en valores y en actitudes, es
necesario tomar como referencia las experiencias que viven nuestros alumnos. Estas
experiencias no son ajenas al mundo que les rodea, mas bien al contrario, están en
conexión, están impregnadas de los problemas e intereses de nuestro contexto social y su
solución está estrechamente vinculada a la resolución de los grandes retos que podemos
englobar en la consecución de una sociedad más humanizada.
Así, aspectos relacionados con la atención a la diversidad, con la
paz, con el desarrollo, con la injusticia, con la desigualdad, con el consumismo, con la
degradación del medio ambiente... son manifestación directa o indirecta de sus
preocupaciones, de sus intereses, de sus problemas; en definitiva, de sus experiencias.
Desde sus experiencias, pueden adoptar actitudes y comportamientos específicos
relacionados y basados en valores, generar implicaciones personales en relación con la
comprensión de los fenómenos sociales y culturales.
A modo de conclusiones de nuestra experiencia práctica
No existe ni ha existido práctica docente que no ponga en juego unos valores u otros. Si
puede considerarse novedoso el planteamiento de dar respuesta a esta educación en valores
en un modelo de escuela participativo, en un marco de autonomía pedagógica y
organizativa, que se concreta en un Proyecto Educativo de Centro y en un Reglamento de
Organización y Funcionamiento sostenido por el equipo docente y definido por la comunidad
educativa.
Así formulado, sí constituye una demanda novedosa, implicando
dinámicas de trabajo y de toma de decisiones participativo-colaborativas que evidencian
la necesidad de una definición consensuada sobre los valores que quiere potenciar cada
Centro.
También puede considerarse novedosa la explicitación formulada por la
reforma educativa respecto a los ámbitos de educación en valores.
La relación de la escuela con la vida, con su entorno más próximo a
las realidades sociales, deben ser tomadas en cuenta al definir las estrategias
didácticas si se quiere posibilitar verdaderamente que los alumnos y alumnas puedan
comprender críticamente la sociedad en la que viven y puedan estar capacitadas para
intervenir en ella activamente para transformarla y mejorarla.
El factor tiempo y las condiciones de trabajo. En cualquier reflexión
sobre el tema, en cualquier conversación entre profesionales de la educación, aparecen
de forma permanente estas variables que se consideran determinantes para el éxito de este
empeño. Todos tenemos responsabilidades en la modificación de los contextos, pero de
modo particular la administración, los titulares de los centros privados, las
organizaciones sindicales y profesionales, los movimientos de renovación pedagógica, las
familias...
Consideraciones finales
Para concluir, destacamos algunas consideraciones, relacionadas con las dificultades y
resistencias que se manifiestan con mayor insistencia al abordar, desde la práctica, la
educación en valores.
Señalamos algunas condiciones que consideramos convenientes y/o
necesarias para que la realidad de la mayoría de nuestros centros, que diariamente se
enfrentan a esta situación, puedan avanzar satisfactoriamente.
Facilitar desde los planes de formación institucional, no sólo
el conocimiento sino también la experimentación, estrategias para la adquisición y el
desarrollo de actitudes y valores. Desarrollar el trabajo en equipo como pauta de trabajo
habitual en los centros educativos, es una de las estrategias formativas más adecuadas
para el desarrollo profesional.
Favorecer el intercambio de experiencias. Vencer la resistencia
del profesorado.
Garantizar una amplia red de servicios externos cualificados con
funciones de orientación, apoyo y colaboración con los centros.
Es necesario un compromiso claro de la administración para
impulsar este cambio de cultura en el trabajo del profesorado.
Las organizaciones sindicales, representantes del profesorado,
deben vincularse a este debate sobre las condiciones y tiempos de permanencia del
profesorado en el Centro.
Lastres
Realizar este proyecto supone hacer frente a algunos lastres que hoy lo obstaculizan:
Primer lastre: entender los valores solamente como
objetivos cognitivos, cuando también son modos de actuación. Desarrollar formas de
tratamiento de los problemas, diferentes a los que habitualmente se producen en la
sociedad, diálogo, toma de decisiones por consenso, trabajo en equipo, tolerancia,
respeto, sometimiento a la crítica, etc.
Segundo lastre: el desencuentro entre familia, escuela
y sociedad sin olvidar los medios de comunicación.
Conclusión final
El cambio necesario ahora es aquel que preserve los servicios públicos universales y de
calidad, para alcanzar la cohesión social, la igualdad de oportunidades, la compensación
de las desigualdades y la liberalización de las fuerzas creadoras de la sociedad. Pero al
mismo tiempo, y creo que nuestras experiencias nacionales son reveladoras de lo que voy a
decir, el cambio necesario ahora también radica en conseguir sociedades plenamente
democráticas donde la participación de la sociedad organizada sea una realidad y una
garantía de profundización democrática y de gobierno ético de lo público.
Desde esta perspectiva, sólo así se podrá avanzar en una educación
que realmente desarrolle sus potencialidades.
¿Cómo podemos dar forma a esa perspectiva? Desde mi punto de vista,
las fuerzas políticas, las organizaciones sociales y muy particularmente las
organizaciones sindicales, que deben de estar ensambladas, vinculadas por un proyecto
común que se caracterice por la promoción de políticas alternativas de redistribución
al servicio de la sociedad. Desde la autonomía de cada uno de los agentes sociales.
Me gustaría añadir algo más respecto a los agentes de cambio. El
carácter de los agentes del cambio debería consistir en primer y fundamental lugar, en
ser verdaderos organismos que se rijan y se reproduzcan por los parámetros que aspiramos
que sean la base de la sociedad que queremos construir.
No se puede aspirar a una sociedad democrática y no funcionar
democráticamente en el interior de las organizaciones. No se puede aspirar a una sociedad
plural, critica y que reconozca la diversidad, y ahogar esa diversidad en el seno de
nuestras organizaciones. No se puede pretender una sociedad austera, no consumista,
respetuosa con el medio ambiente y practicar el despilfarro y la ostentación. No se puede
pretender una sociedad igualitaria y practicar la discriminación.
Un caso que creo que es común en nuestras organizaciones, de las
mujeres, que son mayoría en el sector magisterial. No podemos estar promoviendo
políticas, hacia afuera, de igualdad de la mujer, y practicar elementos de
discriminación en su promoción para asumir cargos directivos en la organización en la
que cada uno de nosotros estamos.
También deben ser organizaciones autónomas del gobierno, de la
patronal y de los partidos políticos. No está tan asumida la independencia, la
autonomía respecto a los partidos políticos, habida cuenta de la tradición histórica
en la que se gesta el movimiento sindical y los compromisos políticos y sociales que
estos movimientos comparten con diversos partidos.
Es necesario plantearse una revisión en profundidad, una revisión
autocrítica, de cada una de nuestras organizaciones para promover, también en el seno de
nuestras organizaciones, un cambio de concepción y de cultura.
Referencias bibliográficas
CAMPS, Victoria. Los Valores de la Educación. Ed. Anaya. Madrid, 1994.
_____________ Virtudes públicas. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 1990.
CORTINA, Adela. La ética en la sociedad civil. Ed. Anaya. Madrid, 1994.
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RAJADEL, Nuria. "Estrategias para la adquisición y/o desarrollo de actitudes y
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SAVATER, Fernando. El valor de educar. Ed. Ariel. Marzo, 1997.