
Los adolescentes y la enseñanza de la Historia
Victoria Lerner*
Introducción
La enseñanza de la Historia en México en el nivel medio-superior ha sido el tema
central de algunas tesis, capítulos de libros, artículos, ensayos, antologías, paquetes
didácticos e informes académico-administrativos. En ellos se abordan distintas
problemáticas: la práctica de la enseñanza de la Historia en algunas aulas de Historia,
la actitud de ciertos alumnos hacia esta materia, el contenido de algunos programas, los
perfiles de los docentes que imparten esta materia, los cursos de actualización para
ellos, la producción bibliográfica, audiovisual y el material de apoyo que han
elaborado, propuestas para enseñar ciertos temas, análisis de las orientaciones de
algunos subsistemas, etc. En general estos trabajos se circunscriben a lo que sucede en
alguna institución: el Colegio de Ciencias y Humanidades, la Escuela Nacional
Preparatoria, el Colegio de Bachilleres, un Centro de Estudios Científicos y
Tecnológicos del Instituto Politécnico Nacional. Se trata de trabajos iniciales y
parciales sobre estos temas los cuales necesitarían completarse con otros de la
misma raigambre y actualizarse. También hacen falta otro tipo de trabajos: estudios
comparativos sobre la enseñanza de la Historia en diversas instituciones, perfiles de
egresados,
Objetivo
Este artículo tiene como propósito adentrarse en la última cuestión, desde dos
perspectivas:
1). Contribuciones teóricas de algunos pedagogos, psicólogos, especialistas en
didáctica de la Historia de diferentes nacionalidades y de la autora de este
trabajo acerca de cómo enseñar Historia a los adolescentes. Estos tocan diferentes
temas: el manejo de los contenidos (en cantidad, tipo de historia y forma de
organizarlos), las dificultades de los adolescentes para comprender distintos conceptos,
las capacidades intelectuales y el tipo de pensamiento que dominan, los recursos y las
actividades que se deben utilizar y el sentido que debe tener la enseñanza de la Historia
en este nivel intermedio.
2). Algunas referencias prácticas de lo que sucede en estos rubros en dos subsistemas: el
Colegio de Ciencias y Humanidades (en adelante CCH) y sobre todo la Escuela Nacional
Preparatoria (en adelante ENP). Estos nacen de mi trabajo como asesora y comentarista de
los planes y programas de ambas instituciones; de la primera a fines del año 1994 y de la
segunda en la actualidad.2 Estos sólo se utilizan como
ejemplos, no son parte de un estudio exhaustivo acerca de la enseñanza de la Historia en
ambas instituciones.
Desarrollo
La enseñanza de la Historia en el bachillerato como en otros niveles
escolares encierra dos problemas básicos: la información versus la
formación que se debe proporcionar al estudiante. La información histórica presenta
problemas únicos por la índole de sus contenidos. Estos son tres: la cantidad de
contenidos, cuáles son adecuados para cada edad y la forma de organizarlos.
I. La cuestión de los contenidos
1. Cantidad de contenidos. En el bachillerato, la enseñanza de la Historia presenta
contenidos excesivos para el lapso breve de tiempo que cubren los programas. En el nivel
intermedio se han planteado algunas soluciones a este problema, por ejemplo: enseñar
algunos períodos de manera superficial; y otros, aquellos que destacan por su
importancia, a profundidad, para que el alumno comprenda la multiplicidad de factores
(sociales, políticos, económicos, mentales) que se entrelazan en forma sincrónica en la
Historia.3 Otra solución es:
2. Enseñar el tipo de Historia más adecuada para esta edad.
Encontramos diferentes criterios:
a). Por los intereses de los adolescentes. Autores ingleses y
mexicanos consideran que al adolescente le cautivan los siguientes temas, v. gr.:
los descubrimientos científicos, los viajes, la vida cotidiana, la forma en que algunos
hombres subieron al poder, etc.
Los programas de Historia del bachillerato cubren en forma desigual
estos temas; pongamos el caso de la historia cotidiana: en la ENP generalmente no la
cubren; en los del CCH, se introduce algunas veces con tapujos y dificultades,
confundiéndola con la Historia de la educación, de la cultura popular o usando algunos
recursos que la recrean: fotos y películas.4
b). Por sus actualidad o relación con el presente. En este caso
se encuentra la Historia contemporánea. Es una prioridad porque explica los antecedentes
inmediatos del mundo que le tocó vivir al estudiante e incluso su presente. Se trata,
según Domínguez, de abordar "aspectos significativos de nuestra vida presente o de
la Historia reciente", como por ejemplo "el conflicto árabe-israelí".5
En México, durante la reforma de los planes de estudio de los
planteles del CCH de 1994-1996, se acordó poner gran énfasis en esta Historia reciente;
en el caso de la Historia Universal, se creó una materia de un semestre sobre el siglo XX
éste se desarrollaba antes en dos semanas en el curso de Historia Universal
Contemporánea. El estudio del México contemporáneo se emprende en otra materia:
Historia de México II, la cual cubre desde el porfiriato hasta 1994. También en la
Escuela Nacional Preparatoria se le da gran importancia al estudio de México en el siglo
XX; existen tres materias que tratan esta cuestión: "Revolución Mexicana",
"Problemas sociales, políticos y económicos de México" y "Pensamiento
filosófico en México". La Historia Universal Contemporánea en cambio
sólo se estudia en un curso que cubre desde las revoluciones burguesas hasta el final de
este milenio.6
c). Por su trascendencia didáctica. Dos tipos de Historia es
necesario introducir en el bachillerato para que el alumno comprenda qué es la Historia y
emprenda algunas investigaciones. Se trata respectivamente de la historia de los grandes
cambios que han ocurrido a la humanidad y de la Historia local.
La Historia de los cambios tiene como objetivo que el estudiante
comprenda que la Historia es un proceso en el cual intervienen muchos factores y que
trabaje, con distintos grados de profundidad, las nociones de cambio, continuidad,
aceleración, relentización de los ritmos, progreso, retroceso, etcétera. El problema es
cómo enseñar prácticamente esta cuestión fundamental, sin convertirla en un rollo
teórico inaplicable. Domínguez ya citado propone que en el currículum de
este nivel se establezca una unidad de estudio del cambio y propone los siguientes dos
temas, como ejemplo: "La vivienda a través del tiempo" y "Magia, religión
y ciencia en la Historia".7
En los programas de Historia de los bachilleratos de la UNAM, no veo
ninguna unidad de este tipo, al contrario, en ambos la Historia se estudia por épocas o
períodos históricos mayores o menores (sexenios en el caso de México, v. gr.).
Este tratamiento tiene dos grandes desventajas: a). El alumno pierde de vista el proceso
general, sus cambios y continuismos. b). Esta fragmentación de la Historia por épocas
o por temas y culturas hace esta materia difícil de asimilar para el alumno.
En los CCH hay cierta conciencia sobre este problema y se sugieren algunas tácticas en el
programa para mejorarlo; por ejemplo, en algunas actividades se pide al estudiante que
compare épocas históricas, explicando los continuismos y las diferencias entre ellas o
que contraste un fenómeno del pasado con uno del presente, por ejemplo el EZLN con el
zapatismo en plena revolución mexicana. ¿Es esto suficiente? En los programas de la ENP
no hay ningún tema o unidad al respecto, ni siquiera alguna actividad didáctica, aunque
los maestros teóricamente reiteran que la Historia es un proceso. Esto es inútil porque
el quid es traducirlo a la praxis en los programas.
La Historia local en México se estudia desde la primaria por ser
la más cercana al alumno pero en el nivel de bachillerato ésta tendría un
objetivo distinto: que el alumno realice trabajos de investigación con los restos
arqueológicos y las fuentes históricas de su entorno. En los programas del bachillerato
mexicano veo intentos de hacer pequeñas investigaciones sobre la Historia de México,
pero no de la localidad (la ciudad de México y sus alrededores v. gr.).8
En suma, hay que reflexionar sobre el tipo de Historia que es adecuado
enseñar en el bachillerato y cómo organizarla: si tradicionalmente, por épocas, temas y
culturas fragmentadas, o en otra forma: por procesos y problemas significativos.9
II. La formación del estudiante
La enseñanza media superior tiene entre sus funciones, la de formar al estudiante
para que curse una carrera profesional. No hay un estudio que sugiera la forma concreta en
que la enseñanza de la Historia puede contribuir a esta tarea propedéutica. A través de
mi propia experiencia como historiadora y de una serie de lecturas colaterales sobre la
capacidad de los adolescentes de bachillerato, a continuación sugiero ciertas formas de
hacerlo:
a). La Historia frente a otras ciencias sociales tiene una
peculiaridad: está basada estrictamente en los datos que proporcionan ruinas
arqueológicas, objetos, construcciones, diferentes fuentes escritas (documentos,
periódicos, etc.), orales (tradiciones, entrevistas), elementos folklóricos (corridos,
canciones, danzas, leyendas, chistes, costumbres, etc.). Enseñar a los alumnos de
bachillerato ciertos rudimentos de esta disciplina tiene la ventaja de acostumbrarlos a
hacer trabajos documentados, evitando los rollos teóricos y los discursos demagógicos.
En el bachillerato universitario sí se exige de los estudiantes que
hagan ciertas investigaciones elementales; en el CCH se preguntan ciertas cuestiones
controversiales e interesantes para dirigirlas; en la Preparatoria sólo se les exigen
reportes de investigación, sin aclararles los parámetros para hacerlos.
b). El bachillerato es el nivel escolar en que la enseñanza de la
Historia puede ayudar a desarrollar el incipiente pensamiento formal de los adolescentes,
porque a partir de los 16 años el adolescente empieza a tener mayor capacidad para la
abstracción y para ejecutar diferentes operaciones mentales: comparar diferentes
versiones de los sucesos históricos, deducir ideas de documentos u objetos del pasado,
elaborar hipótesis a partir de algunos datos, comprender en forma más dinámica e
integral los conceptos históricos y abstractos (sociopolíticos y cronológicos) que se
utilizan en la Historia, analizar y comprender empáticamente situaciones y nombres del
pasado, explicar fenómenos, hacer preguntas a testimonios del pasado, etc.
Diferentes autores europeos han hecho estudios teórico-prácticos al
respecto,10 en los cuales, al lado de proposiciones
teóricas se diseñan actividades con muy diferentes recursos (pinturas, documentos,
juegos, películas, etc.) para el salón de clases. Estas son muy diversas, pero lo
esencial es:
Presentar la información histórica en forma novedosa y huir de
la convencional: cronológica y descriptiva. Pongamos dos ejemplos: uno consiste en
exponer las opciones de los personajes del pasado y estructurar con información mínima
situaciones históricas cerradas, como las que se presentaron en la realidad pasada; otro
es el crear actividades para que el alumno realice basándose en esa información
histórica las operaciones mentales ya citadas: elegir racionalmente entre las
opciones de un personaje del pasado v. gr.
En el bachillerato de la UNAM no parece existir conciencia cabal de la etapa
cognoscitiva en que se encuentran sus estudiantes y de las actividades que se le deben
pedir para impulsar sus capacidades. En los programas de Historia hay dos tendencias: se
le piden al estudiante una serie de operaciones convencionales (juntar y sintetizar
información) y elementales (plasmarla en resúmenes, reportes, cuadros sinópticos,
cronológicos, mapas y dibujos), las cuales son más adecuadas para la secundaria. Sólo
en el CCH se empiezan a introducir algunas actividades más apropiadas para su edad:
comparar dos épocas, el pasado con el presente, dos versiones del pretérito, analizar
los factores y las razones de un hecho histórico. También allí se introduce una materia
de Teoría de la Historia actualmente como optativa, en ella se estudiarán
cuestiones abstractas: teorías, métodos y conceptos.11
III. Relación entre la Historia y las ciencias sociales
La relación entre la Historia y las ciencias sociales es un problema básico en el
bachillerato, por las inquietudes morales, políticas e intelectuales de algunos
adolescentes en esta etapa de su vida. En este artículo sólo trataremos los nexos de la
Historia con la Geografía y el Civismo, porque proceden del nivel básico y adquieren
gran importancia en el bachillerato.
Relación de la Historia con la Geografía. La Geografía es un factor
que ayuda a explicar la Historia siempre que el profesor introduzca en sus clases las
siguientes interrogantes: por qué surgen los fenómenos históricos en un lugar
determinado; cómo influyó el habitat geográfico sobre ellos y el hombre sobre
éste a través de sus acciones y sus movimientos sobre la tierra, y qué son
las regiones.12
En el bachillerato de la UNAM la Geografía suele meterse en las clases
de Historia en forma rudimentaria, para localizar los lugares en los mapas o verter allí
la información histórica. Este error le da un carácter descriptivo a la enseñanza de
la Historia. Afortunadamente ya ha empezado a corregirse y esperamos que los profesores
tendrán paulatinamente más conciencia de la utilidad de vincular la Geografía con la
Historia en forma creativa; con los parámetros sugeridos anteriormente, entre muchos
más.
Relación de la Historia con el Civismo. En este nivel sería
importante que la enseñanza de la Historia contribuya al desarrollo de la conciencia
moral y política del estudiante, porque en esta etapa de la vida se tienen ideales y
juicios interesantes sobre lo que sucede en México y en el mundo.13 Con esta finalidad proponemos:
a). Enseñar en forma crítica la Historia, destacando los valores,
principios, medios, fines de hombres y regímenes políticos del pasado. En el fondo hay
que analizar las políticas del pasado. En el fondo hay que analizar las ideologías y
prácticas políticas internas e internacionales a la luz de los derechos
humanos, de la conservación del ambiente, de la mejor faceta del ser humano. En los
programas de Historia del bachillerato de la UNAM no se desarrolla explícitamente esta
cuestión. Indirectamente ésta se incorpora desde dos perspectivas distintas: en la ENP,
desde el humanismo, los principios de la ética y la lógica; en el CCH, analizando
algunos fenómenos del pasado desde ciertos rasgos del enfoque marxista: los estadíos del
capitalismo, las teorías de la dependencia, etc.
b). Discutir con los estudiantes en cada materia de Historia, al inicio
del curso y durante su desarrollo, la utilidad de la Historia en general. Hay que hacerlo
democráticamente, analizando que algunos hombres sobresalientes de todos los tiempos
(estadistas, filósofos, cientistas, literatos) han considerado útil a la Historia,
otros, sin embargo, no han opinado así.14 En el fondo,
la utilidad de la Historia debe guiar la elaboración de planes, programas y cursos, la
selección de los contenidos de cada curso y su presentación en el aula.
La solución de los bachilleratos universitarios no me parece la más
adecuada; en ellos se trata qué es la Historia y su utilidad, a través de un curso de
teoría de la Historia (CCH) o de iniciación universitaria (ENP).
Conclusiones
En este trabajo presentamos algunos retos que tiene la enseñanza de la Historia en el
bachillerato: organizar los contenidos en forma más orgánica y menos fragmentaria,
adecuarla a los intereses y capacidades de sus destinatarios, formar e informar a los
estudiantes, darle un sentido moral y político para que el bachiller y futuro
profesionista-ciudadano sea un hombre crítico y participativo en los problemas de su
entorno social. Dimos ciertas soluciones para cada uno de ellos, éstas se ponen a
discusión de todos los interesados: de los profesores y estudiantes del bachillerato de
la UNAM y de otras instituciones de nivel medio-superior en México.
Notas
1. Ver los distintos artículos sobre
enseñanza de la Historia a nivel medio-superior, que contiene Lerner Victoria (comp.) La
enseñanza de Clío. Prácticas y propuestas para la enseñanza de la Historia.
México, CISE-UNAM, e Instituto de Investigaciones Históricas José María Luis Mora,
1990; Díaz Barriga, Frida, "La representación psico-social de la sociedad en niños
y adolescentes mexicanos de diferentes entornos sociales" en La niñez en crisis.
México, UNAM, 1993; Gutiérrez, Luis, La enseñanza del historicismo en el Colegio de
Ciencias y Humanidades. Propuesta para una antología. México, Facultad de Filosofía
y Letras de la UNAM, 1987; Rodríguez , Eloísa, Plan de estudios del CCH. Paquete
didáctico en apoyo al proceso de enseñanza-aprendizaje de Historia de México.
México, UNAM, 1991; Unidad Académica del Colegio de Ciencias y Humanidades (1992), Propuesta
del plan de trabajo 1992-1993. México, Consejo Académico del Area Histórico-Social,
1992; Zorrilla, Juan, Innovación y racionalidad educativa. El caso del Colegio de
Ciencias y Humanidades. Tesis de maestría en sociología. México, UNAM, Facultad de
Ciencias Políticas y Sociales, 1989; Villatoro, Carmen y Rodríguez, Eloísa,
"Análisis cuantitativo y cualitativo del Colegio de Ciencias y Humanidades", en
Taboada, Eva (et al), Enseñanza y aprendizaje de las ciencias
histórico-sociales. México, Comité Organizador del Segundo Congreso Nacional de
Investigación Educativa y Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, 1993;
Lerner, Victoria (comp.), Antología de materiales didácticos europeos y
norteamericanos sobre enseñanza de la Historia. México, Fundación SNTE, (en
prensa). Cabe advertir que algunos documentos administrativos de estas instituciones no
han sido publicados, por ejemplo "Perfiles de egresados de la ENP".
2. Asesoré los programas del Colegio de Ciencias y
Humanidades (CCH) en 1994 y en 1996 los de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP). Se
citan en el texto documentos recientes de ambos subsistemas: Colegio de Ciencias y
Humanidades. Unidad Académica del Ciclo de Bachillerato. Area Histórico Social, (en
adelante CCH) Programas de Estudio para las asignaturas Historia Universal, Moderna y
Contemporánea I y II. Historia de México I y II. (Mimeograma, 1996); Universidad
Nacional Autónoma de México, Proyecto de modificación al plan y programas de estudio
de la Escuela Nacional Preparatoria (en adelante enp) y programas de las diferentes
materias de Historia que se imparten en esta institución. (Mimeograma, 1996).
3. Domínguez, Jesús, "El lugar de la
Historia en el currículum 11-16. Un marco general de referencia", en Carretero,
Mario (et al), La enseñanza de las ciencias sociales. Madrid, Visor
distribuciones, 1989.
4. González, Luis, "La enseñanza de la Historia
más allá de las aulas" en Lerner, Victoria (comp.), La enseñanza de Clío. Op.
cit. pp. 3-13 e Incorporated Association for Assistant Mastera in Secondary School. The
teaching of History, Cambridge, the University Press, 1952; CCH, Programa de
Historia de México II.
5. Domínguez, Jesús, "El lugar..." Op.
cit.
6. Ibidem; CCH, Programas, Op. cit. UNAM, Proyecto
y programas ENP. Op. cit.
7. Domínguez, Jesús, "El lugar..." Op.
cit.
8. Ibidem; CCH, Programas, Op. cit. UNAM. Proyecto
y Programas ENP. Op. cit
9. Lerner, Victoria, Una forma de enseñar la
revolución mexicana. México, UNAM-SEP, (en elaboración).
10. Carretero, Mario (et al), "La comprensión de
conceptos históricos por el adolescente" en Infancia y Aprendizaje, núm. 23,
1983, vol. 3, pp. 55-74; Hallam, Roy, "Piaget y la enseñanza de la Historia",
en Coll, César (comp.), Psicología genética y aprendizajes escolares. Recopilación
de textos sobre las aplicaciones pedagógicas de la teoría de Piaget. España, Siglo
XXI editores, 1983, pp. 167-174; Díaz Barriga, Frida, "La adolescencia y algunas
implicaciones en la enseñanza de las ciencias sociales". Perfiles Educativos (60),
29-34, 1993; Commager Steele, Henry y Raymond H. Muessig, The study and teaching of
History. Columbus, Charles E. Merril Publishing Co, 1980; Barker, B.,
"Understanding in the classroom", en Dickinson A. K., y P. J. Lee, History
teaching and Historical Understanding. London, Heinnerman Educational Books Ltd, 1978,
pp. 121-133; Zaragoza, Gonzalo, "La investigación y la formación histórica del
adolescente" en Carretero, Mario (et al), La enseñanza... Op. cit., pp.
167-177; Alvarez Marcos, Violette, Le Pellec, Jacqueline, Enseigner l histoire:
un metier qui s apprend. Audiger, París, Hachette, 1991; Lerner, Victoria, Una
nueva forma..., Op. cit
11. En la Escuela Nacional Preparatoria hay un
curso sobre "Introducción a las ciencias sociales".
12. Reinhartz, Dennis y Judy, "History, Geography
and Maps" en Teaching History. A Journal of Methods, vol. 16:2, otoño 1991
(Emporia State University, Emporia, Kanzas).
13. En el CISE la investigadora Carmen Merino está
realizando una interesante investigación sobre las opiniones políticas de muchachas y
muchachos adolescentes
14. Muessing H. Raymond, "Helping Students examine
the whys and wherefores of History" en Commager Steele Henry A., y Henry Muessing, The
study... Op. cit.