
A propósito de la obra pictórica de Jorge Navarro
Sensaciones de un espectador
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Esta revista abre su portada al
pintor Jorge Navarro, quien nos ofrece un excelente óleo, el cual nos sirve como pretexto
para hablar de su obra que, llegada a la madurez, se antoja representativa de una de las
corrientes plásticas que han dado a Jalisco presencia nacional gracias a un
redescubrimiento de las raíces.
Los muchos méritos de este pintor tapatío (1922), obligan a
sintetizar la semblanza de una vida dedicada al oficio de creador, lo mismo que a la
formación de quienes ya son hoy los nuevos y prometedores representantes de la plástica
jalisciense:
En 1957 gana el Premio Jalisco.
Dirigió la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara, de 1962 a
1968.
Fue director y maestro fundador de la Escuela de Artes Miguel Leandro Guerra, de
Lagos de Moreno, Jal.
Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas en México y el
extranjero.
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Su vasta producción ha
pasado por las más diversas técnicas: dibujo, óleo, acrílico, aguafuerte, acuarela,
pastel, etc.; en todos los formatos, incluido el mural; y con una amplia variedad de temas
entre los que sobresalen la muerte, el paisaje mexicano y la angustia de la vida moderna.
La muestra que nos ocupa, de un espléndido colorido, corresponde a una
etapa en la que el pintor se adentra en un nuevo lenguaje donde se funden lo autóctono
con lo moderno, lo simbólico con lo metafísico... El resultado salta a la vista como una
pieza oratoria magistral que invita a la interlocución y a la réplica. El espectador no
puede ser más un ente pasivo cuando se enfrenta a la visión-sensación que Jorge Navarro
propone.
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¿En cuántas
ocasiones nos percatamos de experimentar realmente algo que nos mueve más allá de lo
cotidiano? Siempre o casi siempre estamos inmersos en el ajetreo de la rutina o en la
indolencia del devenir de las horas, sin darnos tiempo de sentir don maravilloso de
la vida.
Jorge Navarro, es un gran conocedor de las teorías artísticas y de
las técnicas pictóricas, pero es sobre todo un practicante e incansable buscador de
alternativas plásticas; expresa, por medio de líneas de sencillas y espontáneas
pinceladas, un juego geometral de colores, donde el pigmento, lleno de destellos de luz,
hace vibrar y vivifican a una pintura sólo en apariencia inmóvil.
Su obra nos conduce al duelo, a sentir la contraparte de la alegría
con sentidos tintes de agonía, que juntos armonizan el encuentro de lo negativo y lo
positivo, del dolor y el gozo, donde la muerte es aniquilada por la vida, una vida nueva
que surge del antagonismo de la pesadumbre y la desesperanza y que retorna en una fiesta
de color y de sensaciones lúdicas que despiertan emociones de júbilo, que al observar la
pintura parecen querer crecer, seguir por los senderos del muro y sacudir a nuestros
aletargados sentidos y decirles ¡están vivos!
Presentamos también, sólo que en blanco y negro, algunas piezas más
de nuestro huesped honorario, la tarea se engalana
con Jorge Navarro.