
Comunicación y
trabajo académico en la Escuela
Ideas para reflexionar
Dora Inés Munévar M.*
* Socióloga de la educación, doctoranda
por la Universidad Complutense de Madrid, profesora de la Universidad Nacional de
Colombia.
Naturaleza de la educación
La educación desde la perspectiva legal se destaca por ser un derecho, un servicio
público y un proceso que, en el marco de los procesos democráticos, incluye la libertad
de estudiar e investigar y la libertad académica. Como derecho fundamental de la
ciudadanía reconoce la diversidad y, como tal, se extiende no solamente a los grupos
étnicos sino también a personas con limitaciones o capacidades excepcionales.
Como servicio público1 tiene
funciones sociales encaminadas a satisfacer los requerimientos de la colectividad. Como
proceso propicia la formación permanente, personal, cultural y social, fundamento de una
concepción integral de la persona digna con derechos y deberes.
Mediante ella los seres humanos buscan el acceso al conocimiento, a la
ciencia y a la técnica, y el acreditamiento de bienes y valores culturales. A través del
sistema educativo las personas adquieren los principios indispensables para apropiarse de
la cultura y del acervo de conocimientos socialmente disponibles.
Esto quiere decir que en todas las etapas del proceso educativo se
busca garantizar la formación de hombres y mujeres con la intención de responder a
necesidades y tendencias (macro) sociales. En la escuela primaria, se propicia la
familiarización con los procesos de leer y escribir para cimentar firmemente la
comunicación escrita. Se priorizan las relaciones sociales, y la interacción con el
entorno cultural. En la educación secundaria se procura el acceso a diversas modalidades
de comunicación y a formas diferenciadas de conocimiento. Se busca incentivar la
apropiación y la construcción de saberes mediante procesos de comunicación centrados en
la lectura y la escritura. En la universidad se provoca la articulación de los modos de
comunicación escrita del conocimiento, mediante la formación profesional/disciplinar,
relaciones teoría-práctica, capacidad de adaptación a lo nuevo, y reto ante la
innovación.
A partir de estas etapas se han de generar condiciones favorables para
la formación de ciudadanos y ciudadanas autónomas. Pero, también, se ha de considerar a
la escuela como escenario apropiado para debatir las relaciones existentes o suscitadas
entre la comunicación y la educación por cuanto se sabe que ellas contribuyen a
transformar las condiciones de la vida social, el ejercicio del trabajo académico en
general y la reflexión sobre el trabajo escolar en particular.
Con frecuencia los discursos legales dejan entrever la necesidad de
democratizar el ejercicio del derecho a la educación, de velar por la calidad del
servicio público educativo, y de fortalecer el proceso de formación ciudadana. Sin
embargo, en la realidad suelen encontrarse diferentes variables que influyen sobre el
trabajo académico realizado en la escuela, entre los que citamos, por su carácter
decisivo en los tiempos presentes, 1). Los intentos reiterados de diversos agentes para
alcanzar nuevos objetivos en la vida social, p. e. la coeducación o la educación no
sexista impulsada por las mujeres; 2). Las demandas educativas propias de una estructura
social estratificada que desea asegurar la formación de sus élites; y, 3). Los
propósitos del Estado cuando reglamenta tanto el sistema como el proceso educativo
general. Todo ello suscita importantes discusiones en torno a la educación, sobre todo si
se la ve como:
[...] una institución esquiva, cambiante, sinuosa y con múltiples, delicadas y engañosas relaciones con la estructura social. En su interior lo viejo tiene la capacidad de renacer con aires de juventud y de renovación para contestar a las volubles situaciones de su entorno (p. 2).2
De este modo, entre los componentes del discurso y de la práctica educativa se observan brechas, oposiciones, contradicciones e, incluso, efectos no buscados. También, se perciben funciones que mantienen el estado de cosas y permiten explicar la situación vigente, aún la ineficiencia desde la óptica jurídica,3 importante de tener en cuenta cuando se reflexiona sobre contenidos y formas del trabajo académico en la escuela.
Trabajo académico en la escuela
Este concepto que refleja el trabajo escolar es inseparable de la función de la
educación y su contexto social, cultural e histórico; por eso aparece como medio
propicio4 para el desarrollo integral de la
infancia y la juventud. El principio que sustenta la formación en la escuela depende de
la clase de relaciones que regula y de los cambios macrosociales que se consolidan en un
momento dado. Esta posición se estructura sobre tres criterios que bien vale resaltar:
1). El trabajo en la escuela está mediado por necesidades sociales que
hacen posible el surgimiento de conocimientos y prácticas fundamentales para la vida. 2).
La escuela ocupa una situación destacada por contar con grupos de estudiantes que buscan
apropiarse de saberes socialmente disponibles. 3). Las mujeres y los hombres que
protagonizan el trabajo en la escuela, grupos de profesionales de la educación y para la
educación, asumen su responsabilidad social mediante prácticas sociales concretas.5
Se trata de prácticas experimentadas en el mismo contexto educativo
como formas de acción para verificar las funciones escolares. En ellas se incluyen
técnicas, procedimientos, mecanismos o instrumentos cuya naturaleza varía de acuerdo con
la noción de proceso educativo. Si se las concibe como un medio de transmisión de
información, la relación unidireccional que vincula a quien sabe con quien aprende,
será la esencia; pero si se las considera como un proceso comunicativo, la reciprocidad
de los agentes comunicativos y los usos del lenguaje determinarán la realidad de las
interacciones sociales entre quienes enseñan y quienes aprenden.
Bajo estas generalidades, se identifican diversas prácticas docentes
que se realizan en los espacios escolares habitualmente: unas centradas en el
entrenamiento, otras en la instrucción, y, otras más en la enseñanza. Reflexionar sobre
estas prácticas implica asumir que la oferta de oportunidades educativas es tan
importante como la comprensión de los efectos que derivan de tales oportunidades. A
continuación incluiremos unas anotaciones sobre ellas de cara a desencadenar tales
reflexiones, siguiendo muy de cerca argumentos de Manheim & Stewart.6
Prácticas centradas en el entrenamiento. Se perciben en tanto
están asociadas a la repetición y al seguimiento de órdenes exactas para la
preparación y el mejoramiento de tareas predefinidas. Su regulación surge a partir de la
incorporación de actitudes dependientes y la limitada comprensión de los propósitos de
la actividad seleccionada.
En esta clase de prácticas se usa el lenguaje para hacer énfasis en
la dependencia de aquello que es enseñado por otros, y de aquello que ha de ser aprendido
de acuerdo con la estructura de programas previamente establecidos. Define las habilidades
requeridas para el hacer pero no incluye el principio de independencia tan necesario. Al
momento de formar personas con autonomía, libertad y juicio crítico, características
sociales que la escuela ha de afianzar en sus educandos y educandas.
Si bien es cierto que su tendencia a construir bases para actuar y
establecer rutinas, procedimientos y soluciones para afrontar los eventos de la vida
cotidiana, representa un componente necesario para la formación individual, también es
verdad que es una postura rígida que origina contradicciones cuando se confronta con los
rasgos del desarrollo cognoscitivo de los seres humanos.
Prácticas centradas en la instrucción. Estas suelen vincularse a la
transmisión de información para indicar a una persona cómo hacer las cosas en forma
ordenada y sistemática. Su énfasis se organiza alrededor de lo que es comunicado, en
términos de lo dicho con el lenguaje por quien lo dice, y su importancia, más no en
función de quienes participan en el proceso comunicativo.
Como su razón de ser gira en torno a aquello que está dispuesto en la
instrucción se espera que el material seleccionado sea comprendido claramente por quien
lo administra, que sus contenidos hayan sido ordenados con precisión previamente, y que
sean expuestos unidireccionalmente a los destinatarios(as) del aprendizaje.
Prácticas centradas en la comunicación de saberes. En esta clase
tanto aprendices como enseñantes actúan comunicativamente para promover el intercambio
de conocimiento. El lenguaje se usa para enfatizar la relación establecida entre las
personas que participan en el proceso educativo, pero, también, en la comprensión de los
tópicos que son objeto del mismo. Procuran, de esta manera, la transformación de lo que
se enseña en el espacio escolar descubriendo los principios que subyacen, esto es,
poniendo de manifiesto distintos usos del lenguaje en el proceso educativo.
Esto significa que en esencia comparten, y tienen en común con tales
prácticas de entrenamiento y de instrucción, un conjunto de métodos, técnicas, y
procedimientos concebidos como apropiados. La principal diferencia entre estos tres grupos
radica, precisamente, en el reconocimiento del papel de la comunicación entre quienes
enseñan y quienes aprenden. Allí se presupone el interés del alumnado en el aprender y
en los temas a enseñar, mediados por lo que dice y cómo lo dice el maestro/la maestra;
y, orientados por la iniciativa de quien aprende, y su creatividad.
Papel de la comunicación en el trabajo académico
La comunicación del ser humano se estudia en la adquisición, su desarrollo y sus
condiciones de uso. Sus procesos se materializan mediante el lenguaje en cuanto fenómeno
simbólico-creativo con funciones cognitivas e interaccionales, el habla como fenómeno
físico-acústico y la audición en su condición de fenómeno psico-acústico. En este
sentido el lenguaje es el instrumento más útil en la vida humana para adquirir y
elaborar conocimientos.
Desde la temprana infancia los niños y las niñas se hallan
socialmente expuestos(as) al lenguaje, con el fin de provocar la interiorización de
experiencias y formas culturales de vivir. Paulatinamente, en forma concomitante con su
desarrollo biológico y cognitivo, tienen acceso al conocimiento e indagan, con
interrogantes e inferencias, un cúmulo de información que encuentran, ya sea en forma
oral, simbólica o escrita, en su contexto cotidiano, p. e., el hogar y la escuela, donde
se realizan interacciones cara a cara con madres y padres, adultos u otros niños y
niñas, parientes o extraños.
El papel de la comunicación en el trabajo escolar se concreta con el
estudio del Lenguaje en la Educación y se dinamiza con sus usos: el lenguaje crea
y recrea relaciones con el mundo social y natural; incrementa la capacidad de percibir el
entorno; aumenta el procesamiento cognitivo y la posibilidad de resolver problemas;
trasciende el espacio, el tiempo y las personas; permite dirigir las acciones propias y
ajenas. Los usos del lenguaje, percibidos como objeto cultural en el proceso de
socialización, son importantes para quienes actúan en el medio educativo. Esta
perspectiva se explica desde dentro y fuera del aula escolar.7 En el aula la comunicación conduce al desarrollo cognitivo, y asegura
el acceso al conocimiento de quienes participan en el trabajo escolar como aprendices.
Fuera del aula, pero como resultante del trabajo en ella, es vital e influye en el
desarrollo social, el crecimiento personal, el desarrollo estético, la transmisión
cultural, el acceso a los impresos, y las actitudes políticas que median e impulsan la
participación ciudadana.
De este modo, su comprensión permite explicar la realidad y pautar las
expectativas escolares en todas las etapas del proceso educativo. En esta afirmación
subyacen otras formas de comunicación, entre ellas las que expresan contenidos
lingüísticos y sociales con el lenguaje manual. Aquí conviene recordar lo señalado por
Berger & Luckmann (p. 56):8
El lenguaje oral o escrito es capaz de transformarse en depósito objetivo de vastas acumulaciones de significado y experiencia, que puede preservar a través del tiempo y transmitir a las generaciones futuras.
El lenguaje se concreta en la relación "cara a
cara" en eventos de comunicación oral o de comunicación entre pares presentes, como
en el caso de usuarios(as) de lenguaje manual, pero también se da ella como cuando se
transmite la significación mediante símbolos escritos o representaciones impresas.
En tales circunstancias mediadas por la palabra hablada, la sucesión
de gestemas o forma escrita reposan interrelaciones de carácter cognitivo, lingüístico
y social, las cuales constituyen la infraestructura de las competencias orales, las
competencias manuales y las competencias lecto-escritas. En la escuela se busca su
consolidación, esto es, ella es un espacio que hace posible la materialización de las
relaciones entre comunicación (lenguaje) y educación.
Por estas razones se ha generado un interés creciente por el análisis
de la diada lenguaje oral-lenguaje escrito, y la triada lenguaje manual-lenguaje
oral-lenguaje escrito.9 A partir de estas
relaciones se fundamentan diversas orientaciones políticas y servicios sociales dirigidos
a niños y niñas que presentan dificultades de comunicación originadas por limitaciones
en el manejo del texto escrito (lectura y/o escritura), o por la ausencia temprana de
experiencias auditivas (ausencia/pérdida de audición). Detengámonos en sus rasgos
predominantes para discutir la necesidad de repensarlas.
Relaciones diádicas. Se presentan principalmente al momento
de sustentar si "aprender a hablar" es prerrequisito/precursor para
"aprender a leer/escribir". En términos generales se han identificado algunas
premisas fundamentales que conducen a su comprensión desde perspectivas distintas: 1).
Los infantes tienen conciencia de lo impreso cuando han interiorizado mecanismos de
comunicación hablada como producto de la experiencia contextual inmediata; 2). El
lenguaje oral es esencial para la construcción y el dominio de lo escrito y lo leído,
sin que se trate de una evolución lineal; 3). La habilidad infantil para usar sonidos
oralmente suele ser útil al momento de reconocer correspondencias contextuales
fonemas-grafemas; 4). Las dos formas del lenguaje, oral y lecto-escrito, se hallan
mediadas por la apropiación del mundo con el conocimiento social y la
autoexperimentación cultural; y, 5). El desarrollo del lenguaje lecto-escrito implica las
actitudes del comunicar intencionalmente, revisar el propio discurso y el de pares,
ponerse en el lugar de la pareja comunicativa, y organizar el conocimiento a través del
lenguaje y su control.
En permanente interacción con lo impreso, quien lee y quien escribe se
plantea diversas posibilidades, relaciona información previa con información nueva
(oral/escrita, escuchada/leída), experimenta rupturas que se apresta a reparar u opta por
abandonar la tarea según las condiciones en que se realiza el evento10 o se participa en la conversación.11 La interacción social no sólo se da hablando con
interlocutores(as), también se verifica al enfrentar distintos textos escritos u otras
formas simbólicas situados en tiempos y espacios definidos. De esta forma, leer y
escribir se viven en tanto procesos de comunicación que combinan la elaboración y la
exploración dinámica de un conjunto de hipótesis, definidas en el acto mismo de
enfrentar un texto sin importar su mayor o menor complejidad.
Relaciones triádicas. Su análisis se ha acentuado
recientemente en cuanto buscan alternativas para responder a las necesidades sociales de
las personas sordas. Su estudio se ha estructurado sobre afirmaciones difundidas entre
y sostenidas por oyentes y la exigencia de comunidades de sordos(as) como
vías para su confrontación y deconstrucción con argumentos provenientes del análisis
cuidadoso y comprometido: 1). El lenguaje manual ha sido visto como un recurso que no
permite el desarrollo del pensamiento ya que apenas trasciende lo concreto; 2). El
lenguaje manual ha sido considerado como un conjunto de gestos concretos e icónicos
incapaces de funcionar como un auténtico lenguaje; y, 3). Las personas oyentes han
definido las unidades constitutivas del lenguaje manual de tal modo que "carecen de
valor simbólico".
Las críticas a estas concepciones se han originado en las reflexiones
de grupos de personas sordas, sus parientes y personas significativas, o profesionales que
han orientado sus intereses al estudio de sus variantes comunicativas como miembros de
comunidades diferentes de las de quienes son oyentes.12
Las personas sordas valoran y justifican el lenguaje manual como su
primera lengua o lengua materna. Su bandera les ha llevado a reconocerla como aquella que
se desarrolla paralelamente a los requerimientos biológicos y cognitivos cuya
realización ocurre para responder a las necesidades comunicativas y sociales de sus
entorno.
Las personas sordas asumen que su lengua se basa en unidades
diferenciadas con variantes claras de país a país; conocen su estructura semántica,
sintáctica y pragmática; y sostienen la necesidad de enseñarla como segunda lengua a
los/las oyentes comenzando por padres, madres y significantes. Al considerarla una lengua
aprendida admiten que su consolidación sólo es posible con los usos sociales, siempre
teniendo en cuenta la naturaleza del lenguaje como fenómeno simbólico-creativo13 y los procesos madurativos.
Las personas sordas, adultas e infantes, mediante el uso del lenguaje
manual, interactúan competentemente en diferentes contextos con diversos interlocutores e
interlocutoras. En la escuela, donde las respuestas a las iniciativas de pares oyentes
indican su desempeño comunicativo y la interacción con el texto escrito en una segunda
lengua14 surge como aspecto indispensable, se
erige la necesidad de retomar las competencias manuales para el avance escolar.
Las autoridades educativas, conscientes de la urgencia de transformar
la oferta educativa, han ido examinando el papel del lenguaje manual en el proceso de
aprendizaje escolar. Por su parte, las instituciones que proveen de educación a este
sector de la población han procurado su incorporación al aula ya que actúa como
facilitador del acceso, comprensión y construcción del saber académico. Este papel se
afianza con políticas de integración educativa, un reto que permite a niños y niñas
sordas acceder al conocimiento, formar parte activa de la sociedad y ejercer sus derechos
y deberes ciudadanos en igualdad de condiciones con las personas oyentes.15 Cuando se aceptan sus diferencias16 se afianza la enseñanza bilingüe, es decir, se propicia la
adquisición de conocimiento con el dominio de dos lenguas, tanto por parte de quienes
enseñan como por la de quienes aprenden.
En este sentido, el ejercicio de los procesos comunicativos en las
prácticas sociales docentes es determinante para la consolidación y avance del saber de
quienes desarrollan el trabajo escolar: las personas adultas que enseñan y las nuevas
generaciones de niños y niñas que aprenden. A partir de las interacciones propias de la
diada comunicación oral-lectoescritura, y la triada lenguaje manual-lenguaje
oral-lenguaje lectoescrito es posible asimilar cambios, reformular marcos de referencia, e
incorporar nuevos métodos y conceptos en la vida cotidiana de la escuela.17
Hacia la renovación del trabajo académico en la escuela
La pertenencia a la escuela implica una responsabilidad social en el proceso de
creación cultural. El complejo contenido del trabajo académico en la escuela y la
coexistencia de diversos factores individuales y colectivos dentro del espacio social
particular que ocupa dicho trabajo, constituyen el fundamento renovador de las prácticas
docentes de hoy.
Cuando se reconoce al estudiantado como agente comunicativo y a la
educación como proceso de comunicación, se asume que la escuela fomenta la apropiación
del conocimiento. Este ha de hallarse y experimentarse en prácticas sociales que bien
pueden agruparse en dos tendencias impulsoras de la renovación académica que buscan la
posibilidad de trascender los modelos estáticos.
1). El paso de una posición de incomunicación a una concepción de interacción
(comunicación),18 y,
2). La conjugación enseñar a aprender/aprender a aprender y desaprender.19
Todo ello considerando que aprender y enseñar son elementos dinámicos
y de acción recíproca esenciales, y que el juego recíproco entre la acción de enseñar
y la acción de (des)aprender, dará como resultado complejas variaciones en los procesos
sociales. Con esta postura, se busca igualmente rescatar el movimiento que tienen sus
componentes, sus efectos sobre la activación de los usos del lenguaje y su influencia en
las funciones de la escuela.
Quienes acceden a la educación han de aprender a aprender20 y a desaprender, esto es, los niños y
las niñas acuden a la escuela a aprender la capacidad de innovar y de ser
innovadores(as), recurriendo al uso apropiado del lenguaje como instrumento de
comunicación oral y escrita en los distintos campos del saber. Su realización es posible
de acuerdo con cada uno de los niveles educativos, y según las necesidades y condiciones
de las poblaciones que participan en todo el proceso, en especial en la escuela:
Aprender a aprender21 es una tarea que se da esencialmente a través del lenguaje, utilizado como vehículo de estructuración del pensamiento; acceso a la experiencia; adquisición, transmisión y producción del conocimiento; comunicación y generación de placeres estéticos, valores sociales y toda clase de interrelaciones humanas (p. 77).
Aprender a (des)aprender conduce a los/las
aprendices a la comprensión, análisis y ordenamiento del saber; además, como asunto
esencial, promueve la autonomía basada en independencia y responsabilidad, con el fin de
favorecer la apropiación de conocimientos, y de aceptar el compromiso con su producción
a través de la interacción con textos escritos y formas simbólicas cada vez de mayor
complejidad.
A su vez, los maestros y las maestras han de enseñar a
(des)aprender recurriendo al diálogo con la realidad, de tal manera que se trascienda
el uso de los meros recursos instrumentales y procedimientos que muestran una visión más
bien reduccionista del proceso educativo. Se asume esta concepción en tanto esté
organizada a partir de procesos sociales, mediados por la comunicación, que conduzcan y
mantengan la autonomía individual, las posibilidades de consenso social y la
participación democrática.
La materialización de esta postura es posible en todos los ámbitos de
la escuela y atañe a todas las personas que se ocupan del trabajo escolar. Enseñar a
(des)aprender implica el ejercicio de prácticas docentes guiadas por la investigación y
orientadas por las necesidades cognitivas y vitales del estudiantado, las que se verán
favorecidas con la comunicación y el reconocimiento de pares comunicativos en acción.
También la educación primaria y la educación secundaria posibilitan
esta posición. Allí donde dan los primeros pero seguros contactos con la apropiación
del conocimiento, se afianzan las condiciones individuales y colectivas para que hombres y
mujeres se comprometan con los retos educativos, sociales y culturales de su región.
En cuanto a la educación superior se pretende fomentar la generación
de conocimiento nuevo, de carácter social a través de la investigación sobre problemas
sociales relevantes, y universal a través de la investigación de frontera. De este modo
se aumentará la capacidad de respuesta a las continuas demandas sociales para orientar el
estudio y la satisfacción de necesidades sociales y procurar la reducción reflexiva de
las distancias existentes entre comunidades educativas, sector productivo y Estado.
Notas
1. La educación devino en servicio público
encontrando el los albores de la modernidad su razón de ser [...] Del Renacimiento
a la Ilustración, la educación adquirió el estatuto de práctica legítima,
convirtiéndose en una institución social con fines propios [...], (p. 10).
(M. Andión, 1992 "La lógica del sistema universitario". Acta sociológica. Facultad
de Ciencias Políticas y Sociales. Coordinación de Sociología. Vol. iv. Nº 6:9-23,
sept-dic. México).
2. G. Cataño (1993) "Educación y Progreso".
Comentarios a la ponencia de J. C. Tedesco. Trabajo presentado en el XIX Congreso
Latinoamericano de Sociología. Caracas, mayo 30-junio 4.
3. Se habla de ineficiencia del Derecho cuando,
a). Varía el rigor al aplicar los mismos procedimientos a distintas causas, b). Se
transgreden principios constitucionales democráticos, o c). Perviven la dispersión y la
imprevisión legislativa.
4. El trabajo académico en la escuela se organiza sobre
el curriculum, pero éste es sólo uno de los muchos factores que se consideran a
la hora de analizarlo en profundidad. Los sucesos propios del salón de clase y los juegos
de los momentos recreativos, junto a las relaciones entre maestros y alumnos, la calidad
de la enseñanza, la actualidad de los saberes, o los recursos tecnológicos adoptados
constituyen objetos de interés.
5. Hay grupos de fonoaudiólogas (logopedas, terapeutas
del lenguaje, maestras/os de habla y lenguaje), entre otras profesiones interesadas en el
tema, que han involucrado a maestros y maestras para realizar estudios orientados por
estas premisas. A lo largo de este texto se mencionarán tesinas de licenciatura en
Fonoaudiología y proyectos de grado en Ingeniería de Sistemas de la Universidad Nacional
de Colombia, para ejemplificar diversas formas de análisis o de renovación del trabajo
académico en la escuela.
6. Véase K. Manheim & W. A. C. Stewart (1962) An
introduction to the Sociology of Education. International Library of Sociology and
Social Reconstruction, Routledge & Kegan Paul. London.
7. La "Pragmática del discurso en el salón de
clase. Análisis de la secuencia interaccional docente-estudiante" (1992), B. S.
Chaparro & C. M. Gutiérrez, relata relaciones alumnado-profesorado universitario en
el aula. Se refiere a grupos en clases teóricas correspondientes a planes de estudio de
licenciaturas en las facultades de Ciencias y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional
de Colombia.
8. P. Berger & T. Luckmann (1991) La construcción
social de la realidad. Amorrortu Editores. Buenos Aires.
9. Entre los estudios que se han centrado en el trabajo
académico en la escuela primaria se encuentran: I. E. Botero y A. L. Camargo
"Programa de promoción del uso de las funciones del lenguaje -PRUF-" (1992); A.
S. Martínez, M. Ramírez y J. Suárez "Programa LEMA: de la lengua manual a la
lectoescritura" (1995); y, A. Guerrero y M. T. Pérez "Características de la
interacción entre educador(a), niño(a) sordo(a) y niño(a) oyente. Reflexiones sobre la
integración educativa" (1994).
10. Ejemplos de estas relaciones son los trabajos de M.
Z. Calderón, "Habilidades de presuposición orales-lectoescritas en niños y niñas
con y sin dificultades en el manejo del texto escrito" (1991) y, N. Hernández,
"Habilidades de reparación del discurso oral-lectoescrito de niños y niñas con y
sin dificultades en el manejo del texto escrito" (1995). La propuesta de G. Neira,
"Análisis y diseño de un prototipo multimedial para la enseñanza de la lectura a
niños(as) con problemas" (1996), se basa en una posición de esta naturaleza y le
han servido como proyecto de grado de Ingeniería de Sistemas.
11. Vista como actividad interactiva regulada por
principios y propiedades que permiten su realización ordenada y secuencial. Su
complejidad se deriva de la naturaleza de las prácticas y los procedimientos socialmente
organizados que la constituyen.
12. Entre las aportaciones, desde la fonoaudiología,
están los trabajos de S. Manrique, L. E. Marín y C. C. Riaño "Estructura interna
de los signos del lenguaje manual producidos por niños(as) sordos(as)" (1993); A. R.
Castelblanco "Desempeño comunicativo de niños(as) sordos(as) en la ejecución de
tareas de tipo cognoscitivo" (1995); O. L. Aguilar, A. J. Medina y C. O. Puentes
"Habilidades metalingüísticas del lenguaje manual de niños(as) sordos(as)"
(1995). Desde Ingeniería de Sistemas se halla el proyecto de grado realizado por A.
Botía "Ayuda educativa multimedial para el aprendizaje del lenguaje manual orientada
a niños(as) sordos(as)" (1991).
13. De acuerdo con los hallazgos de C. I. Bohórquez y
M. Puentes "Interacción comunicativa de miembros de la comunidad bogotana de sordos
(sordo-sordo, sordo-oyente)" (1989); y, D. M. Barrera y N. E. Prieto "Semiótica
del lenguaje manual. Un estudio de signos de la categoría de nombre utilizados por la
comunidad bogotana de sordos" (1991).
14. N. C. Gómez y R. T. Villota "Cambios en el
texto escrito a partir del enriquecimiento del discurso en lenguaje manual en sordos
adultos" (1991); y S. Mier "Conciencia impresa en niños sordos" (1994).
15. La realización y los efectos de esta clase de
políticas implementadas en España han sido ampliamente discutidas en latinoamérica.
16. L. González, M. L. Rincón y Y. Rodríguez
"Programa de consejería bilingüe para padres de niños sordos" (1994).
17. La adquisición de la primera lengua es un proceso
dependiente del contexto lingüístico en que se halla el individuo. La socialización y
la adquisición del conocimiento se viven en el hogar y la escuela. El contenido escolar
se transmite a través de la interacción con personas adultas
maestros/maestras y pares niños/niñas en el aula de clase.
18. Aquí se está considerando la necesidad de
acentuar el proceso de trabajo teórico en torno a las prácticas docentes, en relación
con sus objetos, sus conceptos y sus métodos, para actualizar las conceptualizaciones
acerca de la enseñanza orientada a la formación ciudadana.
19. En el sentido defendido por J. Ibañez (1985) Del
algoritmo al sujeto. Perspectivas en teoría sociológica. Ed. Siglo XXI de España.
Madrid.
20. Esta idea ha sido sostenida por P. Demo en el
documento "Educacäo e modernidade" (pp. 2 y s. s.) que hace parte de un trabajo
mayor. P. Demo (1992) Desafíos Modernos da Educacäo. Doc. multicopiado.
21. Véase la posición de B. Aparicio de Escorcia
(1991) "La lectura como forma de acceso al conocimiento". Lenguaje.
Revista del Departamento de Idiomas, Universidad del Valle (Colombia). Nº 18, mayo, pp.
75-93.