Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 1

(uno)

SECCIÓN

páginas

de la 41 a la 41 de 48

... el recreo

Guadalajara, México - Diciembre de 1992

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Notas para despedirse de un taller

Ricardo Yánez*

* Poeta, coordinador de talleres literarios.

Toda una obra genera su silencio. Curioso, pero todo silencio no es sino silencio para oír.

Necesito del silencio del taller del ayer, para ponerme a oírlo.

Si tallerear la obra, la probable obra, de los asistentes fue siempre un tallerear a los asistentes, a los talleristas, incluido por su puesto de coordinador, tallerear el taller nos inducía –nos indujo–, un tanto como in vitro, a tallerear la vida.

Frases sencillas, tanto, que pudieran dejar un sabor de excesiva simpleza. O de cursilería. A pesar de entender que nuestro taller no trabajaba en pro de la simpleza ni de la cursilería. A pesar de entender que nuestro taller no trabajaba en pro de la simpleza ni de la cursilería, procuremos en él no combatir desde la neurosis fenómenos tan esperables. Supusimos, como suponemos aún, que detrás de la cursilería podría esconderse una límpida sensibilidad carente, de momento, de otros recursos expresivos.

Hacer como que uno ignora que en todo taller se involucran procesos terapéuticos significa desatender uno de los aspectos principales que hay que afrontar en todo asunto relacionado con la creatividad, significa dejar de lado el hecho de que toda obra creativa se propone a sí misma como organizadora de experiencias y, al menos en el caso del arte, como organizadora de experiencias que no son susceptibles de ser satisfactoriamente asimiladas de otro modo. El creador no sólo busca crear, sino en maneras que van de lo suavísimo a lo rasgadamente angustioso, asimilar lo, en cierto modo, inasimilable.

El lenguaje de creación es un lenguaje cuya totalidad es, siempre, la totalidad de lo esencial, de lo inagotable. En otros lenguajes los temas se pueden agotar; en el del arte no. Desnudo de mujer para un pintor, rosa para un poeta, iglesia para un arquitecto, papel determinado para un actor, etc. Son siempre novedades dignas de abordarse. El todo que nos dice la obra de arte, el todo atendido por los lenguajes de creación, no es el todo en el que todo queda dicho sino sugerido.

La sugerencia, que no la vaguedad, es asunto del arte pero la precisa sugerencia.

Una distancia hay entre la exactitud y la precisión. El músico es preciso; el metrónomo, exacto.

La precisión es un asunto humano, pero también un asunto de imágenes.

El que imagina hace, siempre, metáforas del mundo.

Todo el asunto del arte estriba en imaginar una sola cosa, con muchas cosas. Todo el asunto del arte estriba en concebir un mundo, con sus sillas, sus perros, sus escobas, sus lagartijas, sus ladrones, sus amantes, sus políticos, sus ebrios, sus soles y sus lunas; y hacer de él un universo.

Lo universal del arte no es lo universal de la ciencia. En otro lado lo hemos dicho ya, a partir de una frase de Maurice Merleau-Ponty: la ciencia es siempre la ciencia de lo general; el arte es siempre el arte de lo particular.

El que investiga desde la ciencia se propone, siempre, comprometer su subjetividad de una manera curiosa: ausentándola. El que investiga desde el arte no puede sino poner todo su yo en el juego del arte.

En el taller, que del taller hablábamos, intentamos poner en juego todo nuestro yo, aun cuando con una precaución: todo nuestro yo en el espacio del taller, todo nuestro yo en el taller. Momentos hubo, cabe aceptar en que el taller se volvía un universo, un terrible o gustoso universo, pero universo. Tal, sin embargo, nunca fue nuestro propósito. La idea era más bien que en el taller veláramos las armas que usaríamos en la vida.

Después de todo, lo que el taller nos dio no es otra cosa que la certeza de que estamos desnudos, desprotegidos, de nuestra fragilidad. Después de todo la única enseñanza del taller es que aceptar nuestra fragilidad es una fuerza.

Uno de los principios del taller fue la escritura. Comenzó como un taller para la escritura de creación. Al entender por poesía "lenguaje el más altamente cargado de significado sensible" alcanzamos, en teoría, zonas que al comienzo no pretendíamos trabajar, la prosa, por ejemplo. Pero eso en teoría, en la práctica la poesía ocupaba casi todo nuestro tiempo. Más también ocurrió que esa definición, descubrimos –aunque es tan fácil verlo nos tardamos en hacerlo–, es aplicable al arte todo. Comenzamos entonces a trabajar con todo el arte.

Para ello nos fue indispensable pensar. Pensar la creación desde la creación. Nuestro pensar, entonces, fue de tipo fenomenológico. Era un goce sentirnos pensando, vernos pensando, vernos hablar nuestro pensamiento, vernos poner nuestro pensamiento en palabras, escritas o no, que siempre de algún modo, se volvería –gracias en parte a nuestro modo de pensar en palabras de creación–. Formábamos desde el pensamiento y al hacerlo veíamos y experimentábamos, cómo se transformaba nuestra visión.

Es imposible pensar un taller de creatividad del cual estén excluidos los afectos. Las emociones, los sentimientos, la sensibilidad, son materia prima en el trabajo de todo creador. Lo que se debe hacer es precisamente tomar en cuenta que esa materia prima debe ser trabajada en el taller y que para ser trabajada necesita dejarse trabajar, necesita, esa materia prima, ser tratada como lo que es para que venga a ser como lo que fue esencialmente. Y para ser tratada como lo que es necesita, la materia prima, dejarse estar. Ese dejarse estar la afectividad es lo que efectivamente habrá de ponerle en juego.

En el taller no supimos hacer eso. O lo supimos, pero con una conciencia a trasmano, con una especie de turbia claridad, con una especie de sansin-faise avante la lettre.

En el taller supimos poner en juego la afectividad desde el dejarse estar de la afectividad. En el taller, al menos al principio, solíamos poner en juego la afectividad desde la desazón de la afectividad, algo que, por supuesto, trajo muchos problemas. Ayudó en mucho, sin embargo, la voluntad de juego, la certeza de que se estaba jugando y la seguridad, por otra parte del coordinador, de lo limpio y reconfortante del juego. Si no la afectividad al menos el juego, si se dejó estar.

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