Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 1

(uno)

SECCIÓN

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de la 46 a la 46 de 48

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Guadalajara, México - Diciembre de 1992

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Palabras del profesor Jorge Alberto Hernández Castillón, secretario general de la Sección 47,

en la inauguración de la Semana de la Escuela Pública en Jalisco

Distinguidas personalidades,

Maestros y público en general:

La escuela pública mexicana no es solamente un sustantivo y un adjetivo para designar una especie escolar.

Enraizada en el corazón mismo de nuestro nacionalismo, ha caminado plegada a las aspiraciones fundamentales de la sociedad desde que nos convertimos en Nación.

En ese devenir, Jalisco ha sido también protagonista de su configuración y ha abonado con sacrificios y hasta con sangre, su puesta en marcha desde los albores de la primera República Federal en el siglo diecinueve. Nuestro ilustre liberal jalisciense, Valentín Gómez Farías, impulsó en el país en 1833, el establecimiento de las primeras escuelas de primeras letras sostenidas por el municipio.

Con ello, irrumpía por primera vez, una red de escuelas populares como alternativa de una formación científica y antidogmática. Pero Jalisco ya había sido pionera; poco antes, Prisciliano Sánchez y Pedro Tamez -gobernadores de Jalisco- habían cancelado la estructura colegial heredada de la Colonia, signo de la dominación corporativa virreinal, llevando a cabo en sus respectivos gobiernos las primeras reformas educativas del país.

Surgieron así las primeras escuelas primarias en diversas poblaciones del estado, escuelas dominicales para adultos, antes se habían ya establecido los liceos de varones y de niñas y el Instituto Científico del Estado, todo ello entre 1827 y 1833.

En todo el siglo diecinueve -período trágico y glorioso en que se constituyó dilatadamente nuestro federalismo y nuestro Estado-nación-, siguió siendo Jalisco un pilar en la lucha por la escuela pública como baluarte del progreso.

Manuel López Cotilla y Pedro Ogazón, entre otros, son nombres propios que perviven como representativos de esa franja de educadores y políticos jaliscienses que en la segunda mitad del siglo diecinueve forjaron en los hechos la construcción del sistema de escuelas oficiales y el surgimiento de los preceptores, antecedentes decimonónicos de nuestro gremio magisterial.

En este siglo, la educación pública cristalizó en la Escuela Rural Mexicana cuando en los años veinte, miles de maestros se insertaron en esa gran cruzada cultural que sigue siendo el paradigma más glorioso de la historia educativa mexicana.

En esta evocación, no puedo dejar de nombrar los acontecimientos de los años treinta. Ahí Jalisco contribuyó con un costo de sangre muy alto en las jornadas de las escuelas socialistas.

En 1935, en esa histórica concentración donde miles de maestros exigían garantías para llevar a cabo el programa de la escuela popular que el propio Estado había impulsado, quienes la encabezaban eran los maestros mutilados de Jalisco.

Ello es un ejemplo vivo y trágico de los maestros desorejados, las maestras violadas y vejadas; y, en fin, de las decenas de maestros asesinados en nuestro estado por cumplir solamente con las responsabilidades de su función docente y social.

Hoy, la sociedad se ha transformado. Se despliega ante nuestros ojos un caleidoscopio que encierra la diversidad de nuestra sociedad en tránsito hacia la modernización.

Rezagos y éxitos, limitaciones y esfuerzos decididos son el reflejo de un paradigma educativo que no acaba de morir y una nueva perspectiva que aún no cristaliza.

La nación sigue plegada a los propósitos de acceder a nuevas y mejores formas de vida. En esta trama, la escuela pública deberá redimensionar sus tareas y responsabilidades de cara a lo que la sociedad hoy exige. La nueva sociología de la educación, puntillosa y crítica -de la cual en estas jornadas participan importantes representantes-, han aportado y confortado sus tesis con la política educativa.

Nuestro sindicato, abierto a las diferentes tendencias que enriquecen el debate sobre la educación, ha auspiciado a través de nuestras secciones 16 y 47, y de la fundación SNTE estas jornadas de la escuela pública en la ciudad de Guadalajara.

Muchas historias están construidas alrededor de la escuela. Nuestra obligación es acercarnos a ella para conocer vicisitudes problemáticas de alumnos, padres de familia, maestros y comunidad. En este sentido, el análisis minucioso e inteligente se hace imprescindible.

Estamos seguros que esta Semana de la Escuela Pública contribuirá a entender mejor la realidad cotidiana en que se desenvuelven la infancia escolar, los sistemas de enseñanza y nuestros maestros en servicio.

Muchas gracias.

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