Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 1

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Guadalajara, México - Diciembre de 1992

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Aproximaciones a un análisis sobre la educación media superior

(Trabajo leído en el Foro sobre Modernización Educativa, organizado por la Legislatura Federal en el Instituto Cultural Cabañas, en noviembre de 1992)

Profr. Jorge A. Hernández Castillón*

* Secretario general de la Sección 47 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), en Jalisco.

El subsistema de educación media superior no es precisamente un debate cotidiano, ni forma parte de la responsabilidad central que me atañe como representante del magisterio que labora fundamentalmente en la educación básica, y en el caso de educación normal, en el nivel superior. Sin embargo, dada la naturaleza de la educación media, que para algunos grupos de demandantes constituye un período de transición como requisito de acceso al nivel superior, y para otros, significa un punto terminal. Ante estos hechos, no podemos ignorar su importancia social.

Por lo cual me permito presentar a ustedes, algunas reflexiones acerca de un ámbito del que no soy precisamente especialista y, con estricta modestia, debo decir a ustedes que son puntos de vista en los que, como dirigente sindical y como ciudadano, expreso mi particular percepción sobre el desarrollo y problemática de este nivel educativo.

Una primera pregunta nos puede servir, para iniciar una serie de acotaciones sobre este asunto: ¿Cuál es el papel de la enseñanza media superior en el proyecto de modernización educativa? Junto a este cuestionamiento, podemos formular otra interrogante: ¿Qué papel desempeña este nivel educativo como eslabón que enlaza la educación básica con el nivel universitario? Es decir, ¿cuál es el balance general respecto a su función?

Conforme a estas preguntas, es necesario partir de una consideración crítica: la educación media superior no parece constituir hoy un modelo sustentado en un proyecto curricular de amplias respuestas a las expectativas sociales; tengo la impresión que ha quedado relegado a una variable complementaria de las políticas establecidas para la educación superior.

Esta situación de incongruencia, tiene hasta cierto punto una explicación estructural, a partir de la problemática social de la educación en México, que de acuerdo con las necesidades que enfrenta un país con las características del nuestro, lo prioritario ha sido históricamente, el logro del proceso terminal de la educación primaria.

El otro eslabón privilegiado lo constituye la consecución del ciclo del nivel profesional universitario. Así, los dos niveles estratégicos del modelo educativo en México, han sido el segundo y el último -primaria y universidad-; los modelos intermedios, la educación media básica y la media superior, se han sujetado a ser solamente punto de unión y secuencia entre los otros dos referentes aludidos.

Una lectura cuidadosa de la literatura referida a las propuestas de la modernización educativa, indica esta perspectiva. Tal vez sea esa, finalmente, la misión o el destino del bachillerato: constituir simplemente una fase preparatoria para el arribo a las aulas universitarias.

Ahora bien, volviendo a las condiciones reales en que se inscribe la educación pública en México, investigaciones recientes respecto a sus principales problemas y desfases, han señalado que el nivel medio superior se ha ido convirtiendo, cada vez más, en parte de ese embudo propiciador de la naturaleza selectiva de la educación superior.

Si esto es así, pudiera suponerse que el nivel del bachillerato, si bien funciona bajo la cobertura de su legitimidad en el Sistema Educativo Nacional, a su vez, subyace como trama de restricción social a partir de la dificultad del egreso terminal de la totalidad de los alumnos.

No debemos olvidar asimismo, que en estos momentos en que se agudizó la crisis respecto a la permanencia y egreso de quienes habían logrado llegar a las universidades -crisis reflejada en el desfase de las carreras liberales tradicionales- y cuando la estrategia del desarrollo del país empezó a requerir la formación de cuadros técnicos, se desplegó desde el régimen de López Mateos, con el Plan de Once Años, una amplia expansión del nivel; así, se crearon la Subsecretaría de Enseñanza Técnica, los Institutos Tecnológicos Regionales y en las políticas educativas de los años setenta, se impulsa la creación de bachilleratos tecnológicos no vinculados a las universidades y la conformación de las escuelas medias (generales, técnicas, prevocacionales y aun Normales); la estrategia era aprender haciendo en la primaria y enseñar produciendo en el nivel medio.

Se establecen dentro del Sistema Educativo Federal, escuelas tecnológicas en el nivel medio superior y con el ramo de educación terminal.

El problema que han enfrentado desde entonces estos centros escolares, ha sido la desarticulación prevaleciente entre la promoción y el egreso de cuadros técnicos, y la posibilidad de incorporación a la planta productiva.

Su existencia, desarrollo y perspectivas, están sujetas a las dificultades para el logro de un empleo, a pesar de que se han observado permanentemente propósitos de que su establecimiento se decida para satisfacer las necesidades productivas regionales.

En cuanto al sistema de bachillerato clásico, con la masificación de la matrícula a partir de los años setenta, se entró junto con las universidades en una crisis de crecimiento. En 1960 existían matriculados en el país 106 mil 200 estudiantes y habían 8 mil 053 maestros en 360 escuelas existentes. Para 1970, el número de alumnos se incremento a 335 mil 438 con 22 mil 768 maestros en 876 escuelas. Ya para 1980, el número de alumnos era de 1 millón 65 mil 741, los maestros 73 mil 828 y las instituciones receptoras 2 mil 322.

Actualmente, los números se han duplicado, el problema está en poder relacionar estos números absolutos con el número de egresados de las secundarias y con el porcentaje de egresados del nivel, así como con la variable presupuestal para la conversión costo-alumno.

En síntesis, hemos de decir que el intento para contestar las preguntas del papel de la educación media superior en la reforma educativa actual, se advierte que su ruta crítica está supeditada a las orientaciones y propósitos de la educación superior. En relación a los números absolutos y relativos del financiamiento otorgado, éste es de difícil obtención en razón de que su otorgamiento y distribución está englobado en los presupuestos generales universitarios.

Otro problema es la diversificación curricular; existen decenas de planes de estudio que si bien fueron diseñados a partir de la legítima atribución de las autonomías universitarias, en razón de sus propias expectativas profesionales, no debemos olvidar que conforme con un objetivo sociocultural común, la meta lógica de los sistemas educativos es la adecuación siempre dinámica, entre el desarrollo personal y el desarrollo social, tanto en el plano regional como nacional. El Sistema Educativo Nacional, conforme al nuevo concepto de federalización educativa, debe orientarse hacia una estructuración integral de los servicios, entre ellos el de la educación media básica.

Se trata entonces de un nivel que por su carácter estratégico, tiene que propiciar la permeabilidad; articulado de tal modo que permita el progreso vertical del estudiante hacia los estudios superiores y, al mismo tiempo, debe darle una formación terminar que le permita incorporarse realmente a las actividades económicamente productivas.

Desde este punto de vista, el bachillerato ha de cumplir una misión formativo básica, independientemente de las necesidades locales, con objeto de que exista una base cultural homogénea y a la vez heterogéneo.

Con relación a la estructura programática, los estudios deben articularse en grandes áreas que reúnan como condiciones, flexibilidad, posibilidad de adaptación de acuerdo al medio social, a la opción vocacional de cada alumno y a una uniformidad que de validez nacional a los estudios cursados. Esto podría garantizar una formación más completa que daría al educando una visión amplia del conocimiento, de sus habilidades y de sus proyecciones sociales.

Otro elemento sustantivo del perfil curricular del bachillerato, tiene que ver con la preservación del estrato cultural de quienes reciben los programas educativos. La enseñanza media superior, por su carácter multidisciplinario, es necesario que atienda a la diversidad cultural regional.

La revaloración de estas identidades, debe configurar un soporte que coadyuve a que los futuros universitarios, profesionistas o técnicos, asuman en su ulterior desempeño, su particular condición cultural, y puedan enfrentar con mayor vigor la aceleración tecnologizante y pragmática de los paradigmas científicos, contenidos muchas veces en la currícula de las carreras profesionales.

En este contexto, se tendrá que cuidar especialmente, la situación y preparación del magisterio universitario. El desarrollo de la sociedad contemporánea depende cada vez más de la educación, y el magisterio debe ocupar el lugar central que le corresponde. Esto implica mejores condiciones laborales y profesionales, que realmente amplíen las posibilidades de progreso académico a todos los niveles; que se estructuren adecuadamente los programas y proyectos de actualización y aseguren su permanencia.

Finalmente, me parece que a diferencia de la educación básica, no se ha desarrollado una reflexión sistemática sobre el problema de la práctica docente y de teorías pedagógicas en el nivel de la educación media superior.  Por consiguiente, no se ha construido un corpus que conceptualice el perfil de los estudiantes, sus cualidades cognoscitivas, y sus condiciones socioculturales. No olvidemos además el papel que juega la orientación vocacional en todo el proceso de formación del bachillerato.

En este mismo sentido, la metodología de la enseñanza debe ser motivo de un permanente análisis y renovación acorde con la naturaleza de los alumnos, con la capacitación profesional de los maestros y con los apoyos didácticos y de las academias de enseñanza.

En cuanto al aprendizaje, el conocimiento significativo no es solamente un problema para los alumnos de las escuelas básicas, sino que en las propias escuelas preparatorias es común encontrar verbalismo y memorismo, que unidos a la impericia, improvisación y autoritarismo de muchos maestros, ocasiona una disminución del nivel académico.

Son estos algunos rasgos que supongo, tienen que ver con la problemática de la enseñanza media superior. Es posible que haya privilegiado algunos de ellos de manera injusta, o bien omitido otros mucho más importantes. Pero como he dicho al inicio de esta intervención, son sólo comentarios en relación con una realidad que forma parte de nuestro Sistema Educativo Nacional; y sólo por ello, no debemos dejar de ejercer nuestra responsabilidad para mantenemos informados y cumpliendo un compromiso de opinión, en el seno de una sociedad democrática que cuestiona y analiza para orientar las políticas públicas.

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