Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 1

(uno)

SECCIÓN

páginas

de la 06 a la 06 de 48

... nosotros los profes

Guadalajara, México - Diciembre de 1992

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Encuentro con Freire

Oscar Bitzer*

* Buenos Aires, Argentina (1926). Realizó estudios de educación normalista y pedagogía en su ciudad natal; es especialista egresado del Centro Regional de Educación Fundamental para América Latina (CREFAL) de la UNESCO.

Paulo Freire

Paulo Freire

 

Cuando Juan Flores me invitó a colaborar con un artículo para la tarea, confieso que estuve a punto de decirle la verdad: no puedo, no tengo tiempo, tengo muchas "drogas" intelectuales (y de las otras)...

Sin embargo, cuando me sugirió algo liviano, espontáneo, vivencial, tal vez anecdótico, relacionado con situaciones reales y cotidianas, que pudieran interesar a la generación joven del magisterio, me desarmó. No en vano dice mi esposa que si yo hubiera sido mujer, tendría 12 hijos, porque no sé decir que no.

Un poco harto de elaborar ponencias, ensayos, planes, discursos, generalmente para que los firme otro, pensé que en un espacio como éste podría platicar con mis colegas sin que me quedara la cruda moral de escatimar el tiempo que tengo rentado a mis varios patronos. Así, sin plan ni proyecto de trabajo, dejaré que corra la pluma, en tanto no me anime a teclear la computadora, como lo hacen mis compañeros de trabajo.

Quienes me conocen, saben que este año cumplo tantos años de mexicano como de argentino. Son treinta y tres para ésta que no es mi segunda patria, sino "mi otra patria", parafraseando a Andrés Bello. Por un fenómeno muy frecuente en la ancianidad que yo lo había estudiado pero que no conocía como ahora, en carne propia los viejos van perdiendo la memoria cercana y afinan su memoria remota. De ahí que, muchas veces, el abuelo no recuerda lo que ocurrió en esta semana pero puede evocar con detalles, a veces insoportables, un acontecimiento o una situación vivida hace treinta o cuarenta años.

Según el IMSS y el DIF (y otras siglas bienhechoras) ya  estoy en la tercera y última edad. Por ésta, y otras razones que sólo mi psicoanalista podría inventar, tengo cada día más inclinación a recordar pasajes de mi vida bastante lejanos en el tiempo y en la distancia.

Así, de improviso, aparece en mis recuerdos la figura de un maestro que admiro y que Uds. habrán conocido también por sus obras: La pedagogía del oprimido, Educación para la libertad.

Sí, Paulo Freire, el pedagogo y filósofo brasileño que muchos de ustedes habrán descubierto en situaciones tan paradójicas, cuando un maestro de la normal de cualquier normal les exigía verticalmente, a través de un "rollo" unidireccional, que aprendieran las bondades de los procesos de diálogo y el valor de la concientización...

Conocí a Paulo Freire, personalmente, en el 68, estando en Pátzcuaro trabajando para la UNESCO: lo considero un privilegio porque él estuvo sólo un mes en el Centro Regional de Educación de Adultos y Alfabetización Funcional para América Latina (CREFAL) y sin embargo, su personalidad dejó en mí más honda huella que sus libros. Lo acompañamos a Tzintzuntzan, a Santa Clara del Cobre, a Paracho. Lo vimos actuar con esa sencillez y humildad de los grandes hombres, charlando con los artesanos en su "portuñol", y nos consideramos sus discípulos, para siempre. De esta vivencia, no recuerdo sólo un curso sobre el diálogo sino principalmente la congruencia que, en todo momento se percibía, entre el autor, el maestro, y el hombre, en cuanto a su ideología.

 

Nos sé dónde está hoy Paulo Freire

Creo que su centro de operaciones está en Suiza y que estuvo a punto de venir a la Fil-92 (Feria Internacional del Libro), invitado por los organizadores. Lo que más me preocupa es que su idea y su método psicosocial, se están diluyendo en las posturas eficientistas que emergen de la modernización. Tal vez no en el momento de hablar de un pedagogo que supo concertar el marxismo con su concepción cristiana del mundo. Sin embargo, "nosotros los profes", le debemos a Paulo Freire una apertura en el campo educativo, hacia una nueva relación maestro-alumno con mutuos aprendizajes.

Debo aceptar que, con frecuencia, después de haberme echado un rollo cargado de información aún matizado con bromas y anécdotas me sentía avergonzado, por estar negando, en la práctica cotidiana, las ideas que Freire nos ha enseñado. ¿Qué había aprendido de mis alumnos, si entendía el diálogo y la metodología participativa sólo como una concesión graciosa del maestro hacia el estudiante? Tenía excusas, más que razones, para justificarme: la carga horaria reducida, los contenidos excesivos, la expectativa de los propios alumnos que esperaban una exposición interesante y provechosa más que enfrascarse en una discusión.

La evocación de Paulo Freire, de carne y hueso, sólo pretendió en esta ocasión, revalorar sus enseñanzas y pedirles a mis compañeros los profes con toda la modestia que forzadamente pueda manifestar un argentino, que traten de ser congruentes con lo que enseñan a sus alumnos. Lo contrario sería tan absurdo y deplorable como si yo escribiera un artículo contra el tabaquismo...

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