
Los libros de texto y el aprendizaje de la historia
Ana María Figueroa Pintor
La reciente discusión sobre los nuevos textos de historia nos llevó a
realizar la presente reflexión sobre el aprendizaje de la historia, señalando algunos
aspectos ausentes en la disputa y tratando de ver cuál es la importancia de los libros en
el proceso de aprendizaje. Cuando se analiza la discusión dada sobre dichos libros, que
vemos elementos importantes que atañen a todo proceso de aprendizaje están ausentes; uno
se pregunta qué es lo que realmente se está discutiendo.1
Se ha polemizado si los libros deben contener o no un determinado tema,
si la redacción es o no la adecuada, si la información es precisa, si la presentación
es mejor, etcétera. Pero no se ha mencionado si todo eso que está escrito interesa o no
a los niños y si esa información es accesible para ellos, es decir, si lo que estos
libros presentan puede ser aprendido por los niños.
Aspecto vital en todo proceso de aprendizaje es el interés que el
sujeto tenga en el asunto que se pretenda que aprenda. A partir de la epistemología
genética sabemos que los sujetos sólo aprenden aquellas cuestiones que sus esquemas de
asimilación les permiten y además constituyen un problema de interés para ellos, de
esta manera, el interés, vinculado a la afectividad, es el motor del proceso del
conocimiento.
Dificilmente temas como la dictadura porfiriana, la democracia, las
revoluciones, etc., pueden estar dentro de los intereses del niño, ya que no forman parte
de su experiencia cotidiana, son conceptos abstractos que para su comprensión requieren
de que el sujeto se descentre del momento actual y reflexione sobre el pasado y en
ocasiones sobre el futuro, procesos que difícilmente puede alcanzar un niño.
Estudios realizados a partir de la epistemología genética2 han puesto de manifiesto que el aprendizaje se da a
través de un proceso constructivo, pero con relación a conceptos sociales desconocemos
en gran parte como se da éste. Los estudios sobre la construcción de conceptos sociales,
dentro del marco de la teoría psicogenética, son relativamente recientes, algunos de
ellos son los realizados por J. A. Castorina3 y Juan
Delval.4
A través de estos estudios se ha visto que en la construcción de
conceptos sociales, intervienen diferentes tipos de información que reciben los niños:
escolarizada, familiar televisiva, etc., por lo que la información que ellos obtienen en
la escuela es una entre muchas.
Además en este tipo de construcción existe cierto grado de
relatividad porque se ve influenciada por la situación histórica y social en que los
sujetos viven; a diferencia de la construcción de nociones físicas y matemáticas, en la
que se observa cierta uniformidad en niños que viven en diferentes lugares.
Por otra parte, un estudio reciente acerca de las ceremonias cívico
escolares5 nos ha permitido observar las dificultades que
los niños presentan para acceder al conocimiento histórico. Incluso en niños de sexto
año se observa incomprensión en todos aquellos conocimientos que se le han enseñado
durante seis años.
En este proceso de enseñar la historia (no podemos decir que de
aprender, porque en este proceso la mayoría de la veces no se aprende, como apuntan los
datos que tenemos) intervienen las explicaciones del maestro, los libros de texto, las
ceremonias cívicas. Aún siendo este proceso multifacético, nos damos cuenta que estas
formas de enseñanza no son afectivas, en cuanto no logran su propósito: que el niño
aprenda.
Ante esta situación, nos preguntamos si realmente los sujetos están
imposibilitados para acceder a este tipo de conocimiento hasta esta edad (12-13 años)6 o si las formas de enseñanza hasta ahora empleadas son
inadecuadas; por otra parte, si lo que hasta ahora se ha entendido por aprendizaje ha sido
sólo memorización.
Las dos primera preguntas guardan estrecha relación, ya que no sabemos
si realmente los niños pueden aprender los conceptos sociales, porque su desarrollo
cognoscitivo no lo permite o porque nuestras formas de enseñanza son inadecuadas.
Probablemente las dos preguntas tengan una respuesta positiva. Incluso
podríamos afirmar que hasta la fecha gran parte de nuestras enseñanzas han sido a
ciegas, ya que se enseña, desconociendo cual es el proceso que sigue el niño en el
aprendizaje,7 y se ha dado por hecho que el sujeto
aprende escuchando al maestro y repitiendo de memoria la información que se le presenta.
No dudamos que la memorización tenga un lugar importante en los
procesos de aprendizaje, más aún, cuando lo que se memoriza ha sido previamente
comprendido por los niños, pero en el caso de la historia los resultados han sido los
mejores. Para ilustrar esto, mencionaré algunos casos.
Se ha preguntado a niños de diferentes grados de educación primaria
acerca de la información que se les proporciona durante las ceremonias cívicas y que
generalmente ya ha sido tratada en el salón de clases y leída en los libros de texto,
principalmente en el caso de los niños de sexto año. En las respuestas obtenidas se
observa una serie de distorsiones en la información, tales como confusión de la épocas
en las que sucedieron los hechos, juntan en una misma narración involucran a personajes
que vivieron en épocas diferentes.8 Por otra parte, algo
que resulta más dramático son los resultados de las pruebas de admisión a secundaria y
preparatoria, por acceso que hemos tenido a este tipo de información9 nos hemos dado cuenta que casi en su totalidad los aspirantes reprueban
el área de ciencias sociales. ¿Cómo podemos explicar estos resultados con seis y nueve
años de escolaridad?
Una explicación preliminar y por lo tanto parcial, podría ser, que
los sujetos pasan la prueba en cada grado escolar, porque éstas aluden a un saber
aprendido de memoria a corto plazo, y que al hacer los exámenes de admisión ya no
recuerdan con claridad.
Estos resultados nos conducen a reflexionar sobre los conveniente o no
de tratar que los niños aprendan a temprana edad conocimientos a los que no pueden
acceder. Si bien reconocemos la necesidad de que los niños conozcan la historia de
México y adquieran una identidad nacional, probablemente lo que debemos cambiar son las
formas de enseñanza formal de la historia con los niños mayores de (11 ó 12 años) que
poseen un desarrollo cognoscitivo más evolucionado que les permita acceder a información
más abstracta.
Por último quisiéramos retomar la reflexión inicial relativa a la
polémica sobre los libros de texto de la historia, y señalar lo estéril de la
discusión en relación a ellos y la problemática de su aprendizaje, ya que la
importancia de los libros dentro de esto es muy relativa por varias razones:
-En primer lugar, la información que la escuela proporciona, es una,
entre muchas otras, a las que el niño tiene acceso.
-En segundo lugar, dentro de la escuela el niño recibe información
histórica de diversas fuentes: el maestro, las ceremonias cívicas, las láminas que
compra en las papelerías y que parece ser una fuente importante para maestros y alumnos.10
-En tercer lugar, lo que se expresa en los libros no siempre se aprende
tal cual, ya que la información es interpretada de acuerdo a los esquemas de asimilación
del sujeto. Y en el caso de los niños de educación primaria, estos esquemas son
deformantes.
-Finalmente, en cuarto lugar, podríamos pensar que las dificultades
que presenta el niño en el conocimiento de la historia, se deben principalmente a que no
es un aspecto que le motive, no constituye un problema que a él le interese resolver,
como sucede con algunos adultos, que para comprender el presente estudian el pasado. Por
lo que suponemos que en este caso, principalmente con jóvenes de secundaria, los libros
de texto no tienen mucho que ver en el aprendizaje.
Estas consideraciones nos llevan a plantearnos la necesidad de estudiar
los procesos de aprendizaje y los intereses de los niños y jóvenes para obtener las
pautas que nos llevan a construir nuevos métodos de enseñanza. Estos métodos serán
diferentes para grados de niños de acuerdo a sus niveles de conceptualización.
NOTAS
1. Probablemente por lo que se esté peleando sea
por la participación política de los diversos grupos en contienda, como lo señala
Soledad Loaeza, en su libro Clases medias y política en México. La querella
escolar 1959-1963.
2. INHELDER, B. y otros. Aprendizaje y estructuras
del conocimiento. Ed. siglo XXI. México.
3. CASTORINA, J. Antonio, Psicología genética.
Miño y Dávila editores. Argentina, 1989.
4. DELVAL, J. "La construcción de la
representación del mundo social en el niño", en: Turiel, E., Enesco, I. y Linaza,
J., Editores-Alianza Editorial. Madrid.
5. FIGUEROA Pintor Ana M. "Tesis de maestría"
(borrador).
6. Nos queda la tarea de explorar a niños mayores de 12
años. Aunque existen indicios de que hay dificultades en el aprendizaje de esta materia,
aún en sujetos mayores. Esto lo podemos ver en los resultados de los exámenes de
admisión a secundaria y preparatoria en donde se observa que casi en su totalidad los
sujetos que presentan este examen reprueban el área de Ciencias Sociales.
7. Algunos procesos de aprendizaje que han sido
estudiados y se han elaborado estrategias de aprendizaje en consecuencia, son la
lectoescritura y algunas nociones matemáticas.
8. FIGUEROA Pintor, Ana M. op. cit.
9. Información no publicada.
10. por lo que hemos podido observar una fuente
importante de información histórica son las láminas y cartitas que venden en las
papelerías, por lo que sería interesante un estudio al respecto para ver las semejanzas
y diferencias con los libros de texto.