Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 0

(cero)

SECCIÓN

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de la 45 a la 47 de 48

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Guadalajara, México - Septiembre de 1992

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La Marcha

(Marcha de los trabajadores de la educación del sistema estatal en Jalisco pertenecientes a la Sección 47 del SNTE, realizada en Guadalajara, Jalisco, el 7 de abril de 1992)

Son los profes, apócope cariñosa que califica a quienes se ensucian de gis todas las mañanas, trabajan con niños y, en el viaje, hasta los cuidan. Están apareciendo por las calles, se concentran, se saludan, buscan a sus compañeros de escuela. Desde lejos se observa la diversidad de desplantes y actitudes: pareciera que algunos conversan seriamente sobre el problema que los ha orillado a reunirse hoy.

Otros, platican con desparpajo, como si no quisieran desaprovechar el día para dar salida a vaciladas y ocurrencias. Son los profes que este 7 de abril no fueron a la escuela. Van a tomar la calle. Siguen llegando. El bullicio crece y los vecinos de la colonia se asoman a las ventanas para saber las razones de la extraña algarabía callejera. Preámbulo de lo que constituirá la primera gran marcha combativo de los maestros, cuando menos en las últimas décadas.

Una cosa se advierte y emociona: las maestras se están haciendo presentes. Primero algunos grupos, luego decenas, finalmente las calles se inundan de profesores. Pronto serán la mayoría del contingente y también quienes más resistirán a voz en cuello el ejercicio de las consignas lanzadas con estrépito y sentido festivo. Sí, las maestras están llegando. Un sentido de compañerismo y un hálito de admiración se percibe en quienes las observan, las saludan, las admiran. Los profes se están juntando, un río humano empieza a cambiar el sereno paisaje urbano, se organizan, forman columnas. Empiezan a avanzar. Un sentimiento de emoción aflora.

Vienen las columnas, el enorme contingente se desparrama, se expande, se convierte en un gigantesco río cuyo colorido son las mantas, las pancartas, las consignas. Los profes hablan, argumentan, exigen. No es válido escamotear acuerdos. Hay incumplimiento y trato indigno de los maestros; algunos profes, los más enardecidos no le ahorran calificativos al gobernador en turno. El tumulto se concentra. Hay un mitin. Hay un gigantesco mitin.

Para decirlo son sinceridad: ¡qué desperdicio!, ¡qué indolencia!, ¡qué potencial hasta entonces desaprovechado! Miles de voluntades en pie de lucha de manera tangible, real, evidente. Por su impacto, por su despliegue de voluntades, las movilizaciones sociales son un capital que debe asesorarse. Un hecho ha sucedido: las necesidades cardinales de las bases han coincidido con quienes las presiden. Los maestros están en la plaza. La dignidad no cesa.

Calificativos aparte, y más allá de apologías que más que enaltecer, envanecen, la marcha del 7 de abril que congregó a cerca de 20 mil maestros recupera una metodología de combate vituperada y anatematizada, pero que se inscribe en el corazón mismo de la lucha de los trabajadores como un arma insustituible. Desde hace más de un siglo la conseja sigue siendo básicamente la misma: la lucha de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos.

Por ello, más allá de las amenazas institucionales y los llamados hipócritas al recato. Más que su inefectividad calculada y los desplegados de autoensalzamiento. Más que las presiones al empleo y a la apuesta, al amago como forma de cesación del evento, la marcha de los maestros puso en evidencia todo ese abanico de miserias y muchas más. Pero más allá de todo ello, más que cualquier otra consideración, la marcha se inscribe en el irrenunciable derecho de hacer oír sus voces. La sociedad civil debe empezar a hablar y seguir hablando. Este solo hecho les ha dado estatura moral a los maestros.

La marcha de los trabajadores de la educación del 7 de abril fue precedida por una seria responsabilidad gravitando en el centro de su intención: la reivindicación de sus derechos. Esta marcha, que sin duda alguna sienta un precedente contemporáneo en la actitud de la diligencia seccional y la de los trabajadores que la conforman, nos ubica con fortaleza y sin festines en una recuperación seria de esta experiencia para enfrentar con solidez los retos que, seguramente, los tiempos y los cambios actuales nos exigen.

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