Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 0

(cero)

SECCIÓN

páginas

de la 41 a la 44 de 48

documentos

Guadalajara, México - Septiembre de 1992

Principal | Índice


Educación Básica: Acuerdo Nacional para su modernización

Palabras de la profesora Elba Esther Gordillo Morales, secretaria general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, SNTE, en la ceremonia de la firma del Acuerdo Nacional para la Modernización Educativa, que encabezó el presidente Carlos Salinas de Gortari y que se efectuó en el Salón de Recepciones del Palacio Nacional.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación acude a esta cita por convicción:

Ciudadano licenciado Carlos Salinas de Gortari, Presidente de la República:

Venimos a suscribir este acuerdo que implica, para los trabajadores de la educación como para el Gobierno federal, los gobiernos estatales y la sociedad, un grave compromiso. Un compromiso con una educación que forme alumnos en y para la libertad y la democracia; que amen y defiendan la soberanía y la justicia; que sean mejores en el conocimiento y en la defensa de sus derechos y, también, mejores en el conocimiento y en el cumplimiento de sus deberes.

Se trata de un acuerdo razonado por un sindicato fortalecido en la decisión de sus miembros de preservar su carácter nacional y su cohesión interna.

Señores gobernadores:

Señores secretarios de Estado:

Compañeras maestras y maestros:

Señoras y señores:

Los actuales son tiempos de cambio e, incluso –como ha dicho el Presidente– de acelerar el cambio para garantizar soberanía y desarrollo, lograr una inserción eficaz de México en el mundo, consolidar una estructura sana y sentar, sobre bases muy firmes, las respuestas a los reclamos sociales fundamentales.

Para lograr esos propósitos, la reforma educativa resultaba una tarea apremiante: transformar a paso veloz la educación, sus instituciones, sus planes y programas, sus contenidos; rescatar a la educación como el cimiento de la patria.

De eso trata el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica.

Señoras y señores:

En el SNTE asumimos el reto de participar en este acuerdo, porque es congruente con los principios del artículo tercero constitucional de laicismo, nacionalismo educativo y gratuidad.

Porque recoge las propuestas más importantes del SNTE en materia educativa: la modernización de la educación básica, la superación profesional, la actualización y formación de los maestros y la reorganización educativa.

Porque el Gobierno federal y los gobiernos estatales asumen el compromiso de destinar recursos crecientes para el desarrollo del sistema educativo nacional.

Porque asume el compromiso de preservar tres cuestiones fundamentales: el carácter nacional de la educación, el financiamiento educativo y todos los derechos de los trabajadores.

Pero, señor Presidente, señores, estamos con el acuerdo, sobre todo, porque expresa una propuesta y un compromiso –que es del SNTE– con el fortalecimiento de la educación pública.

El SNTE, único titular de las relaciones colectivas de los trabajadores de la educación del país, seguirá asumiendo la defensa de la educación pública y vigilará escrupulosamente el cumplimiento de los compromisos aquí pactados.

Señoras y señores:

A lo largo de muchas semanas de intensas negociaciones, hemos expuesto a las autoridades educativas federales una larga serie de preocupaciones.

Para gran parte de nuestros planteamientos, hemos recibido respuestas. Sin embargo, tenemos la obligación moral de afirmar, frente a la nación y frente a nuestros agremiados, que reconocemos las buenas intenciones, pero esto no basta.

Permanecen distintos riesgos. En este momento histórico, el SNTE quiere precisarlos:

  • El desvanecimiento de los contenidos y con ello el de la dilución del sentido de unidad e identidad nacionales.

  • La dispersión de esfuerzos.

  • La disminución o desviación del financiamiento educativo.

  • La profundización de los contrastes entre los estados.

  • Los rezagos institucionales en varios estados de la República y, como consecuencia, los problemas para la conducción de programas y proyectos que, en ocasiones, parecen rebasar su capacidad de gestión.

  • La posibilidad de trocar una gran ineficiencia derivada del centralismo, por múltiples ineficiencias dispersas en el territorio nacional.

  • Y las resistencias o, incluso, las oposiciones al cambio dentro y fuera de los firmantes del acuerdo.

Señores presidentes:

En los últimos lustros, el desgaste que afectó a distintos espacios de la vida social, económica y política del país, erosionó también a las organizaciones sindicales, que, con frecuencia, se transformaron en feudos que hicieron más rígido el sistema político y entorpecieron el desarrollo productivo.

En muchas ramas –incluida la educativa–, el sindicalismo llegó a convertirse en protector de ineficiencias y deformaciones que, al paso de los años, se volvieron cargas económicas y socialmente insostenibles.

El nuevo país que se está construyendo reclama transformaciones en todos los espacios sociales, el sindical entre ellos.

El SNTE decidió apostar por el México del futuro, y darse a la tarea de consolidar un sindicato a la altura de estos desafíos. Eso estamos haciendo los trabajadores de la educación.

En los últimos tres años, el SNTE ha avanzado hacia un nuevo proyecto sindical que parte de una lectura distinta del país y de un nuevo compromiso; que implica una nueva relación con sus bases, con la sociedad y con el Estado.

 

Son 10 las grandes cuestiones de este nuevo proyecto sindical:

La construcción democrática. En el nuevo proyecto, la dirección sindical finca su autoridad en el firme asiento de una elección democrática. Los dirigentes surgen de una competencia interna, y son la base magisterial y la legalidad estatutaria las que definen el liderazgo, rumbo y la manera de construirlo. Toca a la dirección recoger, discutir y llevar adelante esas propuestas y, lo que es igualmente relevante, rendir cuentas de sus actos ante sus representados.

El proyecto democrático se finca en el reconocimiento y el respeto a la pluralidad que expresa el variado mosaico que somos; no asume a sus bases como masa amorfa, sino como la agregación de individuos con necesidades y aspiraciones concretas; y reconoce y ofrece espacios institucionales a mayorías y minorías, a través de fórmulas de proporcionalidad.

 

Una nueva relación con el Estado. El nuevo proyecto sindical no busca restituir o remendar las viejas "correas de transmisión" que operaban en un solo sentido, de arriba hacia abajo, del Estado a la cúpula sindical y de ésta a las bases. Esa alianza de desiguales explica la ausencia de los trabajadores en el diseño y la formulación de políticas públicas en materia educativa. Se trata, en contraste, de construir una nueva relación con el Estado.

La nueva relación con el Estado implica una auténtica autonomía sindical: ni confrontación estéril ni sometimiento por sistema. En cambio, una verdadera interlocución, madura y respetuosa.

 

La firmeza para sostener sus principios, la madurez para reconocer lo que tiene que cambiar. En el pasado prevalecieron los intereses de grupo o de camarilla sobre los verdaderos intereses del magisterio. Los líderes formales aceptaban el deterioro, mientras otros grupos reclamaban avances y reivindicaciones económicas con una intransigencia que convertía sus posturas en puntos de ruptura, y después, en desaliento y frustración.

En el nuevo proyecto es inadmisible un sindicato claudicante o sumiso que lleve a retrocesos; pero es igualmente inaceptable otro que haga de la disidencia su leit motiv y que con su radicalismo y tozudez lleve a confrontaciones, a derrotas, y, consecuentemente, también a retrocesos.

 

El tejido de nuevas alianza. Las nuevas condiciones reclaman el tejido de nuevas alianzas sociales. Las organizaciones de trabajadores, de obreros, campesinos y maestros, tenemos que construir frentes amplios, espacios de diálogo, de discusión y de formulación de propuestas.

Se trata de establecer acuerdos mínimos con los sectores laborantes, que recuperen y avancen a partir de la experiencia histórica, en la que muchas veces los maestros han contribuido a fortalecer las visiones y la gestoría de obreros y campesinos, al tiempo que los propios maestros se han enriquecido de las visiones y las experiencias de aquellos.

 

La capacidad para seguir construyendo u sindicato vigoroso. A ciertos sectores, grupos y organizaciones sociales, la dureza de la crisis económica los condujo al inmovilismo, a una especie de aturdimiento que los ha persuadido de que más les vale tratar de preservar lo que tienen –lo poco que tienen– o, incluso, aceptar retrocesos, antes que exponerse a perderlo todo.

El nuevo proyecto sindical implica desarrollar una capacidad de respuesta y de propuesta. Para ello plantea recuperar la fortaleza social que haga viable un sindicato que exprese y defienda mejor los intereses legítimos de los trabajadores de la educación, más combativo y más propositivo.

 

Una nueva cultura político-sindical. Muchos años de ausencia de un ejercicio político abierto y plural impusieron una cultura inhibitoria, la del silencio. Se callaba incluso a través de largos discursos carentes de posiciones y propuestas.

El nuevo proyecto sindical reclama una cultura política participativa y propositiva, una cultura dispuesta al debate interno y externo; a razonar divergencias y, también, las convergencias.

 

La desvinculación de las organizaciones partidarias. Como ciudadanos y sindicalistas, muchos maestros militamos y seguiremos militando en el partido que mejor responda a nuestras convicciones; pero el nuevo proyecto de un sindicato que reconoce su pluralidad reclama la independencia de los partidos políticos. En el nuevo proyecto los dirigentes seccionales o nacionales no podrán compartir sus responsabilidades sindicales con otras partidarias ni con puestos de elección popular. No habrá pretextos para confundir las prioridades de la arena partidista con las de los trabajadores de la educación.

 

Nuevas formas de organización y de participación. Durante mucho tiempo, el SNTE padeció esquemas patrimonialistas. Parecía el patrimonio de un grupo y no de un gremio.

El nuevo proyecto sindical sostiene que el único privilegio que corresponde a los dirigentes es el de servir a su organización; exige fortalecer las facultades y los recursos de las secciones, erigir un sindicato más horizontal y menos vertical, que tenga la capacidad para reconocer lo que debe cambiar –los desaciertos y desviaciones– y también para reconocer lo que debe permanecer.

Se trata de un sindicato formador de cuadros, de relevos cada vez más capaces de mantener e incrementar la fuerza de la organización.

 

La inserción en la sociedad. Se trata de un sindicato inmerso en su ambiente social, que es parte de él y que está abierto a las influencias de su sociedad y de su tiempo, dispuesto a enriquecerse con las contribuciones del medio académico e intelectual, y también dispuesto a aportar sus experiencias para nuevas formulaciones teóricas.

El nuevo proyecto propone vincular los avances de sus miembros a sus logros profesionales y, lejos de dejar la eficiencia y la productividad como una responsabilidad que le corresponde al otro lado de la mesa, las asume como una tarea común de empleadores y trabajadores.

A una mayor calidad y productividad de la tarea educativa –es decir, a una mejor educación– deben corresponder mejores ingresos y prestaciones.

 

El compromiso con México. En el nuevo proyecto, el sindicato tiene, por encima de todo, un compromiso con las mejores causas de México: con la soberanía, la libertad, la democracia, la justicia, la unidad y la identidad nacionales y con el bien ser y el bien estar del pueblo.

Se trata, en síntesis, de un proyecto que se propone acompasar al SNTE con los nuevos tiempos, haciéndolo más democrático, más unido y cohesionado, más plural, con mayor capacidad para representar y defender los intereses de los trabajadores de la educación y con la total determinación de servir a México.

Sabemos que para impulsar el Programa de Modernización Educativa, el Gobierno federal cuenta con la potestad constitucional para formular y aplicar políticas y medidas administrativas. Reconocemos su voluntad democrática, señor Presidente, su disposición de apertura y diálogo que permitió a nuestra organización participar activamente en su definición. Para nosotros es un compromiso su cumplimiento.

Señores:

El maestro no reclama privilegios, apenas el mínimo decoro de un ingreso que corresponda a la naturaleza de su tarea y a la entrega que implica. Por eso, la demanda por mejores condiciones de trabajo –salarios y prestaciones– sigue constituyendo el eje de la preocupación del SNTE. A nadie conviene empobrecer al magisterio. Resulta imperativo que en las aulas y las escuelas, así como en las condiciones de vida de los maestros, expresen el valor que la sociedad y su gobierno reconocen a la educación.

Compañeras y compañeros:

Como en el pasado, los maestros seguiremos cumpliendo con los retos de este tiempo. La realidad impone condiciones y obliga a avanzar a marchas forzadas. Ante esta responsabilidad nadie puede sustraerse, el maestro menos que nadie.

Muchas cosas tenían que cambiar en este México de fin de siglo; muchas cosas más habrán de cambiar. En todas estas transformaciones, como hoy en la suscripción de este trascendental Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, el maestro seguirá siendo un protagonista principal.

Señores gobernadores:

Compañeros maestros y maestras:

Las responsabilidades políticas derivadas de la reforma educativa son, ante todo, cuestiones que cada quien debe plantearse a sí mismo. El SNTE en todos sus niveles sabrá responder por las que le atañen. Demostrará con hechos que ha pasado de ser una organización, que algunos sectores consideraban un obstáculo para la transformación educativa, a una organización que la plantea, la exige, la vigila y la evalúa.

Hoy, estamos en condiciones de exigir, al lado de la sociedad, que las autoridades federales y estatales cumplan su parte.

 

Palacio Nacional

18 de mayo de 1992.

Principal | Índice