Teoría y realidad
La apertura comercial a través del libre comercio, como estrategia de desarrollo, se
basa en un principio muy sencillo y poco novedoso, el principio de las ventajas
comparativas que dicta que todos ganan cuando cada país se dedica a producir los bienes
para los cuales tiene mejor dotación de factores productivos. Se trata entonces de saber
el don de cada país o de cada economía. Si la naturaleza, por ejemplo, benefició al
país A con el don de abundante petróleo en el subsuelo, su ventaja comparativa
reside en dedicarse a la producción petrolera. Si en su lugar, el país B fue
dotado con tierras y clima óptimos para la producción de uva, será la producción de
vino la que posibilite a B adquirir el petróleo de A, y viceversa. De
acuerdo con esa lógica, que A pretenda producir vino y B producir
petróleo resulta un contrasentido.
Así, el libre comercio entre A y B,cada uno
especializándose en la producción en la que tiene ventaja comparativa, termina por
beneficiar a ambos, y la suma de ambos beneficios,en consecuencia, contribuye al
desarrollo global de la humanidad.
El asunto se complica cuando aparece el país C, entre cuyos
dones inexplicables se encuentra una abundante dotación de capital. Concedamos a esta
ingenua teoría que, efectivamente, la intensidad del factor productivo capital es un don
al cual otros no tuvieron acceso. A partir de ahí, A y B no tienen más
remedio que esforzarse en producir cada vez más petróleo o más vino para obtener cada
vez menos bienes de capital. Surge así la famosa desigualdad en los términos de
intercambio, que para la época en que se formuló, en respuesta a la teoría de las
ventajas comparativas (la teoría que calificamos de ingenua), ya se había logrado
construir un orden económico internacional donde A y B se habían
transformado en países pobres y por añadidura, exportadores de capital, y en ocasiones,
hasta traspatio de los países más capitalizados.
A pesar de la insuficiente explicación y evidente fracaso de la
teoría de las ventajas comparativas para explicar la relación entre comercio exterior y
desarrollo de los países, hoy se le revive como el paradigma teórico en que se
fundamenta el reordenamiento de la economía mundial. Es el marco de la globalización en
que el gobierno de México se ha convertido en vocero y principal promotor del
librecambismo.
Sin embargo, es necesario reconocer que el reto de la inserción en la
economia mundial es un reto real, no inventando por el gobierno y sus entusiasmos. En todo
caso, existen dos maneras erróneas para resolver este desafío: negando que el desafío
existe y pasar a la vía de proteccionismo, o negociar con "prisa histórica"
salinista haciendo de la apertura comercial no un instrumento más de la politica de
desarrollo, sino confundiéndola con la estrategia de desarrollo.
Porcentaje del PIB1 |
| |
En
gasto educativo |
En
ciencia y tecnología |
| 1982 |
1987 |
México
Canada
Estados Unidos |
3.4% (1987)
7.2% (1987)
6.7% (1985) |
0.54%
1.30%
2.4% |
0.3% (1991)
1.5%
2.8% |
Alguien utilizó una comparación que a lo mejor es
mala, pero indudablemente gráfica: como mexicanos, entrar al TLC con Estados Unidos se
asemeja a un baile, en un cuarto cerrado, entre un elefante y unos pollitos. Las
asimetrías están a la vista: Estados Unidos tiene una población tres veces mayor a la
de México, un territorio, a Santa Anna gracias, cinco veces más grande, mientras que su
riqueza (Producto Interno Bruto) supera en 32 veces la de nuestro país. Las diferencias
no sólo se refieren a este tipo de dimensiones, sino también al distinto dinamismo de
sus economías en variables estratégicas: índices de crecimiento, tasas de inflación,
salarios promedio por sector productivo, valor total de las exportaciones, etc. Si
incluimos a Canadá podemos resaltar algunas diferencias notables, para los propósitos de
este trabajo.
Algunos problemas de la educación en el marco neoliberal
La relación entre el sistema educativo y la sociedad ha sido un tema polémico desde
que apareció la escuela como institución. Sin embargo, podemos distinguir tres grandes
paradigmas que se corresponden con tres periodos históricos diferentes en las relaciones
entre educación y desarrollo social.
En el primero de ellos, vigente hasta principios del siglo XX, la
educación se concibió como una actividad sistemática efectuada desde la escuela y
orientada a formar las personas en su condición de ciudadanos. El Liberalismo de fines
del siglo pasado y el proceso de consolidación de los estados nacionales fortalecieron
una acción educativa destinada a incorporar a todos los individuos a referencias y
códigos culturales comunes y ejercer sus derechos como ciudadanos.
Afirmando el proceso de formación cívica y en el contexto de las
exigencias de la reconstrucción de la postguerra, el modelo liberal fue remplazado por un
paradigma que concebía la educación a partir de su contribución al aumento de la
productividad de la fuerza de trabajo. La formación del ciudadano fue sustituida por la
formación de recursos humanos, y las decisiones educativas fueron procesadas y evaluadas
como decisiones de inversión de capital.
Cuando fueron superadas las demandas de la reconstrucción postbélica,
y en el contexto de una creciente rigidez del mercado de trabajo, la educación comenzó a
ser considerada desde el ángulo reproduccionista del sistema social: ya fuera de la
estructura jerárquica de la fuerza de trabajo, o en los valores y actitudes funcionales a
dicha jerarquía.
Hoy en día, se otorga a la escuela un papel significativo en la
explicación de los logros del aprendizaje de los alumnos, enfatizando la necesidad de
analizar el papel de la educación en el proceso de desarrollo desde una perspectiva más
integral.
2
Una característica resulta crucial: la actividad productiva se
articula cada vez más estrechamente con la actividad intelectual: por un lado, la
producción requiere mayores niveles de efectividad en determinadas capacidades humanas,
como la creatividad, la inteligencia, la selección de información; por otro, la
actividad productiva no sólo consume conocimientos sino que los produce. Por estas
razones, actualmente una educación desligada del mundo del trabajo no sólo es regresiva
desde el punto de vista económico, sino empobrecedora desde la perspectiva del desarrollo
integral de la personalidad individual. Hay una modificación importante en el paradigma
actual, concebir los que ahora se denominan factores humanos y sus productos
(información, creatividad, inteligencia, etc.) desde una perspectiva sistémica.3
Todo lo que hasta aquí descrito, sin embargo, responde a la situación
de los países capitalistas avanzados. En América Latina, en cambio, el debate educativo
no ha alcanzado ni la prioridad ni la articulación que se aprecia en dichos países. El
pecado de origen fue que los modelos mencionados tuvieron una vigencial parcial y fueron
sustituidos sin que los problemas a los cuales estaban respondiendo hubieran sido
resueltos. Una necesidad urgente hoy en día es revaluar las explicaciones tradicionales
en función del nuevo contexto de crisis y estrategias para superarla.4
Mencionemos los siguientes fenómenos, en el sector educativo,
asociados a la crisis: incremento de los índices de repetición y fracaso escolar, en
particular en la escuela básica, interrupción del proceso de incorporación de los hijos
de familias de sectores populares a los niveles medios y superiores; incremento de la
diferenciación interna del sistema educativo donde el sector público adopta
características cada vez más masivas y el sector privado cada vez más elitistas,
asociado el fenómeno a un desmantelamiento creciente del sector público, con el
resultado final de que los promedios de rendimiento de las escuelas que atienden a alumnos
de niveles socieconómicos bajos son equivalentes a la mitad, o a la tercera parte, de los
puntajes de las escuelas que atienden alumnos de niveles socioeconómicos altos; la
reducción del salario es un fenómeno generalizado. Sus efectos son múltiples y
conocidos: el abandono de la profesión por parte de los docentes más calificados, el
ausentismo y la desmoralización creciente del personal de la educación, con lo cuál se
desploma la calidad de la misma.
El deterioro en gastos de equipo e inversiones también se ha
desplomado . Para documentar nuestro pesimismo, un estudio sobre 66 países con datos
cercanos a 1980 mostró que América Latina gastaba casi nueve dólares por año y por
alumno de escuela primaria en materiales de instrucción, frente a 92 dólares de los
países capitalistas avanzados.5
Hoy que se proclama a los cuatro vientos la crisis del estado
benefactor o estado de bienestar, y la consecuente vuelta al mercado que propone el
esquema neoliberal, es necesario señalar, sin embargo, que la crisis del estado
latinoamericano tiene lugar sobre bases muy diferentes a las que se aprecian en los
países desarrollados.
Aquí vale la pena una digresión de carácter histórico. Alvaro
Cepeda Neri, al citar a Braudel nos recuerda: Ante nuestros ojos, una parte del tercer
mundo se industrializa, pero através de un inusitado esfuerzo y tras innumerables
fracasos y retrasos que nos parecen a priori, anormales. Una veces es el sector
agrícola el que no ha llegado a modernizarse; otras, falta mano de obra calificada o bien
la demanda del mercado se revela insuficiente; en otras ocasiones, los capitalistas
agrícolas han preferido las inversiones exteriores a las locales; o bien el estado
resulta ser dilapidador y prevaricador; o la técnica importada es inadecuada, o se paga
demasiado cara, lo que encarece los precios de costo; o las necesarias importaciones no se
compensan con las exporaciones: el mercado internacional, por tal motivo, ha resultado
hostil, y dicha hostilidad se ha salido son la suya
Hasta aquí Cepeda Neri.6
Volviendo al punto. En nuestros países la conformación de mercados
nacionales (exigencia estratégica del desarrollo) es un fenómeno reciente y precario.
Pensemos en los 40 millones de mexicanos pobres que reconoce el Pronasol. Por otra parte,
se insiste en desmantelar el Estado llamado populista, sin que los problemas hayan sido
superados. Además, no estamos ante procesos de reforma impulsados por la búsqueda de
mayor eficiencia y calidad en la prestación de los servicios, sino por el abandono de
ciertas funciones que nadie está en condiciones de asumir. Incluso los efectos de la
crisis estimulan una mayor parte de servicios públicos hasta para sectores que ya habían
logrado acceso a la cobertura privada y que han perdido capacidad para mantener dicha
cobertura.
La educación es un caso
En el pasado, el proteccionismo favoreció la importación de bienes de capital. Ello,
aunado a los estímulos fiscales y financieros a la inversión, significó un subsidio al
capital físico en detrimento de otro tipo de inversiones, en particular las orientadas al
desarrollo científico y tecnológico, y a la capacitación laboral.
Los siguientes datos son elocuentes:
Recursos Humanos dedicados
a la Investigación Científica y Tecnológica
7
México |
46000(1984) |
Canadá |
83000(1986) |
Estados
Unidos |
783000(1986) |
Las consecuencias de esta politica se han hecho presentes en el
rezago científico y tecnológico, así como en la insuficiente formación de cuadros
calificados en términos cuantitativos y cualitativos. Los recursos que se destinan a la
investigación son escasos. En el caso de México,se canaliza menos del 0.5 del PIB a este
tipo de actividad, mientras que en los países desarrollados, como Estados Unidos,
Alemania ex occidental y Japón, el monto es de alrededor de 3%.
Escolaridad de la fuerza de trabajo (1980)8 |
|
México |
América Latina (promedio) |
Canadá |
Estados Unidos de Norteámerica |
0 años de escolaridad |
26.9% |
19.7% |
No existe |
No existe |
Primaria incompleta |
28.8% |
25.0% |
3.1% |
2.1% |
Primaria completa |
26.9% |
24.7% |
10.2% |
7.8% |
Secundaria incompleta |
8.9% |
15.7% |
26.9% |
18.85 |
Secundaria completa |
3.2% |
9.5% |
23.9% |
35.8% |
Superior |
5.2% |
5.4% |
35.9% |
35.6% |
Años escolaridad media |
4.5% |
5.8% |
11.7% |
12.6% |
La insuficiente formación de recursos humanos se
pone de manifiesto en el panorama que a continuación se presenta. Existen en el país 4.2
millones de analfabetos mayores de 15 años; 20.2 millones de adultos no han concluido la
primaria;16 millones más no han terminado la secundaria; el promedio de escolaridad
apenas alcanza la primaria, mientras en países como Corea del Sur es superior a la
secundaria; tenemos 13 ingenieros por cada 10 mil habitantes, en Japón hay 595, en
Estados Unidos 139 y en Corea del Sur 24, por cada 10 mil habitantes.
9
Uno de los mayores riesgos para la IES es que se integren
acríticamente a un modelo maquilador, convirtiéndose en prestadoras de servicios de
empresas cuyos requerimientos están determinados de y para el extranjero, supeditando su
quehacer a las necesidades de las mismas.
Peor aun cuando en una óptica de muy corto alcance se insiste de
manera irreflexiva en un ajuste de la oferta educativa con los requerimientos se nos dice del
mercado. El horizonte de las universidades como proyecto cultural, social, científico
y artístico no puede quedar tan sólo en capacitación laboral, menos cuando ésta se
concibe a la manera de las Academias "Torres Andrade" o "Lucita". Hace
falta una compleja discusión sobre este punto.
También existe el riesgo, si no se reglamenta racional y
oportunamente, del ingreso de instituciones de educación superior que vengan a vendernos
cuentitas de vidrio y espejos, amén de que las universidades públicas enfrentarán una
situación de desventaja adicional en salarios al personal académico y en equipos
disponibles. Y al mismo tiempo, dada la irrelevancia, que a la ciencia y la cultura se le
viene atribuyendo desde la oficialidad (Serra Puche inscribió para la posteridad que la
cultura no le preocupa en el TLC) se dé un fenómeno de fuga de cerebros, de la que ya
alertó el rector de la UNAM.
Cuando se habla de modernizar la educación, ¿en quién se piensa?
¿Para qué se piensa? Cuando se magnifican las bondades del TLC, ¿realmente nos conviene
a todos su firma decidida por los negociadores oficiales? ¿Por esos yuppies, para decirlo
con Monsiváis, orgullosos de no haber adquirido en la infancia ninguna pasión
nacionalista (todas sus aficiones nacionales conseguidas en el extranjero)?
Ya Milton Friedman se soltó el pelo haciendo la apología de los
sistemas de educación particulares y propone la creación de un mecanismo de vales o de
devolución de impuestos para los contribuyentes que enviaran a sus hijos a escuelas
privadas, el cual sería equivalente a la mitad de lo que cada gobierno tuviera que gastar
en cada niño.
Afirma el padre de los "Chicago Boys":
Espero que en México se llegue a aplicar este sistema de vales,
porque lo necesitan más que nosotros (Estados Unidos). Creo que puede ser de
mucho interés y valor para los pobres, y ustedes tienen más pobres que nosotros.Y es una
pena, porque México es un país con muchos recursos y mucho potencial. Si el pueblo
pudiera quitarse de encima el aparato burocrático, no hay razón para que México no
fuera un milagro
nada se lo impide y creo que nada les ayudaría más a lograrlo que
un sistema de libre competencia en educación.
Frente a esa brutal muestra de franqueza, bien vale que vayamos
reflexionando en las profundas implicaciones del TLC para el sistema educativo nacional,
para la ciencia, la tecnología y la cultura. Que se discuta y replantee la relación
sociedad, estado universidad. El estado no debe renunciar a ser el principal orientador
del sistema educativo del país. Porque es a través de la adecuada educación que el
grueso de la sociedad puede acceder a un nivel de vida digno.En un país de grandes
desigualdades como el nuestro, el acceso a la educación no se puede dejar a las fuerzas
del mercado, ya que sólo ahondarían las desigualdades sociales.
La alternativa para las universidades y la cultura frente a la firma
del TLC es luchar por una política de calificación creciente del trabajo manual e
intelectual en México, con el prerrequisito de la autonomía universitaria, ya que hay
que advertir, de acuerdo con Pablo González Casanova, ilustre ex rector de la UNAM, que
los que quieren hacer universidades apegadas a las fábricas para mejorar la producción,
van a arruinar a las universidades y también a las fábricas. Ahora más que nunca,
pensar en términos de la aldea sin pensar en el mundo, es absurdo, pero no podemos
simplemente ajustarnos al contexto global para estudiar y comprender lo que pasa en
nuestros pueblos, y, menos aún, aceptar irreflexivamente recetas foráneas.
Notas:
1.
Fuentes varias; citado por Carlos Pallán Figueroa, en "El TLC: escolaridad y fuerza
de trabajo", periódico El Nacional.
2. Juan
Carlos Tedesco. "Estrategias de desarrollo y educación: el desafío de la gestión
pública", en Reforma y Utopía, número 4 abril-junio de 1991.
3. Juan
Carlos Tedesco. Op. Cit.
4. Idem.
5. Ibidem.
6.
Cepeda Neri, Alvaro: Suplemento La Jornada Semanal, número 105, del 16 de junio de
1991, p. 37.
7.
Pallán Figueroa, Carlos: Op. Cit.
8. Idem.
9.
Ignacio Llamas Huitrón. "El TLC y el sistema educativo", en Topodrilo,
número 19, UAM-I.