Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

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Guadalajara, México - Septiembre de 1992

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Educación, cultura, y tratado de libre comercio

Víctor Manuel Caamaño Cano*

* Profesor investigador de la Universidad de Guadalajara (UDG) y de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN).

Teoría y realidad

La apertura comercial a través del libre comercio, como estrategia de desarrollo, se basa en un principio muy sencillo y poco novedoso, el principio de las ventajas comparativas que dicta que todos ganan cuando cada país se dedica a producir los bienes para los cuales tiene mejor dotación de factores productivos. Se trata entonces de saber el don de cada país o de cada economía. Si la naturaleza, por ejemplo, benefició al país A con el don de abundante petróleo en el subsuelo, su ventaja comparativa reside en dedicarse a la producción petrolera. Si en su lugar, el país B fue dotado con tierras y clima óptimos para la producción de uva, será la producción de vino la que posibilite a B adquirir el petróleo de A, y viceversa. De acuerdo con esa lógica, que A pretenda producir vino y B producir petróleo resulta un contrasentido.

Así, el libre comercio entre A y B, cada uno especializándose en la producción en la que tiene ventaja comparativa, termina por beneficiar a ambos, y la suma de ambos beneficios, en consecuencia, contribuye al desarrollo global de la humanidad.

El asunto se complica cuando aparece el país C, entre cuyos dones inexplicables se encuentra una abundante dotación de capital. Concedamos a esta ingenua teoría que, efectivamente, la intensidad del factor productivo capital es un don al cual otros no tuvieron acceso. A partir de ahí, A y B no tienen más remedio que esforzarse en producir cada vez más petróleo o más vino para obtener cada vez menos bienes de capital. Surge así la famosa desigualdad en los términos de intercambio, que para la época en que se formuló, en respuesta a la teoría de las ventajas comparativas (la teoría que calificamos de ingenua), ya se había logrado construir un orden económico internacional donde A y B se habían transformado en países pobres y por añadidura, exportadores de capital, y en ocasiones, hasta traspatio de los países más capitalizados.

A pesar de la insuficiente explicación y evidente fracaso de la teoría de las ventajas comparativas para explicar la relación entre comercio exterior y desarrollo de los países, hoy se le revive como el paradigma teórico en que se fundamenta el reordenamiento de la economía mundial. Es el marco de la globalización en que el gobierno de México se ha convertido en vocero y principal promotor del librecambismo.

Sin embargo, es necesario reconocer que el reto de la inserción en la economía mundial es un reto real, no inventando por el gobierno y sus entusiasmos. En todo caso, existen dos maneras erróneas para resolver este desafío: negando que el desafío existe y pasar a la vía de proteccionismo, o negociar con "prisa histórica" salinista haciendo de la apertura comercial no un instrumento más de la política de desarrollo, sino confundiéndola con la estrategia de desarrollo.

Porcentaje del PIB(1)

 

En gasto educativo

En ciencia y tecnología

1982

1987

México

Canadá

Estados Unidos

3.4% (1987)

7.2% (1987)

6.7% (1985)

0.54%

1.30%

2.4%

0.3% (1991)

1.5%

2.8%

Alguien utilizó una comparación que a lo mejor es mala, pero indudablemente gráfica: como mexicanos, entrar al TLC con Estados Unidos se asemeja a un baile, en un cuarto cerrado, entre un elefante y unos pollitos. Las asimetrías están a la vista: Estados Unidos tiene una población tres veces mayor a la de México, un territorio, a Santa Anna gracias, cinco veces más grande, mientras que su riqueza (Producto Interno Bruto) supera en 32 veces la de nuestro país. Las diferencias no sólo se refieren a este tipo de dimensiones, sino también al distinto dinamismo de sus economías en variables estratégicas: índices de crecimiento, tasas de inflación, salarios promedio por sector productivo, valor total de las exportaciones, etc. Si incluimos a Canadá podemos resaltar algunas diferencias notables, para los propósitos de este trabajo.

 

Algunos problemas de la educación en el marco neoliberal

La relación entre el sistema educativo y la sociedad ha sido un tema polémico desde que apareció la escuela como institución. Sin embargo, podemos distinguir tres grandes paradigmas que se corresponden con tres periodos históricos diferentes en las relaciones entre educación y desarrollo social.

En el primero de ellos, vigente hasta principios del siglo XX, la educación se concibió como una actividad sistemática efectuada desde la escuela y orientada a formar las personas en su condición de ciudadanos. El Liberalismo de fines del siglo pasado y el proceso de consolidación de los estados nacionales fortalecieron una acción educativa destinada a incorporar a todos los individuos a referencias y códigos culturales comunes y ejercer sus derechos como ciudadanos.

Afirmando el proceso de formación cívica y en el contexto de las exigencias de la reconstrucción de la postguerra, el modelo liberal fue remplazado por un paradigma que concebía la educación a partir de su contribución al aumento de la productividad de la fuerza de trabajo. La formación del ciudadano fue sustituida por la formación de recursos humanos, y las decisiones educativas fueron procesadas y evaluadas como decisiones de inversión de capital.

Cuando fueron superadas las demandas de la reconstrucción posbélica, y en el contexto de una creciente rigidez del mercado de trabajo, la educación comenzó a ser considerada desde el ángulo reproduccionista del sistema social: ya fuera de la estructura jerárquica de la fuerza de trabajo, o en los valores y actitudes funcionales a dicha jerarquía.

Hoy en día, se otorga a la escuela un papel significativo en la explicación de los logros del aprendizaje de los alumnos, enfatizando la necesidad de analizar el papel de la educación en el proceso de desarrollo desde una perspectiva más integral(2)

Una característica resulta crucial: la actividad productiva se articula cada vez más estrechamente con la actividad intelectual: por un lado, la producción requiere mayores niveles de efectividad en determinadas capacidades humanas, como la creatividad, la inteligencia, la selección de información; por otro, la actividad productiva no sólo consume conocimientos sino que los produce. Por estas razones, actualmente una educación desligada del mundo del trabajo no sólo es regresiva desde el punto de vista económico, sino empobrecedora desde la perspectiva del desarrollo integral de la personalidad individual. Hay una modificación importante en el paradigma actual, concebir los que ahora se denominan factores humanos y sus productos (información, creatividad, inteligencia, etc.) desde una perspectiva sistémica.(3)

Todo lo que hasta aquí descrito, sin embargo, responde a la situación de los países capitalistas avanzados. En América Latina, en cambio, el debate educativo no ha alcanzado ni la prioridad ni la articulación que se aprecia en dichos países. El pecado de origen fue que los modelos mencionados tuvieron una vigencia parcial y fueron sustituidos sin que los problemas a los cuales estaban respondiendo hubieran sido resueltos. Una necesidad urgente hoy en día es revaluar las explicaciones tradicionales en función del nuevo contexto de crisis y estrategias para superarla(4)

Mencionemos los siguientes fenómenos, en el sector educativo, asociados a la crisis: incremento de los índices de repetición y fracaso escolar, en particular en la escuela básica, interrupción del proceso de incorporación de los hijos de familias de sectores populares a los niveles medios y superiores; incremento de la diferenciación interna del sistema educativo donde el sector público adopta características cada vez más masivas y el sector privado cada vez más elitistas, asociado el fenómeno a un desmantelamiento creciente del sector público, con el resultado final de que los promedios de rendimiento de las escuelas que atienden a alumnos de niveles socioeconómicos bajos son equivalentes a la mitad, o a la tercera parte, de los puntajes de las escuelas que atienden alumnos de niveles socioeconómicos altos; la reducción del salario es un fenómeno generalizado. Sus efectos son múltiples y conocidos: el abandono de la profesión por parte de los docentes más calificados, el ausentismo y la desmoralización creciente del personal de la educación, con lo cuál se desploma la calidad de la misma.

El deterioro en gastos de equipo e inversiones también se ha desplomado . Para documentar nuestro pesimismo, un estudio sobre 66 países con datos cercanos a 1980 mostró que América Latina gastaba casi nueve dólares por año y por alumno de escuela primaria en materiales de instrucción, frente a 92 dólares de los países capitalistas avanzados.(5)

Hoy que se proclama a los cuatro vientos la crisis del estado benefactor o estado de bienestar, y la consecuente vuelta al mercado que propone el esquema neoliberal, es necesario señalar, sin embargo, que la crisis del estado latinoamericano tiene lugar sobre bases muy diferentes a las que se aprecian en los países desarrollados.

Aquí vale la pena una digresión de carácter histórico. Álvaro Cepeda Neri, al citar a Braudel nos recuerda: Ante nuestros ojos, una parte del tercer mundo se industrializa, pero a través de un inusitado esfuerzo y tras innumerables fracasos y retrasos que nos parecen a priori, anormales. Una veces es el sector agrícola el que no ha llegado a modernizarse; otras, falta mano de obra calificada o bien la demanda del mercado se revela insuficiente; en otras ocasiones, los capitalistas agrícolas han preferido las inversiones exteriores a las locales; o bien el estado resulta ser dilapidador y prevaricador; o la técnica importada es inadecuada, o se paga demasiado cara, lo que encarece los precios de costo; o las necesarias importaciones no se compensan con las exportaciones: el mercado internacional, por tal motivo, ha resultado hostil, y dicha hostilidad se ha salido son la suya…Hasta aquí Cepeda Neri.(6)

Volviendo al punto. En nuestros países la conformación de mercados nacionales (exigencia estratégica del desarrollo) es un fenómeno reciente y precario. Pensemos en los 40 millones de mexicanos pobres que reconoce el Pronasol. Por otra parte, se insiste en desmantelar el Estado llamado populista, sin que los problemas hayan sido superados. Además, no estamos ante procesos de reforma impulsados por la búsqueda de mayor eficiencia y calidad en la prestación de los servicios, sino por el abandono de ciertas funciones que nadie está en condiciones de asumir. Incluso los efectos de la crisis estimulan una mayor parte de servicios públicos hasta para sectores que ya habían logrado acceso a la cobertura privada y que han perdido capacidad para mantener dicha cobertura.

 

La educación es un caso

En el pasado, el proteccionismo favoreció la importación de bienes de capital. Ello, aunado a los estímulos fiscales y financieros a la inversión, significó un subsidio al capital físico en detrimento de otro tipo de inversiones, en particular las orientadas al desarrollo científico y tecnológico, y a la capacitación laboral.

Los siguientes datos son elocuentes:

Recursos Humanos dedicados a la

Investigación Científica y Tecnológica(7)

México

46,000 (1984)

Canadá

83,000 (1986)

Estados Unidos

783,000 (1986)

Las consecuencias de esta política se han hecho presentes en el rezago científico y tecnológico, así como en la insuficiente formación de cuadros calificados en términos cuantitativos y cualitativos. Los recursos que se destinan a la investigación son escasos. En el caso de México, se  canaliza menos del 0.5 del PIB a este tipo de actividad, mientras que en los países desarrollados, como Estados Unidos, Alemania ex occidental y Japón, el monto es de alrededor de 3%.

Escolaridad de la fuerza de trabajo (1980)(8)

México

América Latina (promedio)

Canadá

Estados Unidos

de Norteamérica

0 años de escolaridad

26.9%

19.7%

No existe

No existe

Primaria incompleta

28.8%

25.0%

3.1%

2.1%

Primaria completa

26.9%

24.7%

10.2%

7.8%

Secundaria incompleta

8.9%

15.7%

26.9%

18.85

Secundaria completa

3.2%

9.5%

23.9%

35.8%

Superior

5.2%

5.4%

35.9%

35.6%

Años escolaridad media

4.5%

5.8%

11.7%

12.6%

La insuficiente formación de recursos humanos se pone de manifiesto en el panorama que a continuación se presenta. Existen en el país 4.2 millones de analfabetos mayores de 15 años; 20.2 millones de adultos no han concluido la primaria;16 millones más no han terminado la secundaria; el promedio de escolaridad apenas alcanza la primaria, mientras en países como Corea del Sur es superior a la secundaria; tenemos 13 ingenieros por cada 10 mil habitantes, en Japón hay 595, en Estados Unidos 139 y en Corea del Sur 24, por cada 10 mil habitantes.(9)

Uno de los mayores riesgos para la IES es que se integren acríticamente a un modelo maquilador, convirtiéndose en prestadoras de servicios de empresas cuyos requerimientos están determinados de y para el extranjero, supeditando su quehacer a las necesidades de las mismas.

Peor aun cuando en una óptica de muy corto alcance se insiste de manera irreflexiva en un ajuste de la oferta educativa con los requerimientos se nos dice del mercado. El horizonte de las universidades como proyecto cultural, social, científico y artístico no puede quedar tan sólo en capacitación laboral, menos cuando ésta se concibe a la manera de las Academias "Torres Andrade" o "Lucita". Hace falta una compleja discusión sobre este punto.

También existe el riesgo, si no se reglamenta racional y oportunamente, del ingreso de instituciones de educación superior que vengan a vendernos cuentitas de vidrio y espejos, amén de que las universidades públicas enfrentarán una situación de desventaja adicional en salarios al personal académico y en equipos disponibles. Y al mismo tiempo, dada la irrelevancia, que a la ciencia y la cultura se le viene atribuyendo desde la oficialidad (Serra Puche inscribió para la posteridad que la cultura no le preocupa en el TLC) se dé un fenómeno de fuga de cerebros, de la que ya alertó el rector de la UNAM.

Cuando se habla de modernizar la educación, ¿en quién se piensa? ¿Para qué se piensa? Cuando se magnifican las bondades del TLC, ¿realmente nos conviene a todos su firma decidida por los negociadores oficiales? ¿Por esos yuppies, para decirlo con Monsiváis, orgullosos de no haber adquirido en la infancia ninguna pasión nacionalista (todas sus aficiones nacionales conseguidas en el extranjero)?

Ya Milton Friedman se soltó el pelo haciendo la apología de los sistemas de educación particulares y propone la creación de un mecanismo de vales o de devolución de impuestos para los contribuyentes que enviaran a sus hijos a escuelas privadas, el cual sería equivalente a la mitad de lo que cada gobierno tuviera que gastar en cada niño.

Afirma el padre de los "Chicago Boys":

Espero que en México se llegue a aplicar este sistema de vales, porque lo necesitan más que nosotros (Estados Unidos). Creo que puede ser de mucho interés y valor para los pobres, y ustedes tienen más pobres que nosotros. Y es una pena, porque México es un país con muchos recursos y mucho potencial. Si el pueblo pudiera quitarse de encima el aparato burocrático, no hay razón para que México no fuera un milagro… nada se lo impide y creo que nada les ayudaría más a lograrlo que un sistema de libre competencia en educación.

Frente a esa brutal muestra de franqueza, bien vale que vayamos reflexionando en las profundas implicaciones del TLC para el sistema educativo nacional, para la ciencia, la tecnología y la cultura. Que se discuta y replantee la relación sociedad, estado universidad. El estado no debe renunciar a ser el principal orientador del sistema educativo del país. Porque es a través de la adecuada educación que el grueso de la sociedad puede acceder a un nivel de vida digno. En un país de grandes desigualdades como el nuestro, el acceso a la educación no se puede dejar a las fuerzas del mercado, ya que sólo ahondarían las desigualdades sociales.

La alternativa para las universidades y la cultura frente a la firma del TLC es luchar por una política de calificación creciente del trabajo manual e intelectual en México, con el prerrequisito de la autonomía universitaria, ya que hay que advertir, de acuerdo con Pablo González Casanova, ilustre ex rector de la UNAM, que los que quieren hacer universidades apegadas a las fábricas para mejorar la producción, van a arruinar a las universidades y también a las fábricas. Ahora más que nunca, pensar en términos de la aldea sin pensar en el mundo, es absurdo, pero no podemos simplemente ajustarnos al contexto global para estudiar y comprender lo que pasa en nuestros pueblos, y, menos aún, aceptar irreflexivamente recetas foráneas.

 

Notas:

1. Fuentes varias; citado por Carlos Pallán Figueroa, en "El TLC: escolaridad y fuerza de trabajo", periódico El Nacional.

2. Juan Carlos Tedesco. "Estrategias de desarrollo y educación: el desafío de la gestión pública", en Reforma y Utopía, número 4 abril-junio de 1991.

3. Juan Carlos Tedesco. Op. Cit.

4. Idem.

5. Ibídem.

6. Álvaro Cepeda Neri: Suplemento La Jornada Semanal, número 105, del 16 de junio de 1991, p. 37.

7. Carlos Pallán Figueroa: Op. Cit.

8. Idem.

9. Ignacio Llamas Huitrón. "El TLC y el sistema educativo", en Topodrilo, número 19, UAM-I.

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